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Gracias a todos y espero que os divirtáis tanto leyéndola como yo escribiendo.

Nota curiosa: La novela está escrita íntegra en un iPhone 4, con las aplicaciones "Notas" y "Dragon dictation".

JESÚS ÁLVAREZ
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EL DIA QUE PERDIMOS LA LIBERTAD


 

Todos los días, alguien en el mundo emite un juicio de valores sobre su causa, sobre la justicia o su existencia, el problema es que lo hace en su cabeza y nadie le oye. Si pudiéramos tener el tiempo y los medios para poder escucharlos todos, no nos veríamos así. Estoy totalmente seguro.

 

Los comunicadores somos los primeros que hemos perdido tacto, sensibilidad, humanidad... ¿A cambio de qué? ¿Venta de ejemplares? ¿Porcentajes de audiencia? ¿De qué sirven ahora? Seamos sinceros... El éxito emborracha al más sobrio de los periodistas, pero eso provoca una resaca muy larga y dolorosa. Hemos convertido el mundo en lo que es. Por otra parte, la condición humana juzga que si no tienes éxito, no posees el respeto suficiente para ser escuchado.

 

Con esto no quiero dar una opinión pesimista y desalentadora para todos. No me atrevo. Solo pretendo llamar la atención de que nos están manipulando continuamente, puede que hasta yo interfiera en su opinión, no me atrevería a usar las palabra "todos" pero con suerte puede que a unos cuantos consiga que piensen sobre ello, aunque sea un par de minutos, ya me conformo. ¿A qué viene toda esta verborrea? Gracias a las horas que estoy viviendo con Pete, mi nuevo gran amigo, un gran desconocido para la sociedad que sin quererlo será recordado por su historia, una historia que cambiará el mundo.

 

Pete junto a su hermano, si como hermano entendemos que los lazos de amistad y respeto superan las leyes biológicas, vivían desde hacía años en un orfanato. Un pequeño complejo para sesenta personas, donde estudiaban, comían y soñaban. La mente inquieta del hermano de nuestro protagonista sospechaba que las intenciones de aquel centro no era la curación de sus patologías especiales, como siempre les habían dicho. Tristemente tenía razón.

 

Ese "hogar" no era ni más ni menos que un centro de investigación de armas biológicas, financiado por gobiernos de medio mundo. Donde Israel era una de las grandes accionistas. Las pruebas, de las que poseemos los documentos originales, hablan de una infección vírica. Un suero que mal empleado ha mutado en enfermedad. Ésta es tan letal como siniestra, no solo por su increíble porcentaje de mortandad sino por levantar a los cadáveres de los infectados convirtiéndolos en asesinos implacables que con un intercambio de fluidos, aumentan sus filas con las víctimas.

 

Algo para lo que no estamos preparados y que acabará con la vida de muchos inocentes, entre ellos niños, que como en el orfanato, son los menos culpables de la dirección que le hemos dado a nuestra sociedad. Ahora no podemos elegir, eso es un lujo que hemos desaprovechado con nuestra codicia, solo debemos intentar sobrevivir. Esta vez hagámoslo por ellos, para que tengan un futuro, nuestros hijos.

 

Así que con un canto optimista y de humanidad, hagamos frente a la amenaza que se nos viene encima que no entiende de razas, religiones y fronteras. Unamos nuestras fuerzas de una vez por todas contra ellos y que a los culpables de todo esto se les pueda señalar con el dedo y no permanezcan escondidos otra vez. La falta de información es la peor de las prisiones.

 

"Los viejos crean las guerras y los jóvenes mueren en ellas."

 

BOB (Robert Domenech)

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PATRICK DIA XVI (Capítulo 64)


 

Cuando hemos llegado a la carretera de curvas de Lloret a Tossa y subimos a la parte más alta, Tomo y Bob han buscado la mejor zona para acampar. Sabemos que el bosque no es muy seguro, pero nuestra prioridad es encontrar al matón de la Santa Sede antes que él nos encuentre a nosotros y a Pete, mientras, nos tocará controlar a esos podridos, si es que aparecen. Cuando hemos aparcado el convoy, Jared y Tomo han sacado las motos de la Mercedes Sprinter, se han equipado con todo y salen a buscar a Victorio.

 

Dentro de la furgoneta estamos los demás sentados, es el mejor sitio para que no se nos vea. Shannon está tumbado medio adormilado y yo le voy preguntando a Bob como siempre.

 

-¿Porqué Victorio quiere acabar con Pete?- Le pregunto.

 

-Es un capricho del viejo loco, en vez de importarle la magnitud del problema, se dedica a utilizar al mejor de sus matones para descargar su furia contra un chaval que lo único que ha hecho es intentar sobrevivir. Le hizo chantaje con ayudar a su familia, mujer e hijo, lo peor de todo es que el viejo chiflado los mató en cuanto los raptaron. Después pensó que podría utilizarle, así que no le dijo nada al italiano de lo de su familia, Victorio no sabe nada de eso, tampoco sabe que la persona que le prometió salvarle  ya no está entre nosotros. Qué se joda, era un cínico. Le importaba más su venganza personal que no que el mundo se vaya al garete. En cuanto empezaron los problemas, miles de presuntos salvadores se aprovechaban de los desesperados y con promesas falsas les sacaban los últimos ahorros. ¿Qué es la religión sino?

 

 

 

 

-¿De mí dijo algo? –Le digo intrigado.

 

-Seguramente, tendría intención de hacer lo mismo contigo, pero Victorio no sabe donde estás. Si tiene que volver a hablar con el páter para “negociar” tu precio, se encontrará que el polideportivo ya no existe como él lo conoce. No hay nadie con quién hablar y ni siquiera su familia le está esperando. No me gustaría verme en su lugar.

 

De vez en cuando, nos vamos asomando por los retrovisores, dentro de la caja de la Mercedes no se escucha nada de lo que pasa fuera. Si nos rodeasen ahora mismo, sería difícil salir con vida de aquí.

 

-¿Porqué crees que el ejército estaba en la redacción cuando te encontramos?

 

-Supongo que en su enésimo intento de callar a la prensa. Cuando algo o alguien dice una verdad molesta, la forma más fiable de saber que es cierto, es viéndolos a ellos en la puerta intentando sabotear o incluso raptando la tirada de ejemplares. Como en este caso la noticia era digital, cogerían los ordenadores, los discos duros, los servidores, lo que les diera la gana, lo hacen solo por molestar. No podrán probar que lo que digo es falso, solo me acusarán de alterar el orden, crear noticias para favorecer a un partido político, lo que se les ocurra a sus abogados. Siempre imaginando que todo eso esté funcionando aún.

 

De repente, después de una hora desde que se han marchado, llegan los chicos con las motos. Se acercan y abrimos la puerta trasera, sin quitarse el casco Jared, me dice:

 

-Seguidnos, os queremos enseñar algo.- Dice mientras da la vuelta con la montura.

 

Nos subimos en la parte delantera de la Sprinter los tres, los otros dos coches se quedan en la explanada. Volvemos a la carretera, vamos bajando en dirección al poblado, hay coches aparcados a los lados de la calzada de cualquier forma.A unos cinco minutos de camino, un Porsche 911 plata está apartado a la izquierda, ha golpeado contra un Nissan Qashqai blanco, el intermitente izquierdo está parpadeando. Según nos vamos acercando, voy preguntándome que hacemos ahí, por que nos a traído Jared, la aleta delantera derecha está abollada y entonces me fijo en el interior. Los cristales están salpicados de sangre desde dentro, varias entradas de bala en la luna evidencian un ataque con un arma de gran calibre.

 

Salgo de la furgoneta corriendo, me paro a escasos dos metros del coche, caigo de rodillas, creo que sé quien hay dentro. Jared se acerca, me coge del hombro.

 

Nadie dice nada.

 

Solo una mano me da una placa identificativa que pone:

 

PETE 2003/12 

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PETE DIA XVI EN EL EXTERIOR (Capítulo 63)


Soy un imbécil, dije que no me dormiría y no lo he cumplido. Está amaneciendo y el sol empieza a darnos en la cara, pero no me he despertado por eso, en medio del sueño que tenía he empezado a escuchar un pie arrastrarse y el crujir de las patatas fritas al pisarlas. He abierto un ojo y me he dado cuenta que no era un sueño. Estamos tumbados al lado de una de las neveras de refrescos de la tienda, tapo la boca poco a poco a Alba para que no se levante gritando. Abre los ojos poco a poco, sabe que estamos en peligro, los pies que veo caminar por el otro lado de la estantería son de mujer, sin duda, uno de ellos sangra, bueno mancha de líquido viscoso negro el suelo al pasar.

Me incorporo sin hacer mucho ruido, miro al fondo de la trastienda, ha entrado por una puerta de emergencia que debido a la oscuridad no vimos que debía estar abierta anoche, estos seres no abren puertas, al menos no lo he visto aún. Me coloco detrás de ella, cojo la pata de cabra y miro al patio exterior, no hay nadie a la vista. Sin tiempo ni a desayunar como las personas decentes, tenemos que salir corriendo de aquí.

-Coge las llaves, corre hacia el coche y tráelo aquí, yo me encargaré de esta. Dale una patada a la puerta de la tienda si ves que no se abre.- Le susurro.

-Vale. –Me dice guiñando un ojo.

Nos colocamos paralelos a la chica, que por la vestimenta parece que trabajaba aquí, agachados en el otro lado de la estantería grande de bollería industrial.

-Corre, venga.- Le digo a Alba.

-Voy…- Me dice empezando a correr.

La operaria se enfada muchísimo y empieza a gruñir como solo ellos saben hacer, corre con los brazos por delante pero eso le dura poco, empujo la estantería y la aplasto por el pecho contra el suelo. Cuando me ve, me dedica unos bonitos gruñidos a mí también, huele a podrido de una forma vomitiva, mientras da dentelladas al aire cojo unos paquetes de “Circulo Rojo” y los meto en esa cloaca del infierno que tiene como boca. Aprovecho para darle un buen par de puñetazos, dos directos en la cara, sé que no sirve de nada porque no le hacen daño, pero esa no es forma de despertar a la gente y quiero que se entere.

No me da tiempo a más, ya que escucho como el deportivo alemán para en la puerta y de la de emergencia asoman dos ejemplares más, me levanto, me pongo a saltar entre las bolsas de comida y salgo por la puerta, colocando un gran extintor con ruedas, rojo que hay en el escaparate bloqueando la salida. Los tendrá ocupados un rato, me monto en el asiento del copiloto y admiro como porracean la cristalera con unas ganas locas por hincarme el diente, les dedico un obsceno gesto con la mano. Hoy no me joderéis.

Volvemos a la carretera mientras disfruto de unas galletas que cogió Alba antes de irse de la tienducha que casi nos cuesta la vida. Al final nos vamos a costumbrar a vivir así. Dos otres rotondas más adelante, todo pasa en ellas, al fin y al cabo no van a ser tan buen invento como la Dgt piensa, una escena dantesca. Aquí ha habido lucha, el camino está despejado pero un Chrysler 300 c tiene dos compañeros peculiares, un tipo que parece haber salido de la ventana rota del coche, está estirado boca abajo rodeado de un gran charco de sangre reseca y en el otro lado un tipo gordo ha corrido la misma suerte, solo que este lleva una barra clavada en un ojo, increíble imagen. Avanzamos unos metros, nos paramos en la entrada del puerto deportivo y vuelvo a conducir yo.

Recorremos el resto del camino sin más impedimentos, parece que sean más activos por la noche, en Blanes y Lloret sí que hemos visto alguno que otro y lo más chocante es que había uno de ellos en medio de un campo de cultivo mirando al infinito como siempre. Parece que estén en un estado de trance, como si fuera para ahorrar energía y así ser explosivos cuando tienen algo o alguien que atacar.

Demográficamente Tossa tiene una ventaja muy grande con los otros dos municipios que he citado, la carretera de curvas. Seguro que cuando comenzó el brote, los turistas quisieron irse a sus casas antes que estar aquí, lejos de sus seres queridos. Puesto que no está de paso para ninguna ciudad importante, con importante me refiero a gran número de habitantes, solo quedaron los pocos vecinos que viven todo el año aquí. Una gran ventaja para afrontar la epidemia.

Según vamos bajando la carretera de curvas, se me van ocurriendo miles de cosas que podemos encontrarnos ahí abajo, es un pueblo sin una salida rápida, calle estrechas y es muy fácil que estén cortadas con coches. Puede ser una trampa mortal, de modo que nos colocaremos en un sitio elevado y visualizaré el terreno con los prismáticos de Bob, ya hemos tenido suficientes sorpresas hoy.

Una salida a la derecha de un camino de tierra me parece la mejor opción para poder vigilar el perímetro. Entro y en primera, voy sorteando los agujeros para no dañar los bajos de mi coche, para una vez que tengo un Porsche no voy a romperlo a la primera de cambio, aunque su pobre faro derecho no puede decir lo mismo. Un pequeño llano preside la colina, lo aparco allí.

-Alba, sal conmigo y vigila. Si ves algo avísame.-Le digo mientras le doy el bate y yo cojo la pata de cabra, pesa pero es un buen arma.

-No me parece demasiada buena idea salir aquí.- Me dice arrugando la boca, en expresión de inconformidad.

-No me fío de bajar allí sin mirar.

-Venga. Pero rápido. No me gusta este bosque.

-Vale. –Contesto con desgana.

Miro con los BauschandLomb y veo varias cosas que no me gustan, por debajo de la entrada principal, hay un control policial, con unos rifles controlando la entrada que está repleta de coches parados, si me fijo bien, también hay unos vehículos militares dando vueltas por el pueblo y las calles del castillo están tapadas con una vallas amarillas. No vamos a poder entrar antes de ver a Bob.

-Alba, tengo malas noticias para ti.-Le digo con voz triste.

-¿Qué pasa? –Me dice asustada.

-No vamos a poder ir a ver a tus padres antes de que venga Bob.

-¿Porqué?

-Hay unos controles policiales en la entrada, si nos dejan entrar, no creo que podamos salir inmediatamente, tienen que tener algún protocolo de cuarentena o algo, si han sobrevivido es porque están aplicando prevención.

-¿Y qué hacemos ahora?- Me dice mirando al bosque.

-Tú ¿Qué harías?

-Vamos donde has quedado con Bob, yo no me fío de este bosque nada, creo que he visto cosas raras.

Bajamos de nuevo el camino que conduce a la carretera, un fantástico día soleado se levanta ante nosotros, la luz hace brillar de forma intensa el color dorado del pelo de mi chica, me sonríe y se lo coloca por detrás de la oreja. Me encanta.

 

Vamos llegando al punto de encuentro. 

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PETE NOCHE DEL DIA XV EN EL EXTERIOR (Capítulo 62)


La bajada de la carretera que dirige a la rotonda de la nacional está extrañamente vacía. Cuando llegamos a la intersección voy mirando hacia los lados, ahora conduzco yo. De repente, noto que Alba me aprieta el brazo con mucha fuerza y con la otra mano se tapa la boca para no gritar, me hace un gesto para que mire.

Un podrido tiene acorralado a un perro entre dos coches, es de los pocos que hemos visto vivos desde que esto empezó, se abalanza encima del pobre animal, le agarra la cabeza con la mano izquierda y las costillas con la derecha, lo tiene tumbado, el can le muerde todas las partes que puede al Z pero a éste le importa más bien poco. Le arranca el cuello al perro de un bocado, creando una fuente de sangre  al instante, el alarido del pobre cánido me hace estremecerme.

Con los nervios a flor de piel, seguimos nuestra ruta entre los coches abandonados, está anocheciendo y queremos pasar la noche en algún sitio que no sea la carretera. Así que haremos el camino hasta que nos lo permita la luz. En otras circunstancias puede que me atreviese, pero ahora somos un equipo, arriesgarse uno puede acabar con la vida de los dos y no estamos dispuestos a que eso pase. La nacional pasa por los pueblos costeros, uniéndolos en línea con las vías del tren de la playa paralelas a la calzada.

El trayecto, aunque lento, está bastante tranquilo, en las rotondas es el único sitio donde tenemos que ir esquivando cristales y objetos por el suelo, en el resto de la carretera hay un carril libre, al menos hasta ahora. Como en una de ellas, donde un camión de obras está empotrado contra la entrada de la estación, no quiero mirar, acelero y paso lo más rápido posible. Si tenemos que pasar la noche por aquí, no quiero que Alba se ponga más nerviosa. Ya sé que eso ahora es difícil que pase, porque con lo que hemos visto ya, cualquiera estaría años tratándose en un siquiatra. Pero intento evitarlo, al menos.

La oscuridad de las pequeñas poblaciones que vamos pasando es prácticamente total, no hay electricidad. La sensación claustrofóbica de la situación me está poniendo muy nervioso, los faros del coche son poco eficaces, todo y llevar las largas todo el tiempo. No creo que lo diseñaran pensando en esta catástrofe, me vienen a la cabeza tonterías, como pensar donde estarán los ingenieros, diseñadores, montadores o comerciales que en su día trabajaron para que este coche saliera a la calle. Todo se ha ido al garete, al menos todo lo que mi vista abarca, Barcelona nunca será lo que era.

Según avanzamos a Girona el tren no parece operativo, ya que hemos visto unos cuantos no muertos vestidos con los trajes amarillos fluorescentes en las vías, debían ser los de mantenimiento de Adif, vamos creo yo. Lo peor ha sido cuando hemos llegado a Mataró, un accidente ferroviario nos pone la piel de gallina, dos trenes han colisionado en la estación. Los restos humanos, de hierro y cristales se funden en unos charcos macabros, hay piezas de los trenes hasta en la calzada. Supongo que la gente desesperada por no avanzar la circulación por carretera, decidió tomar el tren, ya que las piezas colisionaron con los coches cuando ya estaban parados. La estación debía estar abarrotada en el momento del descarrilamiento, no quiero ni llegar a imaginarme el sufrimiento que se tuvo que vivir allí.

El único aliciente que me hace seguir hacia delante es saber la recompensa que tendré al final de él. La carretera es muy dura en estas condiciones. Justo unos kilómetros más hacia delante, no podía proponerle a Alba quedarnos donde habíamos visto esa orgía de cuerpos, sufrimiento y desolación, nos vimos forzados a parar.

Del lateral izquierdo, seducido por la luz que emanan los faros delanteros del vehículo de Stuttgart uno de esos miserables se tiró en el lado derecho del coche, golpeó en la aleta y fue deslizándose por la carrocería hasta impactar con la luna delantera. Astilló toda la parte del copiloto y el faro derecho dejó de funcionar correctamente, la luz que sale es de un color púrpura. Eso ayuda bien poco en esta oscuridad casi total. Por tanto seguí unos metros para buscar guarida, a la izquierda de la vía rápida hay una gasolinera.

Puesto que las gasolineras, fueron de los primeros comercios en quedarse sin materia prima que vender, suelen estar cercadas alrededor con vallas metálicas, en este caso azuladas. Sé que si son muchos, eso no los parará, pero el ruido que hacen al caer, pueden avisarnos antes que de que estén cerca.

Por lo que vemos desde nuestra posición, está intacta. Doy la vuelta por debajo del túnel que conduce a la playa porque el carril está separado por la mediana de hormigón. Conduzco hasta las zonas de lavado de coche y lo meto allí. Me giro hacia Alba.

-Voy a sacar la pata de cabra que cogí del garaje de tu vecino, cuando lo cierre sal con los bates. ¿Vale?- Le digo besándola para que se tranquilice.

Salgo hacia fuera, no hay nada ni nadie, abro el maletero que el 911 tiene en la parte delantera y saco la barra de los ladrones. Es de color naranja y creo que no la han usado nunca, no hay marcas en la punta, la pintura está intacta. Justo al cerrarlo con sumo cuidado, la puerta del copiloto se abre, sale ella. Me fijo en el daño que ha causado el Z contra el coche, la aleta está desencajada con el paragolpes, el faro está roto y la luna astillada.

Era duro el tipo, seguro que está aún andando por ahí, eso sí, un poco más perjudicado. La cojo de la mano y nos dirigimos a la entrada principal de la tienda de la pequeña gasolinera, la puerta y los marcos del escaparate son de aluminio, será fácil abrirlos. Con la pata de cabra fuerzo la puerta con la parte más curvada y apoyándome ligeramente en el cristal, suena un clac, la cerradura ha cedido enseguida. Me podría dedicar a ladrón profesional, abro la puerta lo más sigiloso posible sin darme cuenta que unas bolsas de patatas han caído al suelo y al pisarlas, la pequeña explosión y los crujidos de los snacks, me hacen poner unas muecas extrañas temiendo lo peor.

Giro la cabeza suavemente al interior de la tienda, no llevamos linterna, de modo que voy fijando la mirada en las sombras. Al entrar, la pared que queda delante no está a más de cuatro metros y la profundidad a la derecha es de unos diez más. Las estanterías de un metro y medio recorren el local paralelos a la pared más larga. Recorro el pequeño comercio con la pata de cabra levantada a la altura de mi cara, caminando lento, mirando al frente forzando la vista para ver en la oscuridad y con una chica de mi misma edad más o menos agarrada al bolsillo trasero de unos Levi´s gastados que alguien donó a los pobres y mis queridos cuidadores del orfanato me dieron.

Le indico que cierre la puerta de detrás  nuestro, seguimos recorriendo la tiendecita a una velocidad de tortuga. No veo nada y si sale un gul ahora, voy a tener que despacharlo con las manos. Abrimos los servicios del fondo, no hay nada, seguimos por las otras habitaciones. Son solo pequeños almacenes de papel higiénico y artículos de limpieza. Damos la vuelta y volvemos a la tienda. Cogemos unas mantas, una almohada de HelloKittie, unos aperitivos y nos tumbamos en el suelo a pasar la noche. Por la vidriera, puedo ver como pasan algunos seres sueltos, perdidos, arrastrando los pies, muchas veces descalzos, en dirección a la carretera de abajo. Recostado en la pared y con Alba durmiendo en mi pecho, decido quedarme esperando, no quiero dormirme.

Ella cree que estamos seguros aquí, pero me parece que es el sitio menos seguro que hemos elegido para quedarnos.

 

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PATRICK NOCHE DEL DIA XV PARTE II (Capítulo 61)


 

Ya nos vamos levantando después de una escasa hora de siesta, nos vestimos para la ocasión y cenamos brevemente. Con el atuendo, todos juntos parecemos un grupo de rock alternativo, los miro y me hacen gracia, sin lugar a dudas al que le hace un estilo más curioso es a Bob.

No creo que en su día a día anterior vistiese así, desde luego que sería una sorpresa. Vamos a ir abajo a preparar el convoy. Al bajar Jared dice:

-A ver, el primero en salir serán Tomo y Bob con la furgo.- Nos pasa unos walkietalkie, bueno a mí no, a Bob y a Shannon. –Seguramente os toque abrir paso entre esos cadáveres andantes. Despacio y apartándolos, no los golpeéis de lleno, pasad lentos y poco a poco, aporrearán los laterales, pero es la única forma de pasar. Si dañamos los vehículos en los primeros metros, no duraremos ni un asalto.

Los demás asentimos con la cabeza, los nervios se palpan en el ambiente. Es la primera vez que vamos a salir de aquí a hacer un camino largo, no una incursión en el terreno y volver. Sabemos que nos vamos, pero no si volveremos. En poco tiempo le he cogido cariño a este sitio, ¿y el como las cosas que tira la gente pueden ser el medio de vida de otros? Esto te hace pensar. Los objetos no son inútiles, como mucho, son menos prácticos para ti en ese momento.

Después del consejo de Bob de evitar las autopistas como sea, nuestro camino es la Nacional II en dirección a Girona. Son unos ciento diez kilómetros al norte, la dirección que siguieron los refugiados que se dirigían a Francia. Seguro que el trayecto está muy concurrido.

Como no sabemos si nos encontraremos controles militares por el camino, en caso de redada o acecho del ejército, el plan consiste en dispersarnos y mediante los walkies volver a encontrarnos en algún punto común.

Tenemos que salir ya del desguace, todos montados en los vehículos, esperando indicaciones de Jared desde los walkies, él lleva el mando de la verja de fuera, ahora nuestras conversaciones se mantendrán por estos aparatos menos con Shannon lógicamente, que voy con él en el coche.

-Vamos chavales, nos queda una noche movidita. –Suena con voz metálica.- Motores encendidos, luces y acción.

Los rugidos de todos los vehículos retumban a la salida del garaje, el sonido de mi pequeñín es sorprendente, esos miserables golpean con una furia extrema las chapas exteriores creando un ambiente terrorífico e intimidatorio de primer nivel.

Se abre la puerta y Tomo asoma el morro con intención de que no entren dentro pero su intento es en vano, se cuelan entre los vehículos y nos amenazan al lado de las ventanas. Los golpes en el coche de Jared son brutales, ha tenido la mala suerte de ser objeto de dos gules jóvenes y muy enfadados, menos mal que a uno de ellos le falta un brazo.

-Tomo acelera el paso o me comerán vivo.- Dice Jared.- ¡Vamos!

Tomo sale del desguace y va arrastrando a todos los seres que salen a su paso, como pasamos lentos los vemos de cerca. Esos cadáveres andantes son terroríficos, gruñen sin parar a nuestro paso e intentan agarrarse a los vehículos. Uno de ellos, se aferra al limpia parabrisas trasero del Integrale y se lo ha arrancado.

Menos mal que hemos recogido los retrovisores, que te rompan el limpia trasero no tiene demasiada importancia, pero un retrovisor es más jodido y más ahora que tenemos que estar al acecho de cualquier cosa que pasa a nuestro alrededor.

Tomo ha pisado uno a juzgar por el movimiento de la carrocería de la Sprinter, como mi coche y el de Jared son mucho más bajos que la furgoneta, Jared para no desviarse demasiado del surco entre esos seres que está abriendo la Mercedes ha decidido pisarlo de lleno con las ruedas de la izquierda, el coche se levanta de un lado y no daña las piezas que podría tocar en caso de pasar por encima.

Hago lo mismo, Shannon arruga la cara cuando escucha el sonido del cuerpo al ser pisado, es como pisar una gran bolsa de salsa con huesos secos, que revienta al presionarla. Es indescriptible.

Al lado nuestro hay un tipo, de cerca de treinta años que me está poniendo muy nervioso, gruñe sin parar al lado de mi ventana y restriega sus manos por el vidrio, miro hacia delante impasible, mientras Shannon cada vez agarra más fuerte su barra de acero.

-Tío, esto es una locura, como a uno de estos mierdas se le ocurra golpear un cristal y lo rompa, nos destrozarán vivos. –Me dice mientras sostiene el walkie para decir algo. –Chicos, esto es terrorífico ¿no podríamos aligerar el paso?

-Dímelo a mí que estoy en primera fila. Salen de su trance cuando me ven, se enfurecen y se colocan a los lados. Tendríais que ver la cara de Bob.- Dice Tomo con la voz temblorosa.- Pero ya veo el final, acelero un poco la marcha, vamos.

El vehículo industrial avanza entre la multitud cada vez más rápido, los imbéciles del Hotel California se han dado cuenta ahora que tenían vecinos sin saberlo. Están asomados mirando como nos vamos por la lejanía, hay mucha gente en las ventanas del edificio, si quieren una vida mejor, seguramente tendrán que marcharse de ahí.

Al fondo se ve el final del gentío, por mucho que nos sigan vamos más rápidos que ellos. Acelera Tomo, hace lo propio Jared y habla por el walkie:

-¡Ganamos uno a cero! ¡Venga que ya nos queda menos! –Dice Jared riéndose con esa voz metálica que dan estos comunicadores.

Nos quedamos de piedra cuando vemos a Jared parar delante de la entrada principal del Hotel California. Baja corriendo del vehículo, abre el maletero y saca una bolsa grande de basura con algo pesado dentro. La coge como puede y la lanza dentro por encima de la valla, a continuación hace sonar el claxon varias veces al montarse y seguimos.

-¿Qué has hecho Jared?- Pregunta Tomo.

-Un regalo para nuestros vecinos.- Dice Jared.

-¿Cómo? –Shannon no sabe de que habla.

-Era la carne de los congeladores, al menos que la aproveche alguien ¿no? –Dice riendo.

Nos ha dejado a todos parados, es la forma de ayudar un poco a las personas que están allí dentro, ha sido un gran detalle por su parte. Espero que esos idiotas lo valoren, aunque lo dudo la verdad. Emprendemos de nuevo el camino.

Vamos por carretera abierta, a nuestra derecha una mujer está cenando algo tirado en el suelo. Shannon saca la barra por la ventanilla abierta y le golpea en la cabeza a ese ser con fuerza mientras pasamos a toda velocidad.

Miro por los retrovisores, que ya hemos abierto, veo como su testa vuela por los aires y el cuerpo cae desplomado al lado de eso que se estaba comiendo.

-Jódete, bicho inmundo.- Dice con toda la rabia del mundo.- He pasado mucho miedo al salir de casa, tío.

-La verdad, es que ha sido terrorífico. Menos mal que ninguno le ha dado por golpear los cristales. Habríamos tenido problemas de verdad.- Le digo absolutamente convencido.

Seguimos por la carretera con el convoy, nos hemos colocado segundos a petición de Jared y él va detrás nuestro. La transición hasta la entrada de las rondas es tranquila, no vemos más de esas cosas por aquí, ya que con lo que llaman la atención nuestras luces en la noche, ellos nos ven desde  bastante lejos.

La oscuridad no es total, hay zonas de la ciudad donde se ve que el iluminado público funciona, no pasa lo mismo con los edificios que son columnas negras sin ningún tipo de iluminación. Según vaya cayendo la noche, se nos verá más aún.

Pasamos por encima de la Zona Portuaria, aquí parece que se está cociendo algo. Nos fijamos detenidamente y se puede ver que los militares están abriendo fuego contra alguien.

-Mirad, mirad. Ahí abajo hay guerra.- Dice una versión metálica de la voz de Jared.

Los militares van retrocediendo y abren fuego contra algo que cuando se ilumina el ambiente debido a los disparos dibuja la figura de miles de gules, deseosos de matar a sus contrincantes. Un gran barco con focos grandes iluminando la contienda, hace sonar una sirena como las que solo he escuchado en las películas bélicas.

Según están más cerca de la nave, van entrando hacia el interior del barco y quedan menos soldados para detener el avance de esos indeseables. Es una versión a escala de lo que no nos gustaría que estuviese pasando en todo el mundo, ellos avanzan, nosotros retrocedemos y tenemos que abandonar la tierra bajo la presión de una derrota inminente. Es lo que se vive en las batallas contra ellos.

Hemos parado ante aquella imagen, la de la derrota de los nuestros. Da igual nuestra tecnología, nuestras armas, nuestros barcos, esto tiene toda la pinta de ser una batalla perdida. Las luces de freno de la Sprinter, nos hacen seguir parados hasta que noto unas ráfagas en la parte trasera de mi pequeño vehículo italiano. Es Jared.

-Señores, aquí no hay nada que ver, sigamos nuestro camino. Rezad al Dios que creáis que existe porque es lo único que podemos hacer por ellos. –Dice con un gran pesar en la voz.

La carretera está colapsada de vehículos alrededor, solo queda un carril, por el que pasamos, pero que dado el caso no nos permitiría dar la vuelta. Es muy estrecho. Bob dijo que esta era la mejor zona para escapar, lo había oído en el polideportivo, era la ruta que usaba el ejército o los cuerpos del estado porque al pasar al lado del mar y las vías del tren, era el que estaba mejor comunicado.

Parece que el escándalo que montan las unidades del ejército ha atraído a esos seres hacia donde hemos visto que estaban, porque por aquí no se ve ni uno.

De vez en cuando un vehículo militar semipesado anuncia que no hace mucho, los humanos han intentado tomar la ciudad. Pero no lo han conseguido, porque durante el camino, hemos podido ver barreras militares traspasadas, barricadas hechas con alambre de espino arrastradas e inservibles.

Si lo que menos sienten es el dolor, como se les ocurre usar esas cosas para intentar detenerlos, en fin. Siguiendo por el asfalto, otro semipesado abandonado, pero este es diferente, tiene las luces encendidas. Así que debe hacer poco que está aquí, pasamos por al lado.

-Dejadme que pregunte si están vivos.- Dice Tomo.

Supongo que después de lo visto, se siente en deuda al menos de comprobar que está pasando. La noche es negra, no se ve nada a los lados a más de dos metros y estamos rodeados de coches. Lo curioso es que a diferencia de los que perecieron delante del desguace, no hemos visto ninguno dentro de los vehículos.

Puede que sí que hayan, pero desde luego que no se  han anunciado, ya que Tomo va mirando a los cristales de una forma casi obsesiva. En cuanto aparezca uno se va a dar un susto de los buenos.

-Hola, ¿hay alguien? ¿podemos ayudar? –Pregunta Tomo con una voz entrecortada que no escuchamos muy bien.

De repente me da por mirar atrás, el reflejo de las luce rojas de freno, crea un ambiente fantasmagórico detrás del convoy. Miro fijamente y veo como se acercan un gran surtido de cuerpos tambaleantes que se aproximan a la trasera de Jared, más rápido de lo que desearíamos.

-Chicos, chicos acelerad. Zetas por detrás, corred vamos. –Digo bastante nervioso.

Tomo no se mueve, parece que no nos ha escuchado.

-Tomo, vamos. Jared los tiene encima.- Le digo apresuradamente.

Arranca y escuchamos como golpean el coche en la parte trasera. Cuando pasamos por al lado del vehículo, me doy cuenta qué miraba Tomo. Un soldado sentado, apoyando la espalda en la fría carrocería del vehículo, se sujeta una herida que tiene en el cuello, intentando evitar que la hemorragia lo desangre.

Creo que ya es tarde para eso. Lo miro fijamente, hipnotizado ante la imagen de aquel chico joven, malherido que estamos dejando atrás, él me ve, aún consciente me mira y levanta el dedo pulgar de su mano derecha a nuestro paso. Es un cúmulo de emociones muy grande.

Las batallas que se han librado aquí han sido feroces y al parecer hemos sido derrotados. Lo mejor que se puede hacer para sobrevivir es pasar lo más rápido posible por zonas infestadas. No tenemos ni la misión ni el armamento adecuado para plantarles cara y los que sí lo tienen, al parecer no son capaces. Es muy triste. El paso por el resto de las rondas está siendo bastante más rápido, sin hacernos los héroes.

Sin parar, sin preguntar, solo actuando como mero espectador. Para ojos ajenos, puede que nos tilden de cobardes, pero me gustaría verlos aquí y ahora.

Noche intensa y oscura, las zonas sin luz son cada vez más comunes. Puesto que no sabemos si el camino más adelante estará cortado, visto lo angosto que es cada vez más, Tomo ha traspasado las balizas que delimitan los carriles de entrada y salida de la ciudad.

Ahora mismo, somos un convoy en dirección contraria, un kamikaze en toda regla,  que visto desde uno de los edificios apagados, donde he decidido no mirar más, debe ser una especie de gusano de luz. No quiero ni llegar a imaginar lo que pensaría alguien que nos estuviera viendo desde uno de los bloques. Desde la seguridad de su casa, esperando a que esos que huían en el puerto vengan a rescatarle. Solo de pensarlo, me estremezco.

La imagen de la ciudad arrasada es desoladora, hace muy poco tiempo, esta era una de esas ciudades que no duermen, donde por la noche la gente iba a hacer unas copas, al teatro, al cine, se divertían y lo más importante, vivían. Ahora por culpa de cuatro miserables que querían hacerse ricos con lo más inútil que ha inventado la humanidad, la guerra, todos los sueños, proyectos e ilusiones de los seres humanos que pasaban su vida aquí, han sido truncados.

Seguimos por la carretera, llevo la radio puesta pero muy baja de volumen, son unos informativos muy secos y ariscos. No son locutores profesionales, parecen ser órdenes de algún tipo de aviso de catástrofe y no para de repetirse hasta la saciedad.

No dice nada que no sepamos ya, el Gobierno hace días que se saturó y como no podían negar que la infección estaba en la calle, solo llamaban a la calma advirtiendo que cualquier persona que tuviera los síntomas, fuera al hospital para ser tratado.

Están más pendientes de arreglar la situación con los franceses en la frontera que de encargarse de su propio pueblo. Qué triste, me gustaría ver donde están ahora, mientras militares mueren y nosotros cruzamos la ciudad.

Según vamos saliendo de la zona urbana más céntrica, aparecen más de esas cosas, los alrededores son más peligrosos como ya dijo Bob. Según íbamos avanzando, una señora con bata en medio de la carretera estrecha por la que pasamos se ha convertido en nuestro peaje particular, un peaje caro de pagar.

Tomo intentaba apartarla “cortésmente”, pero ella solo ataca al coche, tenemos comprobado que es cuando paramos que se ponen las cosas feas.

-¿Qué hago con esta tía? No se aparta. –Dice Tomo nervioso.

Todos estamos pensando que lo que debe hacer es pasarle por encima y seguir nuestro camino. Pero es algo realmente jodido, no somos animales, la imagen de ellos, por muy cadavéricos que sean es la de personas. Tienes que tener la sangre fría, pero los demás no podemos forzar a que lo haga si no es su voluntad.

El walkie suena:

-Chicos, esto es muy bestia. Tomo la está mirando inmóvil, ¿qué hago ahora?- Dice Bob sabiendo lo que nos jugamos aquí parados.

-Joder, intenta ponerte en su sitio y apártala. Quietos somos muy vulnerables. -Dice Jared.

Un grito suena a través del walkie, es Tomo. La furgoneta se agita de un lado a otro, por debajo deja ver el cuerpo de la señora rodando y salpicando sangre negruzca hacia todas partes.

Shannon casi vomita. Hago lo mismo que con el cuerpo de antes y le paso por encima con las ruedas de mi lado, no quiero romper nada. Siento mucha lástima por la imagen mental que debe tener nuestro amigo del este ahora mismo, seguro que debía recordarle a algún ser querido y por eso se negaba a atropellar a la señora de esa forma tan fría.

Todos estamos luchando contra nuestros demonios ahora, solo que es una batalla silenciosa, que todos queremos llevar dentro como el mejor de nuestros secretos, este viaje el día de mañana será una anécdota, ahora, intentaremos sobrevivirlo de la forma más digna posible.

Al otro lado de la entrada a la nacional hay un camión de bomberos chafando a dos coches pequeños, uno de ellos es un Smart por la silueta del chasis del lateral, inconfundible. El camión de los bomberos está ahí, pero… ¿y los bomberos? ¿víctimas también de la infección?

La entrada a la nacional es una rotonda bastante grande, está llena de vehículos, algunos con claros signos de lucha y trozos totalmente manchados de sangre reseca en la carrocería. Entre dos coches, un miserable de esos se está comiendo algo mientra está arrodillado en el suelo, cuando nos ve pasar levanta la cabeza y abre la boca amenazándonos, su mirada perdida y ojos blancos son hipnóticos.

Está cubierto de sangre por todos lados, nos advierte para que no intentemos comernos su presa, por lo que hemos visto, tienen un hambre insaciable y no paran hasta que eliminan a todos los seres vivos que tienen a su alrededor.

En muchos casos, en aquellos en los que estás más cerca de ellos de lo que te gustaría, te das cuenta que la fiereza con la que atacan sus víctimas está fuera de toda razón, porque casi siempre tienen la dentadura astillada y con dientes rotos, debido a que no miden de la misma forma que nosotros la “pasión” por morder seres vivos.

La que tuve el “placer” de ver más cercana fue la mujer de detrás de la valla del desguace mientras encendíamos en generador. ¿Habrán entrado allí dentro? ¿Qué pensarán los huéspedes del Hotel California? ¿Les habrá gustado el regalo qué les hizo Jared? Cuantas preguntas rondan mi cabeza. ¿Estará Pete llegando a su destino? Si Bob está con nosotros, se supone que irá solo.

Seguimos por la Nacional, igual que antes, en dirección contraria. Cuando vamos por el carril “correcto” es muy estrecho y tenemos que ir pegados a los coches y eso no nos gusta nada.

Por increíble que parezca, en todo el trayecto que hemos recorrido, no ha habido ningún accidente de gran consideración, algún alcance por detrás de turismos, pero poco más. De nuevo la realidad supera a la ficción, una enorme ciudad con los nervios a flor de piel, hace salir a casi todos sus ciudadanos sin causar apenas accidentes viarios.

Pero aquí la cosa cambia, una enorme hormigonera está volcada en una rotonda que tiene delante una salida de estación de tren. No puedo ver donde es y la verdad es que esto no me lo conozco demasiado.

Si te fijas detalladamente ves que se empotró contra la estación cuando había gente, por el suelo hay zapatos de mujer, alguna que otra zapatilla deportiva y un bolso abierto enseñando todo su contenido a la gente que pase por la acera, si es que pasase alguien.

Se puede ver un cuerpo atrapado debajo del enorme camión, es una chica joven, más de tres cuartos de su cuerpo asoma por debajo del chasis, la atrapó a la altura de los hombros, lleva unos vaqueros hiperceñidos, un solo tacón negro, su mano extendida y abierta mirando hacia la carretera señala donde cayó su móvil en el momento del percance. La sangre que baja de su cuerpo, pálido y sin vida hacia el asfalto, está negra, seca y oxidada.

Espero que ellos no estén tan afectados con las imágenes que vemos como yo, esto es un verdadero infierno. Cuando crees que nada te va a sorprender, miras a otro lado y ves que te has equivocado.

Aquí la luz sí que es nula, no hay electricidad, ni la carretera ,las calles, nada de nada. La oscuridad es intensísima y tenemos que tener mucho cuidado con las cosas que hay por el suelo para no pinchar las ruedas. Una avería ahora, se me antoja bastante peligroso.

Adelantamos camino a una velocidad bastante aceptable, ir en el carril contrario ha sido una gran idea de Tomo, ya que no estamos encontrando demasiados atascos, pero siempre me pasa igual y hablo antes de tiempo.

Después de haber pasado por Mataró y ver el horrible accidente de tren, en la estación una locomotora alcanzó a toda velocidad a otro mientras recogía pasajeros que hicieron camino a mejor vida en vista a los enormes salpicones de sangre en la fachada del edificio.

Todos estos detalles los sé gracias a Shannon que cada vez que puede, apunta con la linterna a estos sitios de macabra estampa, no sin ganarse una reprimenda de Jared por el walkie cada vez que lo hace.

-Parad ya o no llegaremos nunca. Apaga esa linterna o nos verán esos indeseables.- No paraba de repetir Jared cada vez que mi compañero apuntaba con ella.

Sé que tiene razón, pero no lo hace por eso, pretende tenernos ausentes a este tipo de cosas para que no nos desmoralicen. Le entiendo, a mí me están afectando. Los trenes están rizados sobre sí mismos, dándole una altura a esa escultura cruel de tranquilamente veinte o veinticinco metros, es imposible pasar y no darte cuenta del terror que se tuvo que vivir allí.

Hay bastantes cuerpos tirados por el suelo, no sé si se levantaran cuando pasemos por al lado o simplemente murieron y no se infectaron. No hemos visto demasiados cadáveres sin estar “animados”.

En otra rotonda, siempre los problemas están el ellas, en Arenys de Mar un pequeño pueblo de la costa, los coches bloquean totalmente el paso. Vamos a tener que bajar a moverlos o empujarlos, no nos queda más remedio.

-Chicos, problemas gordos. El camino está totalmente cortado. Habrá que bajar y abrir paso, ¿cómo actuamos Jared?- Dice Bob.

Jared se queda pensativo unos treinta segundos:

- Vale ya lo tengo. Coged barras, poneos los guantes y cascos. Saldremos todos, dentro de los coches llamamos la misma atención que fuera, la diferencia es que fuera podemos defendernos los unos a los otros. Romperemos los cristales de  los coches que estén cerrados y quitando el freno de mano los empujamos a un lado. ¿Entendido? –Dice Jared mientras lo veo ponerse el casco.

-Entendido.- Dice Bob.

-Perfecto.- Dice Shannon.

Salimos ataviados con nuestros uniformes y en las manos las barras metálicas, los coches están encendidos y las luces puestas. Delante de ellos se ve bastante bien, Jared organiza a la gente.

-Patrick y yo apartaremos coches, vosotros vigilad, Shannon aquí sí que es práctica tu linternita.- Dice riéndose.

Me acerco a un Seat León, le rompo la ventanilla después de comprobar que no está abierto, hace más ruido del que nos gustaría.

-Siempre que puedas evitarlo, no rompas ventanillas.- Me susurra Jared mientras mueve un Peugeot 206 plata de tres puertas.

-Estaba cerrado. –Le digo excusándome.

-No. No pasa nada, solo digo que intentes evitarlo. –Me dice mientras aborda su segundo vehículo.

Llego a un Chrysler 300 C, cuando abro la puerta veo que es automático, está en la posición P y no tiene las llaves puestas.

-Jared, tenemos problemas, este coche está bloqueado.- Le digo con voz temblorosa.

-Chicos acelerad, nos están rodeando. Suben por los pasos subterráneos.- Dice Shannon.

-Ven, corre. Cogeremos un par de gatos hidráulicos, lo levantamos cada uno por un lado y lo movemos. – Me dice Jared mientras corre hacia la parte trasera de la Sprinter.

Abre las puertas traseras y empezamos a escuchar los primeros gemidos sordos de los Z, como dice Shannon, nos están rodeando. Cogemos los gatos y corremos a la parte trasera del coche parado. Lo levantamos por detrás, nos ponemos a moverlo, la ventanilla trasera del coche explota de dentro hacia fuera del habitáculo y sale un tipo de unos cuarenta años con los brazos por delante y me agarra la cazadora intentando conducirme a sus fauces, mientras da dentelladas al aire.

Sale detrás de mí cuando intento librarme de él, ha salido por la pequeña ventana, me echo hacia atrás rápidamente y cojo la barra del gato hidráulico. Me tira al suelo y se echa encima de mi. Él sigue agarrado a mi cazadora con una fuerza increíble, mientras me intenta morder, no puedo librarme de él, cojo impulso y le doy un cascazo en la cabeza sin quitármelo, el muy cabrón ni se inmuta.

Lo voy apartando como puedo con las manos, la idea de ponernos equipación de moto la agradezco de una forma bendita ahora mismo. Lo sigo golpeando con lo que puedo, está colérico e intenta engancharme lo que sea. Le doy otro cascazo, cuando se aparta un poco le pongo la planta del pie en el pecho y lo tiro contra el Chrysler que ya está en el sitio correcto.

Se da un golpe tremendo, cae al suelo el suficiente tiempo para que me levante y con la barra del gato le de con todas mis fuerzas en la cabeza. Cae desplomado en un charco de sangre negra y corrupta.

Giro el coche y veo porque Jared no me estaba ayudando cuando me atacaron. Está en el suelo peleando con un gul gordo que se le ha tirado encima, por más golpes que le da, éste ni se inmuta. Solo con lo que debe pesar, ya no puede levantarse. Le doy una patada en la cadera y se desestabiliza. Le paso la barra a Jared:

-Por favor, haga los honores.- Le digo sonriendo.

-Gracias caballero.- Me dice sujetando el larguero y postrándose hacia delante.

Le introduce la palanca en el ojo al gordo fétido y cae desplomado al suelo hacia atrás haciendo un ruido espantoso a líquido derramarse. Nos giramos en dirección a ellos y están en una situación parecida a la nuestra pero se les da mejor. Empujamos a un par de ellos y nos montamos en los coches.

Tomo también se monta en la furgoneta, emprendemos la marcha al fin entre gritos de alivio y acumulación de tensión descargada.

-¡LO HEMOS CONSEGUIDO!- Grita Tomo por el walkie.

-¡SOMOS LOS AMOS JODER!.- Le sigue Shannon.

Seguimos pasando por los pueblos de la costa, nuestra técnica es la misma que por la ciudad. Dirección contraria se conduce mejor.

No hemos encontrado más bloqueos como el de Arenys, solo en la entrada de Blanes había un poco más de densidad, pero Tomo con muy pocas ganas de volver a bajar del vehículo, los ha empujado con la defensa delantera de la Mercedes que se ha portado increíble. Va muy cargada, pero no le importa.

Hemos seguido viendo muchas cosas de esas, es más, menos en los pueblos más pequeños y alejados. Habían unos cuantos por las carreteras principales, espero que en Tossa, al ser un pueblecito pequeño y más alejado por esa carretera que no es el mejor de los accesos, esté mejor. Es el pueblo costero más difícil de acceder de los alrededores. El camino ha sido muy lento y complicado pero en menos de una hora estaremos allí.

Amanece un día precioso, espero encontrar lo que busco.

Me muero de ganas de ver a mi hermano.

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PATRICK NOCHE DEL DIA XV PARTE I (Capítulo 60)


 

Bob estaba famélico, mientras comía algo que le hemos preparado le he estado bombardeando a preguntas. Él debía saber mucho de todo lo que había pasado o pasaba allí de donde veníamos. Tomo y Shannon se han quedado fuera vigilando que no haya nadie más de los que somos. Jared está tumbado en el sofá, creo que duerme.

 

-¿Quién te ha hecho lo de la cara?

 

-Esos cabrones del orfanato, intentando sacarme información de tu hermano. Lo único que les di fue el e-mail, me estaban amenazando con echarme a una de esas cosas encima, creía que después podría avisarle, pero tiene el teléfono apagado. Si tenías entendido de que aquel centro era un centro público como pensaba tu hermano, estáis equivocados. El centro es propiedad de la Iglesia, que se lo alquilaba al Estado pero que ambos decidieron utilizaros a vosotros para un tercero que experimentase armas biológicas, mutaciones de adn, sueros para los ejércitos y yo que sé más. Con el tiempo, esa empresa se la quedó la Santa Sede, era una mina de oro. Les estaba dando beneficios brutales. Nunca pensaron que podría pasar esto, no conocen la ley de Murphy.

 

-¿Y tú que pintas en esto?

 

-Tu hermano contactó con una ayudante mía, espero que esté en la redacción con los demás. Nos conocimos, nos caímos bien y se quedó unos días conmigo para escribir el artículo que te sacaría de aquel infierno. Veo que no hizo falta.

 

-Entonces… ¿Él me buscaba a mí?

 

-No hacía otra cosa, las noticias, los periódicos, Internet… se pasaba el día leyendo artículos sobre el orfanato por si veía que estabas entre los supervivientes o los demás.

 

-¿Cómo te enteraste de que le han tendido una trampa? –Jared se incorpora y acerca el sofá hacia nosotros.

 

-Cuando me sacaron la dirección del mail, con mi teléfono, ese perro sabueso del vaticano, un tío con acento italiano y pinta de mafioso, escribió delante de mí el mensaje para tu hermano. Han quedado mañana sobre las doce del mediodía en Tossa de Mar, Girona. En la entrada del pueblo. Quieren matarle y creo que a ti también. Lo que él no sabe es que su jefe está muerto ahora.

 

-¿Y eso?¿Cómo que su jefe ha muerto?

 

-Para sacarme la información, el italiano, me amenazaba con un podrido que tienen atado a un cable en una habitación. Cuando sucumbí a la presión,el padre del que no me acuerdo su nombre, me estaba dando una paliza con un puño americano, el ser estaba excitado y violento al ver como aquel tipo me golpeaba. El italiano lo llamó para explicarle como habían quedado tu hermano y él, yo lo escuchaba todo. Siempre he tenido mucha flexibilidad y conseguí sacarme las bridas que hacían función de esposas que no apretaron lo suficiente. Al entrar a seguir zurrándome le puse la zancadilla, cayó a los pies de ese cadáver inmundo, él no desaprovechó la oportunidad y lo destrozó allí mismo. Corrí como un desesperado para salir de aquel sitio donde llevaba no sé cuantos días. Pude escapar.

 

-¿Entonces te buscan también a tí?

 

-Yo no diría eso. Si cayera a sus pies, me matarían encantados eso no lo dudo, pero perder el tiempo buscándome, no creo. Tienen cosas mucho más importantes en que pensar, su jefe ahora pertenece a las hordas de gules que campan por el mundo en busca de algo que destrozar. A más, mientras escapaba, escuché como hubieron más ataques. Ya que antes de salir de las instalaciones, solté a un par de esos que tenían atados en las camas para investigarlos. Necesitaba desorden para poder huir. Lo siento si por culpa mía, algún inocente salió herido o peor.

 

-Joder. ¿Entonces qué hacemos? Yo quiero salvar a mi hermano y encontrarlo.

 

-Yo me apunto. Fui quien le dijo a ese mercenario el mail y es mi responsabilidad, mira este es su número, si quieres intentar llamarlo. He estado llamando como un loco desde una cabina y no da señal.- Dice mientras se acaba la última pechuga de pollo frito.

 

-Jared ¿cómo lo ves? ¿Podrías dejarnos un par de motos? –Le pregunto.

 

-Espera, espera. Yo no voy en moto con esas cosas por ahí sueltas ni loco. En el polideportivo escuché un montón de veces que en los alrededores de la ciudad hay muchos más. La gente, lo primero que hizo es huir y en muchos casos se transformaron en las pequeñas poblaciones del extrarradio. Los hospitales de los alrededores de Barcelona eran un caos, gente que se ponía enferma en su trabajo, de visita a sus familiares porque la empresa donde trabajaban había cerrado por precaución a que no hubiesen más infectados, los que se ponían malos en las caravanas de huida, imaginad el panorama…

 

-Espera, espera señor periodista. ¿Quién ha dicho que nosotros no vamos? –Pregunta Jared a Bob.

 

-Pero… Vosotros estáis seguros aquí, tenéis agua, comida, luz… -Le digo pensando que ellos preferían quedarse.

 

-¿Tenemos pinta de que nos guste la seguridad? –Dice Jared mientras me agarra la cabeza y me alborota el pelo riéndose. –Nos vamos todos de excursión. –Dice con claro sentido para que le escuchen los otros dos que están fuera vigilando.

 

-Por nosotros, perfecto.- Confirma Shannon asomándose por el hueco de la puerta que queda entreabierta.

 

-Decidido. Salimos en cuanto tengamos preparados los vehículos, chicos, nos llevamos la Sprinter también. Habría que meter uno de los bidones grandes en la parte trasera de la furgoneta lleno de gasolina y las dos motos de competición, no creo que nos detengan por circular sin matrícula. Las dejaremos dentro por si nos hacen falta más adelante. Quién sabe. Todos poneos monos de piel de moto, eso evitará si nos atacan que atraviesen la piel con los dientes. No os olvidéis de zapatillas cómodas, porque habrá que correr, seguro. Coged algo de comida, lo que no sea perecedero y agua, unos cuantos bidones.

 

Nos ponemos todos en marcha, siempre intentando que no nos vean nuestros amigos del Hotel California, que han vuelto a practicar el tiro al Z. Bob se ha llevado un buen susto cuando han disparado por primera vez, le hemos explicado de que va la historia y con una mueca rara los ha insultado como hemos todos esta semana. Se ha aseado y ahora parece una persona respetable, desde el taller casi se escuchaban las quejas al curarse las feas heridas de la cara. Hemos metido un depósito grande en la Mercedes-Benz de carga, gasolina noventa y cinco, simplemente porque es más compatible con todos los vehículos. La Sprinter que es el único diesel la hemos llenado hasta los topes de gasoil, al ser una herramienta de trabajo su autonomía es elevada. Metemos las dos motos y las atamos fuerte, damos por sentado que será un viaje movidito. Tomo ha cogido la defensa delantera de barras de acero de un Nissan Patrol GR y la está acoplando al morro del vehículo industrial. Es un manitas.

 

Jared está instalando unos grandes faros Carello en el frontal del Integrale, es una pieza específica y la ha montado en veinte minutos, me acerco a ayudarle.

 

-¿Quieres qué instalemos unos en el tuyo?-Me pregunta mientras aprieta los últimos tornillos.

 

-¿El mío? –Pregunto extrañado.

 

-El 500. Lo llevarás tú. –Me dice .

 

-¿Yo? No es que no quiera ni mucho menos pero ¿porqué yo? –Pregunto ilusionado.

 

-Tomo y Bob irán en la Sprinter, para abrir camino. Tú y Shannon en el 500, es pequeño y será ideal para comprobar los caminos, en caso de ataque Shannon podrá ayudarte. - Me dice acabando su tarea.

 

-¿Y tú?- Le pregunto aún y sabiendo la respuesta.

 

-Me quedaré en el Lancia, no me importa ir solo. No puedo dejar el coche de mi padre aquí, no es solo un montón de acero para mí. Lo de los faros, te lo digo porque durante la noche vamos a necesitarlos, si salimos mañana por la mañana puede que no lleguemos. Haremos noche en la carretera. Si queréis echar una siesta de media hora o una hora, hacedlo. Estar descansados es importante para todos. Un compañero adormilado es muy peligroso, esas cosas no descansan.

 

De vez en cuando nos asustamos, al parecer estamos haciendo más ruido del que deberíamos, porque a veces nos escuchan los podridos de ahí fuera y golpean las paredes de chapa desde el exterior. No hemos visto nada de lo que sea que ha entrado en el cementerio de coches, desde el apartamento de encima del almacén se ve prácticamente todo el terreno y aunque los coches achatarrados dificultan la visión, no hemos visto nada de nada. Eso me mosquea más.

 

Según vamos acabando las tareas que teníamos que preparar para el viaje, se van a asearse y echar una pequeña cabezadita. Tomo, Shannon y el exhausto Bob ya han subido hace cosa de un cuarto de hora. Jared y yo, acabamos la instalación de los faros de la Sprinter y del 500, le dan un aspecto demoledor, bueno en realidad lo acaba él, yo he estado haciendo unos adhesivos grandes con formas de calaveras con un rollo de vinilo que he encontrado en el taller. Las he recortado y ahora pego la última. Jared se levanta de instalar cables y me dice:

 

-Perfecto. Vamos arriba a echar una cabezadita y nos vamos.  

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PATRICK DIA XV PARTE II (Capítulo 59)

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Llevo más de media hora leyendo el mismo reportaje en la pantalla del ordenador portátil de Jared, lo he repasado al menos diez veces. Me parece increíble que Pete haya contactado con alguien interesado en nuestra historia. Para bien o para mal, este suceso nos va a hacer famosos, además se llevó los documentos del doctor, es el mejor.

Ellos, llevan un rato hablando sobre qué hacer, el panorama aquí es el siguiente: gracias a nuestros esfuerzos, el desguace es un buen escondite, tenemos agua, generador eléctrico que nos ayudará a conservar la comida que hay en los congeladores y mucho carburante, pero unos huéspedes muy maleducados del Hotel California han convertido esto en un sitio poco seguro debido a los centenares de Z que se agolpan alrededor.

 

En otra situación, las cercas del recinto los tendrían lejos de nosotros, pero son muchos, muchísimos, de modo que si se dan cuenta que estamos aquí, no les costará demasiado tirar la valla con su propio peso. Cuando uno de ellos nota la presencia de cualquier animal vivo, hace poco mirando por el agujero del armario los vi perseguir un perro, emite ese gruñido gutural ahogado por líquido y los demás al escucharlo corren a destrozar a ese pobre infeliz.

Tenemos que ser más cautos que nunca. El imbécil del tirador, lleva rato sin disparar, está fuera asomado buscando a alguien, supongo que al tipo que dice que vio. En contra de todo pronóstico, los no muertos no se mueven de la zona, alguno llamado la atención por algo que se mueve en el bosque desaparece pero también se están incorporando nuevos. En total, están los mismos que ayer en número. Dentro de los coches también hay, algunos inmóviles y otros que dan sacudidas en el asiento del conductor, del que no se pueden liberar debido al cinturón de seguridad.

 

Cuando salgo de mi trance literario, me acerco a ellos. Ya lo he leído bastantes veces hoy.

 

-¿Qué vamos a hacer Jared? –Pregunto.

 

-No lo sé Patrick, hagamos lo que hagamos tiene que ser una decisión de todos.- Me responde mientras me pone una mano en el hombro.

 

-Me gustaría ir a la redacción, ese tipo sabe muchas cosas, quiero hablar con él. –Le digo mirando al suelo.

 

-Lo entiendo, chaval. –Dice Jared.

 

Tomo interrumpe la conversación mirando a Shannon y buscando su complicidad ante lo que va a decir.

 

-Decidas los que decidas, estamos contigo. Somos una familia, extraña pero una familia al fin y al cabo.- Concluye con una sonrisa en sus labios.

 

-Dinos como podemos ayudar a Patrick y haremos lo posible.- Dice Shannon respaldando la opinión de Tomo.

 

-A ver que os parece esto, Patrick y yo vamos a la redacción con las motos, preparad el Lancia y el 500 por si tuviéramos que ir a buscar a su hermano, echadles gasolina y coged todo tipo de barras metálicas para defendernos, no tenemos armas de fuego, así que tendremos que apañarnos con eso. Patrick, prepárate con el mono de piel de las motos y casco, tendremos protección contra esos miserables. ¿Qué pensáis? –Jared está decidido pero pide opinión.

 

Los chicos se miran y asienten con la cabeza. A ellos también les parece buena idea. A mí, naturalmente me parece lo más correcto, quiero encontrar a mi hermano pase lo que pase y si muero en el intento, no será en vano. Pero por otra parte, me sabría fatal que les pasase algo a ellos.

 

-Por mí, perfecto Jared. Tienes todo mi apoyo.- Confirmo.

 

Le damos una última ojeada a las noticias de la televisión, desde hace horas son las mismas, la programación normal ha sido interrumpida de forma definitiva y las últimas novedades hablan de toque de queda en la ciudad, accesos restringidos y que los tribunales y bancos dejarán de estar operativos. Ya que han sido los últimos en quedar, los negocios pequeños ya cerraron sus puertas por miedo a los saqueos.

Las fuerzas del orden dejaron de ser las que mandaban en la calle, donde la muchedumbre colapsaba avenidas y destrozaba todo a su paso. Seguro que son los de siempre, cuatro exaltados que aprovechan el caos para montarla, ya que no se habla de los infectados. Un corresponsal que está atrincherado en un piso, en el que el balcón da a la calle habla de presencia militar esporádica y que ya se puede hablar de ciudad fantasma por el poco movimiento que hay. Quien lo diría hace solamente un mes.

 

Bajo al taller a buscar la indumentaria para los dos, mono de moto, guantes, botas y cascos. El ambiente ahí fuera es hostil. Jared baja y empieza a vestirse, se pone su mono negro y su querido casco Arai de Mike Doohan. Cojo una tubería de acero con un racor en la punta que hace un poco de curva y contrapeso, me lo coloco cruzado en la espalda a modo de espada samurai, es un poco incómodo pero necesito tener algún artilugio para golpear.

Las dos motos tienen los depósitos llenos y mi maneta del embrague sigue rota, joder, no la he arreglado. Me servirá para acordarme de que ahí fuera, lo mejor es estar atento a todo. Me coloco mi casco Diamondback y me preparo para otra incursión en el infierno.

 

-Saldremos por la valla trasera, que da al bosque, bajamos con las motos sin encender el motor y así no se nos escuchará, no solo para los podridos, sino también para los distinguidos huéspedes del hotel.- Dice mientras se ajusta los guantes.

 

Shannon y Tomo, nos desean suerte y meten los coches poco a poco en el taller para prepararlos sin encender el motor. Más vale prevenir, si tuviéramos que ir a buscar a Pete lejos, no podríamos ir con las motos, ya que no son seguras para recorrer una distancia larga. La cobertura que puede dar una carrocería, nunca será comparable a la de una moto, por mucho que sea más rápida y fácil de manejar en una colapsada ciudad.

 

Empujamos las motos apagadas por el cementerio de coches, pasando por detrás de los vehículos más grandes para que no se nos vea, Jared desmonta los tensores de la alambrada y la enrolla sobre sí misma, voy vigilando que no se nos vea y que por fuera no hayan cadáveres andantes. Jared se monta en la moto y baja la visera.

 

-Vamos, chico. Nos queda un buen trozo.

 

Bajamos el bosque encima de nuestras monturas sin encender el motor aún, me voy retorciendo como una anguila, el tubo en la espalda es realmente un incordio. Jared ha cogido un candado de moto flexible, es como una cadena pero más gruesa y recubierta de goma semitransparente azul, Tomo le fabricó un contrapeso para la punta. La lleva atada a la cadera, podría llevar una igual con el tiempo que he tenido allí para fabricar una. Vemos la carretera al fondo, es la autopista que veíamos desde el desguace, definitivamente está impracticable, los vehículos se agolpan de un modo que no sé si podríamos pasar ni con las motos. Lo que está claro es que si nos saliera un atacante sería prácticamente imposible escapar. Esa idea la deshecha Jared. No hay autopista.

 

Él se conoce la ubicación del edificio exacta donde vamos debido a que una distribuidora de recambios de la ciudad está justo al lado. Pasamos por el paso de tierra paralelo a la autopista, ya que ésta se encuentra sobreelevada hay un túnel para cruzarla, me hace un gesto para que encienda el motor. Al pasar por debajo el eco anuncia de nuestra presencia de una forma que me sorprendió hasta a mí, él me indica que pase sin acelerar. El otro lado de la carretera, abre un paisaje desolador, al fondo hay un acceso a un polígono industrial y en las calles de entrada a las fábricas hay un centenar, puede que más, de esas cosas, quietas, esperantes, manchadas, dejadas y en un trance que desaparece a nuestro paso.

Aquellas figuras empiezan a girarse en nuestra dirección, en campo abierto con tanta luz creo que podremos esquivarlos. Las motos son rápidas y la carretera parece ancha. Pasamos el camino de tierra y llegamos al polígono, me acerco a Jared, a golpes de gas va esquivando a esos que algún día fueron abogados, médicos, carpinteros, electricistas y miles de oficios de los que no quedan muchos operarios en kilómetros a la redonda. Pero están muy lejos y nos da mucho tiempo a sortearlos, si la calle fuese más estrecha, otro gallo cantaría.

 

Llegamos a una carretera general que accede a la ciudad, por aquí no hay tantas siluetas tambaleantes, algunos ves pero no van en grupo, ni siquiera en parejas. Es hipnótico mirarlos, tienen un surtido variopinto de heridas, todas ellas seguidas de cuajarones de sangre negruzcos de diversas consideraciones. Los más peligrosos e insistentes son los jóvenes, en los casos que ya se infectaron de mayores, sus cuerpos que heredaron las hordas de caminantes del infierno estaban más trillados y menos ágiles. Pasas por su lado y todo que su primera reacción es el ataque más inmediato, sino lo impiden sus graves heridas, el cuerpo es el cuerpo, por mucho que el virus mantenga en vida un ser que debería estar enterrado, éste no gana superpoderes ni nada por el estilo. Tienen la misma fuerza, agilidad o incluso menos que cuando estaban vivos. Es normal, la ventaja más terrorífica que los convierte en temibles es sin lugar a dudas su total ausencia de miedo y de dolor.

 

Lo cual no significa que no sean peligrosos, es lo más peligroso que tienen,un par de ellos se han tirado a la moto de Jared dándose un golpe bestial en el suelo al no alcanzarlo, en vida habrían salido muy perjudicados, en cambio estos han seguido en el piso gruñendo cuando pasaba yo. Me estremezco solo de pensarlo. Delante nuestro un pelotón del ejército a lo lejos, creemos que están eliminando sujetos porque parece que hemos oído un disparo. Me acerco a Jared.

 

-¿Qué hacen esos? –Le pregunto.

 

-No lo sé. Espera. –Me dice mientras miramos fijamente a qué disparan.

 

Dos tipos militares andando con fusiles de asalto van abriendo portales y gritan al asomarse. Vuelven a ir a otro portal, en el tercero o cuarto han abierto fuego, corren hacia atrás y un tipo con una calibre 50 que tiene en la torreta del URO dispara a quemarropa hacia dentro del edificio. De pronto, el suelo empieza a temblar debajo nuestro, miro a Jared sorprendido, antes de poder darnos cuenta un vehículo militar pesado se postra ante nosotros, una voz enlatada sale del megáfono.

 

-Zona restringida. Ustedes no pueden estar aquí.- Se abre la escotilla superior del vehículo.

 

Jared me dice:

 

-¡Corre sígueme! –Me grita aterrorizado.

 

Entramos por las calles a toda velocidad, con el neumático trasero buscando un poco de adherencia pero sin tener suerte, la estampa debe ser de calendario de anuncio de Aprilia, dos de sus modelos más potentes corriendo por las calles de una ciudad devastada, emitiendo un ruido ensordecedor y seguidos por un pelotón del ejército gritando para que nos paremos.

Si hombre, para que nos disparéis. Tenemos que esquivar los automóviles que hay parados por las calles, dejan un espacio más grande que un carril normal, pero no mucho más, antes eran calles de más de tres por sentido. Mientras esquivamos vehículos, ellos en cambio si no les queda más remedio los arrastran o embisten haciéndoles perder más tiempo que el que empleamos nosotros para pasar por el mismo sitio.

 

A dos calles, nos hemos dado cuenta que no les hacía falta que parásemos para que intentasen afinar puntería con nosotros, un arma automática abre fuego a unos quinientos metros, vamos girando por todas la calles que nos encontramos para que durante unos segundos quedemos cubiertos por las esquinas. Trozos de cristales, cemento y materiales de la más variopinta procedencia salpican nuestros cuerpos cada vez que giramos noventa grados en otra dirección.

 

Al llegar a una calle ancha y ante la imposibilidad de seguir girando, Jared me hace un gesto con la mano para que le siga. Aceleramos a fondo y nos metemos en la entrada de un garaje que hay al lado de un portal. No nos han visto y han seguido de largo, a los diez segundos aceleramos para reincorporarnos al asfalto, ellos están al menos a un kilómetro y aunque nos vieran, que no lo creo, no podrían girar, no tienen espacio, les dedicamos un cariñoso saludo con la mano, levantano el dedo corazón. Au revoir cabritos. Seguimos por las calles con un ritmo rápido, no tan extremo como antes pero sí ligero, con esta panda de podridos merodeando la ciudad, nada más faltaría que nos matase nuestro propio ejército.

 

Vamos llegando a la manzana de la redacción, hay unas vallas amarillas de plástico alrededor del edificio, una mirada un poco más detenida nos hace darnos cuenta que unos Anibal del ejército están en la puerta del recinto. Al parecer, el reportaje no ha hecho gracia a todo el mundo por igual, vamos frenando poco a poco, Jared se ha alejado unos metros y busca algo de su chaqueta, de repente una sombra a su izquierda salta entre dos coches y se le echa encima. Le tira al suelo con la moto y ataca ferozmente el antebrazo que ha colocado para cubrirse la cara, le muerde sin parar ,gruñe y lo agita con los brazos. Mi teoría tristemente se cumple, los jóvenes son los más peligrosos. Lo está zarandeando como un muñeco, Jared es un tipo atlético, pero entre la postura de él y la rabia con la que actúan esos seres, son unos cazadores implacables, le está ganando la batalla. Saco el barrote, acelero la moto con todas mis ganas sujetando el arma con la mano izquierda extendida, cuando paso por el lado, le golpeo en la cabeza y un salpicón de sangre adorna su escondite hasta el momento.

 

Me doy la vuelta, Jared se ha incorporado, levanta la moto, está exhausto y supongo que muy asustado, le han mordido. El maldito ese, se levanta con la mandíbula colgando de un trozo de carne rojiza, vuelvo a repetir la embestida solo que esta vez con una postura imposible puesto a que le tengo que dar con la mano izquierda y él está en mi derecha. El golpe es atroz, escucho todo tipo de sonidos orgánicos aliñar las carrocerías de los vehículos aparcados, pero esa extraña postura me hace perder el equilibrio y caigo afeitando el asfalto. Cuando me reincorporo, me toco para ver que no me he hecho nada, veo a otra de esas cosas agazapada entre un Fiat Bravo y un VW Golf. No me está mirando así que cojo poco a poco mi barrote, lo levanto por encima de mi cabeza y digo:

 

-Jódete, miserable.

 

Antes de que le de, se gira y me dice:

 

-No, no. No soy uno de ellos, no me des. –Dice mientras usa sus brazos para cubrir su cráneo.

 

-Emmmm… No claro que no, no soy un asesino… -Me quedo perplejo ante aquello, la adrenalina ha estado a punto de hacerme pasar una mala pasada.

 

-No soy uno de ellos… aún… a no ser que no pueda entrar a coger mi coche.- Dice mientras apunta al aparcamiento del edificio de la redacción.

 

-¿Trabajas allí?.- Pregunto apresuradamente a ese tipo de cara ensangrentada.

 

-Sí, claro. Soy el jefe. –Me dice sin entender que importancia tenía aquello ahora mismo.

 

-¿Bob? –Pregunto sorprendido.

 

-¿Nos conocemos? .- Me mira sorprendido.

 

-Conoces a mi hermano. ¿Sabes quién soy? –Le pregunto con retórica.

 

-Claro, eres Patrick, joder qué casualidad. ¿Qué haces aquí? .-Me pregunta, mientras Jared se acerca a nosotros.

 

-¿Quién es éste?- Pregunta Jared perplejo.

 

-Es Bob, el reportero. ¿Te ha mordido? ¿Te ha pasado algo?

 

-No, no que va, gracias.- Me contesta a prisa Jared.

 

-A ver. Déjame ver.- Le digo intentando levantarle la chaqueta.

 

-¡QUÉ NO ME HA MORDIDO JODER!.- Me dice sobresaltado, nunca me había hablado así.- Lo siento Patrick no quería… no era mi intención… lo siento… -Me dice sin enseñarme el antebrazo.

 

Bob se incorpora y nos alarga la mano para estrecharla a modo de saludo a los dos. Me mira de arriba abajo, está hecho un guiñapo.

 

-A ver, chicos. Como os explico esto… A Pete le han preparado una trampa, en unas veinte horas un cabrón asesino a sueldo que han mandado los responsables del orfanato lo ha citado para acabar con él, se han hecho pasar por mí y se lo ha creído. Debemos evitarlo. –Nos dice sobresaltado.

 

Mi cara ante la apresurada noticia debe ser un poema. Voy a ver a mi hermano.

 

-Entonces ¿sabes dónde está?-Le digo perplejo.

 

-Ahora mismo no lo sé, solo me enteré que le contestó el mail y le citó allí. Estará de camino supongo.

 

-¿Dónde se han citado? –Vuelvo a preguntar.

 

-Tossa de Mar, Girona. A unos cien kilómetros al norte.

 

-Monta Bob, te acompañaré, él me salvó la vida muchas veces allí dentro y no me quedaré aquí para que él sin mi, muera. –Le digo mientras se sube a mi moto.

 

Jared mira la escena perplejo, no sé que estará pensando de esto, yo lo tengo clarísimo, me voy a buscar a mi hermano y lo antes posible además.

 

Duda por un momento pero reacciona de la forma que solo él puede hacer.

 

-Vamos chicos, que el camino será movidito.-Jared se pone el casco.- Bob sube mejor aquí, iremos más rápidos que no si te lleva Patrick. ¿No te importa verdad?

 

-No, no. Por mi mejor, tú sabes conducir mejor y más rápido con alguien detrás. –Le digo convencido.

 

Corremos por las calles de la ciudad como si nos fuera la vida en ellos, es más, nos va la vida en ello. Jared es un gran piloto y aún llevando alguien detrás, me cuesta horrores seguirle. Deshacemos el camino en menos tiempo que antes, nos hemos encontrado otro grupo de militares, pero como los hemos visto a lo lejos, Jared ha cogido un atajo y los hemos esquivado.

No deja de sorprenderme la imagen de los Z, es una imagen terrorífica. Están por todos sitios, no muy concentrados, pero sí en los lugares más variopintos, encima de la hierba de las rotondas, puentes que cruzan las rondas poseen figuras inmóviles, que miran al horizonte sin buscar nada. Solo viendo el tiempo pasar. Me estremezco cada vez que veo un niño pequeño o un anciano, son los más tristes de ver sin duda. Uno joven y ágil, mejor que no lo mires demasiado tiempo si pasas a su lado, por tu seguridad.

 

Subimos el bosque que delimita con el desguace, nuestro hogar, haciendo el mínimo ruido posible. Entramos por la verja abierta, cuando hemos pasado todos, Jared vuelve a colocar la valla en su sitio y coloca un bidón de aceite de motor sucio delante, los arrastramos entre los dos, pesa bastante. Pasamos por detrás de los coches para que no se nos vea, me asomo e indico a Jared:

 

-No está el de los disparos.- Digo.

 

-Ahora no hables Bob, tenemos unos vecinos muy especiales, ahora te lo explicamos.- Dice Jared susurrando.

 

-De acuerdo.- Bob asiente con la cabeza mientras anda por el cementerio de coches.

 

Vamos metiendo las motos poco a poco entre los vehículos, cuando me doy cuenta de algo siniestro. La huella de una mano ensangrentada sobre la ventana de uno de los coches, que está esperando para ser compactado algún día lejano, evidencia que mientras hemos estado fuera, alguien o algo ha entrado aquí. Debo avisarles, si se meten dentro de nuestra zona estamos perdidos.

Un escalofrío me recorre la columna vertebral al pensar que a lo mejor me está viendo en este momento. ¿Cuándo ha entrado? La verja estaba solo visible para alguien que estuviera realmente cerca o en su caso la empujase para ver que estaba fuera de sus tensores. Corro agachado entre los turismos hasta llegar a la verja que separa el cementerio del taller.

 

-Chicos, alguien o algo ha entrado mientras nosotros estábamos fuera, he visto huellas que no son nuestras entre los vehículos. Una mano ensangrentada en el Audi A4 plata. –Les digo visiblemente asustado.

 

-¿El de la entrada de la verja?- Me pregunta Jared.

 

-Sí, ese mismo.-Digo.

 

-Nosotros no hemos visto ni oído nada. –Dice Shannon con cara preocupada.

 

Todos me miran extrañados.

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