Blogia
HOTEL CALIFORNIA

PETE (Primer capítulo)

Hace tiempo que escribo, si no recuerdo mal, desde que estoy aquí. De una forma u otra nos hacen escribir como estamos, que pensamos o que creemos de cosas tan básicas como el amor, la familia, nuestros sentimientos…

En las clases que nos dan, continuamente quieren que colaboremos, pero… Si vieran esto no creo que les hiciera mucha gracia. Es de los pocos derechos que me quedan y quieren violarlos pero no podrán.

Esto es mi válvula de escape, lo necesito.

Al principio la vida aquí era mucho mejor.

Todos venimos de un gran orfanato, los conozco prácticamente desde que tengo memoria, somos nacidos de 2.003, 2.004 y 2.005. Soy de los más grandes, ahora tengo casi dieciocho años. Sé que en la calle sólo sería un crío que estudia en el instituto y vive sólo preocupado por su primer beso y con conducir una moto de pequeña cilindrada, pero aquí todo es diferente.

Este centro se creó para el cuidado de enfermedades raras o en proceso de estudio, no somos demasiados comparado con el sitio donde estábamos, allí debíamos ser unos trescientos y aquí en el último recuento no llegábamos a sesenta.

Como es lógico, es un sitio con muchas bajas comparado con el exterior, estamos enfermos y de patologías para las que la mayoría de casos no existe una cura probada. Casi siempre son variantes más letales de las que ya se tienen curas.

El contacto con los guardas y enfermeros se efectúa con medidas de prevención bastante estrictas. Las únicas menos maniáticas con esas normas son las mujeres: profesoras, enfermeras, personal de sanidad y limpieza… No somos los únicos que hemos notado que cada vez son menos, al comienzo eran prácticamente todas las enfermeras, supongo porque hay más mujeres que se dedican a ello, y los profesores se dividían en mitad y mitad. Pero eso acabó, actualmente no queda más de un 5% de mujeres y casi todas con cargos altos y muy poco sentido del humor. Son de aquellas que no quieren implicarse, supongo que es un método de autodefensa para que no les afecten las muertes o las decaídas de los niños internos.

Siempre hemos sido los mismos, en los ocho años que llevo aquí no ha entrado nadie nuevo, pero eso va a acabar al parecer. Según comentaban los guardas, en breve entrará otro grupo de chicos de ocho años. Estamos ilusionados. Parece algo tonto y absurdo, pero cualquier novedad aquí es bienvenida.

Al principio chicos y chicas compartíamos las mismas zonas, pero de dos años para acá eso ha cambiado, el único momento que las vemos es cuando estamos en clase y alguna vez en el recreo si coincidimos.

Era más divertido con ellas, ahora todos vamos a lo nuestro. Es de suponer que lo hacen para que nuestras hormonas adolescentes no afecten a los tratamientos o las investigaciones que se llevan a cabo. Es injusto que seamos sus conejillos de indias, pero pensándolo egoístamente, hay gente ahí fuera que está muriendo de algo que yo llevo más de ocho años sobreviviendo.

Realmente, no sé que es lo que tengo, según los informes que leí de reojo en una de mis inspecciones, tiene algo que ver con la regeneración de las células. Supongo que mi cuerpo no las recupera igual que los demás hombres sanos. Debe ser que la fuerza del tratamiento es la que me debilita y me hace vomitar de vez en cuando.

Siempre he tenido problemas con la autoridad, sobretodo cuando intentan propasarse gracias a su “superioridad”. A buenas, nos llevaremos bien, a malas no me busques. Cuando llevábamos poco tiempo aquí, todo era más cordial, más amable, el 80% del personal eran sanitarios, actualmente casi todos son militares, al parecer busquen lo que busquen no lo han encontrado.

Las salas estaban bien iluminadas, las paredes tenían dibujos de flores, casas, animales, los juguetes abundaban, muchos de ellos puzzles y juegos educativos. La razón era sencilla, sea lo que sea donde estemos, es un centro gubernamental, los juguetes debían fomentar nuestro coco y no tienen ninguna intención de que nos vayamos de aquí.

No hay visitas, no hay familias de acogida. No hay altas médicas, la única forma de salir de aquí de forma legal es muerto. Nunca ha salido nadie con vida, por lo tanto tampoco han encontrado la cura a ninguna de nuestras patologías. O lo que más me preocupa, a lo mejor no quieren encontrarlas.

Actualmente, el ambiente es otro totalmente diferente, no hay dibujos por las paredes. No hay juguetes, no hay color… El personal no son aquellos sanitarios simpáticos y serviciales señores y señoras que te hablaban con una sonrisa permanente en sus labios. Son rudos y secos militares, algunos enfermeros de un cuartel de por aquí cerca.           

Cierto es, que al principio morían muchos más chicos. Era espeluznante, en cuestión de una semana murieron la mitad de los que entramos, recuerdo que presentaban hemorragias por todo el cuerpo, era como si no pudieran defenderse, parecían pudrirse en vida. Olía fatal, al final decidieron trasladar a los enfermos a la planta baja y ponerla en cuarentena.

La aislaron totalmente, para lo único que se abrían aquellas puertas precintadas de plástico, era para sacar los cuerpos a la morgue. Un edificio contiguo, viejo y terrorífico. Era la única parte antigua del complejo donde estábamos, donde vivíamos nosotros era todo nuevo y con esa sensación de edificio “sin alma” que tienen las construcciones modernas, sin calidez, con pinta de hospital a pesar que ese era nuestro hogar.

Durante una temporada, se oían rumores por los pasillos que durante los tres días siguientes a aquella semana fatídica, parecían oírse lloros y gemidos de dentro de la morgue. Somos niños, nos encanta asustar a los demás y las leyendas urbanas.

Como las amables tutoras y enfermeras se pasaban allí casi tanto tiempo como nosotros, lógicamente, las habladurías les llegaron a sus oídos. Así que después de darnos las explicaciones de que eso era imposible, que nuestros amigos se habían marchado para no volver, que sus enfermedades estaban en un estado muy avanzado y que no resistieron a las primeras curas.

Decidieron hacernos una visita guiada a aquel lúgubre edificio. Al entrar, lo primero que te venía a la cabeza era ese mismo olor que desprendían nuestras habitaciones, una mezcla de lejía y detergentes, pero que tenían un perfume agradable. No sé si decidieron que aquello oliera igual que nuestros cuartos, para que nos pareciera familiar o simplemente usaban los mismos productos para todo.

El pasillo principal estaba muy iluminado, habían muchos fluorescentes y todos funcionaban. Desde luego que desde dentro no parecía tan terrorífico como por fuera. Según íbamos pasando por el largo pasillo, se veían unas habitaciones a ambos lados, no sabía bien lo que eran, hasta que pasamos por una que tenía la luz encendida. Era una especie de quirófano, con aquella característica lámpara móvil, camilla con sábanas verdes y puertas dobles con un pequeño cristal en cada una.


En una morgue un quirófano… Supongo que será para las autopsias, o como este edificio queda aislado a nuestro complejo, puede que prefieran la tranquilidad de esto para operar.

Sea como fuere, al final del pasillo estaba la parte que más temíamos la sala donde guardaban los cadáveres antes de ser enterrados, los más grandes no llegábamos a los 9 años y habían algunos que aún no tenían ni los seis cumplidos. Al entrar, vimos como una especie de nevera encastada en la pared, llenas de puertas como los muebles de bar, todo en un acero inoxidable impoluto.

Aquí el olor a desinfectante era mucho más fuerte, es lógico, hacía una semana escasa de los sucesos, murieron muchos niños aquí. Además olían realmente mal, no sé que les pasaba pero sus cuerpos no lo aguantaron, decidieron irse de una forma muy deshonrosa. Los pobres, no tuvieron la mejor de las muertes.

Aquello nos marcó a todos, decidieron aquellas buenas señoras que nos estaban enseñando los valores de la vida y que eran extremadamente sensibles, que la mejor forma de recordarlos eran haciéndoles un homenaje.

Vino una hormigonera y cubrió toda la parte donde enterraron sus cuerpos. Todos los chicos, aún estando el cemento húmedo fuimos poniendo el nombre de cada uno de ellos, era la forma de recordarlos. No queríamos ni pensar que nadie les recordaría por el hecho de no tener una familia tradicional, su familia éramos nosotros y estábamos demostrándoselo.

Las tutoras estaban destrozadas, ver niños que apenas sabían escribir acordarse de sus “hermanos” desaparecidos e intentar dibujar las letras de forma correcta era demasiado fuerte para ellas.

Aún hoy en día nadie pisa esa parte para no borrar los nombres que hay escritos en ella. Aquí no hay gente nueva, todos los conocíamos y todos los recordaremos.

Aquello cambió mucho la situación, en cuestión de un año, las enfermeras y tutoras cogían baja tras baja laboral por “depresión”, e incluso algunas no volvían jamás e iban siendo sustituidas por militares.

Nuestras curas y medicamentos iban en aumento, no morían chicos. En alguna ocasión, veías algún que otro caso de “peste” como le llamamos nosotros. Pero rara vez morían.

Se puede decir que durante el año se podrían contabilizar media docena de bajas, acostumbrados como estábamos, aquello no era nada. Vivir con la muerte es algo que a ningún niño de diez años tendría que sucederle, pero estos eran tiempos difíciles.

Desde que vivo aquí, siempre voy con un chico, Patrick. Es de la generación de 2.005 por tanto dos años más pequeño que yo, esto aquí es muchísimo. Pertenezco a los mayores y ellos son los pequeños. Creo que siempre me ha unido a él un fuerte sentimiento de protección, es de los pocos que tenía hermano biológico aquí. Su hermano gemelo, murió en la semana fatídica, al parecer lo medicaron y como nos dijeron, no lo aguantó.

Se sumió en una depresión, habían estado juntos siempre y él tiene la teoría de que no fue un accidente, me dijo que estaba bien hasta que empezaron a medicarlo. Realmente, cuando perdemos a un ser querido, queremos justificar esa pérdida, no reconocería nunca que una enfermedad se había llevado a su querido hermano.

Aquello me daba cierta responsabilidad, es buen chico, rubio, tímido y un poco gordito. Es el objetivo de los abusones, bueno, mejor dicho, era el objetivo. Ahora nadie se mete con él, es mi hermano pequeño.

Aquí hay demasiado tiempo libre. Concretamente yo, me paso las horas leyendo revistas antiguas de coches y libros de mecánica, sin olvidar mis queridas motos. Hace unos dos años, nos pusieron un pequeño taller con motos y coches, pero una vez montados y desmontados no me dejan probarlos. Dicen que es por mi seguridad. Ya…

Desmontar motores es divertido e incluso volver a desmontarlos, pero si hubiera algo que arreglar lo sería más. Al parecer, nos quieren mantener entretenidos pero es una farsa, llevo años viendo cosas que no cuadran…

¿Y esta publicidad? Puedes eliminarla si quieres

7 comentarios

Raziel Emmanuel -

Tu esfuerzo en esta novela no está en vano, realmente la disfruto, Muchas gracias.

jaime vasquez -

bueno lo empezamos, vamos a ver que pasa se ve bueno saludos desde Colombia

Mary -

Anda ya tienes a una enganchada con tu libro.
¿Y esta publicidad? Puedes eliminarla si quieres

Jesús Alvarez -

Para Babilonica:

Gracias a gente como tú, nos encanta trabajar en esto a los autores. Sigue leyendo y cada vez te gustará más. ;)

Si quieres que más gente lo conozca y este tipo de lectura e iniciativas tengan la repercusión que se merece, comparte en tu muro el enlace y cuantos más seamos, mejor.

Gracias nuevamente y disfruta la lectura.

Babilonica -

Acabo de descubrir este blog desde facebook, y sinceramente es uno de los mejores enlaces que he podido encontrar, buen principio y ansío continuar, promete.
Gracias por compartirlo y suerte, ah y como asidua lectora de todo cuanto contiene zombies, eras apocalipticas y relatos de terror en general, estaré al tanto de cuanto puedas publicar e intentare hacerme con ello.

Jesús Álvarez -

Muchas gracias.

Estos comentarios me animan a seguir con ello.

Espero que te diviertas tanto leyéndola como yo escribiendo.

Dentro de poquito estará también ataquezombie.blogia.com Si te gusta la temática también te gustará esta.

Un saludo y a seguir leyendo.

Delamor -

Buenas!
te hago saber que tienes un seguidor de este relato. Soy un fan del mundo zombie y me alegra haber descubierto esta historia en sus inicios. De momento tiene muy buena pinta así que te animo a seguir!

Saludos!
¿Y esta publicidad? Puedes eliminarla si quieres