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HOTEL CALIFORNIA

LA FUGA DE PETE (Capítulo 2)

El día que decidí fugarme fue más por rebeldía de adolescente que por un motivo concreto, cierto es que el ambiente no era igual que cuando llegamos, pero bueno éramos críos. Tampoco van a tener chicos de 14 a 17 años viendo dibujitos y jugando con puzzles todo el día.

Los controles y medicación cada vez iban a menos, parecía que habían conseguido el equilibrio. Sí nos medicaban, pero, solo nos daban unas pastillitas por la noche antes de ir a dormir y visualmente parecían las mismas para todos. Siempre se quedaban para ver que nos las tomásemos y te obligaban a enseñarles la boca y la lengua para comprobarlo.

De vez en cuando recaía alguno, e incluso algunas noches veías como se llevaban a algún niño al edificio de la morgue. Que volvía a sobrecogerme cada vez que miraba y veía que había luz a media noche. Las visitas guiadas en aquel edificio se acabaron, ahora no entraba nadie a excepción de un cirujano militar que siempre era el mismo, porque aunque se ponía mascarilla desde que salía del coche, supongo para que no lo reconociéramos, tenía una forma de andar muy característica y conducía un Audi negro.

Los militares o guardas solo entraban para acompañar al enfermo y salían enseguida, además tomaban bastantes más precauciones con los últimos. Antes no veías más que unos guantes de látex pero después usaban mascarillas y enfundaban al chico con una especie de bolsa para cadáveres transparente con una máquina de respiración asistida.    

Estaba harto de aquello, realmente no veía mejora en mi tratamiento, no iba ni a mejor ni a peor. El ambiente estaba bastante más relajado, no venían tantos vehículos del gobierno, ni militares. Parecía que estábamos olvidados allí.

Recuerdo la semana fatídica, aquello sí que fue sonado, no me refiero ni a televisión ni periódicos, pero la circulación de vehículos tanto militares como grandes Audi blindados negros y Mercedes, todos con militares y políticos en su interior. Al parecer eran de todas partes del mundo, porque habían de todo tipo de matrículas. No sabía que este centro tuviera tanta fama.

Desde luego que aquello marcó un antes y un después. Sobretodo en lo que a nuestras cuidadoras se refiere. Realmente de las del principio solo queda una, Norah, una mujer de cerca de sesenta años, es la jefa de los médicos. Se nota. Lo curioso de todo es que era una mujer afectiva y muy cariñosa, pero se fue apagando. Cada vez la veías más triste, por el día se escondía detrás de unas gafas oscuras, era de las que vivían allí prácticamente pero después no venía apenas, solo los días de revisión, que como todo cada vez eran menos frecuentes. Te hacían análisis de sangre, orina, revisaban los órganos vitales y te freían a preguntas. Cuando te hacía la revisión no miraba a los ojos y se dejaba la mascarilla puesta.

Al parecer, por lo que pude leer, lo que más les importaba era la regeneración de los tejidos, la actividad cerebral y la “infección”. ¡La infección de qué! Siempre hablan de la infección, e incluso en algunos casos se habla de un porcentaje, un 10, un 12%...

Supongo que les daba miedo que se volviese a descontrolar la situación. La excusa que nos dijeron es que la medicación es tan fuerte que al anular casi nuestras defensas nos hace altamente vulnerables a cualquier tipo de infección. Bueno, hasta aquí lo entiendo y eso sin ser médico. Pero, hay cosas que no entiendo, qué tipo de medicación experimental es que te debilita tanto y más suponiendo que los chicos adolescentes deberían aguantar más.

Ante la situación de aparente dejadez por parte de los controles de seguridad y mi falta de emociones allí dentro, me hicieron planear una fuga. Quería irme solo, porque no me perdonaría que alguien se lastimase por un capricho mío.

La única forma de salir de allí era fingiendo que empezaba a encontrarme mal, en algunas ocasiones los enfermos vomitaban escandalosamente y caían al suelo desplomados, en una especie de coma. Sólo debía fingir que esa noche me encontraba mal yo y pasaría la noche en la morgue, una vez allí me apañaría.

Naturalmente, a nadie le conté mi plan, precisamente para que no intentasen venirse conmigo. Y menos a Patrick, él estaba bien aquí, no tenía nada de que protegerle ya, al principio puede, pero ya no tiene sentido. No quería contarle nada porque podían lastimarlo en la fuga y mi plan consistía en venir a buscarle, pero como no sé como lo haré prefiero que no se haga ilusiones.

Podría coger una gran depresión si ve que no llega el momento de venir a buscarle.

Era por la noche, me acabé de tomar la famosa pastillita, me la tragué, no debía levantar sospecha. Después de que se fuera el guarda llegaba el momento de mi actuación, apagó la luz y salió por donde vino.

El dormitorio era una gran sala con literas, parecido a los del servicio militar, Patrick dormía arriba y yo abajo. Me levanté, me introduje los dedos en la boca y vomité escandalosamente en el suelo y me desplomé de la forma más ruidosa posible, no estuve más de quince segundos en él cuando entraron los militares a buscarme. Patrick se puso a gritarme y golpearme en la cara mientras ponía gesto de estar fuera de mí. Los sanitarios lo separaron y le dicen que esté tranquilo que pasaré la noche en observación y mañana volveré a la zona común.

Cumplen el protocolo, me introdujeron en la bolsa transparente y me pusieron la mascarilla con oxígeno. Al salir de la sala común, uno de los camilleros le dijo al otro:

-Pero, si esta noche no tocaba que viniera el doctor.

-En el tablón no ponía nada de hoy, es extraño…

-Pregunta a Oskar, a ver si tenía que medicar a este chico.

Mediante el teléfono, se pone en contacto con el sanitario de los medicamentos.

-Oskar, ¿oye esta noche tenías que medicar a alguien?

-Hoy no, yo estoy llegando a casa y el doctor no vendrá hoy. ¿Qué ha pasado?

-Un chico se ha puesto malo, ha reaccionado a la infección.

-¿Cómo se llama?

-Espera.

Me abrió la camisa y buscó mi placa identificativa y leyó.

-Pete el 2003/12.

-Qué raro, creo que le tocaba la semana que viene, a ver llamaré al doctor y os llamo.

Nunca me había dado un ataque nocturno y por lo que parecía eran provocados para algo que debía hacer el cirujano y sabían hasta los días en los que sucedería. ¿Qué estaba pasando?

La teoría de Patrick cogía forma, éramos solo unos conejillos con los qué hacer pruebas. Nos envenenaban y después comprobaban lo que pasa…

Los sanitarios me metieron en la morgue y me dejaron en la camilla y ellos salían a coger el teléfono ya que Oskar les llamaba. Abrí un poco la bolsa para escuchar lo que decían. Como estaban lejos solo escuchaba lo que decía el camillero.

-Sí, dime. Está tumbado dentro de la morgue, sí presenta las mismas características.

-…

-De acuerdo. Viene para acá, ya le explicaré, ya le diré que no le hemos dado la dosis, que tiene la normal. ¿Estás seguro, no? No vaya a ser que le digamos que no tiene la dosis y él vea que sí…

-…

-Vale, vale te creo, ¿Cuánto tardará?

-…

-Muy bien, en una hora o así te llamo y te explico.

Llegó la hora de actuar, ellos no estaban dispuestos a entrar, se tendrían que poner las mascarillas y estaban fumando fuera. Salí de la bolsa y me busqué algo con qué golpear, no era demasiado digno pero era perfecto, un orinal de acero que había en el suelo. Me puse detrás de la puerta principal, era por donde entraría el doctor.

Al rato apareció el Audi por la lejanía, al acercarse a la valla, su mosqueo era visible. Después de unos gritos a los sanitarios preguntándoles qué había pasado, estos no sabían qué decir. Pero me vino bien, porque ellos estaban deseando irse de allí, así que solo tenía que librarme del doctor que hoy sí que le vi la cara.

Esto no es una cárcel así que lo único que me separa de mi libertad es abrir la valla donde está el Audi, los guardas que me trajeron se han ido para no aguantar más bronca del doctor. Seguí en el mismo sitio, detrás de la puerta con mi orinal en la mano, antes de la puerta de la entrada estaba la sala donde se equipaba con los guantes, la mascarilla y todos los artilugios.

Esperaba paciente, justo cuando entró en la sala donde yo estaba, le golpeé por detrás con el orinal en la cabeza y cayó desplomado en el suelo, se giró estupefacto y le di otro arrancándole la mascarilla que cubría parte de su cara.

Era un hombre menudo y delgado, de unos cincuenta y largos con una calva muy avanzada. Puse la mano debajo de su nariz para ver que aún respiraba, no quería matar a nadie por mucho que odiase lo que hacía, no soy uno de ellos.

Salí de la sala, para buscar las llaves a mi libertad. Al salir vi las del coche justo al lado de su maletín que me llevé también, debía comprobar que pasaba allí y seguro que tendría más información de la que sabía.

En un par de horas mis teorías sobre aquel lugar habían cambiado drásticamente, ¿Qué pasaba? 

La cabeza me daba vueltas sin explicación posible, tan cerdo se puede ser para experimentar con niños huérfanos… No me lo podía creer.

Una de las cosas que siempre nos decían es que éramos chicos normales, no llevábamos uniformes por el recinto, era nuestra ropa, que nos trían de la beneficencia, pero al fin y al cabo no era un horroroso uniforme de enfermo.

Lo único que llevábamos igual eran los pijamas, que por cierto llevaba en ese momento, pero como es ancho me escondí una camiseta y unos pantalones cortos en él. No hay cosa más evidente que un niño corriendo por el bosque con un pijama naranja… Después de todo no soy tan tonto…

Después de dejar tendido a aquel hombre en el suelo me hice con su maletín y salí al exterior, la morgue estaba justo detrás de todo el recinto y delimitaba con la carretera de tierra, lo único que me separaba del coche era una puerta contra incendios que tenía un precinto de aluminio y de una patada se abrió desde dentro haciendo más ruido del que deseaba.

Debía salir lo más sigilosamente posible pero con celeridad. Al acercarme al coche se abrió y pulsando el botón de arranque se encendió todo el salpicadero y las luces. Cogí el camino de tierra que conducía a la carretera, era un bosque frondoso no demasiado lejos de la ciudad. En todo momento intentaron hacer de aquel sitio lo más “humano” posible, no era un lugar muy lejano o escondido. Supongo que la idea de una fuga no es la misma que la de una cárcel, al fin y al cabo es un edificio sanitario.

No tenía problemas conduciendo, tal vez no estaba en condiciones de fugarme de la policía, pero tampoco conducía tan mal. Un par de salidas al arcén por asustarme con los coches  que circulaban de cara evidenciaban mi poca experiencia conduciendo.

Supongo que cuando el doctor se levantase o los guardas se dieran cuenta se liaría una gorda, pero para entonces espero estar lejos. Si me dan un par de horas, ya tendré margen suficiente.

Llevaba una hora y pico conduciendo y no vi nada extraño en el camino, ni un control, ni nadie me seguía… Era espeluznante aquello, por un momento me vino a la cabeza que aquel coche podía tener localizador, si era así estaba perdido.

Así que decidí actuar con prudencia y pensé que la forma más segura de que aquel sistema dejase de funcionar, si es que lo llevaba, era haciendo una barbacoa con el vehículo o tirarlo al agua en un sitio donde tuviera transporte alternativo. Las dos eran demasiado llamativas, piensa, piensa…

Desesperado me puse a buscar algo por el coche que me diera una pista. Encontré dinero y me hizo pensar en el muelle un prospecto que tenía en el coche. Ya está. Lo facturaré en el ferry y en el caso que tenga localizador pensarán que estoy en él y si no lo tiene, hasta que se den cuenta del entuerto pasará el suficiente tiempo para escapar.

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1 comentario

J martin -

Me quede pegadaso ..
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