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HOTEL CALIFORNIA

PATRICK DIA II (Capítulo 4)

Me despierto a las 8.00h como cada día, el salón del desayuno se encuentra a escasos 100 metros, pero hoy nos hacen ir en fila india. Los demás no saben porqué pero es más que evidente que lo hacen para comprobar si alguien más se fugó o lo intentó por lo menos.

Tengo que comprobar qué ha pasado con mi hermano, sé que él es lo suficientemente espabilado como para salir de aquí con vida. Pero el ambiente hoy está especialmente tenso y tengo que preguntar que saben de él.

Sé qué me dirán lo que les dé la gana y no creo que sea lo que pasó pero tengo que probarlo, algo más de información tendré aunque sea falsa.

Me acerco a Frank, un hombre menudo con poco pelo de unos cincuenta y tantos, es bastante amable pero distante, es de esos internos que no quiere saber más de la cuenta, supongo que para ir a casa tranquilo y dormir plácidamente. Hay gente que es feliz así, hace sus ocho horas obedeciendo a sus superiores y les da igual si lo que están haciendo está bien o mal.

-Frank, ¿sabemos algo nuevo de mi hermano? -Le digo disimuladamente, quitándole ajo al asunto.

-Espera Patrick, que pregunto. -Dice mientras encoje los hombros y hace una mueca con la cara.


Se sale de la fila y se acerca a una pequeña mesa que hay justo delante de la verja que separa el interior del edificio con el pasillo que conduce al patio. Allí está Jean, el jefe de los guardas, le habla Frank y levanta la vista buscándome. Saben algo nuevo.

Al levantarse viene directo a mí, me pide que le acompañe un poco más brusco de lo normal. Al estar lejos de la fila y cerciorándose que nadie nos escucha me dice:

-¿Quieres saber donde está tu hermano?

-Sí claro, ayer desapareció por la noche y creo que sé donde está…

Le tiré el anzuelo a ver si mordía, es un hombre impulsivo y sólo viendo su cara me diría si realmente saben donde está.

Su expresión cambió, me empujó de mala manera contra la pared y me cogió de la pechera con una rabia que no había visto nunca en él.

-Chico, nos jugamos mucho en esto y os lo tomáis como un juego… -Replicó con una amabilidad inexistente.

Mi expresión de sorpresa sólo fue interrumpida por la entrada en la sala del doctor con la cara hecha un mapa, toda la parte izquierda de su cara estaba amoratada e hinchada y el ojo con una conjuntivitis horrorosa, al parecer salió al escuchar el golpe de mi espalda en la pared.

-¡Para insensato! Eres un idiota, ¿quieres que nos descubran? -Su cara de enfado era más que evidente.

-Chico, ven conmigo, tenemos algo que preguntarte. –Su expresión, cambió radicalmente y eso no me gustaba un pelo.

Me dirige a su despacho en la morgue, caminando por el patio. El silencio era incómodo, nos acompañaba uno de los guardas sin violencia ni agarrones gracias a un gesto que el doctor le había hecho con la mano anteriormente.

Supongo que querría ganarse mi confianza, si se hubiese puesto violento no me habría sacado ningún tipo de información de la que supuestamente él cree que yo tengo.

Entramos en la morgue, la primera puerta a la derecha es el despacho del doctor. Es frío, como él, se nota que este sitio no tiene ninguna intención de ser algo familiar para el personal que trabaja en él, son pequeños detalles en los que me fijo y que cuando se lo contaba a Pete se reía de mí.

Bien pensado tenía su lógica que lo hiciese, porque tristemente fue la pérdida de mi hermano lo que me hizo abrir los ojos y darme cuenta de quien eran ellos. Realmente y tristemente, no tengo pruebas de ello, solo son conjeturas.

El doctor me miró y se sentó en su silla a la vez que me ofrecía asiento muy amablemente. Al sentarme se dirigió a mí:

-¿Puedo confiar en ti chico?

-Claro.-Que iba a decir, si lo que quiero es información. Mi técnica es sencilla, debo hacerme el tonto para que él me dé más información.

-Sé que te cuente lo que te cuente, tú tendrás tu propia versión. Pero igualmente lo haré.

Asentí con la cabeza. Mi expresión era entre confusa y desconfiada. Desde que estoy aquí, no he tenido una conversación medianamente seria con ningún “alto cargo”.

Su cara desfigurada con el ceño fruncido era bastante amenazante, intenta engañarme, lo sé.

-Tu hermano, no ha colaborado nada con vosotros fugándose, ha sido muy egoísta y solo ha pensado en él mismo.-Formuló una pausa incómoda mientras se encendía un pitillo,-No os podéis ni llegar a imaginar los esfuerzos del personal del centro por encontrar solución a vuestras patologías. Así lo agradecéis…

-Perdone, no quiero meterme donde no me llaman, pero no creo que una cosa comprometa a la otra.-Repliqué-.

-¿Cómo qué no? Ahora todos nuestros superiores me pedirán responsabilidades, sin contar la agresión que sufrí y para ellos es una caída en la ducha… Si supieran que fue él, lo buscarían como un criminal en vez de un enfermo que necesita medicación.

-Usted no se puede ni llegar a imaginar lo que es vivir aquí.

-Chico, creo que sí. Os veo diariamente, comparto incluso las comidas, lo único que no hago es dormir con vosotros. Tampoco vivís tan mal…

-Puede que dormir no lo haga pero todos sabemos que por la noche viene a la morgue a algo…

Se enfadó y con un gesto entre rabia e incredulidad, se levantó mirándome fijamente:

-Vengo porque a veces os dan decaídas a causa de la fuerza de los medicamentos, sino viniera seríais la mitad.

-Mire, no sé para que quiere hablar conmigo, usted tiene sus teorías y creo que no las cambiaré…

Me levanto y me propongo a salir.

-Espera, espera chico. Te propongo un trato, si nos ayudas a encontrar a tu hermano saldréis los dos de aquí, te lo aseguro.

No le creo, pero asiento con la cabeza irónicamente.

-Haré lo que pueda doctor. Haré lo que pueda.

Por la tensión de las últimas palabras, ambos sabíamos que la conversación había tocado a su fin. Él notó que mi colaboración sería mínima y yo que las cosas se iban a poner feas allí dentro.

Su frustración era mayúscula, había perdido a un chico. Debía justificarse ante esos superiores que por la forma que tuvo de nombrarlos debían ser más importantes de lo que mi imaginación podía intuir.

Por mi parte tenía la información necesaria, Pete había huido golpeando al doctor con quién sabe qué, pero contundentemente porque aquella cara estaba muy desfigurada. El moratón tenía pinta de que le acompañaría unos cuantos días. Me hubiese gustado verlo.

Es increíble, en los años que hace que lo conocemos, bueno mejor dicho, que lo vemos por aquí, nunca le habíamos visto la cara y cuando se la veo es así…

No me imagino su cara sin desfigurar…

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