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HOTEL CALIFORNIA

PATRICK DIA IV (Capítulo 6)

Abro los ojos, estoy atado a una cama de hospital que tiene más años que cualquiera de los que estamos aquí incluidos los guardas. Hablando de ellos, hay dos delante de la puerta de cristal de mi habitación. Están armados y vestidos con trajes mimetizados, camuflaje en una morgue… en fin…

Supongo que mi aislamiento en una de estas habitaciones me lo he merecido, no sé cuanto llevo durmiendo pero sale el sol por la ventana que tengo detrás de mí. Como mínimo hace un día de los altercados de los que solo me acuerdo de algunos detalles, estaba como poseído.

Al abrir los ojos e intentar incorporarme los guardas me han visto y han avisado al personal médico. No tardarán mucho en venir a darme la murga.

Han pasado escasos diez minutos desde que me desperté y el médico militar que ayer me inyectó aquello en el cuello está hablando con los dos tipos de la puerta mientras me mira fijamente. Después de una palmadita en el hombro a uno de ellos se dispone a entrar.

No entra solo. Con él vienen tres tipos más con batas blancas y carpetas metálicas con pinza para sujetar los documentos. Todos portan mascarilla, incluso el que ayer me pinchó, hoy es más precavido.

Lo primero que hacen es mirar mi expediente que está a los pies de mi antigua e incómoda cama de psiquiátrico. Asientan continuamente pero no hablan. El doctor se acerca a mi:

-¿Cómo estás hoy?

-Bien supongo. Aunque si estuviera suelto los que no lo estarían tanto serían ustedes. -Amenazo.

-Bueno, veo que tu ímpetu destructivo no ha desaparecido. -Bromea.

Tres bolígrafos toman notas en sus carpetas a cada palabra que digo.

En cambio el doctor se siente satisfecho, sabe que si me soltase ahora lo primero que haría es darle un escarmiento y eso parece divertirle.

-De los seis chicos que atacaste ayer…

-Espere, espere… -interrumpo.-Ellos me atacaron a mí, yo no empecé nada, y sino me creen miren las cámaras de seguridad.

-Bueno como sea, el primero que atacaste ha muerto esta mañana. –Replicó.

No puede ser, tampoco le di tan fuerte. Me están condenando aposta, eso no puede ser…

-No me lo creo doctor.

-Si quieres te traigo el informe médico, le destrozaste la cara y al caer se golpeó la nuca. Te puedo asegurar que fue un gran golpe.

Acaba de sacar un pen-drive de su bolsillo y lo introduce en el ordenador portátil que lleva unos de los tíos de las batas blancas. Lo coloca encima de la mesita donde me ponen la comida, busca el archivo y le da al play.

Es una cámara que apunta a la cola del comedor y a la puerta de entrada. Se ve como entra Rick directo hacia mí, no coge bandeja y se cuela en la fila de forma violenta. Entonces, es cuando me agarra del hombro y en menos de un segundo está en el suelo en medio de un charco de sangre. Mi golpe ha sido rapidísimo, la sangre salpicó a al menos cinco personas que lo presenciaban en primera línea.

Estoy alucinado. Lo que fuera que me dieron, apenas dos horas antes, me había convertido en una arma sin sentimientos ni razón, sin forma de medir si aquello que hacía estaba bien o mal. No me lo pensé, le di lo más fuerte que pude, por una nimiedad… Cogerme del hombro… Ese fue su fallo.

Igualmente, necesitaba pruebas de aquello, no iban a condenarme por algo que no estaba seguro que había hecho.

-Necesito el informe doctor. Entiéndalo, yo estoy más asustado que ustedes de mi comportamiento.

-Te lo traeré. Pero tranquilo, te he conseguido que te juzguen en un consejo de guerra, ahora eres propiedad del ejército y los jueces somos nosotros mismos. Sin olvidar lo que has hecho intentaremos ser justos con lo que pasó.

El doctor se despidió con un saludo militar dirigiéndose a mi, parecía que les gustase lo que le hice al maltrecho Rick. No lo entiendo.

Llevo horas dándole vueltas a la cabeza, desde que se fueron los médicos de aquí, pienso en lo que hice y en ese total descontrol de mi mismo. ¿Qué me pasó? Porque lo hice…

Al salir el doctor, habló con la enfermera que me pone y quita los tubitos, rellena el suero y esas cosas. Lo único que entendí fue:

-Retírele el tratamiento, es un ejemplar perfecto y mañana mismo nos lo llevaremos a la Base. Hoy pediré la orden de traslado, a ver si tengo dada la autorización antes del mediodía. 

La enfermera asintió con la cabeza y entró a desenchufarme el catéter de mi brazo derecho.

-Un tubo menos, chico.-Sonrió.

Es una mujer de mediana edad rubia y muy guapa. De joven seguro que se rifaba los pretendientes. Muchas veces intento meterme en las vidas de los que la comparten en este sitio porque para nosotros no hay vía de escape. Los envidio. Ellos llegarán a sus casas y se despejarán de esto. Yo no.

Desde media tarde, están entrando y saliendo los enfermeros muy frecuentemente con camillas hacia el patio. Es curioso, cuando tienes tanto tiempo libre te fijas en cosas que de otra forma pasarían inadvertidas.

Hasta cierto punto.

Ahora mismo acabo de escuchar unos gritos espeluznantes de mujer de la parte de la sala que tengo a mis espaldas, seguidas de unos golpes fortísimos contra la pared. Viene de fuera, del patio. Hay pelea en él.

A continuación escucho gritos de los militares:

-¡Para bestia que la matarás! Paradle.

Un gruñido como de un perro rabioso se escucha justo antes de que los militares le ordenen que no se acerque y que se detenga. Cosa que no hizo al parecer.

A continuación es una voz de hombre la que emite sonidos de dolor,¿qué está pasando ahí?

-Sujetadle y que no os muerda.-Ordena uno de los militares.-

¿Qué no os muerda qué? O peor aún ¿quién? Que coño pasa ahí…

Escucho como se abren las puertas principales de la morgue, muchos pasos cortos pero seguidos arrastrando algo. Traen a alguien hacia aquí, por la puerta de cristal veo como llevan a uno de los chicos cubierto de sangre que sale de su boca, a rastras entre dos militares a su vez escoltados por otros dos armados con fusiles de asalto.

Parece que ese chico ha mordido a una de las enfermeras y que por los gritos le ha hecho daño, mucho daño. Esto se pone realmente extraño, ya me pasó a mi que perdí el control después de esa medicación nueva. ¿Le pasará lo mismo a él?

Ahora entran un enfermero y un doctor con el militar que gritaba a cuestas.

-Hijo de puta. Maldito rabioso, como me duele el bocado, joder…

El militar entra maldiciendo al chico, al parecer también le ha mordido a él. Es la segunda víctima, el grito de hombre pertenece a él. Lo tumban en una camilla en frente mío. Está muy nervioso y respira fuertemente. El doctor limpia la herida y se dispone a coserle, ¡Es una lesión muy fea! Le falta un trozo de carne del tamaño de un puño, que salvajada…

Se empieza a calmar, pero de repente mientras le cosían empieza a darle como unos espasmos muy fuertes.

-Atadle a la cama o le haré daño cosiéndole, ha perdido mucha sangre.

Lo atan a la cama como a mi, pero está como dormido y la frente le chorrea sudor de una forma increíble. Tiene mucha fiebre y los ojos los tiene en blanco.

-Traedme el desfibrilador que lo perdemos, está muy grave. ¿qué es de la enfermera?

-Ha muerto. No ha aguantado.-Le explica el enfermero que ha venido a ayudar-.

-Joder. Vaya mierda.-Se lamenta el doctor.

Sus brazos hasta ahora tensos se han relajado y la cabeza a ladeado de una forma alarmante. Está muy grave. Las descargas de corriente no surten el efecto deseado y ante la imposibilidad de reanimación el doctor con todo el uniforme lleno de sangre mira la hora y tapa con la sábana al militar.

-Hora de la defunción las 19:47 de la tarde.

El doctor se va cabizbajo, me mira y a continuación baja la mirada en clara señal de decepción. Acaba de perder a un chico de unos 25 años que ha sido atacado por uno de 16 que también acabó con la vida de una enfermera. La situación es dantesca. No sé que ha pasado con el atacante, pero no escucho nada desde la sala donde se lo han llevado.

Son unas horas realmente tensas.

El militar muerto sigue enfrente mío en la camilla. Acaban de entrar unos enfermeros para llevárselo y están limpiando un poco antes de sacarle, él sigue con la sábana manchada de sangre sobre el cuerpo y cara. Pero de repente vuelven a escucharse gritos, esta vez desde dentro de la morgue.

Los enfermeros que tengo delante dejan de limpiar y se disponen a ver qué pasa.

-¿Otro ataque?¿Qué pasa hoy?-dice uno de ellos.

Abren la puerta de un golpe, corren en dirección al depósito y continúan los gritos.  

Los gritos de lamentos se multiplican, no sé qué pasa pero sea lo que sea está arrasando con el personal sanitario.

Uno de los enfermeros entra en mi habitación alarmado, con una cara de susto que da miedo, me mira y se acerca a mi.

-No debería hacer esto, pero no puedo dejarte aquí atado. Huye chaval, huye.

El enfermero tiene una horrible herida en el hombro, sangra mucho y parece que le falte carne y todo. Me suelta y sale corriendo hacia fuera. Salto de la cama y me pongo a vestirme más rápido de lo que lo hubiera hecho nunca, estoy dolorido, como unas agujetas bestiales pero ahora no es momento de pijadas. Deben ser los tres o cuatro días que llevo inmóvil o que aún me dura el cansancio del sobreesfuerzo de mi ataque de furia.

Mientras me pongo el pantalón me da por mirar a la cama del militar. Pero… no puede ser… ¡se está moviendo!

Veo la silueta de su cara a través de la sábana, tiene la boca abierta y está intentando respirar moviendo la cabeza de lado a lado. Debo ayudarle como me han hecho a mi, no puedo dejarle ahí o el loco de ahí al lado se lo cargará.

Me acabo de poner las zapatillas y me acerco a la camilla del chaval. Pero cual es mi sorpresa, cuando, al retirar la sábana de su cara lo veo a él. Tiene una pinta horrible, sus ojos blancos tienen la mirada perdida, su piel es pálida tirando a azul y se le marcan todas las venas del cuello y mejillas. Abre la boca con toda la intención de morderme, al verlo me he asustado y me he apoyado en la cama de detrás de un salto. Está atado y no me puede alcanzar, estoy bloqueado, perplejo… ¿qué es esto?

La fuerza con la que sacude la cama mientras me mira es inhumana, está completamente loco. Su obsesión es morderme y zarandea la cama como si estuviera poseído a la vez que emite una especie de gruñido animal, parecido al de su propio atacante. Es aterrador.

Después de unos segundos mirándolo hipnotizado, le he vuelto a poner la sábana por encima de la cara y me he asomado por la puerta a ver como está el patio. Por detrás de mí escucho la furia del soldado que menea la pesada cama como si fuera de papel de aluminio, no da demasiada confianza de que la vieja cama aguante así que tengo que salir de aquí, deprisa.

Fuera las cosas no están mucho mejor, con todo el revuelo que hay solo distingo a mis antiguos compañeros con esos característicos pijamas naranjas atacando salvajemente a los guardas y enfermeros. ¿Qué mierda pasa aquí? El mundo se ha vuelto loco.

Como me pasó a mi, mis compañeros están fuera de sí, golpeando, atacando e incluso mordiendo a todo ser vivo sean guardas, enfermeros o enfermeras. Es una situación de película.

El doctor al que zurramos mi hermano y yo está forcejeando con uno de los chicos de 15 años, no puede con él, lo tiene arrinconado pero en un ataque de astucia se ha colocado delante de la puerta de uno de los lavabos y al atacarle la ha abierto y se ha pegado de bruces con ella, cayéndose al suelo y dándole tiempo para escapar.

El doctor tiene la cara hecha polvo, me da la risilla tonta en pensar como le golpeé, fue demoledor. Tenía una fuerza sobrehumana aquel día.


En un momento los militares se acercan con dos URO Vamtac del ejército y el doctor Lehman se acerca a ellos. Gritándoles:

-¡Abrid fuego o nos matarán a todos! ¡A los de los pijamas!

Será hijo de puta, pretende eliminarlos a todos. Ha perdido la cabeza. Los militares explican la situación por radio, por las medallas que lleva el señor que da el aviso es un alto cargo, pone SENA en una placa que lleva en el pecho, pero supongo que es una decisión muy delicada como para no pedir permiso y abrir fuego a unos chavales que ni siquiera superan la mayoría de edad.

Parece que desde la radio le han dado permiso pues los militares apoyan sus fusiles de asalto y apuntando se ponen a disparar ráfagas contra todo aquel que tenga el pijama y actúe de forma hostil. Es una matanza, delante de mí acaban de matar a un chico con el que compartía zona en el dormitorio, al caer delante de la ventana por donde estoy mirando ahora, veo que tiene los mismos rasgos que el pesado que está intentando destrozar la cama para luego hacer lo propio conmigo.

Sus ojos son blancos, sus facciones cadavéricas y una piel muy pálida con las venas marcadas. No puedo quedarme aquí y menos con un tío que cree que soy su cena. Al menos ya no llevo el pijama, salir por delante de la puerta de la morgue es un suicidio, así que lo mejor que puedo hacer es salir por la ventana que da al patio que antes era nuestro tiempo de recreo. No es demasiado seguro, pero es mejor que cruzarme delante del fuego de los militares.

Abro la ventana de aluminio blanco, es corredera así que desde fuera no se verá ningún tipo de silueta de abertura, algo bueno debía tener. Bajo por la pared de fuera controlando que nada ni nadie me haya visto y cojo un rastrillo que usamos para coger hojas en otoño. Ya sé que servirá de poco contra varios de los enajenados esos o contra los fusiles de los militares, pero necesito sentirme seguro.

Me coloco detrás de unos bidones que hay en la parte oscura de detrás del edificio de la morgue a ver el espectáculo. Las puertas de los módulos de internamiento donde dormíamos se han abierto y han empezado a salir un montón de mis excompañeros con la misma pinta de cadáveres andantes que el militar y el chico que murió delante de mí. Los militares bajaron de sus vehículos para disparar de más cerca, pero creo que eso ahora es un error porque son muchos y se les echan encima por segundos.

-¡Joder son invencibles!-Replicó uno de ellos.

Los chicos llevan cables, tubos y catéteres aún colgando de sus brazos. Al parecer los estaban tratando ahí dentro también, debían haber montado un hospital de campaña y a los “peligrosos” nos metían en la morgue. Qué irónico suena eso ahora…  

Les han ganado el terreno a los militares. Es normal son cincuenta contra cuatro. Y encima a uno de ellos le han mordido.

-¡Sacadme a este cabrón de encima! Será hijo de puta me ha mordido, pero de que coño van, ¡están locos!

-¡Retirada! Id a un sitio seguro que yo os cubro  y cierro la verja.-Ordena el Capitán Sena o el cargo que fuera ya que eso ahora mismo da igual.

¡Ja! Ni que eso fuera tan fácil. Valientemente el superior de ese grupo de militares se ha sacrificado por la seguridad de los demás pero le ha servido de poco, lo han arrastrado hacia dentro y están dando buena cuenta de él. La verja ha quedado abierta y los demás salen al exterior en busca de los que han escapado con el URO y se han dejado el otro con el motor encendido en la entrada. Ese es mi vehículo, debo esperar a que estos miserables se piren e ir al coche para escapar de este infierno, quedarse aquí dejó de ser seguro.

El panorama es el siguiente; tres bichos de esos están destrozando al capitán, unos cuantos se hayan en el suelo muertos o re-muertos, lo que sea y el resto han salido por la verja hacia el exterior. Los tres peligrosos están a unos veinte metros de mi posición y la verja está a medio camino entre los dos. Sé que soy más rápido que ellos pero tampoco son tan lentos como para subestimarlos.

Mi estrategia será correr con el rastrillo como si fuera una justa, mide un metro y medio más o menos el mango, así que no me alcanzarán. Me cargo de valor, cojo el rastrillo con las púas por delante y corro en dirección a la salida.

 No me hacen demasiado caso, solo el que está de espaldas a mí se gira, es Antony… un buen amigo… joder, está horroroso, dan mucho miedo. Se levanta torpemente y se dirige hacia mi, pero no demasiado decidido, corro como no había corrido en mi vida y alcanzo la puerta con mi mano derecha y la lanzo rápidamente para cerrarla.

 El ruido es ensordecedor y se giran todos los que vagaban por alrededor del edificio de la morgue, ¡joder son un montón! Si llego a verlos antes no habría salido tan decidido como lo he hecho.

De repente con la puerta cerrada y sentado en el suelo mirando al interior de aquella cárcel de la que al fin había salido, me arrastro unos metros hacia atrás con la cara de susto, topo con unas rodillas frías a mi espalda.

Levanto la cabeza para mirar hacia atrás y hay uno de ellos, mejor dicho una de ellas, es Helena, una simpática chiquilla, delgada, bajita y en otras circunstancias con cara angelical y muy guapa. Pero ahora ya no quedaba nada de eso, su piel pálida y ojos blancos junto con el camisón lleno de regueros de sangre oscura me delataban que ahora no me miraba así porque le gusto.

Me mira extrañada como si no asimilase esa oportunidad de víctima a domicilio que se le ha presentado y mueve el cuello como un perro cuando escucha un ruido raro, pero sin apartar esos ojos muertos sobre mi. Tengo el rastrillo en mi mano derecha apoyado en el suelo, sé que si hago cualquier movimiento brusco me va a atacar, da la sensación que no ven mucho, pero no solo ella sino todos.

El militar solo me ha visto cuando me he puesto totalmente delante de él, los comensales del capitán tampoco me han visto hasta que no he salido corriendo hacia la puerta y ella espera un movimiento violento. Lo noto.

Arrastro mis dedos por la tierra para agarrar fuertemente el mango del rastrillo con un movimiento rápido y con todas mis fuerzas se lo clavo en su ojo izquierdo. Agarra el palo con sus dedos huesudos pero no puede mantener el equilibrio y cae al suelo intentando sacarse eso de la cara, no ha muerto y juraría que le ha entrado bien adentro.

Corro como un gato asustado hacia el URO, me meto rápidamente en él, mientras veo a Helena intentando sacarse el rastrillo aún. Me parecía un arma ridícula pero me ha servido en dos ocasiones, ¿qué más puedo pedir?

Me aseguro que no hay nadie en los asientos traseros y acelero a fondo para salir de ahí, sigo por el sendero principal de tierra que me llevará a la carretera. No veo a ninguno de esos engendros, es como si se hubieran esfumado.

A unos diez kilómetros del hospital está apeado en el arcén el URO de los militares qué han huido justo delante de mi, estoy a escasos 500 metros de la entrada del primer pueblo. Disminuyo la velocidad, el coche tiene el motor encendido y las luces, las puertas están abiertas, reduzco para ver si puedo ayudarlos en algo, al pasar a su lado veo que el cristal delantero está salpicado de sangre por dentro, ha habido batalla está claro.

 Los asientos también tienes restos humanos, al parecer han sido sorprendidos por los asaltantes o peor, el chico al que le han mordido ha decidido pegarse un festín con sus compañeros una vez se ha convertido en una de esas cosas. Sea como sea, estar aquí y ahora no es seguro.

Voy a buscar a mi hermano, que eso es lo que me importa.

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2 comentarios

zapad0r -

brutal, es atractiva y tiene conducción, un inicio diferente a las demas novelas simplemente incita de manera sobrenatural a seguir leiendo. felicidades.
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Ann -

Es aqui cuando me he enganchado verdaderamente!!
:)
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