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HOTEL CALIFORNIA

DOCTOR LEHMAN DIA I (Capítulo 7)

Como cada mañana, me levanto a las 07.30h y desayuno con mi familia. Mi mujer y yo decidimos tener los hijos tarde para poder dedicarnos a nuestras carreras sin interrupciones, es por eso la gran diferencia de edad con el mayor y con la pequeña más aún, lógico.

Acabo de cumplir 54 y el grande tiene 14 casi 15 ya. Su madre me está calentando la cabeza para que le regalemos una moto para el cumpleaños, el mes que viene. La verdad es que no me hace gracia, soy médico y sé lo que les pasa a los niños con las motos.

No quiero comprarle a mi hijo el arma para destrozar la familia, él puede ser el más responsable del mundo pero que te arrastre por el asfalto un borracho que se salte un Stop no es lo mismo que un simple golpe en la chapa del coche.

Por mi, me esperaría a que cumpliera 18 y le regalaría un coche encantado. En fin…

Me voy al hospital de los huérfanos, es donde trabajo. Antes era un apasionado idealista que quería salvar vidas y estar en los sitios donde más se necesita para ayudar a la gente. Pero mi escala de valores ha cambiado.

Ahora estoy trabajando para una empresa armamentística que sus accionistas principales son los gobiernos de medio mundo. La intención que tienen o mejor dicho tenemos, es encontrar un suero que acabe con el miedo de los soldados en el campo de combate.

En la guerra de Vietnam fueron cerca de 33.000 soldados los que abandonaron el servicio, así que en estos momentos de alarma social en contra de las guerras, sería un gran aliado para los gobiernos.

Según estudios, la guerra en un estado democrático crea un desgaste mental en los soldados que hace que a partir del segundo año aumenten las deserciones de una forma alarmante. Hasta el punto de poder perder la guerra solo por eso.

Mi intención es encontrar la cura o el tratamiento y con lo que he negociado como objetivo tendré una prejubilación más que merecida y digna, me iré con mi mujer y mis hijos a vivir a algún sitio alejado de este stress innecesario e incómodo. 

Vida nueva, es lo que necesito. Lo tengo clarísimo.

Bajo al garaje y me monto en mi Audi A6 negro que me ha cedido la empresa, el orfanato está a unos 20 kilómetros y tardo una media hora más o menos. Al llegar el protocolo es siempre el mismo, la verja que separa el recinto no puedo abrirla ya que no me dan llave, maldita burocracia.

Antes de entrar me pongo la mascarilla de papel en la cara, lo hago básicamente por dos motivos, para que los chicos no me vean la cara, trabajando con enfermos te das cuenta que no todo el mundo es tan agradecido con tu tarea como quieres. Por seguridad, estamos tratando con filovirus y diferentes cepas de los mismos, no quiero infectarme con algún tipo de virus de Ébola que tanto tratamos últimamente.

Gracias a la clonación, el elenco es enorme, tenemos un margen bestial a la hora de crear nuestros “productos”.

Hoy es un día normal y corriente. Les administramos nuestros avances y los analizamos sobre chicos en pubertad con una salud envidiable, hubieron épocas, en las que no estaba yo, en la que morían muchos chicos. Eso hoy en día eso no pasa, no conmigo, son un ensayo valiosísimo que en otras circunstancias serían imposibles de testear y los quiero conservar.

Es como una granja para el avance científico, los cuidamos, medicamos y alimentamos. Es una cuestión de intereses, ellos viven bien y nosotros gracias a las pruebas que hacemos podemos costearnos su mantenimiento.

Por ahora las pruebas se las administramos en cápsulas recubiertas, es la forma más fácil de administrarlas, se conservan estupendamente y son muy prácticas.

Las revisiones las hago yo, en ocasiones viene una señora, es la jefa de esto. Me da igual su trabajo, su empresa llegó a un acuerdo con la mía en usar este ambiente controlado para hacer nuestra tarea y al parecer no le hacía nada de gracia. Que se aguante.

Me pongo el cronógrafo en tres minutos por chico, así en unas tres horas y media tengo los resultados de todos.

Las cosas que nos importan son las referentes a la “infección controlada” que les hacemos padecer.

Cada cierto tiempo provocamos una crisis con una dosis mucho más potente para probar otras variantes. Son cosas de los ensayos, soy científico. A veces y sintiéndolo mucho algunos chicos no aguantan y perecen… No es nuestro objetivo, pero eso tampoco nos detendrá.

No quiero intimar con nadie, mi objetivo aquí es otro. 

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