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HOTEL CALIFORNIA

DOCTOR LEHMAN NOCHE DEL DIA I (Capítulo 8)

Estoy durmiendo en mi cama junto a mi esposa y suena el teléfono. Joder, es el de la empresa, tendría que haberlo dejado en el coche. Es Oskar, maldición debo cogerlo.

-Dime Oskar.-Refunfuñé.

-Doctor Lehman, un chico se ha puesto malo, presenta los síntomas.

-Eso es imposible Oskar a no ser que te hayas equivocado.

-Le he dado la normal, hasta dentro de dos días no tenía que provocarle una crisis a nadie.

-Lo sé, hago yo el calendario. -Repliqué acariciándome el poco pelo que me queda y fregándome los ojos.-No me queda más remedio que ir ¿verdad?. -Pregunté todo y sabiendo la respuesta.

-Ya sabe las presiones en las que nos vemos sometidos doctor, lo más recomendable sería ir.

-De acuerdo, de acuerdo. Vete a dormir y mañana nos vemos. Buenas noches.

-Lo siento doctor y gracias.

-Sí, sí ya lo sé.

No me hace ninguna gracia ir allí para nada, al chico le habrá sentado mal la cena y por eso está vomitando. Como si lo viera… En fin…

Me levanto de la cama y se lo digo a mi mujer, ella pone cara de póker, que significa “Eres tonto, siempre vas tú”, pero con los años que hace que somos pareja no hace falta que lo diga verbalmente. Tristemente en este caso, sé lo que quiere decirme.

Bajo al garaje, cojo el coche y después de media hora de verborrea insufrible en la radio, me doy cuenta que me he dejado el iPod que me regalaron para reyes y donde tengo toda mi música en la repisa de las llaves… qué cabeza.

El camino no es demasiado largo, pero al ser una pista de tierra a la que puedes circular a unos tristes 40 kilómetros hora, necesitas quince minutos para llegar desde el pueblo más cercano.

Llego a la verja del orfanato y llamo a los guardas que están fuera fumando, la luz de la morgue está encendida. Mientras me abren, me acerco a ellos:

-¿Qué ha pasado?

-Un chico ha vomitado y ha caído desplomado al suelo, pensamos que se le había dado la dosis especial pero dice Oskar que no.

-De verdad que sois… No habéis pensado que puede ser una indigestión ni nada… Da igual, ya que estoy aquí…

Son unos ineptos y yo tengo que aguantar sus tonterías. Ni que fuera su padre. Con el mosqueo se me había olvidado ponerme la mascarilla, aunque no creo que me haya visto nadie, toda previsión es poca. Entro en la pequeña sala que tengo para prepararme, guantes, mascarilla, etc…

El chico está en la sala siguiente así que dejaré aquí el maletín y mis cosas e iré a ver que le pasa. Entro en la sala mirándome las manos para cerciorarme que me he puesto bien los guantes de látex y me percato que no hay nadie en la camilla. Antes de escuchar como se cierra la puerta tras de mí, noto un fuerte golpe en la cabeza y un sonido metálico hueco, caigo desplomado. Sin poder siquiera reconocer a mi agresor poniéndome boca arriba tumbado en el suelo, me asesta otro golpe en el lado izquierdo de la cara, ya no me acuerdo de nada más…

Debo llevar unos veinte minutos tumbado inconsciente en el suelo, me duele una barbaridad la cabeza y tengo el cuerpo helado de estar tumbado en el suelo frío. Me incorporo como puedo, ¡dios qué leche me han dado!

Dos minutos para recapacitar la situación y ordenarme un poco me bastan. Salgo a la sala donde tengo mis cosas, joder, esto se complica se ha llevado mi maletín, mierda. ¿Cómo explico esto ahora?

Lo mejor será no explicarlo, sino ya me puedo buscar trabajo, espero que ese ratero no sepa ni qué es, terroristas o empresas farmacéuticas pagarían fortunas por los informes que hay ahí.

Salgo hacia los guardias y les explico la situación.

-Lo mejor es tratarlo con cautela. A ver, no quiero grandes despliegues ni llamar la atención. Salid a pegar una batida pero como si fuera rutinaria.

Dios, este chico me ha fastidiado pero bien. Me ha dejado la cara hecha un guiñapo, qué seriedad voy a tener yo con esta cara explicando que se ha escapado un chaval y no hemos hecho nada por evitarlo.

Y lo del maletín es más grave aún, todo es información confidencial y si llega a las manos equivocadas o simplemente a la opinión pública voy a tener problemas, muchos problemas.

No me había dado cuenta antes, se ha llevado mi coche también, no solo no tengo con que irme a casa a curarme esto sino que mañana tendré que dar explicaciones por esto también. Vaya panorama.

Voy a llamar a Oskar para explicarle, al fin y al cabo es mi socio en esto, esto ha sido un fallo de los dos y debe saberlo lo antes posible.

-Oskar.

-Dígame Sr. Lehman.

-Déjate de protocolo. Tenemos un problema y muy gordo, un chico se ha fugado llevándose mi maletín y lo que es peor no sé si está infectado porque me ha atacado salvajemente. Me ha golpeado dos veces en la cabeza.

-Madre mía… ¡Qué hacemos ahora! Esto es desastroso…

-Para empezar. -aún estoy un poco mareado.- Del maletín no se te ocurra decir nada porque nos vamos a la calle los dos a la voz de ya. En cuanto a lo del chico y la infección debemos contarlo a la junta de inversores aprovechando la reunión de dentro de dos días.

-Puff vaya marrón… -exclamó Oskar mientras buscaba una solución.-Tengo una idea. Hace tiempo hice unos vídeos donde explico el porque de nuestro trabajo diario, procesos, análisis, etc… Les colocamos los vídeos esos con los cuatro avances que queríamos presentar, pedimos unos canapés y cava y lo hacemos a lo grande como si lo último descubierto hubiera sido la bomba y los distraemos un tiempo. ¿Te parece?

-Vale. Móntalo, nos servirá. Ahora ven a buscarme que ese bastardo se ha llevado mi coche. Hasta ahora.

-Pero aún tengo mucho qué hacer. Este chico nos lo complica todo y piense que la gente que tenemos delante no son monjitas de la caridad precisamente, un despiste y lo que menos me preocupa es el puesto de trabajo.- Exclamó Oskar muy preocupado.

-Ya lo sé, menuda mierda. Probemos, no nos queda otra socio… -Musité resignado.-

En diez minutos Oskar me acercaba a casa e íbamos hablando de nuestra pequeña maniobra de despiste, debía parecer que a pesar de todo, teníamos la situación controlada. A la gente que representamos un descuido así puede costarles sus puestos en diferentes cargos, desde presidentes de multinacionales hasta altos cargos gubernamentales que naturalmente no puedo desvelar. Cosas del protocolo.

Vamos mirando por todos los posibles sitios donde pudo haber dejado mi coche. No encontramos nada, ni siquiera a los guardas que hemos enviado a hacer ronda. Estaremos al menos un par de horas registrando la zona. Esto es una mierda.

Llego a casa al fin. Ha sido un día muy duro, me han golpeado, robado… sin contar el despertarme de forma imprevista por una fastidiosa llamada de la que si lo llego a saber no hago ni caso. 

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