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HOTEL CALIFORNIA

DOCTOR LEHMAN DIA II (Capítulo 9)

Ayer fue un día duro, afortunadamente he dormido como un bebé gracias a mis somníferos. Alguna ventaja tiene ser médico, aparte de que todo el mundo quiere ser tu amigo, las personas con más son los banqueros y los médicos. Hace un día gris, no sale el sol pero tampoco parece que vaya a llover, al menos no por ahora.

Me levanto de la cama, cinco minutos antes de que suene el despertador a las 07.30h. Me pasa a veces que me adelanto unos minutos a la hora normal de levantarme. Debe ser que cada vez estoy peor de la nervios.

Me duele la cabeza. Me acerco al espejo del servicio del dormitorio y veo el resultado de los ataques de ayer. Mi parte izquierda de la cara, desde la base de la mandíbula a la sien la tengo muy hinchada y de un color morado horroroso. Lo suyo sería que me viera un médico…

Al menos conservo el humor.

El ojo izquierdo a parte de medio cerrado presenta un aspecto grotescamente rojo  y terrorífico. Podría ver bien si no lo tuviera cerrado, pero eso es algo que yo no controlo. Ese hijo de puta me pegó bien, encima va por ahí con mi coche. Estoy seguro que no estaba infectado, pero exageré las cosas para que Oskar se implicase. No quiero que pase de todo esperando a que yo resuelva todos los problemas.

Me visto y bajo a desayunar. Después de mentir a mi familia sobre la herida, para ellos me robaron el coche y como ofrecí resistencia me golpearon, acabo de ingerir lo poco que puedo o lo poco que quiero. Los nervios enseguida se me agarran al estómago, no soy un tipo débil ni siquiera nervioso en exceso pero ese chaval me ha jodido bien.

Cojo el abrigo, caigo en que tengo que pedir un taxi o cazar uno que vea por la calle. La segunda opción es más rápida, si tuviera a ese bastardo ahora delante… Hay pocas cosas que me fastidien tanto como depender de los demás, siempre he sido una persona que ha hecho muchos kilómetros, soy un culo inquieto con el coche y ahora me veo perdidísimo sin él… Qué rabia…

El taxi me deja en la puerta, mi sorpresa es que veo un montón de UROS del ejército. ¿Qué hacen aquí? Quién coño ha avisado a estos ahora… Como una exhalación corro hacia adentro, necesito respuestas, mi reputación está en juego.

Intento entrar pero una gran mano en el pecho me para. Un gran militar, al parecer un alto cargo por sus muchas medallas, me detiene. Me pide que me identifique con un tono autoritario y faltón.

-Identifíquese señor. Sino no le dejaré pasar. –Ladró con cara de pocos amigos.-

-Soy médico. El doctor Lehman, así que por favor déjeme pasar.

-Su identificación por favor.

Rebusqué en mis bolsillos la identificación. Con todo el revuelo de anoche no me había dado cuenta que todos mis documentos acreditativos se los había llevado el niñato que ya empezaba a molestarme de verdad. Todo lo tenía repartido entre el coche y el maletín.

-Mire señor, no tengo identificación por un incidente que me pasó anoche… Pero cualquiera de los trabajadores del centro le dirá quién soy… -Supliqué, pensando en la bronca y dolores de cabeza que aquel adolescente me causaría en un futuro cercano.-

-Lo siento, sin identificación no estoy autorizado a permitirle el paso.-Ordenó impasible ese cabrón.-

-Mire, mire… .-Le dije señalándole a una enfermera que pasaba por allí.- ¡Magdalena! Explícale a este señor quién soy.- La enfermera no me hizo ni caso, estaba más preocupada con lo que pasaba por allí que por mis súplicas.

El orfanato estaba extrañamente poblado de militares y por si fuera poco controlando todo los accesos. Incluso algunos vehículos pesados merodeaban la zona a la vez que sus ocupantes me dedicaban miradas de desconfianza al pasara a mi lado. El taxista cuando vio los movimientos, huyó rápidamente dejando la conversación telefónica que tenía a medias. Como yo, olió algo raro en el ambiente.

Mientras buscaba algo con lo que conseguir entrar en el recinto, vi pasar a Oskar con un militar de cargo alto por su indumentaria.

-¡Oskar! ¡Oskar!, ESTOY AQUÍ. –Grité desesperado al verlo pasar ante mi.-

-Doctor, ¿qué hace ahí? Le estábamos esperando.-Me dijo extrañado.

Automáticamente después de un gesto del militar que le acompañaba me dejaron entrar en MI orfanato, increíble…

-Me dejé mi acreditación en casa.-Me disculpé, aunque bien pensado solo con el militar porque Oskar ya sabía que era lo que había pasado en realidad.

-Hola Señor, buenos días. Soy el Capitán Sena desde ahora soy la persona al mando de esta situación.

¿Situación? Estoy alucinando, no dije nada, solo hice un gesto a Oskar de sorpresa del que recibí un encogimiento de hombros. No era un tipo muy de fiar con esta cara magullada y sin identificación, supongo que me toca callar y escuchar. Algo que nunca he hecho demasiado bien.

-Doctor Lehman.- Me presenté sabiendo que de poco servía, pero al menos cuando se dirijan a mí sabrán quien soy. Eso creo.

Nos acompañan a una de las salas de la morgue, ayer era un gran almacén donde guardábamos medicamentos y útiles de aseo, hoy se había convertido en una especie de clase de autoescuela con sillas con palas y una pizarra acrílica en la pared.

Miro a todos lados alucinando con la rapidez que habían convertido aquello en un aula. Mi cara de sorprendido debe ser un poema, parezco un niño en su primer día de clase, estoy totalmente desorientado con aquella “situación”, como había descrito el Capitán hacía solo unos minutos. La sala estaba llena de todos mis colegas, enfermeras, médicos y los sanitarios que hasta ahora ejercían de guardas.

Está claro que teníamos un topo en nuestras filas, todo este despliegue era por algo y tan rápido. ¡Esto es de locos!

El Capitán Sena se puso en pie después de ojear unos informes que tenía encima de la mesa. Su cara era seria, estaba firme e incluso se podía definir como molesto. Era un hombre de cerca de cincuenta años, atlético, con la tez bastante arrugada y un bigote gris perfectamente recortado. Sus movimientos son metódicos, casi robóticos, es un militar de la vieja escuela. Lo noto. Así que cuidado con él.

-Soy el Capitán Sena y a partir de ahora estoy al mando. El trabajo que realizamos aquí variará un poco debido a que tenemos informes que aseguran que uno de los civiles de este hospital escapó anoche atacando a uno de los internos y que por lo que veo ya sé a quién-me dirigió una mirada con toda la intención de ofender mi autoestima- ¿me equivoco Doctor Lehman?

Agaché la cabeza, mi única esperanza era pensar que fuera quién fuera el topo, no supiera lo del maletín porque eso era mucho más grave. Prefiero quedar como un cobarde o una víctima que no que sepan que no tengo ni idea de donde está el dichoso maletín.

-Así que según órdenes de “arriba” los procedimientos y ensayos los llevarán a cabo ustedes bajo nuestro mando, ya no mandarán más de lo que nosotros queramos que manden. Como comprenderán se ha puesto en serio compromiso un proyecto que llevamos años desarrollando e invirtiendo unos recursos y dinero valiosísimos.- Se tomó un tiempo para proseguir, aumentando la tensión del momento y bebiendo un poco de agua de una pequeña botella que tenía sobre la mesa.  

-Como comprenderán, no vamos a relegarlos simplemente, ya que médicos civiles y militares tenemos mucho que enseñarnos unos a otros, simplemente vamos a cambiar los métodos que hasta el momento creemos que no han funcionado y que incidentes como el de ayer han agravado la situación. Si la opinión pública se hiciera eco de esa noticia sería un auténtico desastre. Así que empezaremos a aplicar leyes de reclutamiento. Esto ya no es un hospital o un orfanato como lo llaman muchos de ustedes.- Explicó sin ninguna intención de réplica-.  

Es increíble la facilidad con la que se nombra a los de “arriba” sin saberse siquiera quien son. Por cojones acaban de convertir a médicos con carrera de medicina de ocho años en simples enfermeras, es un golpe de estado en mi orfanato. La excusa es la fuga, bueno sí es una excusa no una razón.

-Así que caballeros.-Prosiguió el Capitán-.Pueden seguir con sus tareas habituales junto con los médicos militares que se les asignarán y por favor Doctor Lehman espérese aquí. Gracias a todos.-Acabó el discurso con una forma elegante de echar a todo el mundo de la sala.-

La gente abandonó la sala con murmullos, hemos perdido el mando totalmente, todo nuestro trabajo se lo ha llevado el viento. No sirve de nada. Nos hemos convertido en un cuartel de niños de 14 a 16 años, en el que mandan otros niños pero con edad de adultos, definitivamente esto es de locos.

¿En qué situación me coloca esto a mí? ¿Qué soy ahora? Mi cabeza no para de dar vueltas, en 24 horas las cosas se han torcido muchísimo y yo aquí en el ojo del huracán.

El Capitán cerró la puerta con un sonoro portazo, se dirigió a mi sentándose delante y con un gesto amenazante dijo:

-Doctor Lehman, ¿Sabe usted lo qué ha hecho? No se puede ni llegar a imaginar la magnitud de su error, está de mierda hasta el cuello.

-Creo Capitán que sus amenazas no me afectan demasiado, soy un civil y usted no tiene autoridad penal sobre mi…

-Doctor, usted no está en la mejor situación para negociar. Ese error que ha tenido usted puede ser utilizado como negligencia médica en el caso que estuviera infectado y atentar con la salud pública si infectase a cualquier otro ser… -Amenazó remarcando cada vez que mencionaba la palabra usted, para menospreciarme .-

-Pero…- Exclamé por puro reflejo, sin nada que decir.-

-Entenderá que en caso de que se desate un escándalo de esto, todos los que estamos al mando disfrutaríamos mucho viendo como se pudre usted en la cárcel. ¿No cree doctor?

Me tenía cogido por los huevos, tenían pruebas de mi negligencia, de todos los ensayos que realizábamos con esos niños, los medicamentos que le dábamos. ¡Joder mi faena era documentarlo!

¿Quién iba a decirme que se me volvería en contra?

-Así que encuéntrelo pero sin levantar sospechas que no todos los accionistas lo saben.-Siguió amenazando con su cara cada vez más cerca de la mía.-

Sé de sobras que si yo fuera un soldado a su mando habríamos llegado a las manos, era un militar de mano dura y se nota. Pasa de cero a cien en menos de dos segundos.

Al Salir de la “reunión” con el Capitán Sena fui a coger un café, lo necesitaba. Como la mañanita estaba movidita con tanto militar pululando por el orfanato me fui a una pequeña sala de profesores que usan las enfermeras para tomarlo sin que les molesten. De repente escucho un golpe contra la pared de mi izquierda. Al asomarme me doy cuenta que el agredido el Patrick, “hermano” de Pete y pieza clave en mi supervivencia allí.

-¡Para insensato! Eres un idiota, ¿quieres que nos descubran?-Le dije a uno de los militares que parecía pagar sus frustraciones con el chico.

-Chico, ven conmigo, tenemos algo que preguntarte. –No me fío un pelo de estos chavales, vivir en cautividad sin una familia no le sienta bien a la mayoría de los niños. Son bastante imprevisibles.

Nos dirigimos a mi despacho en la morgue, caminando por el patio, el silencio era incómodo, nos acompañaba uno de los guardas sin violencia ni agarrones gracias a un gesto que le había hecho con la mano al entrar, tengo que ganarme su confianza.

Entramos en la morgue, la primera puerta a la derecha es mi despacho. Le miré y me senté a la vez que le ofrecía asiento al chico. Al sentarme me dirigí a él:

-¿Puedo confiar en ti chico?.-Él no sabía que es mi única esperanza.-

-Claro.- Dijo con tono convincente.-

-Sé que te cuente lo que te cuente, tú tendrás tu propia versión. Pero igualmente lo haré. –Los adolescentes son tozudos pero los de aquí lo son más.-

Asintió con la cabeza con una expresión entre sorprendida y confusa.

-Tu hermano, no ha colaborado nada con vosotros fugándose, ha sido muy egoísta y solo ha pensado en él mismo.-Formulé una pausa mientras me encendía un pitillo,-No os podéis ni llegar a imaginar los esfuerzos del personal del centro por encontrar solución a vuestras patologías. Así lo agradecéis…

-Perdone, no quiero meterme donde no me llaman, pero no creo que una cosa comprometa a la otra.-Replicó con aires de listillo-.

-¿Cómo qué no? Ahora todos nuestros superiores me pedirán responsabilidades, sin contar la agresión que sufrí y para ellos es una caída en la ducha… Si supieran que fue él, lo buscarían como un criminal en vez de un enfermo que necesita medicación.-Vuelvo a mentir, tristemente sí saben qué me agredió.

-Usted no se puede ni llegar a imaginar que es vivir aquí.-Sentenció enfadado.-

-Chico, creo que sí. Os veo diariamente, comparto incluso las comidas, lo único que no hago es dormir con vosotros. Tampoco vivís tan mal…

-Puede que dormir no lo haga pero todos sabemos que por la noche viene a la morgue a algo… -Siguió con ese tono que me estaba poniendo enfermo.-

Yo perdía los nervios por momentos y acercándome a él le dije:

-Vengo porque a veces os dan decaídas a causa de la fuerza de los medicamentos, sino viniera seríais la mitad.

-Mire, no sé para que quiere hablar conmigo, usted sí que tiene sus teorías y creo que no las cambiaré…

Se levanta dispuesto a salir:

-Espera, espera chico. Te propongo un trato, si nos ayudas a encontrar a tu hermano saldréis los dos de aquí, te lo aseguro.- Mi desesperación es patente y con esta frase apresurada parece que se ha dado cuenta.-

-Haré lo que pueda doctor. Haré lo que pueda.

Su mirada relata un descarado odio a lo que le acabo de decir, pero es astuto. Sabe que no será fácil cumplir lo que le digo o lo que es peor, sabe que no lo cumpliré. Mis intentos de soborno no darán resultados con él. Maldición.

Tengo que buscar otra salida para encontrar a ese bastardo. Me ha jodido pero bien. La historia se complica y según pasa el tiempo, peor.

Pasaré el día con el militar que me han asignado, ya verás como acaba esto.

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