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HOTEL CALIFORNIA

DOCTOR LEHMAN DIA III (Capítulo 10)

Estoy bastante agobiado  con esta situación desde ayer, un tipo conmigo todo el día controlando mis movimientos es precisamente lo que más odio en mi trabajo. Es estresante tener a alguien todo el día tomando notas de lo que hago, sabiendo que me va a sustituir tarde o temprano, lo sé, esto es una tapadera para que una vez que tengan la información que buscan nos envíen a casa con alguna excusa estúpida.

Es muy triste, cuando las cosas se complican el humano tiende a tirar a la fuerza, que en nuestra sociedad es el ejército. Me da mucho miedo esto, de verdad.

Hoy hemos aplicado una “evolución” del medicamento, por vía respiratoria. Son unos aerosoles que tienen muy controlados en unas estanterías cerradas por candados bien escoltadas.

Ni siquiera a nosotros nos dejan tocarlos con la excusa de que son proyectos experimentales, dicen que ya tendremos tiempo de probarlos y “jugar” con ellos. Claro, nosotros no trabajamos, jugamos. Que mal me caen los militares. Ignorantes, prepotentes y armados…

He estado en un par de sesiones con dosis para los chicos con esos aerosoles tan “geniales”, los han dejado medio adormilados y en un estado parecido al de los yonkis cuando se chutan con el síndrome de abstinencia. Incluso he tenido que acompañarles a sus camas porque los han dejado hechos unos guiñapos. ¿Qué coño es eso?

Según ellos, es lo mismo que hemos aplicado hasta el momento a los chavales pero no nos dejan ni acercarnos a ellos. No los creo.

Son las tres de la tarde, solo me queda una hora para irme a casa. Pero me llaman para que vaya a echar una mano con un chico que al parecer está actuando de forma hostil contra los sanitarios. Por mucho que los militares digan que son ellos los que llevan el control, entre colegas seguimos ayudándonos sin hacer caso de lo que dicen esos subnormales.

Corriendo llego al dormitorio de los chavales y veo a tres sanitarios intentando sujetar a James un corpulento muchacho de un metro ochenta y cerca de 100 kilos que da puñetazos al aire de una forma compulsiva e ido de sí. Es uno de los primeros a los que se le ha aplicado la dosis nueva.

Cojo unas bridas de plástico y con un gesto rápido indico lo que debemos hacer, aplicar una llave para inmovilizarlo, los sanitarios lo giran sobre su cuerpo con la cara mirando hacia abajo, retorciendo un brazo y apoyando una rodilla en su nuca lo someten. Sé que no es un método ortodoxo pero aquel tipo está fuera de sí, podría hasta matarnos si le dejamos. Su violencia es extrema. Con las manos cerca de mí le pongo dos bridas en forma de esposas en las muñecas, aplico lo mismo en los tobillos.

Exhaustos, nos recomponemos. ¿Qué le ha pasado? ¿Porqué esa reacción cuando los demás duermen plácidamente?

Son las tres y poco de la tarde y están en un profundo sueño…

¿Qué coño les han dado? Mi cabeza no para de darle vueltas a esa pregunta. Estoy alucinado. 

Un guarda me llama por el walkie, desde que están los militares no podemos llevar móviles para no “filtrar” información al exterior. Serán catetos, se creen que cuando salimos de aquí se nos olvidan las cosas…

-Doctor, pelea sangrienta en el comedor.

-¿Otra?

-Sí, un chico contra seis al menos.

-Tráelo a la morgue, veremos porqué.- Debo averiguar que está pasando aquí.-

Llegan a la morgue, lo llevan cogido por el brazo a la altura del bíceps derecho y levantándole del suelo.

Al entrar en la morgue, ordeno que lo acomoden en una silla que tiene unas cintas de cuero en las muñecas y tobillos.

Es el “hermano” del otro granuja, que sorpresa…

Con un gesto les indico que lo aten, no me fío un pelo de estos y menos drogados con no se qué…

-Podéis iros.- Si pretendo sacarle algo a este no será con alguien delante.

-Hombre chico, vuelves a ser tú… Creo que conseguir nuestro trato ya te conviene más a ti que a mi…

-No lo creo doctor, usted a perdido un chabal que es un peligro para lo que sea que estén investigando aquí. ¿Porqué sino va a haber tanta gente merodeando este agujero? Es usted un inútil, se le escapan los chicos y le propinan palizas. Espero que al menos cobre bien, porque el ser humillado profesionalmente y moralmente debe tener un precio alto. Es usted una vergüenza para su profesión. –De carrerilla acaba de soltarme unas perlitas que ni en los programas del corazón se dedican los tertulianos.

Me enfureció muchísimo y le golpeé por acto reflejo cerca del ojo con la mano abierta en el lado donde le acababan de propinar un puñetazo. Me acerqué de nuevo a su cara para amenazarle verbalmente, tiene la mirada totalmente desencajada como en un trance agresivo de sicópata. No me dio tiempo a seguir increpándole, su pierna derecha que por error dejé libre se avalanzó sobre mi rostro morado gracias a su querido hermano. El golpe fue tan fuerte que me rompió algún diente y me desencajó la mandíbula.

Caí al suelo mareado, estoy casi KO pero aún puedo escuchar lo que dicen. Al oír el estruendo han entrado los tipos que lo han traído hasta aquí.

-¿Qué ha pasado chico? ¿Has sido tú?

Otro médico entra en escena, es uno de los militares, se sube la mascarilla que llevaba a la altura de la nuez y con una linterna del tamaño de un boli le mira las pupilas al agresor.

-¿Es el único? -Pregunta interesándose más por ese cabrón que por mi estado.-

-En el comedor se ha peleado con seis chicos, está fuera de sí y creemos que ha tumbado al doctor, pero está atado a esa silla y la silla atornillada al suelo…

Sangro por la boca y apenas veo por el ojo izquierdo, vaya días que llevo… Los sanitarios me ayudan a incorporarme, no sin dedicarle una mirada de odio a este bastardo.

El doctor militar porta una inyección e impone:

-Atadle las piernas a la silla.

Patrick está en trance, como un trance extremadamente agresivo. Se acerca el doctor y le pincha en el lateral izquierdo del cuello. Sino fuera porque otro militar le sujeta la cabeza seguro que le mordería en cualquier sitio.

Ese cabrón ya ha desistido, no sin dejarme huellas de su ataque histérico.

Necesito unos días de descanso, me voy a casa. Por hoy, mi jornada ha acabado.

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1 comentario

pepe -

muy bueno
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