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HOTEL CALIFORNIA

DOCTOR LEHMAN DIA VI (Capítulo 11)

DOCTOR LEHMAN DIA VI (Capítulo 11)

Llevo dos días sin venir por aquí, los golpes de mi cara y aquel último día de perros me han invitado a coger unas cortas e improvisadas vacaciones. Ya no estoy para estos trotes, llevo prácticamente dos días a base de calmantes para el dolor de la cara y los dientes que decoraron el suelo gracias a mi “amigo” Patrick.

Las cosas aquí se han complicado bastante, el panorama es desolador y creo que se les está yendo de las manos esta situación.

Han puesto alambre de espino encima de las verjas, ya no se cortan un pelo a amaniatar a los chicos para moverlos de un módulo a otro, más que considerarles reclutas como dijo el Capitán Sena el primer día que vino los están tratando como prisioneros de guerra.

He intentado hablar con el Capitán, pero aún no ha llegado y este tío me va a escuchar.

Ahora hay tres grupos de chicos, los agresivos, los enfermos y los muertos.

Según iban medicando a los chicos con esos aerosoles, qué por cierto ya he robado uno en un momento de despiste y lo tengo en mi taquilla, iban entrando en diferentes estados. Unos se pusieron como Patrick y el chico corpulento del dormitorio que atendí primero, en actitud hostil y atacando a todo lo que se les ponía por delante, sin sentido del respeto ni educación, es como si sus valores hubieran cambiado, eran más primitivos, agresivos e irascibles. Se les puso en cuarentena y creo que los tienen en las habitaciones de la morgue en observación.

Malditos militares y sus secretos.

Otros están muy enfermos, son la mayoría, han tenido que habilitar el dormitorio principal como un hospital de campaña, están tumbados con fiebres altas, con claros síntomas de sufrimiento y con una pinta horrible. Me recuerdan en los síntomas al Ébola, pero descarto totalmente que se les haya ocurrido mutar un virus así a estos subnormales de militares. O quiero descartarlo al menos.

Después están los que acabaron peor. Se han ido apagando sufriendo mucho según los informes que he podido leer, tenían una fiebre altísima, hemorragias múltiples llegando a sangrar por todos los orificios de su cuerpo en la fase final de su vida hasta por la piel. Aún es pronto para hablar porque según fueron muriendo los militares les han ido haciendo autopsias a las que naturalmente nos tienen vetado cualquier tipo de informe o presencia en las mismas. Aunque a estas horas han muerto unos cuantos, los demás van empeorando por momentos.

Estamos haciendo de enfermeras más que de médicos, porque cuando entran en “fase final” según ellos, se los llevan a unas salas cerradas a cal y canto con unos “especialistas”. Qué irónico, militar y especialista en el mismo cargo. No me jodas.

El secreto es tal, que no solo no nos dejan entrar en sus quirófanos, sino que hay dos vigilantes en la puerta armados con fusiles de asalto G36 de fabricación alemana. Y ya nos avisaron, si pretendíamos entrar en las zonas no autorizadas no dudarían en hacer uso de la fuerza. Somos médicos, no terroristas…

Ahora me voy a comer, debo quedarme esta tarde a ayudar a mis compañeros. Los chavales están bastante mal y necesitan nuestra ayuda sino queremos que sigan muriendo como ratas.

Por la tarde está siendo horroroso, los chavales están cayendo como chinches han muerto 25 en apenas unas horas. Las enfermeras están desbordadas con las camillas sacando chicos hacia la morgue. Hemos tenido una reunión de emergencia porque los militares están barajando la posibilidad de contratar unas excavadoras para hacer un foso común con los cadáveres, pero yo me niego totalmente, no me parece digno para ellos.

Los asesinan por “su causa” y encima los tratan como perros, esto es indignante.

El personal sanitario está hundido, la sala del café parece un velatorio. Solo lloran y no se atreven a salir, esto es horrible.

Furioso he salido a ayudar a las enfermeras, no pueden con toda esta situación. He entrado en el dormitorio convertido en un hospital de campaña, soy médico y por tanto debería estar acostumbrado a estas situaciones pero hasta a mi me supera.

Los chicos están inconscientes en su mayoría, con cables y catéteres por todas partes. Algunos están muertos de hace al menos una hora, como el personal no da abasto sus cuerpos sin vida están en las camillas esperando que alguien les haga caso y les lleven a un entierro digno. Qué menos, joder.

Me he mareado, estoy sentado en los pies de una cama de un chico que ya se han llevado supongo que a la morgue. Todo y que la infección o el virus, lo que sea, se ha contagiado por vía aérea algunos enfermeros y militares no llevan mascarilla. No lo entiendo, lo tienen delante de la cara pero no se dan cuenta, la mayoría de ellos llevan la mascarilla a la altura de la nuez.

Según van pasando mis compañeros les recomiendo que se la pongan, me hacen caso y me miran pensando que soy un paranoico. El ser humano, ese animal incomprensible.

Cuando me recupero, decido echar una mano a los sanitarios. Ahora mismo hay muchos más sanitarios y personal enfermero que militares, es momento para un golpe de estado pienso. Pero luego pienso que sería mejor ayudar a los enfermos que mi particular revolución.

Me acerco a una de las enfermeras que está llevando los cadáveres al depósito, al chico que va a llevar ahora es un tipo grandullón de cerca de 85 kilos a pesar de contar con 15 años, pobre chaval. Le tomo el pulso y no responde, igual que los demás fallecidos sus orificios de la cara, ojos, nariz y boca rezuman sangre oscura y oxidada. Lo movemos a la camilla, no me equivocaba el peso es considerable y con esfuerzo lo ponemos encima. A causa del rigor mortis su brazo izquierdo se queda tieso mirando hacia arriba, estoy harto de ver cadáveres pero hoy es diferente.

La muerte de un adolescente no es dulce y hoy el amargor se siente en el ambiente.

Al salir en dirección al depósito la enfermera amablemente me pide que le abra la pesada puerta y así irá más rápida. Le ayudo, como no. Al salir al patio la situación es caótica, los enfermeros mueven los chicos de un lado a otro. Algunos militares han acabado su turno, otros están reunidos para decidir que hacer con los cadáveres, le tienen mucho miedo a que el virus se extienda, pero es difícil que un virus siga vivo después que su portador haya perecido.

Mientras mi amigo el Capitán Sena está fuera con un URO vigilando lo que hacemos, parece que teman que “robemos” uno de sus chicos. Está con otros dos militares, creo que son soldados rasos y mientras nos miran se ríen. Imbéciles.

El caos es palpable, por mucho que rían no tienen ni idea como arreglar la situación, aunque creo que a esos tres les importa poco esto y sus habitantes.

Abro la pesada puerta y pasa la enfermera con la camilla, mientras se acerca al escritorio metálico donde está el listado de los chicos que han entrado. Hay que registrarlo todo. Se oye un grito de una mujer y de unos militares, la enfermera con la que he venido se asoma a ver que pasa y me quedo en la entrada del depósito pero cual es mi sorpresa que al girarme porque notaba como alguien me observaba, estaba el chico sentado en la camilla.


El muy cabrón se ha levantado de cintura para arriba cayéndosele la sábana y mostrando su cara cadavérica con los ojos abiertos blancos, sin vida, a la vez que abre su boca oscura y emite una especie de gruñido amenazante hacia mí. ¿Qué está pasando aquí?

Sea lo que sea que le han dado a estos chavales les está haciendo tener una agresividad desorbitada y este estaba muerto hace unos segundos, ¿porqué se mueve? ¿porqué se levanta?

Estos jodidos militares están jugando a ser dios, y va a acabar muy mal…

Harto de que estos niñatos me proporcionen golpes me armo con lo primero que tengo a mano, un mocho de fregar y amenazo a eso para que no se acerque, su expresión se vuelve más agresiva y levantándose torpemente pero con mucha ansia se me echa encima saliendo los dos del depósito abrazados solo separados por la fregona. El muy cabrón da dentelladas sonoras al aire intentando morderme.

Lo voy separando como puedo, apoyo el pie derecho en su pecho y lo aparto de una patada, cae hacia atrás de forma aparatosa pero le da igual viene a por mi de nuevo. Me coloco al lado de la puerta metálica del lavabo y cuando se acerca me aparto y le estampo la puerta en las bruces.

El alrededor es dantesco, todos los chicos están atacando a otros militares, enfermeras y todo lo que se les pone por delante, algunos llevan aún los catéteres y los tubos. ¡Son los que han ido muriendo esta mañana!

Justo me da tiempo para correr al lado de mi amigo Capitán y le grito:

-¡Abrid fuego o nos matarán a todos! ¡A los de los pijamas!

Busco cobijo lejos de allí, salgo corriendo por el patio en dirección a mi despacho, allí mi puerta es blindada y me proporcionará protección. Esquivo algunos chicos que atacan enfurecidos a todo ser vivo. Abro la puerta y la cierro corriendo detrás de mi, ya estoy dentro, uno de ellos me ha visto, corre en mi busca y golpea la puerta de acero con toda sus fuerzas una y otra vez, su frustración de no poder alcanzarme es increíble. Los sonidos feroces de su voz rota son aterradores.

Se escuchan disparos de los fusiles de asalto contra los chicos y muchos gritos. Esto es una locura.

Me apoyo en la pared ,me deslizo hasta sentarme en el suelo y me friego los ojos y la calva. Estoy en estado de shock, ¿qué pasa ahí fuera?

Cojo el aerosol que me apropié en las manos, y le pregunto retóricamente ¿qué eres?¿qué eres?(los golpes en la puerta metálica siguen)

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