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HOTEL CALIFORNIA

PETE DIA III EN EL EXTERIOR (Capítulo 12+1)

Ayer fue un éxito, las chicas parecen simpáticas y ya he pagado este mes por adelantado. Serán mis compañeras en los próximos treinta días.

La chica con la que hablé por teléfono(que compré de prepago con el dinero del doctor)  es Alba, rubia de estatura media, larga melena y unos preciosos e iluminados ojos verdes. Su vitalidad me encanta, siempre usa un tonillo irónico al explicar las cosas que me resulta encantador. La inteligencia es uno de los mayores atractivos de una mujer y ella es por tanto muy atractiva.

La otra chica es Míriam, es muy simpática también. Tiene el pelo castaño, ojos verdes, un tipazo muy sexy, pero es mucho menos extrovertida. Se guarda muchas cosas para sí misma y eso se nota.

Las dos estudian en la universidad que está aquí al lado, cuando pagué el mes por adelantado les extrañó. No les he contado nada de porque estoy aquí, prefiero ser cauto y buscarme las habichuelas yo solo. No sé cuanto tardarán en adivinar que no estoy matriculado aquí, pero bueno, aún no les puedo contar nada.

Como dijo Alba, han marchado las dos a pasar el fin de semana en casa. Estoy solo. Delante del ordenador busco las palabras raras que encuentro en los informes del doctor, no quiero quedar con un periodista y  parecer un estúpido. Al menos quiero saber de que hablo.

Son casi todos términos médicos, no me aclaran demasiado. Lo principal de la trama es el maltrato y el uso que han hecho de nosotros en ese orfanato.

Me he quedado parado cuando rebuscando por las noticias digitales de los periódicos locales, un pequeño párrafo habla de un motín en el orfanato. Ahora resulta que es un reformatorio, granujas, seguro que lo hacen por encubrir lo que había allí. Nunca nos dijeron que era un reformatorio, solo somos niños sin padres no delincuentes.

He estado indagando un poco más sobre el tema pero no he encontrado nada interesante. Parece que la noticia la haya redactado alguien de dentro y la está haciendo llegar a las redacciones de los periódicos, quieren controlar la información. Son exactamente las mismas palabras en todas, me temo lo peor. Eso es la excusa para haber abierto fuego contra todos.

Dicen que hay heridos de diferentes consideraciones, pero no hablan de muertos. Menos mal, porque allí está Patrick aún, o eso creo. Estaré atento a cualquier cambio.

A las tres en los telediarios locales a ver si dicen algo más.

Son las tres y cuarto, ya ha salido la noticia que esperaba. Según las autoridades el sitio donde yo estaba es un reformatorio de menores delincuentes con tendencias agresivas. Qué mentira más gorda. El motín ha causado varios muertos, entre personal y pacientes, se me ha helado la sangre. Los “presos” han atacado al personal de la “cárcel” y han conseguido salir al exterior, los fugados son al menos cuarenta chicos. Todos vestidos con el pijama naranja y no se les han visto aún por las inmediaciones de las instalaciones.

Entre los muertos no está Patrick, pero como no han dicho los nombres de los fugados, no sé si está dentro o fuera. Aguanta hermano, aguanta.

Advierten que son muy agresivos y que no se acerquen a ellos, “avisen a las autoridades si los ven”, no paran de repetir. Me pasa lo mismo que con la noticia en los periódicos, veo las palabras muy enlatadas y preparadas. Se las han montado para que la gente que los vea no los escuche, simplemente llame a la policía. Están preparando algo, tengo que darme prisa y difundir esta información pero a alguien de confianza.

Si la cago, acabaré entre rejas y no se sabrá nada de los causantes de esto.

Lo que haré es ponerme en contacto con las cadenas de televisión y de radio más importantes porque supongo que serán las menos controlables a la censura. Después de coger los números de teléfono de las redacciones, concierto citas con los diferentes medios con la premisa de que es una noticia muy importante y que no sé si te atreverán a publicar.

En el primero me han citado esta misma tarde de sábado. Es un tema muy delicado y mi poca experiencia me hace temer lo peor. Me llevo el maletín conmigo, algo de pruebas necesitarán creo yo.

Llego a recepción, es una gran cadena de televisión, el lujo está por todas partes. Me niego a quedar con nadie que no sea el Redactor Jefe de los telediarios, no quiero dárselo a cualquier pelagatos. Me hacen esperar mientras la chica de la entrada coge el teléfono sin cesar, al fondo puedo ver que están rodando los informativos ahora mismo. La redacción es un área pequeña para el gran movimiento que hay en ella, es frenético.

Cuando acaban de retransmitir, la recepcionista me llama para que entre en el despacho que está al principio del pasillo. Es una pequeña sala de reuniones con una mesa redonda y unas seis sillas acolchadas de piel negra, el mobiliario es elegante. Unos cuadros con los logotipos de la empresa inundan la sala, en el paso de los años ha evolucionado bastante, son curiosos.

Mientras contemplo los cuadros sin sentarme y visiblemente nervioso, entra el jefe de informativos. Es emocionante tener delante a una persona que sale en la tele a diario, aunque el motivo no sea precisamente agradable.

Su cara de estupor es instantánea, se debía pensar que la voz que le trae la noticia más importante del año, según palabras mías, sería más mayor. No dice nada al entrar y me hace un gesto para que tome asiento.

Me alarga el brazo y extiende su mano:

-Buenas tardes, soy el sr. Pradera.

-Encantado, ya le conozco ya… -Le digo con una amplia sonrisa para cortar el hielo.

-Dígame en que podemos ayudarle. –Dijo con semblante serio, no se fía de mi.

-A ver, por donde empiezo… Mire, vengo del “reformatorio” donde ha habido el motín. Para empezar aquello no era un reformatorio, es un orfanato donde se suponía que estábamos para que nos curasen nuestras enfermedades. Como puede comprobar se les ha ido de las manos aquello que hacían con nosotros y ellos para no levantar sospechas lo están tratando de una forma bastante ligera. En realidad allí está pasando algo muy muy gordo.

-¿Ellos?

-Sí, perdone. Me refiero al Ministerio de Sanidad y al de Defensa. Son los que gestionan ese centro.

-¿Y eso en qué nos salpica a nosotros?- Preguntó más intrigado que antes.

-Necesito un medio creíble para que la opinión pública entienda esto que llevo aquí. –levanto el maletín para que lo vea- Son los informes del médico que controlaba nuestras evoluciones. Creo que hay muchos gobiernos e intereses metidos en esto y no sé si encontraré a alguien con las agallas para tirarlo adelante pase lo que pase.

-No entiendo mucho chico, que es lo que quieres. –Preguntaba menospreciándome. Lo hace para descentrarme y que dude. No lo conseguirá.

-Están utilizando chicos huérfanos sin familias para experimentar armas biológicas o medicamentos para los soldados , yo que sé… Mire, si no le interesa, me levanto y me voy. –No he venido aquí a que me insulten, lo tengo clarísimo. Hago el gesto de levantarme y me para con la mano.-

-Supongo que querrás algún tipo de compensación por esa información…

-Solo quiero sacar a mi hermano de allí.- Dije sin dudar.-

-¿Sois delincuentes?¿Os buscan por algo? –Preguntó mirándome de arriba abajo.-

-Señor periodista, su ojo entrenado le ha fallado esta vez, no soy un delincuente y mi hermano menos.- Mi gesto se tornó burlón.-

Me hace un gesto con la mano abierta indicándome que me esté quieto y habla por su teléfono.

-Mike, ¿puedes subir un momento? – Me mira y me dice susurrando.- Es quién va a llevar tu caso.

En menos de treinta segundos allí estaba Mike, un enorme gorila de seguridad, calvo, con cara de pocos amigos y los brazos cruzados, igual de anchos que mis piernas.

El señor Pradera me mira a los ojos con un gesto autoritario y chulesco, le indica a Mike que me quite el maletín. Salto sobre él como un gato enfadado, a mí no me quitan esto sin luchar. Sus brazos me zarandean como un trapo en la boca de un Pit Bull, no puedo apenas moverme y me arranca la maleta de un tirón. Al caer al suelo lo miro y le propino una patada en sus partes blandas. Lo sé, no es muy elegante, pero a situaciones desesperadas, medidas desesperadas.

Salgo corriendo con la maleta en mis manos, le doy una patada a la puerta del despacho y esprinto por los pasillos como si fuera mi último día en la tierra. Al final del corredor está el ascensor, estoy en la planta dos así que prefiero las escaleras. Justo a tres metros escasos de llegar a ellas, aparecen dos gorilas más detrás de mi, pero soy más rápido que ellos.

Bajo las escaleras saltando algunos escalones y tropezándome en los otros, se me va a salir el corazón del pecho. Llego al gran vestíbulo, ese cabrón ha avisado a todo el edificio de seguridad, pero por suerte no han cerrado las puertas o sino siempre me quedan las de emergencia de incendio.

El vestíbulo tiene el suelo de mármol y parece que lo han pulido hace poco porque mis zapatillas no tiene el agarre que me gustaría, corro entre la gente golpeándome con algunas personas, “tengo prisa” o “lo siento” son las palabras que me salen instintivamente de la boca.

Justo delante de la puerta de cristal de la salida aparece por mi izquierda el gran Mike, de un tirón me arranca la maleta y creía que haría lo propio con el brazo también, ¡qué animal!

Sigo corriendo, después de una extraña pirueta en el aire debido a la inercia de la velocidad y del tirón del imbécil del “segurata”. Debo salir de ahí como sea, vuelvo a llevarme por delante a más gente que no tiene nada que ver con mi guerra particular, pero como dicen los militares, daños colaterales. Mientras escucho al bueno de Mike que me dedica una frase solo proporcional en educación a su intelecto:

-¡Jódete chico! ¡Tenemos el maletín!- Grita mostrando su enorme elegancia a los transeúntes.

Me encantaría ver su cara cuando descubra que lo único que hay en ese maletín es medio paquete de folios en blanco que tuve la precaución de meter en él. Menos mal. Los originales están en el piso que comparto con las chicas. Sabía que sería un encuentro hostil y que siempre tenía tiempo de ir a buscar los documentos una vez hubiera conocido bien a mis “socios”. 

Aunque viendo el “éxito” de mi primera incursión creo que un par de fotocopias de los originales no me harán daño. Más vale prevenir que curar.

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