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HOTEL CALIFORNIA

DOCTOR LEHMAN 6 HORAS DESDE LA INFECCIÓN (Capítulo 21)

Area de servicio Hotel California novela zombie

Definitivamente estoy infectado. Cuando salí de ese bosque infernal donde no solo me perseguían los militares, sus perros y esa panda de cabrones agresivos, por si fuera poco he tenido que luchar contra mi propio cuerpo. El lado izquierdo de mi cara, ese que tengo destrozado, me duele una barbaridad y empieza a supurar pus. Huele fatal.

Las extremidades me duelen, las tengo agarrotadas. Apenas podía correr. He visto al menos a treinta de esos seres que han ido hacia la ciudad. En una pedrera que había a medio camino, me he subido a una montaña de tierra de obra pensando que podría descansar y que esos no sabrían o podrían subir. Desde allí, se veían las luces de la entrada de un pueblo cercano que tiene alrededor de 12.000 habitantes.

El andar torpe pero decidido anunciaba que la muerte había llegado a esa villa tan tranquila. Durante dos horas no se oía nada, pero después las ambulancias hacían acto de presencia e inundaban de ruido el valle. No quiero pensar la situación que se ha vivido allí. Si supieran que trasladarlos a un hospital de una ciudad más grande solo le va a traer problemas…

Corrí en diagonal, bordeando el pueblo. Yo no iba más rápido que ellos. Me ahogaba y sentía un malestar general como una gripe muy fuerte. Hasta que llegué a un área de servicio.

Entré en los lavabos de caballeros, me asomé para ver mi cara porque cada vez me dolía más hasta hacerme coger un dolor de cabeza insoportable. Dios mío. Mi cara estaba destrozada, el lado dañado se había descompuesto hasta un límite que no creía posible en un ser vivo. Mi ojo izquierdo sufría una conjuntivitis como nunca había visto antes.

No veía por él, pero no pensaba que estuviera así sólo 4 horas y media después de que aquel cabrón tirase sus corruptas babas sobre mí. Eso no es lo que él quería, deseaba matarme con sus propias manos. No sé si después de muertos, recordarán algo de su vida anterior. Pero si era así, ese chaval me odiaba con toda su alma.

Pero aún no había pasado lo peor. Mi plan de llegar antes de 24 horas a casa cada vez se tornaba más difícil, no llevaba ni el cuarto del  camino y mi cuerpo tenía cada vez más dolores y yo estaba muerto de sueño, cansadísimo. Así que decidí ir por el arcén de las carreteras que conocía. No exactamente por el arcén pero sí a unos cinco metros del borde de la carretera.

Mi mente no está muy fresca, el dolor fuerte de cabeza me irrita e incluso sufro alucinaciones y unas ganas locas de dormir. Pero no puedo dormirme ahora, tengo mucho que hacer y creo que dispongo de poco tiempo. 

Me acostumbré al ruido de las sirenas de las ambulancias y me confié. Error. Menudo día llevo. El paso tambaleante de mi marcha llamó la atención del vehículo con sirena que pasaba por la calle, esta vez no era una ambulancia sino un coche de la policía Local. Ellos estaban más nerviosos que yo y gritaban:

-¡Estése quieto señor! ¡No se mueva!

-Es una de esas cosas.- Murmulló uno de ellos viendo mi cara desfigurada.

Sí claro, acaban de darse cuenta de que soy peligroso y voy a parar para que me disparen. Sí, sí, que esperen sentados. Corro como buenamente puedo en dirección al bosque y al intentar esconderme detrás de unos setos, me doy cuenta al caerme un metro y medio más o menos, que son los restos de una poda que han decidido tirar allí.

Me escondo entre los restos de las plantas, con la oscuridad no creo que me vean. De detrás de mí, aparece una figura con un llamativo mono naranja y unos chorreones negros por el pecho. Me acabo de dar cuenta que uno de ellos me seguía y como mi paso no era demasiado rápido, me tenía a tiro.

Pasa justo al lado de mi escondite, emite un gruñido como si supiera que estoy ahí. Se me hiela la sangre, he huido de esos inútiles y me he metido solito en una trampa. Pero, los idiotas siempre serán idiotas, y ¿quién sino va a dedicar su vida a la policía local?

Los dos se ponen a gritarle pensando que soy yo:

-Por favor, salga de ahí y acompáñenos a comisaría. Esta noche hay gente peligrosa por aquí y no es un sitio seguro.

El infectado al verlos, tensa su cuello y manos poniendo una postura furiosa. Él sí que sabe que yo estoy aquí, pero no quiere dejar vivo a nadie. Se acerca a los polis con el paso vacilante y expresión furiosa.

Ellos sacan sus armas y amenazan:

-Aléjese, no queremos hacerle daño.

De la boca del chico sale un líquido espeso negro mientras gruñe. Parece sangre coagulada. Es lo mismo que tiene por toda la pechera.

-Aléjese o abriremos fuego. –Vuelven a amenazar.

Están muy nerviosos, el ser se encuentra a escasos veinte metros de su posición y ellos retroceden un poco.

-¿Qué hacemos?- Le pregunta uno al otro.

-Joder, yo que sé, dispara en una pierna.

El sonido de la pistola retumba muchísimo en ese campo abierto. Eso llamará la atención de todos los que están por aquí al lado. El disparo le atraviesa el muslo, cojea un poco pero sigue andando amenazante.

-¡Deténgase joder!- Los nervios están a flor de piel.

Vuelven a disparar, esta vez le dan en el hombro, intentando herirle sin matarle. Da dos pasos atrás y gira rápidamente la mirada hacia ellos.

-¡¿Qué mierda le pasa a este tío?!

Tal y como acaba la frase, saca la porra reglamentaria y se acerca al no-muerto golpeándole en la mandíbula. Suena un crujido espantoso y cae al suelo.

Mientras está tumbado boca arriba, el agente sigue propinando golpes fortísimos en la cabeza del chaval. Se la va a destrozar.

El confiado agente se gira para mirar a su compañero con claros aires de victoria y el ser aprovecha para morderle la pierna y arrancarle un buen trozo de carne. El agente herido grita como un cerdo en su matanza.

-¡AAAAHHHH QUÉ DOLOR! ¡HIJO DE PUTA COLGADO!

Arrastrándose se aleja del chico de naranja y mientras su compañero se acerca a él con la porra dispuesto a reducirle y le sigue golpeando la cabeza con ella sin darse cuenta que el peligro ahora acecha por detrás, el ruido y seguramente yo y mis lentos pasos han llamado la atención de dos de esas cosas más.

Ninguno de los dos luce el ya famoso mono naranja, así que son gente que ha sido mordida por ellos. ¿Cuántos debe haber? Esto es una locura.

Los dos le rebanan el cuello de una forma caníbal, destrozando la vida del pobre agente. Este no creo que se levante ni después de muerto ya.

El que me perseguía está en el suelo con la cabeza aplastada como si fuera un tarro de mermelada de fresa roto. No se mueve. Parece que es eso lo que los destruye por completo.

Está bien saberlo.

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