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HOTEL CALIFORNIA

PETE DIA VI EN EL EXTERIOR (Capítulo 24)

Hotel California Novela Zombie

Me he levantado a la misma hora que las chicas. Les he dicho que hoy iba a una entrevista de trabajo y es que me tocaría hacer algo para pagarme los estudios. Desayuno con ellas.

Míriam- ¿Visteis las noticias ayer?

Alba- No. –Hace un gesto de codos apoyados como indicando que estudiaba.

Pete- Yo vi algo cuando volvía con el autobús. ¿Qué pasó?

M- Alguien colgó un vídeo en Internet donde se veía a uno de esos chicos de las noticias que atacaba a un hombre que se acercaba a la puerta de su casa que estaba aporreando. Dicen que entró en coma.

P- ¿Atacaba?

M- Dicen en clase que le mordió.- Hace un gesto de encogimiento de hombros en clara señal de incredulidad.

P- Hoy me informaré, pero suena un poco raro…

Ese era el vídeo que veía la gente ayer con tanta atención. Hoy hablaré con Bob a ver si sabe algo más. Tengo que quitarle ajo al asunto pero ayer ya decían bien claro en las noticias que los fugados son hostiles y muy agresivos. Esto se pone muy feo.

Cojo todos los documentos de una de las fotocopias, los originales están dentro del forro de mi chaqueta. Los he metido en una bolsa hermética e introducido en el forro. Aquí están seguros.

Al quedar con Bob, es puntual. Aparece con un VW Touareg, supongo que es para meternos campo a través para mirar que pasa en el orfanato. Entro y hablamos:

P- Buenos días. Hoy, ¿excursión en el campo?

B- No hace falta. – Me enseña dos tarjetas de Prensa. Joder, qué tonto soy. Como no había caído en eso.

P- Claro. –Me golpeo en la frente al pensarlo.

B- Y ese es tu disfraz. – Me señala un peto amarillo fluorescente que hay en los asientos traseros y una enorme cámara de vídeo profesional.

B- Nadie sospechará de nosotros. Somos periodistas y tú mi ayudante. Céntrate en grabar todo lo que puedas detrás de mí. Me pondré de espaldas al orfanato y grabas todo lo que puedas. Es una cámara con un zoom muy potente.

Vamos llegando a la zona del orfanato, hay un punto de control al entrar. Bob se acredita como periodista y a mí como su ayudante. Vuelvo a estar en la boca del lobo y es el último sitio donde estos me buscarían.

Nos hacen subir una colina demarcada con balizas. Delimitan un pequeño recorrido y podemos ver que hay furgonetas del resto de cadenas importantes de televisión. Nosotros representamos a una división de una cadena. Unos subcontratados vamos.

Aparcamos el coche, los militares están aquí también. Parece que quieran controlar que es lo que grabamos. Bob sale y habla con uno de ellos. Dice que están aquí por nuestra seguridad, que hagamos nuestra faena y nos marchemos.

Me equipo con una gorra, el chaleco “elegante” y con la cámara me tapo toda la cara. Aunque hubiera alguien que me buscase, seguro que no me reconocería.

Bob se coloca de espaldas al orfanato, enciendo la cámara y recuerdo las instrucciones que me ha dado sobre su funcionamiento. No es difícil y rápidamente grabo todos los movimientos de los edificios. No hay ningún “paciente”, al menos en el patio.

Los trajes que llevan allí dentro son iguales que los de protección radioactiva con sus máscaras incluidas. Los militares esperan fuera formando un bloqueo fronterizo. Los alambres de espino era algo que yo no había visto, eso es nuevo.

Ahora parece mucho más una cárcel que cuando yo estaba. A más, la morgue la han pintado de blanco. Como ha cambiado todo esto en tan poco tiempo. Nos dejan grabar solo desde este ángulo,  me apuesto lo que quieras que es un teatrillo para la prensa.

Le indico a Bob si podemos pasar dentro del coche que quiero explicarle algo. Me dice que sí.

P- Esto es un teatro Bob, aquí no hay nada que ver.

B- ¿Porqué?

P- Cuando yo estaba aquí los edificios eran de otro color, no había alambre de espino y la gente campaba a sus anchas por el patio.

B- Eso es que le están lavando la cara para la opinión pública, seguro. Vamos a ir por la parte de detrás a ver que vemos.

Nos montamos en el coche y Bob saluda al militar de antes, éste le devuelve el saludo. Salimos por donde hemos entrado. Le indico que hay un pequeño camino alrededor del recinto que bordea la alambrada.

Cuando bajamos a la altura del control militar, vuelven a pedirle a Bob que se identifique. Dados ya los permisos correspondientes nos disponemos a deshacer el camino. A unos 100 metros un camino a nuestra derecha nos conduce al que bordea el patio, pero está puesta una cadena que reza “prohibido el paso propiedad privada”. Salto corriendo y la abro.

Bob pasa con el gran Volkswagen y poniendo de nuevo la cadena me monto yo también. Es un camino difícil y angosto. Las plantas rozan los laterales del coche. Bromeo diciendo que tendremos que pulirlo al salir de allí. Bob está nervioso y sonríe tímidamente. Él sabe mejor que yo lo que nos harán si nos cogen pasando por aquí.

Entramos en campo casi abierto. El control de la entrada se encuentra a unos quinientos metros a nuestra derecha. No miran. Vamos por el camino de tierra, éste es mucho más ancho y se nota que están usándolo asiduamente. Hay marcas en el suelo de grandes camiones y UROS del ejército.

Cuando damos la vuelta por detrás, la cosa cambia. Empiezo a grabar, esta parte está mucho peor, se ven claras señales de guerra. Disparos por las paredes, manchas negras de sangre ensucian los muros, incluso cadáveres enrollados en una sábanas supongo que para llevárselos a algún sitio, hay al menos dos docenas. Esto es lo no que quieren que sepa la prensa.

Hemos pasado al lado de un URO que tiene marcas y números en zonas donde hay sangre y disparos, como si fuera una prueba o una pieza para investigar. Bob insiste en que lo grabe todo.

Justo en ese momento, Bob acaba de ver que nos siguen. Es un gran vehículo militar, reducimos marcha y aceleramos el paso.

B- ¡Mierda! Nos han visto, ¡estamos muertos!

Antes de que pudiera decirle que estaba exagerando la ventanilla trasera explota en mil pedazos sobre nosotros. Mi cara debía ser un  poema. No me podía creer que abrieran fuego de esa forma sobre un coche civil. No saben quienes somos y nos disparan.

Bob conduce con mucha prisa, no parece ser un gran conductor pero  teme a nuestros perseguidores como si ya los conociera. Sujeto la cámara como puedo y cierro la ventanilla para que no entre polvo ni perdamos nada.

Vamos a más de cien kilómetros por hora por un pequeño camino de grava. El gran vehículo de los militares pasa torpemente entre los árboles. Es un camión viejo verde y enorme parece ser un  IVECO-PEGASO de los que aún usa la armada.

Bob acelera como un poseso y saca una habilidad increíble de conducir con la presión que llevamos detrás. Me da su móvil y me pide que busque en la agenda a Arturo y lo llame. Los traqueteos de la suspensión me hacen temer lo peor, pasamos por las curvas totalmente cruzados y el Touareg me sorprende gratamente, es un vehículo ágil a pesar de estar diseñado para llevar a los niños al colegio en una urbanización de gente rica.

Encuentro a Arturo y lo llamo, el Bluetooth pone al teléfono en contacto con los altavoces del coche, el camión nos pisa los talones. Da dos tonos y Arturo coge el teléfono:

A-Dígame.

B- Arturo soy Bob, ¿te acuerdas la conversación que tuvimos hace un par de meses sobre tu intención de ayudarme en mis casos?

A -Sí claro.

B -Pues esta es tu oportunidad, ¿estás en casa?

A -Sí.

B -Pues abre el garaje que voy para allá.

A –Problemas supongo…

B –Vas bien encaminado.   

Bob da un volantazo a derechas por un camino pequeño que pasa paralelo a un campo de riego. Como el gran camión no cabe se mete por el campo sin importarle el poder estropear la cosecha. Nos advierten que nos paremos, pero no veo yo a Bob con ninguna intención de hacerlo.

Recorremos un buen trozo con el camión esquivando las acequias de riego, es un camión 4x4 pero es mucho más torpe él en ese terreno que nosotros por el camino de grava.

Cuando pasamos por una zona de árboles más densa, por donde no nos ven, damos un frenazo. Vemos como el gran IVECO pasa de largo paralelamente a nosotros, Bob mete marcha atrás y recorre el camino por donde hemos pasado con una facilidad pasmosa en sentido contrario. El cristal roto hace que le habitáculo se llene de polvo rápidamente pero no parece importarle lo más mínimo.

Hace un trompo y giramos por otro de los caminos estrechos. A unos quinientos metros hay una enorme y remodelada masía. En letras grandes pone que es un restaurante casero, justo debajo pone “menú diario”. La puerta del garaje de abajo se abre. Metemos el maltrecho Volkswagen. Bob se frota la frente y rasca las cejas.

B- Estamos en un lío chico. En un lío. Debemos pasar aquí al menos tres días y seguro que vendrán a buscarnos. Necesitamos sacar este coche de aquí.

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