Blogia
HOTEL CALIFORNIA

PETE DIA VII EN EL EXTERIOR (Capítulo 25)

Hotel California Novela Zombie

Ayer por la noche preparamos el coche para que Arturo lo llevase a la oficina de Bob. Tiene un garaje privado al que no puede acceder nadie. Si lo encontrasen aquí en una de las batidas que harán los militares que están vigilando el orfanato, no tendríamos salida.

Según Bob éste es el sitio más seguro donde podemos estar. Arturo y su familia nunca le traicionarán, es un sitio ideal para esconderse y estamos lejos de cualquier sitio en el que puedan vincular a Bob.

Son las 08.00 h de la mañana y no tenemos noticias de los militares y lo que es peor, de Arturo tampoco. Ya que Bob no se fía de que los teléfonos de la zona puedan ser escuchados gracias a algún tipo de ley marcial, no utilizamos móviles.

Lo que más trunca nuestros planes es que gracias a la incursión que hicimos ayer, hemos quedado totalmente incomunicados en cuanto a la noticia que Bob quería escribir. Pero, en las ideas más básicas y antiguas muchas veces está la solución, lo que pasa es que con tanta tecnología se nos nubla la mente y no pensamos.

La hermana pequeña de Arturo encontró la solución:

-¿Porqué no escribes el reportaje en papel y lápiz y lo hacemos llegar alguno de nosotros? Después ya lo publicarán ellos donde haga falta. Si se publica desde las oficinas, tu seguridad no quedará en entredicho ¿no?

Bob la miró, refrenando las ganas de darle un beso de agradecimiento. Así que Arturo se ha llevado una escueta nota dirigida a Sara, su redactora de confianza:

“Necesito que publiques en las páginas web de referencia esto:

Actualmente estamos trabajando para que la información de la que dispongo, que es realmente perturbadora referente a la epidemia que está sufriendo y sufrirá la población, sea revelada a los medios. He tenido que esconderme, debido a la persecución que estoy sufriendo. Pero al final llegará ese documento. Paciencia, por favor”

Lo que está haciendo Arturo es muy valiente, no solo se ha llevado el coche de Bob que el ejército vio y no sabemos si alguna cámara grabó su matrícula, nos esconde en su casa y porta un documento que le relacionaría directamente. Es un gran tipo.

Bob lleva toda la mañana escribiendo lo que él cree será el reportaje de su vida en un cuaderno. También lo hace para pensar que Arturo aparecerá en cualquier momento, tarda más de lo esperado y supongo que intenta despejar su mente.

Estamos en la parte de arriba de la casa, la planta de abajo y lo que en algún momento debía ser el establo de animales de granja lo convirtieron en un enorme salón que sirve de restaurante. El ruido es constante y parece ser un sitio de éxito, desde primeras horas del día llevo escuchando gente ahí abajo.

Mientras el reportero trabaja en lo suyo, condiciono los dos sitios que hemos escogido para escondernos, uno detrás de una cama empotrada que se esconde en una pared, sino sabes que está ahí es imposible que te des cuenta. Incluso la base del somier está forrada con el mismo papel pintado que el resto de la habitación.

He quitado el colchón y queda un espacio bastante grande para estar de pie. No es un escondite demasiado cómodo para estar tiempo pero sí para una posible redada rápida. Además es bastante espacioso así que Bob se quedará aquí.

Al principio pensé que nos meteríamos los dos, pero, Bob dijo que no. Si cogían a uno, el otro debía seguir hacia delante. Esta frase empezaba a cansarme ya. Así que le pregunté a la hermana por otro escondite. Me miró y dijo:

-Ven, puede que sirva.

En la misma habitación hay una puerta oculta en el techo que dirige a las buhardillas. Ahora las usan de trastero, cuando reformaron la casa entera, decidieron que la entrada a la parte superior no se viera nada. Así la puertecilla que conduce a arriba son simplemente dos tablones del techo de madera que se mueven hacia un lado. Es perfecto.

No es demasiado cómodo de entrar, pero con un pequeño salto no me costará. Está en el bajante del techo. Lo abro para inspeccionar que hay. Huele mal. Parece que algún búho o animal volador, lo usó como guarida. Limpio un poco, al menos un espacio para tumbarme, porque es tan bajo que solo cabría bien si me extiendo.

Mientras limpio y acondiciono los escondrijos, mi compañero de fuga no para de escribir y tachar en su cuaderno. Está nervioso, no le gusta esta situación. No es la primera vez que le toca enfrentarse a altos cargos en juicios, si esta vez le pillan sin poder probar que lo que dice es cierto o le juzgan por meter sus narices donde no le llaman, se pasará un tiempo en la sombra.

La hermana de Arturo nos sube la comida que sirven de menú en el restaurante. La cocinera es excelente. He comido dos platos y postre, pero Bob no prueba bocado. Sigue escribiendo sin parar, no le digo nada para no molestar y me acerco. Se gira mirándome y me acaricia la cabeza despeinándome, su semblante es simpático pero visiblemente preocupado.

B- No te preocupes por mí, cuando me obsesiono con algo, no paro hasta que acabo.- Justo acaba de pronunciar esa frase, sigue escribiendo.

No cesan de entrar coches y salir de la masía, es hora de comer y los trabajadores más pudientes vienen aquí a comer. No es un sitio barato para comer cada día. Entra un taxi, pero no le presto demasiada atención.

Se escucha como alguien sube las escaleras de madera, debe ser alguien de la casa, es una zona a la que no pueden acceder los clientes. Se asoma Arturo. Ufff… ¡Qué tranquilidad! ¡Ha vuelto!

Bob se gira y al verle se acerca a darle las gracias mientras le estrecha la mano quitándose un gran peso de encima. Arturo no dice nada, su semblante es poco tranquilizador.

B- Cuenta como ha ido.- A Bob se le denota impaciencia en sus palabras.

Verás… ha sido un camino complicado. Al salir de aquí, no me siguió nadie. No vi nada, fue un trayecto bastante tranquilo hasta tu oficina. Abrí el garaje con el mando y metí el coche en la parte reservada de abajo. Fue demasiado fácil. Pero al volver…

Eran escasamente las doce de la noche cuando pedí un taxi para venir hacia aquí después de dejar la nota en recepción a nombre de Sara. El portero del edificio me pidió amablemente el taxi y esperé en la puerta.

Al aparecer el taxista le indiqué hacia donde debía ir. Cuando estábamos a escasos dos kilómetros de aquí, un control militar. Nos paran.

Control- Buenas noches, ¿hacía donde van?

El idiota del taxista dice la verdad. Si me estuvieran buscando a mi, me habrían cogido sin remedio. Lo maldije por lo bajo. Imbécil.

Taxista- Mi cliente va a la Masía, está a un par de kilómetros. ¿algún problema?

C- Esa parte está cortada, hasta mañana a las ocho no podrá pasar nadie. – No nos da opción e indica que demos la vuelta.

T- ¿Pero ha pasado algo? ¿Debemos tener cuidado con algo?

C- Eso es información confidencial caballero. Marchen ahora y vuelvan mañana.- No quiere hablar con nosotros y no quita la mirada del horizonte.- Circulen, por favor.

El taxista se gira y encogiéndose de hombros me dice que si quiero me lleva a un hostal por aquí cerca. Le digo que soy de aquí y me los conozco todos. Le indico a cual debe llevarme. Enciendo un pitillo y miro al bosque donde está mi hogar. Os estaban buscando sin ninguna duda.

Pido una habitación en el hostal de la entrada del pueblo, ese que son unas habitaciones individuales parecidas a casas adosadas. Me dieron la número 17, mientras veía la tele sin poder conciliar el sueño, he escuchado un vehículo grande que se acercaba al hostal. Se ha metido en el aparcamiento alumbrando con un foco las ventanas.

Se me ha helado la sangre. Han ido a hablar con el dueño del hostal. Mientras uno entraba a sacarle algún tipo de información que creía que tenía el recepcionista. Los otros, linterna en mano, se asomaban a todas las habitaciones. Casi me ven de lleno, sino fuera porque mientras estaba asomado me han enfocado directamente a la cara, les ha llamado su oficial, me habrían visto espiándoles.

Han salido muy rápidos del aparcamiento, cuando ya no se les veía, un tipo con un maletín y un abrigo colgando de su brazo derecho corría torpemente en dirección a los coches aparcados en la carretera. En la espalda derecha tiene un gran cuajarón de sangre oscura que mancha su camisa blanca, parece reseca. No ha llegado a pisar el asfalto. Le ha caído encima una lluvia de balas que me ha hecho salir el corazón del pecho. Lo han matado en la carretera.

Delante del cartel del hostal se habían escondido y apuntando con sus rifles eran letales. El hombre, que podía ser un asesino o un simple ejecutivo a juzgar por su indumentaria, había sido juzgado y ejecutado en escasos 15 segundos. Una de las cosas que más me llamó la atención, fue la frialdad con la que se acercó uno de los asesinos y le disparó en la cabeza una vez abatido.

Explotó como un globo de agua, llenando el suelo de restos de sesos y hueso craneal. No se cortaron un pelo, ese tipo ya no volverá a correr así, eso está claro. En escasos sesenta segundos se acercó un IVECO LMV con los símbolos de las cruces rojas en los laterales y cuatro pilotos azules en el techo.

De él salían soldados de la UNIDAD MILITAR DE EMERGENCIAS (UME) y sin siquiera preguntar a los demás, hacen fotos del cuerpo, lo recogen en una camilla y se lo llevan. Por detrás es como una ambulancia. Unos tipos con unos artilugios parecidos a las pistolas que se usan para fumigar los campos, rocían la mancha y otro lo recoge.

Para que no me viera nadie, después de hacer unas fotos con el móvil he saltado por la ventana del lavabo que da a la parte de campo de atrás. Me he apoyado en el muro de prefabricado y he pasado la noche ahí. Después de lo que había visto no quería sentirme encerrado.

Arturo no pudo acabar la historia ya que mientras la explicaba, se asomaba por la ventana. Y en ese preciso instante entraban un par de Anibal del Ejército de Tierra verdes.

-¡Mierda! ¡Ahí están, joder!- La cara de terror de Arturo, me hace temer lo peor.

Bob guarda sus notas en el cajón de la mesita de noche.    

¿Y esta publicidad? Puedes eliminarla si quieres

0 comentarios

¿Y esta publicidad? Puedes eliminarla si quieres