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HOTEL CALIFORNIA

VICTORIO DIA I PRIMERA PARTE (Capítulo 28)

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Por fortuna, siempre he trabajado para el Vaticano. Mis padres son de aquellas personas bien posicionadas que saben a que árbol se arriman para cobijarse a su sombra. No los culpo, puede que en su situación yo hubiese hecho lo mismo.

He trabajado de todo lo posible en la organización. Aquí no les gustan las caras nuevas, empiezas desde abajo y si sabes moverte acabas ejerciendo cargos altos. Pelar patatas con dieciocho años para la comitiva del Papa en sus numerosas visitas no era el sueño de un adolescente con una vida económica fácil.

Es más, mis padres no habrían aceptado ningún dinero por ese tipo de trabajo. Yo estaba para ayudar, faltaría más. Y si se me ocurría quejarme, en sitios donde no se viera, mi cuerpo padecía las consecuencias de mi insolencia adolescente.

Actualmente, no vivo con ellos, ni siquiera los tengo cerca. Me enviaron a España, sol, buena comida y mi familia, mujer e hijo. Era un destino privilegiado.

Con 27 años, quería alejarme de su “protección”, no porque me llevase mal con ellos, ni mucho menos. Era una cuestión de creer que lo que hacía era por mi propio esfuerzo y no por sus contactos. Si sabías llevarlos era una vida fácil, cómoda, adoctrinada, pero eso en aquel momento ya no me importaba.

Como dije, al empezar a “trabajar” con ellos, lo hice desde abajo. Pero el tiempo pasa y decidieron aprovechar mi “mecha corta” o “agresividad irascible” para encargarme trabajos poco decorosos. Faenas que por seguridad nacional, no debía saber nadie que existía.

Al principio, pasaba mi tiempo casi siempre como un miembro más de la seguridad, pero no como la Guardia Real del Vaticano cuyos trajes son más parecidos a un bufón de la Corte del Rey Arturo que de a un protector de la seguridad Papal.

Los encargos eran pocos y sencillos. Pero, eso empezó a cambiar. Al parecer, un “mercenario papal” le venía bien a más gente de la que pensábamos. Ahora solo me dedico a esto.

Hace un par de meses, visito un orfanato que es propiedad de la Iglesia. Hace años, cuando no existían tantos edificios gubernamentales ni instituciones de enseñanza, el clero en España se dedicaba a dar clases y a curar de los enfermos o huérfanos.

Desde que los centros del gobierno se convirtieron en mayoría, la Iglesia se ha convertido en arrendador de esos centros al Ministerio correspondiente. Tenemos la infraestructura, la experiencia, el personal e incluso los pacientes.

Este centro había sido un hospital de enfermos mentales, creo que data de la Guerra Civil Española. La morgue puede que tenga 50 años. Un momento en el que la Iglesia era muy fuerte y respetada en toda la península. Los tiempos cambian y al quedarse obsoleta, se convirtió en un orfanato muy especial.

Los chicos eran hijos de prostitutas, yonkis, delincuentes y gente de mal vivir. Ante la gran ola de abortos de este tipo de personas, la Iglesia decidió hacer una campaña para recoger a esas criaturas que no poseían a ningún familiar que quisiera hacerse cargo de ellos.

Al principio, el Gobierno pagaba una cantidad mensual, por el “mantenimiento” del centro, pero eso para mis jefes era ridículo, así que empezaron las negociaciones. Afortunadamente, el Gobierno que eligió el electorado el año anterior era de convicciones religiosas y conservadoras.

Así que unido al afán de recaudar dinero por parte de todos los “socios” (Iglesia y Gobierno). Se dedicaron a buscar una tercera colaboradora, una empresa de armamento especializada en biotecnología, clonación y armamento químico.

Cuando las negociaciones prosperaban, me parecía bastante irónico ver como la Iglesia mantenía una especial discusión con el uso de células madre o la clonación, pero a su vez convertirían seguramente un centro de “futuros abortos” en un laboratorio de prácticas poco éticas a su forma de ver. Supongo que el dinero manda.

A las pocas semanas se hizo oficial. El tercer socio, se dedicaría a probar armas biológicas en un entorno controlado y los más humano posible en cantidades no letales. Aquí empezaba mi tarea.

Lo único que debía hacer era controlar que todo fuera como dijeron y que pagaban religiosamente. Los primeros días, fueron un éxito. La droga que probaron con los chicos no la podían testear anteriormente porque ningún sujeto estaba dispuesto a arriesgar su vida aunque fuera por una gran cantidad de dinero.

En una semana, los chicos pasaron a ser casi la mitad, no era algo premeditado, ya que el valor de aquel “ganado” era infinito y por mucho que se recuperara con la venta, un escándalo público no convenía a nadie.

Conseguimos esconderlo con éxito, quien iba a preocuparse de aquellos bastardos, al igual que yo, nadie. Enfermedad contagiosa producida por las dolencias que dijimos que tenían al internarlos. Un médico bien pagado hace unos informes forenses estupendos y más cuando este también es del clero.

No solo actuamos con máxima cautela sino que fue un éxito comercial rotundo. En poco tiempo, Gobiernos de medio mundo compraron la fórmula. Aparentemente no era rápido, es un veneno que actúa a las veinticuatro horas, pero no hay vuelta atrás. Una vez entra en el organismo te mata irremediablemente.

Al no ser inmediato, los campos de batalla no quedan arrasados en el momento, sino que los afectados van a sus guaridas y mueren allí. No dan mala imagen para la prensa y la televisión, hay muchos gobiernos que no quieren que se les juzgue de tiranos. Solo defienden su patria con crueldad pero guardando “las formas”. Guerras modernas.

El éxito brutal nos animó a todos mucho y decidimos comprar acciones de aquella mina de oro que habíamos descubierto. La Iglesia se lo quedó casi todo, pero muchos de sus empleados compramos también.

En la siguiente fase del proyecto se nos comunicó hacia donde iban los próximos movimientos. El siguiente era un suero, también para los ejércitos, pero esta vez no un arma contra el enemigo. Sino una droga para fomentar la agresividad y la valentía en tus propias tropas.

Una de las cosas que más temen los Gobiernos de la naciones del “Primer Mundo”, es la caducidad de los ánimos de sus militares. En una sociedad moderna y democrática, el ciudadano de a pie está acostumbrado a elegir, cuando una guerra se convierte en larga, monótona y aburrida, las deserciones se multiplican llevando al fracaso toda la inversión a causa de un “factor humano”.

Ese factor hay que destruirlo, hay que llegar al campo de batalla dispuesto a morir por tu patria, ya que el enemigo lo hará también.

Al principio, decidieron tomárselo con calma, aún estaba en nuestra memoria el fulgurante éxito anterior. La Iglesia era dueña de más del 80% de la empresa, así que el futuro estaba asegurado. Desde hacía un par de años yo era el CEO de todo aquel complejo de experimentación con los chicos.

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3 comentarios

Jesús Álvarez -

Buffy

Tristemente, el mundo en el que vivimos nos ha enseñado que cuando las cosas se complican, los que mueven los hilos, siempre son los mismos. No lo he inventado yo.
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Buffy -

Esto de la conspiracion de la iglesia me suena demasiado a Codigo Davinci, lo siento pero es una idea demasiado trillada.

Joshua Ska -

he
esto se esta poniendo muy interesante
castigo divino? o enemigo santanico?
error humano?
yo solo digo q hay cosas con las que el hombre no deve meterse
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