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HOTEL CALIFORNIA

PATRICK DIA XI PARTE 2 (Capítulo 35)

Hotel california zombie

Después de comer, he convencido a Jared de que lo mejor será acercarse personalmente a ver qué está pasando en el hospital y el polideportivo. Estoy seguro que la información que nos dan es totalmente falsa. Dicen lo que quieren que sepamos.

A él no le hace demasiada gracia, dice que no quiere que me pase algo por asomar el hocico en plan cotilla. Hemos hecho un trato, iremos, pero si la cosa se complica nos retiraremos sin yo poder rechistar. Me parece lo más justo.Hemos ido al garaje a coger las motos, las matriculadas naturalmente. Al llegar, Jared ha abierto el armario, me mira y dice:

-Pruébate este a ver si te va. – Me lanza un pantalón y una chaqueta de cuero Alpinestars.

Me lo pruebo, me sirve. Es de color negro con las As del logotipo de la marca en el pecho y los hombros. Por increíble que parezca es mucho más ligero y cómodo de lo que parece.

- No quiero tener que estar curándote los arañazos del asfalto si te caes… - Me guiña el ojo y me pasa el casco que usaba esta mañana, el Simpson. 

Él hace lo propio con su equipación. También lleva el traje de cuero, solo que él lleva un mono entero, no son dos piezas como el mío y un precioso Arai Réplica Doohan de mil novecientos noventa y ocho sin el típico koala, que ha cedido su sitio a una calavera.

Hemos cogido también una mochila, que llevará Jared en la espalda y una cámara de fotos por si acaso. Cuando nosotros vayamos a la ciudad, será cuando Tomo y Shannon hayan vuelto de recoger provisiones, que como quedamos, sería comida no perecedera. Pasta de sobre, conservas, sopas…

Los esperamos dando un pequeño repaso a nuestras monturas, aparecen a lo lejos con la Mercedes. Según se van acercando, Jared empieza a ponerse los guantes. Cuando están en la puerta:

-Jared, ¿os váis ya? – Pregunta Tomo con un tono que no me gusta un pelo.

-Sí, ¿cómo está el ambiente? – A Jared no le veo dando marcha atrás ya.

-Nosotros hemos comprado en el supermercado de aquí al lado, porque la carretera en dirección a la ciudad está colapsada. Con las motos no tendréis problema, pero no sé como estará el ambiente, no os fiéis de la gente, hemos visto bastantes peleas.

Jared se ata el casco mientras dice:

-Ahora lo comprobaremos. Vamos chico.

Me pongo el casco y los guantes. Enciendo el motor bicilíndrico y escucho el ruido ronco de los escapes, me encanta como suena esta Aprilia. El crujido metálico de la primera marcha inicia nuestra ruta hacia la ciudad.

Salimos del desguace por la salida de la gasolinera. Aún está colgado el cartel de FUERA DE SERVICIO, los suministradores de combustibles ni han dado señales de vida y como dijo Jared, sino aparecen no va a abrirla. Tenemos otras cosas en qué pensar ahora mismo.

La salida de la nacional no está demasiado concurrida. Jared conduce tranquilo, controlando que le siga sin perderme. Llegamos a la primera rotonda con control militar, no nos miran, ni siquiera tengo carnet de conducir pero creo que eso es lo que menos les preocupa en este momento.

Seguimos circulando, el centro comercial donde vinieron Shannon y Tomo a comprar está totalmente abarrotado y algunas personas corren hacia sus coches con bolsas de alimentos.Los automóviles están aparcados por todos sitios, encima de las aceras, sobre el césped y en los lugares más inverosímiles.

Jared me hace un gesto para que mire. Ya estaba mirando cuando lo dijo, pero supongo que él está tan sorprendido como yo. Hemos reducido la velocidad para observar con detenimiento.

Al acercarnos al centro cívico, las cosas están mucho peor. Aquí el efecto del periódico ha sido electrizante, mientras nosotros nos movemos en dirección al núcleo, la gente intenta salir de una forma desesperada abarrotando las carreteras principales hacia pueblos más pequeños.

Yendo a nuestro destino no hay nada, ni siquiera controles militares, están todos en dirección a la muchedumbre que intenta salir lo más rápidamente posible. Ahora debemos ir al hospital pero estamos tan impresionados con la situación, que hemos tardado más de media hora en recorrer apenas catorce kilómetros, no nos imaginábamos esto ni por asomo.

Al estar a unos quinientos metros del hospital, se siente el nerviosismo. De nuevo, los coches abandonados, convierten el escenario en una escena apocalíptica digna de una película de ciencia ficción o una secuela de Mad Max. Parece que el hospital está evacuado porque no hay absolutamente nadie y las carpas que se usaban para dar un primer análisis de los infectados, están casi derruidas.

Las ambulancias están aparcadas en las plazas destinadas a ello y extrañamente el parking del hospital está repleto. Algunas ventanas están rotas y las cortinas ondean por fuera, debido al viento o a la corriente dentro del edificio, creando una imagen macabra de postal de terror.

Según vamos acercándonos a los accesos, nos vamos dando cuenta de más detalles. En la puerta principal, en un intento desesperado porque no se cerrase la puerta, alguien había metido entre las dos hojas de cristal una silla de ruedas. La máquina de aperitivos de la entrada desparrama por el suelo su contenido debido a que el cristal que la protege, está esparcido en las baldosas en mil trocitos.

La huida parece que fue desordenada, la destrucción dentro del hall principal me parece excesiva. Bancos arrancados, el carro de las flores de algún vendedor ambulante en el suelo, los fluorescentes colgando y haciendo un destello intermitente.

Algo llama poderosamente la atención de Jared, que me hace un gesto para que pare a su lado. Está delante de la entrada de urgencias, unos regueros de sangre oscura recorren el suelo en dirección al edificio. Da la sensación de que al menos una docena de cuerpos hayan sido arrastrados hacia dentro del complejo.

-Mira esto, no creo que los sanitarios se hayan dedicado a meter a los pacientes a rastras. Vámonos de aquí, ya hemos visto suficiente.

Emprendemos la marcha hacia el polideportivo, cuando pasamos por delante de las carpas, no puedo evitar mirar hacia dentro. Hay un tipo que parece ser un médico, o mejor dicho, algún día lo fue, de pie con los ojos cerrados y un enorme cuajarón de sangre negra manchando su bata blanca a la altura del bolsillo del pecho con un bolígrafo aún.

Al mirarle fijamente he ido siguiéndole con la cabeza según pasaba por su lado, un trozo de ropa perteneciente a la maltrecha carpa ondea justo detrás de su cuerpo, es una imagen hipnotizante que despierta toda mi atención.

De repente, ha abierto los ojos blancos y ha fijado su mirada en mí, me he acojonado, he acelerado rápido y casi embisto por detrás a Jared. Él se gira, me mira y pone cara de extrañado. Me disculpo, soy un cobarde.

No puedo parar de mirar en dirección al médico muerto, estoy alucinando aún.

Cogemos de nuevo la carretera principal después de haberme vuelto a meter el corazón dentro de mi pecho del susto, vamos llegando al polideportivo, se ve mucha más actividad. Parece que el hospital lo hayan dado por perdido, ya que aquí sí que hay movimiento. Como está plagado de militares, no nos acercamos demasiado, los vehículos sanitarios entran por un hueco que le han hecho a una de las paredes.

Deben dejar a los heridos o infectados, o como sea que los llaman, dentro para tratarlos. Aunque visto lo visto, no me extrañaría nada que la vacuna con ellos sea plomo. Los militares son así.

El único movimiento que se ve es el de los cuerpos del ejército, movimiento civil nada de nada. Es curioso, ¿dónde está la gente? Jared está pensativo, hemos subido a una de las partes más altas desde donde se puede ver bien lo que hacen en las instalaciones deportivas a fumar un pitillo.

-Joder, esto es rarísimo. –Dice preocupado.

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1 comentario

Burraco21 -

Genial como siempre y ya con ganas del siguiente capítulo!!!Un saludo.
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