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HOTEL CALIFORNIA

PETE DIA XI EN EL EXTERIOR PARTE I (Capítulo 36)

 

Hotel California

Hemos salido del apartamento cargados con lo imprescindible y a nuestra compañera no le ha parecido demasiado bien, aún grita en el pequeño piso. Espero que los curiosos hagan caso del aviso que he puesto en la puerta y no abran.

 Al llegar a la calle, buscamos el pequeño todoterreno, nos subimos a él y planeamos hacia donde debemos dirigirnos.

 - Mis padres tienen un pequeño apartamento en la costa a unos kilómetros de aquí, en Tossa de Mar, siempre llevo yo las llaves porque es una zona de marcha y a veces salimos por allí los jueves. ¿Qué te parece?

 Me quedo pensativo y le digo:

 -Me parece un buen escondite por lo menos hasta que se calmen los ánimos. Al ser un pueblecito pequeño habrá menos gente y menos control.

 -Vale, avisaré a mi madre para que esté tranquila.

 Escribe un mensaje con el móvil, después de que la operadora le advierta que las líneas están saturadas. Mucha gente llamándose a la vez, es curioso como las líneas telefónicas son las primeras en caer en momentos de pánico general. Qué torpeza.En ese preciso instante suena mi teléfono, un mensaje. Es Sara, dice:

 "Hola Pete soy Sara la redactora que trabaja con Bob, actualmente estoy escondida como te dijo el portero del edificio de oficinas. No debería salir de aquí con el revuelo que hay, necesito el documento que tienes y si es posible que no sea por fax, mail... Lo suyo sería que me lo dieses en mano. Espero tu respuesta y te digo donde nos veremos."

 Con los problemas que tenemos, solo faltaba esto... Era consciente que debía hacer llegar el documento pero cruzar la ciudad en medio de este caos es cuanto menos, una putada.

 Informo a Alba de nuestro nuevo destino, a ella tampoco le hace ninguna gracia pero tenemos que hacerlo. Se lo debo a Bob.

 Vamos en dirección a nuestro destino por la nacional, ya que como vi cuando iba en bici en las carreteras secundarias estaban instalando barricadas y controles militares en toda rotonda que se precie. Decidimos pasar por los tramos que bordean las ciudades más grandes que pasan por pueblos pequeños, menos gente es igual a menos peligro.

 Quince minutos después con tráfico denso, una retención enorme nos hace detenernos. No debemos pararnos, esto es lo último que hay que hacer en esta situación.

 -Ve al arcén, no pienso quedarme aquí a esperar con la que hay liada. –Le digo apresuradamente.

 Alba me hace caso y mete las ruedas del pequeño todoterreno por el arcén de tierra mientras saco un trapo rojo por la ventana, que no es ni más ni menos que una camiseta mía. Así creerán que llevamos a un herido y nos dejarán pasar. A situaciones desesperadas, medidas desesperadas.Pasamos por la cuneta haciendo sonar la bocina y con el pañuelo por la ventana. La gente está fuera de los coches discutiendo, algo llama poderosamente mi atención, una docena de figuras tambaleantes se abre camino entre los vehículos al final de la cola de vehículos. No me lo puedo creer.

 Al fondo veo un gran accidente y fuego. Estoy perplejo, no podía llegar a imaginar lo que estaba presenciando. La plaga está en la calle y se mueve a una velocidad atroz.

 Aún no me explico porqué en tan poco tiempo desde los primeros casos la infección está desatada. Entre los vehículos no hay demasiados en proporción con la gente sana, pero es solo cuestión de minutos que éstos se unan a la horda del terror.

 Cuando estamos casi a la altura del accidente, de entre los coches siniestrados, empiezan a salir no muertos. Alba en su intento de huir de ese infierno, acelera con contundencia, mientras intento en vano, que no lo haga.

 Atropellamos a dos que se interponen en nuestro camino, uno de ellos se da de lleno con el mataburras del coche y cae debajo de las ruedas. El sonido del crujir de los huesos es perfectamente audible y hace que el coche varíe su trayectoria por unos segundos.

 Pero el segundo, se desliza sobre el capó y se estampa de lleno contra la luneta delantera. Alba cierra los ojos y hace fuerza con los brazos con un acto reflejo. Comete el segundo error, sigue acelerando y como desde nuestra posición no se ve absolutamente nada, pasa lo irremediable. Nos chocamos contra una barrera de hormigón de tipo "Jersey" amarilla. Estamos jodidos.

 Todo el estruendo, ha llamado especialmente la atención de esos cabrones agresivos. Alba está muy asustada y tiembla como un flan. No tengo tiempo de consolarla, me asomo por la ventana y veo nuestro destino.Un local de una planta y luces de neón con un parking de grava delante, en el cartel pone "Samanta’s". Me parece que sé a qué se dedican. La luces están apagadas y hay coches con las puertas abiertas abandonados en el aparcamiento. Los setos tapan en parte el parking, como haya alguien entre ellos, solo lo veremos cuando estemos a su lado, pero es un riesgo que debemos correr ahora mismo.

 Iremos hacia allí.

 -Alba, escúchame. Coge la mochila y uno de los bates, vamos a ir al otro lado de la carretera, al local aquel ¿Ves?

 -Sí lo veo.

Alba asiente con la cabeza. Vuelve a mirarme perpleja, coge sus cosas del asiento trasero del siniestrado Suzuki, yo hago lo propio y nos disponemos a salir. Me giro y veo que la horda de podridos ahora se dirige a nosotros, hemos montado mucho escándalo como para pasar desapercibidos.

(Dedicado a David Merino)


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1 comentario

Burraco21 -

Genial como siempre...ya tengo ganas de que saques el siguiente capítulo!!!Un saludo!!!
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