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HOTEL CALIFORNIA

PETE DIA XI EN EL EXTERIOR PARTE II (Capítulo 37)

 


Abrimos las puertas, la mía apenas se puede mover sobre sus bisagras, tengo que darle un par de patadas para que ceda. Ella ya está fuera con la mochila al hombro y el bate en la otra mano. Es una estampa digna de ver, si nos viéramos así hace un par de meses…

 

Al salir la cojo de la mano, miramos hacia los lados, nada más faltaría que ahora fuese un coche el que nos atropellara después de todo lo que estamos haciendo. Sería cuanto menos, ridículo.Pasamos el parking de grava y me fijo en los coches de los clientes del local o de los incautos que se les ocurrió parar allí, están manchados de sangre por dentro y con huellas de manos en los cristales. Detrás de los setos, no hay nadie, menos mal.

 

Justo delante de la puerta hay un BMW serie 5. En el asiento del piloto aún está su conductor, tiene la mejilla izquierda arrancada de un fiero mordisco, creo verle el hueso de la cara y las muelas. No se mueve. Hasta que pasamos a su lado, se da cuenta de nuestra presencia y después de un par de espasmos, se pega al cristal de la ventanilla, nos mira fijamente  con sus semblante cadavérico y emite un gruñido amenazante que denota impotencia por no poder alcanzarnos. Alba se agarra a mi brazo aterrorizada.

 

Por pocas ganas que tenga, entrar en ese tugurio es nuestra única opción. Armado con mi bate de aluminio, abro la puerta. Está todo oscuro, las barras de acero que cuelgan del techo inundan el local, hay al menos media docena. Las luces giroscópicas permanecen encendidas, dándole a la estancia un aire más tétrico aún. El silencio inunda la estancia.Debemos inspeccionar el lugar y asegurar la puerta. Me fijo que no hay nadie, al menos a la vista, con la ayuda de Alba ponemos una máquina tragaperras contra las puertas de acceso. La misma puerta tiene un cerrojo grande que cruza las dos hojas.

 

Supongo, que en otro momento debía ser un sitio deseado por los amigos de lo ajeno por el grosor y el peso de la puerta metálica. Una vez asegurada la entrada y condenándonos a tener que buscar otra salida en caso de emergencia, me pongo a examinar el local.Las sillas que rodean los escenarios de las barras americanas están tiradas por el suelo. Los que se fueron, parecían tener prisa. Según voy andando, escucho los cristales rotos que evidencian mi paso.

 

Me asomo por detrás de la barra y veo a un tipo gordo con un ridículo chaleco negro que le queda pequeño, mejor dicho pequeñísimo que apenas deja nada a la imaginación, sentado en el suelo con la espalda apoyada en la pared y un trozo de piel grande colgando de su cuello, eso debía ser su cara antes de que alguien le disparase en ella.Las botellas de licor están salpicadas de un líquido rojo negruzco. Puede que no fuera uno de ellos ya que lleva una escopeta recortada en las manos y por lo que yo sé, esos podridos no saben disparar.

 

Me acerco y la cojo. Está totalmente descargada y no hay cartuchos. Solo algunos vacíos por el suelo, al menos murió luchando. La dejo encima de la barra, ya que me es más útil el bate que la escopeta ahora mismo.Hay una puerta al fondo de la sala, es una de aquellas puertas grandes con un cristal redondo a la altura de la cabeza. Cuando me acerco, los cabrones del parking han llegado a la puerta principal y la aporrean, casi me cago encima. Ahora mismo aguanta, pero no sé por cuanto tiempo.

 

Después de recomponerme golpeo la puerta suavemente, no me da tiempo a reaccionar cuando se me echa encima una mujer desnuda y lo peor es que no es con intenciones sexuales. Estaba esperándome detrás de la puerta y me ha cogido por sorpresa.

 

Al empujarme, el bate ha salido despedido a unos cuatro metros de mi posición. La chica, rubia y con un cuerpazo espectacular, debió ser una de las bailarinas del local al juzgar por su escasa vestimenta y los billetes de veinte en la goma del tanga.Pero ahora es cualquier adjetivo, menos sexy. Me mira fijamente como si estuviera poseída, moviendo la cabeza espasmódicamente en mi dirección, con el pelo sucio golpeando mi cara. Estamos tirados en el suelo, ella encima de mí dando dentelladas al aire intentando destrozarme la nariz y yo la separo como puedo con el antebrazo izquierdo y tirándole del pelo con la mano derecha. Me hace mucho daño con sus manos agarrándome los brazos, tiene mucha fuerza y los utiliza para acercarme a su aliento fétido, le grito a Alba:

 

-¡¡¡Coge el bate y machaca a esta zorra!!!

 

Alba lo recoge del suelo, mi atacante está más preocupada de morderme que de mirar quien le pueda aparecer por detrás. Le golpea con el bate tan fuerte que parece haberle roto el cuello, ha sido peor el remedio que la enfermedad, ya que ahora los movimientos son impredecibles. Sigue dando dentelladas y me las veo negras para esquivarlos.Alba le golpea otra vez, ahora sale despedida hacia mi lado izquierdo, cae en una postura imposible. Parece que sigue "viva" pero sin poder mover el cuerpo. De rabia está arañando el suelo con los dientes, definitivamente no se puede mover.

 

Me recompongo, me acerco a donde ha caído y al colocarme  en cuclillas delante de ella contemplo a aquel ser. Hace ya bastantes horas que vi el primero, pero no dejo de sorprenderme cuando tengo uno tan cerca. Me mira odiándome, su única obsesión es quitarme la vida, siento compasión por la humanidad.Cojo un taburete, para no manchar los bates y la culata de la recortada que por supuesto me llevaré aunque esté sin munición, y le atravieso un ojo con una pata. Deja de moverse.

 

Ahora debemos asegurar el perímetro, no quiero más sustos hoy. Le doy las gracias a Alba por sacarme aquella criatura de encima con un beso en la mejilla, me dispongo a entrar por donde salió la bailarina erótica.Es un pasillo largo con habitaciones a los lados, es evidente, son las habitaciones donde complacían a sus clientes. Las dos primeras están vacías, camas deshechas, luces encendidas y poco más.

 

Pero en la tercera la cosa cambia, en la puerta hay claros signos de lucha, una mano ensangrentada anuncia un espectáculo para mayores de edad que no tengan el estómago débil. Abro la puerta muy poco a poco con mi bate bien agarrado, no quiero que me pase como con la stripper.Encima de la cama hay un tipo boca arriba, con el pecho lleno de sangre y la cabeza mirando al lado contrario al nuestro. Una mirada más detenida confirma que ese tipo ha sido atacado, pero no por esas cosas. Tiene una fea herida seguramente causada por la recortada que me llevaré.

 

Como no estoy para fiarme de nadie, cojo la llave que hay en la cerradura, en la parte de dentro y cierro la puerta por fuera. Asegurar el perímetro es mi opción primordial.Seguimos pasando por las habitaciones, el girar de las luces de "la pista de baile" se entrecruzan con la claridad de las bombillas en las habitaciones que voy comprobando. He ido cerrándolas según iba investigando. Tienen ventanas desde fuera y podría descubrirlo alguno de esos cabrones agresivos, eso sí, los más espabilados.

 

Cuando estamos comprobando la última habitación, casi se me sale el corazón por el pecho, mi teléfono ha sonado lo más alto que permite el volumen del timbre, lo hice para poder escuchar bien cuando me llaman pero me acabo de dar cuenta que no es muy buena idea.En un momento en el que pretendiese pasar desapercibido me habría condenado. Miro la pantalla, es un número de veinte dígitos, no tengo ni idea quién es. Mientras pulso en la pantalla la palabra Contestar, Alba inspecciona la última habitación, en ella hay una escalera metálica que sube al techo, a ella le parece práctico, atiendo la llamada:

 

- Hola ¿Quién es?

 

- Hola soy S, ¿Eres P?

 

- Ufff... Qué descanso eres tú... Sí soy P.

 

- Mejor que no hablemos demasiado por aquí, y sabes lo que B pensaba de esto. Tienes que hacerme llegar algo.

 

- Se lo llevaré en mano a la persona qué te ha dado el aviso. ¿Entendido?

 

-De acuerdo, me mantengo a la espera.

 

Cuelga. La llamada ha sido breve y concisa, supongo que tiene que ser así, ya sabemos lo de las escuchas telefónicas. Tengo que llevar el documento a la redacción para que Sara pueda publicarlo.

El número desde donde me ha llamado seguro que no era su casa. Era una centralita, ¿estará escondida en la oficina?

 

Mientras hablaba con la reportera, Alba ha encontrado una escalera que accede al tejado. Supongo que es la de servicio para arreglar el aparato del aire acondicionado cuando se estropee y demás elementos de mantenimiento. No estará mal poder echar un vistazo al patio.Esos seres llevaban un rato tranquilos con la puerta principal, pero no sé que debe haber pasado por allí que vuelven a las andadas, la aporrean arrítmicamente . No son tantos ni tan constantes como antes, pero hay unos cuantos. ¿Qué será lo que les hace saber que hay alguien con vida dentro del edificio? Es siniestro.

 

Subiremos a mirar nuestra posible ruta de huida.

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