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HOTEL CALIFORNIA

VICTORIO DIA II PARTE 1 (Capítulo 38)

 

Madrugar me sienta fatal, si toca trasnochar soy el primero que se siente agusto pero levantarme temprano para la reunión de hoy me mata.

 

Desayuno con mi mujer y mi hijo. Ella es profesora en un colegio concertado, fruto de los muchos contactos que he conseguido en todo este tiempo. No es que no sea válida, ni mucho menos, es trabajadora como la que más, pero un puesto en la escuela de referencia de la ciudad no se consigue del día a la mañana sin contactos.

 

Por una regla estipulada entre los dos, mi hijo Enzo no va al mismo colegio en que trabaja mi mujer. Disciplina e integridad son las bases para una educación ejemplar. No quiero tener un malcriado, nada más faltaría eso.

 

Mientras tomo el café, un informativo especial interrumpe la serie de dibujos animados. Hablan de la infección, las carpas del hospital están desbordadas, recibiendo a todas las personas que presenten los síntomas que dijo la Organización Mundial de la Salud. Mareos, entumecimiento de las articulaciones, fiebres altas y en el peor de los casos heridas de un "loco agresivo", son las causas más frecuentes para las que se acercan los afectados.

 

Dicen que desde ayer, las personas con la enfermedad más avanzada se les está poniendo en cuarentena en el polideportivo que se ha habilitado para ello. No quieren dar el alta porque la naturaleza de la infección es altamente contagiosa. Todavía no han enviado nadie a casa, los afectados se les diagnostica en la carpa del hospital y automáticamente los ponen en cuarentena en el polideportivo que sirve como hospital temporal.

 

El informativo explica que en los primeros casos, a algunas personas se les había enviado a casa a "reponerse". Pero, ahora dicen que eso no es posible sin tratamiento y que los casos de los que se tiene constancia la Policía Local de la zona irá a buscarlos para llevarlos a la zona de cuarentena.También dicen que si eres uno de esos casos, te persones tú en las carpas sin necesidad de esperar a que vayan a recogerte, pases el reconocimiento y  te enviarán a casa si no estás infectado.

 

Le quito ajo al asunto, no sin repetirles una y otra vez que si ven alguna persona que camina errante o perdida como si fuera un borracho, ni se les ocurra acercarse.Mi mujer y mi hijo me miran riéndose, creen que es una de mis paranoias de viejo, como dicen en muchas ocasiones cuando me paso de protector. Me voy ya, me despido con un sonoro beso a los dos y les recuerdo la advertencia de nuevo. Me miran mal.

 

Monto en mi MaseratiQuattroporte gris oscuro, es el vehículo que uso para moverme cuando hago de escolta, pero me gusta tanto que lo llevo a diario. El polideportivo está a unos treinta kilómetros de mi casa. Quieren que nos veamos allí para enseñarme algo. Eso dijeron en el mail que me enviaron.El camino está extrañamente revuelto, hay muchas ambulancias, también Bmw x5 que llevan los médicos del Servicio de Emergencias Médicas (SEM), sin olvidar los vehículos militares. La ciudad está tomada por ellos, es de ciencia ficción.

 

La gente deambula de un lado a otro, incluso he visto alguna pelea callejera. ¿Qué está pasando aquí? Las rotondas son controles militares, están parando a todo el mundo y les preguntan donde van.Puesto que, seguro que para ellos el polideportivo será un sitio donde me recomendarán no ir, mentiré. En cuanto me ven me dan el alto, paro, bajo la ventanilla y respondo tranquilamente que vuelvo a casa después de una larga jornada de trabajo.

 

Mis restos de acento italiano le hacen preguntar al agente donde vivo, "aquí al lado" respondo con total seguridad. Ya son años practicando el tono de voz fingida para dar credibilidad a mis palabras, puedes mentir, pero tiene que sonar tan convincente como si te lo creyeras tú mismo. En esto soy bueno.Un "de acuerdo puede seguir" y un adhesivo circular verde en la luneta delantera me permiten seguir mi camino. ¿Porqué tanto control?

 

Hasta llegar a las inmediaciones del polideportivo he encontrado lo mismo, peleas, altercados, gente corriendo de un lado a otro, definitivamente la ciudad está presa del caos. Una cosa me ha impactado de sobremanera, en la entrada del centro comercial de aquí al lado habían unos diez coches policiales cruzados y con las puertas abiertas, el tumulto de la gente  de alrededor no me ha permitido ver más.Voy despistado, casi alcanzo por detrás un coche que conducía una señora y ha parado en un stop. Solo me falta eso ahora. No paro de mirar hacia los lados, la locura es tal que hay bastantes accidentes. En unos veinte kilómetros, he visto cinco al menos. Naturalmente se han montado caravanas larguísimas.

 

A unos quinientos metros del polideportivo, otro control:

 

-Buenos días, el acceso está restringido. No puede pasar - me dice con voz autoritaria.

 

-Hágame caso caballero, lo que menos me apetece ahora mismo es estar aquí. Pero si no vengo, pierdo mi trabajo. He quedado con el padre .... Dígale que Victorio ya ha llegado.

 

-Lo siento señor, hago la comprobación rutinaria y le dejo pasar. - Me dice mientras su cara cambia hacia  una expresión más amable.

 

Otro militar porta una pértiga con un espejo redondo en la punta y mira los bajos de la gran berlina italiana. Cuando éste acaba, se aproxima otro con un pastor alemán, siempre he querido tener uno, son unos perros preciosos.El can se asoma por mi ventana olisqueándome, espero que no esté entrenado para encontrar estupefacientes. Sigue por el resto del elegante vehículo, no encuentra nada que le llame especialmente la atención. Ha olido un poco los neumáticos en un pequeño momento de recreo en su trabajo, pero supongo que estos tipos no le dejarán descargar su vejiga en el coche de un civil. ¿Qué buscan estos ahora con el marrón que hay?

 

Mientras el perro violaba olfativamente mi coche, el otro militar hablaba con un pinganillo que tiene en la oreja izquierda poniendo su dedo índice sobre él. Le han permitido mi paso, hace un gesto con la mano para que me acerque.

 

-Bienvenido Sr. Victorio. Si se fija, verá que en todo el recinto hay señales de evacuación, si hiciera falta haga caso de las instrucciones o en su caso del personal militar que hay dentro del recinto. Gracias.

 

-No se preocupe, mi trabajo y metodología no es muy diferente a la suya. -Somos dos mercenarios que ofrecemos protección por dinero, pensé por dentro.

 

Según voy entrando en el edificio deportivo, hay indicaciones por todos sitios por donde las "visitas" tienen el acceso restringido. Al fondo hay lo que parece ser un almacén de comida, latas de conserva, confitura, sacos de arroz o algo así... Será para los enfermos que hay dentro supongo. Dijeron en las noticias que aquí pasaban la cuarentena.

 

Voy siguiendo las indicaciones, un tipo de verde con un rifle de asalto me indica donde debo estacionar. Aparco el coche y en un momento de despiste del guarda, habla con otro que viene con una carretilla elevadora y un palet de comida, cojo mi pistola y la guardo en la cartuchera que llevo debajo de la americana. Estos tíos van armados y yo no seré menos.

 

Salgo del coche y pregunto al tipo del parking:

 

- ¿Ha llegado ya el padre .... y su séquito?

 

- Me han informado que acaban de entrar en el recinto.

 

Saco un cigarro de mi paquete de Marlboro y lo enciendo con una gran calada. En mi coche no se fuma y necesitaba este cigarro para digerir todo lo que estaba pasando desde que me levanté.

 

El militar se dirige a mi:

 

-Señor, aquí no se puede fumar. - me dice el niñato con aire faltón.

 

-¿Qué? Tú no sabes con quién hablas gilipollas... –Contesto rápidamente.

 

Pero, ¿quién coño se cree este imbécil? Me acerco y le agarro de la pechera, en ese momento aparece en el horizonte el vehículo de ellos. Me muerdo la lengua mientras suelto a ese idiota, no pueden verme haciendo estas cosas, bastantes problemas he tenido gracias a mi colérico carácter.Disimulo dando otra fuerte calada, otro soldado me da una máscara de gas y me recomienda que me la ponga. Del vehículo salen los escoltas con máscaras también y los obispos detrás.

 

Llevan unas llamativas máscaras de cuervo como las que usaban los médicos en la época de la peste negra. Ellos son así, saben que algunos médicos murieron por llevarlas, ya que no resguardaban del aire infectado porque lo único que ponían en los largos picos eran hierbas aromáticas, así que pidieron que se las modificaran para que fueran útiles como máscaras de gas.

 

Su llamativo atuendo no acaba aquí, portan unos sombreros negros con grandes alas, una gran túnica de piel negra, guantes de piel a juego y un bastoncito. Éste lo usaban para comprobar si el paciente estaba vivo aún. Vaya época debía ser aquella.En muchos escritos de la época, hablaban también del “poder disuasorio” que poseían esos atuendos. Era como si llegase la muerte al lugar y curiosamente son la inspiración de la mayoría de máscaras en los carnavales de mi querida Venecia. Recuerdo siendo pequeño, haber ido y mirar con curiosidad aquellas piezas llamativas y de colores. Ahora, ellos las usan para venir a visitar a estos pobres diablos infectados.

 

Me invitan a pasar con ellos. Son tres. No sé quien es a quien vengo a ver, es cuanto menos curioso. Al pasar hacia dentro del edificio me doy cuenta que han modificado severamente las instalaciones. En la entrada, un módulo de aluminio separa una especie de salita con un banco y una máquina expendedora de café. Parece ser una sala de descanso para el personal.

 

Al otro lado, unas camas para los enfermos. No hay demasiados después de lo que dijeron en las noticias, pensaba que habrían muchos más. Están atados a las camas de pies y manos, parecen camas de hospital psiquiátrico. Me acerco al cristal a mirar. Pongo las manos a los lados de mi cara para que el reflejo del cristal me permita ver algo.

 

Una mano se posa en mi hombro izquierdo y me dice una voz tranquila:

 

-No se preocupe Victorio, tendrá las respuestas que busca. Síganos por favor.

 

Seguimos caminando por los pasillos totalmente independientes a la sala de las camas, separados por unos muros prefabricados en aluminio blanco y con la mitad superior acristalada. Las enfermeras que también lucen unas máscaras de gas que las hacen bastante tétricas a la vista, se mueven de un lado a otro por dentro del gran dormitorio.Llegamos a una sala con una gran mesa y unas veinte sillas al menos alrededor. Cierran la puerta, una voz desde megafonía dice:

 

-Ya pueden quitarse las máscaras caballeros.

 

Los cuervos hacen lo propio, me libero de aquella sensación angustiante de claustrofobia. Ahora ya sé quien es el padre, llamémosle José, no es su nombre real evidentemente, pero lo usaré para referirme a él. Me acerco a estrecharle la mano, lo conozco desde que yo era un mocoso “pelapatatas”, me ha ayudado muchísimo tanto profesional como personalmente.

 

-Me alegro de verte Victorio.- Se dirige a mí.

 

-Gracias Padre.

 

-No es muy agradable el tema de la reunión de hoy pero tenemos que hablar contigo todos los que representamos a la Santa Sede. Tanto ellos como yo teníamos muchas ganas de hablar contigo, necesitamos que hagas algo por nosotros y  después te explicaremos qué es todo lo que has visto ahí fuera. La situación es muy delicada, puede que nos enfrentemos a algo que la humanidad no ha sufrido nunca. Tenemos que ser muy cautos e intentar paliar esta crisis lo antes posible, no queremos que se convierta en una epidemia mundial.

 

-No le entiendo páter.

 

-La enfermedad que han causado nuestros experimentos en el orfanato de los chicos se ha descontrolado, es un agente poderosísimo que hasta el momento no hemos podido paliar. Su mortandad es letal, una vez la persona queda contagiada no podemos parar la infección y muere sin remedio. Lo peor de todo es que ese no es su fin. Lo que sea que hace que la gente no dure más de veinticuatro horas una vez infectada no muere con el sujeto y éste resurge de su supuesto descanso definitivo, convirtiéndose en un ser agresivo, inhumano y sediento de sangre.

 

Sus constantes vitales desaparecen, no tienen pulso, sus órganos no funcionan, la piel se vuelve azulada, su aspecto es totalmente cadavérico pero su cerebro, o parte de él al menos, sigue funcionando. No sabemos porqué aún, pero es así. Y todo a sido por tu culpa y la de tus secuaces. A cual de ellos más inútil, es incomprensible que se os escapase el chico. Después a los militares se les escaparon aquellos infectados, nadie los paró, nadie sabía la amenaza que suponían. El médico inútil aquél… ¿cómo se llama?

 

-Lehman, padre. –respondí preocupado.

 

-Aquel imbécil sabía todo lo que pasaba allí dentro y no se le ocurrió pedir más seguridad, más control. No lo entiendo, de verdad. La situación es realmente preocupante. Pero vas a tener una segunda oportunidad aunque no te la merezcas. ¿Recuerdas el primer chico que se fue?

 

-Sí padre.

 

-¿Peter?-preguntó esperando mi confirmación.

 

-Sí padre.- Era lo único que podía decir en ese momento.

 

-Después de que se montara todo el motín, estuvimos buscando indicios entre los pocos supervivientes. Los dos médicos están desaparecidos, increíble. Nos llevará meses descifrar los estudios y análisis que hicieron a los chicos esos días antes. Se les dijo bien claro que compartiesen en todo momento los resultados con los médicos militares que se les asignaron y de ¿de qué sirvió? De nada. Como siempre. Los investigadores descubrieron algo en una de las camas del dormitorio. Es una carta. Va dirigida a uno de sus compañeros que consideraba “su hermano” la carta dice así:

 

“Patrick, no te preocupes estoy bien. Es sólo una estrategia para salir de aquí, no podía correr el riesgo de que te pasase algo intentando que te fugases conmigo. He provocado el ataque a propósito y si todo a salido según lo previsto, estoy lejos de aquí planeando como te sacaré.

Sé fuerte, no te preocupes por mi, sé apañármelas solo, ya me conoces.

La vida nos ha privado de la libertad, pero lo conseguiremos hermano. El mundo es muy grande para que solo veamos esta parte. No te desanimes o me destrozarás.

No pienses en el día en qué iré a buscarte, haz cosas que te entretengan mientras y así mantendrás la cabeza despejada porque te necesitaré en plenas facultades para sacarte de ahí.

Deshazte de esta carta o nos desbaratarán el plan.

Antes de lo que esperas estarás fuera. Confía en mi.”

 

-Y esto me pone más furioso aún. No solo os tomaron el pelo unos adolescentes con granos que solo pensaban en masturbarse y fugarse para hacer cosas guays, sino que además dan por hecho que os liarían y conseguirían salir como si tal cosa. Y de esto, vosotros no teníais ni idea… -Se lleva las manos a la cara, está muy nervioso, sé que ahora esto no sirve de nada, pero efectivamente estaba rodeado de inútiles.

Y aquí estoy, aguantando la bronca de la única persona de la que la soportaría sin romperle la cabeza. Esos bastardos llevaban tiempo intentando escaparse y no lo vimos, que ciegos estábamos joder.

 

-Pero como te he dicho, tendrás tu segunda oportunidad. Tanto Pete como su hermano pagarán las consecuencias de lo que hicieron. A mi nadie me jode sin pagarlo y ellos no serán los primeros. Puestos que no sabemos hacia donde puede llegar esta epidemia, tenemos un búnker que estamos llenando de provisiones para aguantar meses, incluso años. No podemos arriesgarnos a que una guerra mundial o quién sabe qué puede pasar aquí, acabe con uno de los miembros importantes de la Santa Sede. El mundo puede caerse a trozos pero nosotros seguiremos al pie del cañón. En ese búnker puede haber sitio para ti y tu familia si me los traes. Vivos o muertos, eso es decisión tuya, pero los quiero. Si se han convertido en una de esas cosas puede que te den menos trabajo.

 

-Pero… ¿cómo voy a localizarlos?

 

-Las placas de identificación que llevaban en el cuello tienen un localizador. No son tecnología punta, es más, en nuestro mapa general ni siquiera podemos distinguirlos en 50 kilómetros a la redonda. No íbamos a gastarnos el presupuesto en algo que estaba simplemente para evitar que salieran de la comunidad autónoma o del país. Sabemos que los dos están por aquí alrededor pero no exactamente, ya que todos los niños infectados están por las cercanías y naturalmente también tienen las dichosas placas. Con este reloj sabrás cuando tienes uno cerca, un kilómetro, quinientos metros, centímetros… Solo uno de ellos salió de dicha zona, no tardamos mucho en encontrarlo. El problema es que todos están por aquí alrededor, eso hace la búsqueda titánica. En una ocasión, dos de tus compañeros dieron el aviso que al pasar por al lado del hospital, el reloj pitó. Entraron a averiguar que pasó y nunca más hemos sabido de ellos. Confío que esto no te pasará a ti.

 

Acerco la mano y cojo el reloj. Mi misión ha vuelto a los principios, me recuerda a cuando empecé aquí.

 

-¿Tengo qué avisar a mi familia?

 

-De eso no te preocupes, ya nos hemos encargado. No los verás hasta que me traigas lo que quiero, mientras cuidaremos de ellos, te necesito despejado y letal como antes. Nada de distracciones.

 

 

 

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1 comentario

LosMundosDeAfry -

uoooooooooooo!!!
cada vez esta mas interesante! que impaciencia leer el proximo capitulo!!!
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