Blogia
HOTEL CALIFORNIA

VICTORIO DIA II PARTE 2 (Capítulo 39)


 

Salimos de aquella sala después de aguantar el sermón y nunca mejor dicho del Padre. Volvemos a salir a las zonas comunes, así que las máscaras se tornan obligatorias de nuevo.

 

-Ven Victorio que te voy a enseñar a qué te enfrentas.

 

Vamos a una de las habitaciones que se debían usar como cuarto de mantenimiento. Está vacía, solo hay una urna de cristal opaco al fondo, dentro de él, un tipo desaliñado y confuso olisqueando el aire y visiblemente nervioso. El padre indica a uno de los militares con el pulgar alzado. Éste aprieta un botón de un cuadro de mandos que tiene delante. De repente el cristal más cercano a nosotros se levanta, de la urna sale el ser tensando los brazos y abriendo la boca negra directo a atacarnos, me he llevado un susto de muerte pensaba que se nos echaba encima. Así que he sacado mi arma de la cartuchera y cuando lo tenía a menos de medio metro le he disparado en el pecho haciéndole retroceder un metro y medio del impacto de la bala. El Padre pone la mano sobre el cañón humeante de mi pistola y la baja con suma paciencia.

 

-Mira esto.- Me dice mientras el ser se levanta.

 

Nos mira furiosamente con los ojos muertos y blancos, vuelve a lanzarse contra nosotros con una fiereza inusitada. Tiene un agujero en el pecho del balazo que le acabo de propinar pero él sigue intentando destrozarme a mi y a todos los que estamos en la sala. Cuando está a escasos centímetros de nuestra posición, un cable grueso de acero que lleva atado a la cintura y yo no había visto, impide su acercamiento más de lo debido.

 

-¿Ves contra qué te enfrentas?- El no muerto sigue dando dentelladas al aire intentando alcanzarnos. –Solo se les detiene de una forma.

 

Pide un arma a uno de los guardas de detrás y hace explotar la cabeza del muerto viviente de un certero disparo entre las cejas. El cuerpo sin nada por encima del cuello, cae desplomado en una compota de sangre y sesos. Ha reventado como una sandía.

 

-No son listos, ni hábiles, ni siquiera pueden hablar, pero su fiereza y valentía los hace temibles. Nunca te confíes,  y recuerda, los disparos en la cabeza.

 

Le devuelve el arma al vigilante de la puerta mientras miro horrorizado el cuerpo maloliente y putrefacto de aquel asqueroso monstruo que quería destrozarnos. Desde luego que son mucho peores de lo que me esperaba, no es la primera vez que me toca hacer un trabajo sucio, incluso matar a un par de adolescentes por la venganza de un viejo loco con sobredosis de poder me parecía fácil hasta que vi a qué me enfrento. Tendré que ponerme las pilas.

 

El padre José (como dije anteriormente no es su nombre verdadero) me conduce a la sala donde están todas las camas con los enfermos. Se acerca a mi y se asegura que lleve la máscara bien puesta.

 

-¿Es necesario? Lo de la máscara… -Pregunto extrañado.

 

-Realmente no lo sabemos, lo único que hemos descubierto es que la infección se contagia por los fluidos, de eso estamos seguros. Por eso esos cabrones intentan morderte, cuando lo consiguen las fiebres son muy altas, sufres alucinaciones, te duelen las articulaciones, pierdes la orientación y a las veinticuatro horas más o menos mueres como te dije antes. Pero una muerte “no definitiva”, así que ándate con mucho ojo. Un arañazo, un salpicón de sangre en un ojo, en la boca, en cualquiera de tus fluidos te condenará, puedes durar más o menos, pero de esta no te salva nadie. Así que lo de la máscara, es decisión tuya… Si quieres probarlo, nos harías un favor a los demás. Piensa que en el primer foco de infección, la dosis se administraba en forma de gas, los que habrían sido los pacientes cero. –Me dice con voz metálica debido al retumbar dentro de la máscara de cuervo que él no se ha quitado.

 

Entramos en la sala, los pacientes de las camas emiten un gruñido sordo parecido a un lamento cuando nos aproximamos a ellos. Miro estupefacto sin llegar a entender que es eso. Al girarme hacia la posición del padre, éste me explica:

 

-No son pacientes sanos. Son no-muertos que tenemos aquí para estudiarlos. Con los pacientes no hay esperanza, después te enseñaré que les pasa a los infectados. Estos que ves aquí son nuestros conejillos de indias, estamos buscando cura, remedio o como quieras llamarlo a esto. Fuera de aquí ya se le conoce como “Fiebre Española”, así lo han bautizado fuera de nuestras fronteras. Entre el personal que ves aquí, hay gente de todo el mundo. Si hay algo de lo que nos sentimos especialmente orgullosos es de nuestro voluntarios, allí donde se les necesita, están.

 

Pasamos al lado de un médico con bata blanca, guantes de látex y máscara de gas que trata a un “paciente”. El Páter le da un golpecito en el hombro en señal de coleguismo. Este se gira y asiente con la cabeza.

 

-Pero, estamos muy atrasados. Es una investigación que podría llevarnos años y pretendemos solucionarlo en… ¿cuánto hace de los primeros brotes? Diez días… Puede que ni eso… Estás ante el campo de cultivo más letal y terrorífico del mundo. Es la única forma que tenemos de investigarlos y no hemos conseguido nada. Sabemos que es el cerebro el que manda sobre todos los órganos cuando se convierten en… o mejor dicho, se levantan después de. Así que lo único que hemos descubierto es que un tiro en la cabeza los mata. Guau, qué novedad, un humanoide que muere si se le destruye la cabeza. Siento no poderle ser de más ayuda, supongo que descubrirá usted más en el campo de batalla que nosotros aquí. Estamos haciéndoles pruebas de “vivos”, joder, es lo que estudiamos todos en la facultad de medicina. Incluso, en uno de esos momentos de humor macabro, se pidió que vinieran forenses también. Los pocos disponibles, es un buen momento para sus negocios, no nos han aclarado más. Los que tenemos aislados en salas sin “comida”, sin bebida, sin nada. Permanecen en un estado de semiconsciencia mirando a la pared o a la puerta, les da igual. Pero en cuanto entra un ser vivo, salen de su trance y no paran hasta que acaban con su vida. No envejecen, no se pudren más de lo que están, naturalmente quedan dañados por las peleas, uno de ellos perdió un ojo cuando le arrancó la vida a un gato que metimos en la sala. No sintió dolor, no se quejó y lo que es más increíble desde entonces ve y siente igual que los otros dos.

 

Me dice que le acompañe a la sala de los tres asesinos. Es una sala oscura, como un interrogatorio. Han instalado un espejo para que ellos no nos puedan ver pero nosotros sí. Nos metemos en la sala, la de los observadores, miro fijamente a los tres sujetos. Están cada uno mirando a un sitio, el tuerto está delante del espejo, mueve el labio superior como con unos tics nerviosos y mira hacia arriba. Da la sensación que sepa que estamos aquí. Es curioso, si tuviera que describir una característica común en todos ellos, sería sin duda los ojos blancos y sin vida. Los hay más putrefactos, más “frescos”, más rápidos o más lentos, pero sin lugar a dudas algo que tienen todos es esa mirada.

 

-Páter ¿puede qué noten que estamos aquí? –Pregunto mientras lo miro a través del espejo.

 

-Buena pregunta. Yo también lo he pensado, las cámaras que los graban nos demuestran que cuando están más tranquilos es cuando no hay nadie alrededor. Si alguien se acerca, aunque no entre ni en esta sala que estamos, hemos comprobado que no hay forma de que sepas si hay alguien aquí desde donde están ellos, se comportan diferente. Se ponen nerviosos, si es que esas cosas conservan los nervios aún.

 

-¿Entre ellos no se atacan? –Pregunto mientras ladeo la cabeza, buscando porque siguen vivos si tienen pinta de estar jodidamente muertos.

 

-Atacarse no. Cuando comparten comida, cada uno de ellos tira hacia su lado pero no se atacan ni se muerden. Ya lo hemos pensado no creas, sería ideal que se matasen entre ellos. Parecen entender quién está infectado y quién no. Hay muchas cosas que desconocemos, tienen un oído extraordinario, no tienen sentido del tacto y de la vista, la verdad es que no tenemos nada claro. Los médicos que han estudiado los primeros infectados están casi todos atados a las camas del dormitorio, así que ya te puedes imaginar como acabaron. La masacre entre los médicos ha sido brutal, casi todos murieron en las setenta y dos horas siguientes al “paciente cero”, si es que éste algún día existió.

 

-Bueno páter.- le digo mientras me paso la mano por mi media melena- Creo que tengo más información de la que desearía, creo que voy a enfrascarme en mi misión ya mismo, es difícil de digerir todo esto.

 

-Entonces… ¿no quieres que te enseñe donde acaba la gente infectada? No estos que tengo aquí, sino los que llegan de las carpas del hospital.

 

-No gracias, no creo que sea necesario. En cuanto tenga alguna novedad se la haré saber.

 

He cogido el localizador. Esos cabroncetes serán míos, lo tengo clarísimo, debo llevarme a mi familia al búnker que tienen preparado. No son tontos y se estarán preparando uno de los sitios más seguros del planeta si esto va a más, cosa que no me sorprendería viendo las características y la crueldad de nuestros enemigos. El Padre ha salido, habla con el militar del parking provisional donde tengo el Maserati. Enciendo el gran V8 de 440 cv de potencia, me encanta el sonido del motor y el soldado que habló con el páter, me indica que pase por la parte de detrás del edificio, el suelo es de un barro marrón rojizo que me costará sacar cuando lave el coche. Al fondo, una excavadora con una luz giratoria naranja, tira unos paquetes a un foso.

 

Según me voy acercando empiezo a entender que son. Son unos paquetes blancos, alargados, con la movilidad de un cuerpo humano y una mancha roja negruzca en un extremo. Qué hijo de puta, el padre ha querido darme el último encargo, él quería enseñarme su propia versión del infierno sobre la tierra. Esto es obra suya, seguro. Sino, no habría insistido tanto en que lo viera. A escasos metros del foso, una especie de cabina de teléfonos de plástico, como el que se usa en los invernaderos, grotescamente manchado de sangre. Seguro que los meten allí para darles la curación final y después una sábana y al agujero común. Joder, es como si estuviera viéndolo. Una montaña de zapatos, bolsos y objetos personales se postra como un homenaje macabro y rastrero a los muertos que están allí enterrados. Me ha dejado muy mal cuerpo.

 

He firmado un pacto con el diablo en persona.

 

Me voy a casa a prepararme para dar caza a esos bandidos.

 

 

 

¿Y esta publicidad? Puedes eliminarla si quieres

3 comentarios

Tara -

Me ha encantado todo lo que he leido!Espero el próximo capítulo con ansias!! Un saludo a todos aquellos que x las noches sueñan que matan zombies! Ah! Jesús Alvarez? Sos grande!!
¿Y esta publicidad? Puedes eliminarla si quieres

luzzi -

Pero si ellos no son bandidos, estaban siendo usados de forma inhumana para experimentos. En contra de su voluntad, bueno sin su conscentimiento

Burraco21 -

Genial...como los demás capítulos!!!Un saludo!!!
¿Y esta publicidad? Puedes eliminarla si quieres