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HOTEL CALIFORNIA

PATRICK DIA X PARTE 3 (Capítulo 40)

 

Hemos subido a una pequeña colina con las Aprilias para ver que es lo que se cuece en el polideportivo. El ruido de los camiones y las ambulancias no nos permite escuchar nada de lo que pasa allí abajo. Al menos al estar en una posición elevada, vamos viendo lo que acontece allí abajo.

 

Llevamos una media hora aquí arriba y no ha pasado nada especial. Entran vehículos y salen por la puerta del muro, las ambulancias entran rápido por la calle de abajo, después salen por otro lado, hacia arriba. Lo único que ha llamado nuestra atención ha sido un par de disparos o algo parecido que ha salido de una de las salas a juzgar por la luz que se ha visto por la ventana. Primero ha sido uno que nos ha llamado la atención y unos segundos después el otro. ¿Esto no es un hospital provisional para que los enfermos estén en cuarentena?

¿A qué vienen esos ruidos?

Jared me indica con un suave movimiento de cabeza, que será mejor que nos vayamos, estar aquí cada vez es más peligroso. Bajamos la colina, hay un control, nos paran.

 

-¿De dónde vienen caballero?- le preguntan a Jared.

 

-Venimos de dar una vuelta por el campo, ahora volvemos a casa.- Dice con una tranquilidad pasmosa.

 

-Esta zona está restringida desde hace 48 horas, ¿Por dónde han pasado ustedes?- quieren bronca, se nota.

 

-Mire señor, nosotros hemos pasado por aquí hace unas horas y no había ningún control, por tanto hemos pensado que podríamos seguir. –Apunta en dirección al comienzo de la pista de tierra.

 

-Mire, circule, si los volvemos a ver por aquí me veré obligado a detenerles. Es una zona restringida, no pueden estar aquí. Desaparezcan, vamos.

 

Jared se está poniendo de los nervios con aquel tipo que cada vez que formula una nueva pregunta se le acerca más a la visera del casco. Es increíble, el mundo cayéndose a cachos y estos imbéciles provocando. Dale un cargo a un idiota y éste lo multiplicará por diez al instante.

 

Es un chico joven, de la edad de Jared. Tiene un gesto burlón en la cara y mastica chicle con la boca abierta. Apunta la órdenes que da con el cañón del rifle y provoca mirando con desprecio. Sabemos que el control no estaba porque estábamos vigilando desde arriba, pero naturalmente, eso ahora no se lo podemos decir.

 

Le pongo la mano en el hombro y le digo con un gesto con la cabeza que es hora de irnos. Jared, mirando fijamente al imbécil baja su visera, proseguimos el viaje. Le entiendo, es más, en mi caso a lo mejor no le habría aguantado tanto, pero a mí no me pueden encontrar, les encantaría poder despedazarme si me vieran.

 

Cuando nos disponemos a salir, el militar imbécil le hace un gesto al compañero simulando una gallina. Jared no lo aguanta, tira la moto al suelo y se abalanza sobre él, antes de que el compañero pueda apuntarles con el arma, salto encima del otro militar y le doy un cascazo en la sien. Cae desplomado. Jared está dándole puñetazos en el suelo al militar, primero con una mano y después con la otra. Me recompongo y me acerco para que pare, si sigue lo matará.

 

-Vamos Jared, esto no ha sido buena idea, vámonos. –Grito estirándole de la manga de piel.

 

Sale de su trance agresivo, le cojo de los hombros y lo dirijo a su montura. Se sube en la Aprilia, a través del casco escucho que respira aceleradamente, está muy nervioso.

Espero a que reanude la marcha y le sigo. Nunca le había visto así, su reacción ha sido explosiva.Supongo que iremos directamente al desguace, aquí ya no hacemos nada. Me acabo de dar cuenta que al tirar la moto al suelo he roto la maneta del embrague, no es que sea muy grave, pero es que las dos motos estaban impecables y en la primera incursión en territorio hostil, me la cargo, ya me vale. Bueno, ahora cuando lleguemos lo arreglaré. Cambiar una maneta es fácil.

 

Según vamos llegando a la carretera que conduce a nuestro destino, el tráfico aumenta. A nosotros nos da igual ya que con las motos sorteamos los coches sin problema, pero no sabemos si han avisado de nuestro ataque a los controles que hay en las rotondas. Dos chicos juntos en moto, no son muy difíciles de encontrar con todo el control que hay.A apenas unos metros de llegar a nuestro curioso hogar, hay un camión de reparto de cerveza volcado en una rotonda. ¿Cómo ha hecho eso? La cola no es muy larga, así que parece bastante reciente. Sorteamos el tráfico quedándonos cerca de la pequeña cabina, el conductor es un tipo joven treintañero, con barba de dos días, moreno y está desmayado. Otro chico joven que conduce un Opel Astra que lo ha visto todo en directo le explica a otro conductor lo que ha pasado:

 

-El camión ha venido sin frenar, totalmente descontrolado y muy rápido. Ha embestido a aquella señora con el Ford Kuga que ha volcado en cuanto se ha subido en la rotonda.- Dice acelerado el conductor con pinta de delincuente.

 

Nos asomamos por encima de la carga esparcida por el suelo y la maltrecha lona del vehículo, efectivamente allí está el Ford con un brutal golpe en la trasera, se ha empotrado contra la valla exterior que delimita la circunferencia de la rotonda.Nos acercamos a ver como está. El manchurrón de sangre sobre el salpicadero no da demasiadas esperanzas. Al parecer, no llevaba puesto el cinturón porque se ha destrozado la cara contra el volante. Miramos aquel espectáculo dantesco a solo unos metros de nuestro hogar.

 

-Vamos a casa Patrick , desde allí llamamos a la ambulancia o a la policía para que vengan a ayudar a esta gente, nosotros no podemos hacer nada ya, si nos ven aquí nos detendrán. –Dice Jared nervioso.

 

Justo volvemos a encender el motor de nuestras monturas y al darme la vuelta para comprobar que no viene nadie, veo al tipo con pinta de delincuente robando cajas de cerveza del camión volcado. Qué triste, aprovechar la ocasión para llevarte un mísero pack de cerveza. Vamos hacia el desguace y guardamos las motos en el parking. Desde el teléfono de la oficina llamamos para avisar que hay un accidente delante nuestro y que hay heridos. Una chica le dice a Jared que ahora enviarán a las patrullas a la zona.

 

Entramos a explicarle a los chicos todo lo que hemos visto y nos damos cuenta que en la puerta hay un Gran Coupé americano naranja. Han venido Mikey y Gerard a vernos.

 

 

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