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HOTEL CALIFORNIA

PETE DIA XI EN EL EXTERIOR PARTE III (Capítulo 43)

Después de hablar con Sara y que Alba descubra una escalera que sube al tejado, nos hemos puesto a buscar comida dentro del local. Hay una especie de cocina al final de las habitaciones y una salita con televisión, nevera pequeña y un par de sofás. Hemos cogido nuestras cosas y las hemos metido en la habitación Hawaiiana, tiene una decoración muy surfera, una tabla es el cabecero de la cama, el suelo es de madera de cerezo, las paredes están forradas con fotos de olas y el mar. Lo que comúnmente sería una horterada, pero como está al lado de la cocina y me ha hecho gracia, nos instalaremos aquí.

En la cocina nos hacemos la cena, huevos con bacon, no es gran cosa pero al menos comeremos bien y repondremos fuerzas para mañana. No pienso salir de aquí de noche y menos lloviendo. El plan es subir a ver el panorama, buscar una salida de escape, una escalera, un sitio por donde se pueda saltar, lo que sea menos salir por la puerta principal. Mientras comemos miro a Alba, es una chica preciosa, han sido unos días difíciles para los dos, lo que más me sorprende es que conserva el sentido del humor y el optimismo. Cualquier idea, por descabellada que sea, ella le encuentra el lado bueno, eso me ayuda muchísimo porque yo soy igual. He tenido la suerte de tener a alguien así a mi lado. Hace un par de horas, sus padres le enviaron un mensaje. Donde tienen la casa de verano el ambiente está más tranquilo, ellos fueron en tren, ya que este funcionaba mejor que las carreteras. Están allí y dicen que vayamos. Es una buena idea, pero antes tenemos cosas que hacer.

Las luces destellan de vez en cuando de una forma sospechosa, supongo que será por la tormenta. No es demasiado tranquilizador pero no se ha ido al menos la electricidad, pueden ser simples subidas y bajadas de tensión. O que el local, que no tiene pinta de ser muy nuevo, no tenga una instalación precisamente moderna.

Cuando acabamos de cenar salgo un momento al bar, esos cabrones siguen aporreando la puerta como si les fuera la vida en ello. Bueno, mejor dicho la muerte. Me acerco detrás de la barra, esquivando a mi sexy atacante sin cabeza, con sus euros metidos en el tanga, curiosa imagen, y con un precioso sombrero de taburete que yo mismo fabriqué, a veces me sorprende mi buen gusto y sentido de la moda. También paso al lado del camarero descabezado, elijo una botella de ron… ¿qué tal un Havana Club Añejo Especial? Suena bien…

Vuelvo a la cocina, cojo a mi acompañante de la mano, un par de vasos y una Coca Cola, sé que es un delito mezclar esta botella ,que tiene pinta de ser cara, pero ¿qué más da ya? Y la dirijo a nuestra “romántica” habitación.

Entramos, tal y como sirvo la primera copa, Alba se acerca a la puerta, la cierra por dentro con llave. Se me había pasado por completo, tenemos asegurado el perímetro, estamos solos y todas nuestras cosas las tenemos dentro, pero el simple despiste ese podría enviar todo al traste . Mujeres. Bebemos toda la noche como si no existiera el mañana, contamos anécdotas y dormimos juntos en la gran cama coronada con un gran espejo. Cosa del show, supongo.

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