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HOTEL CALIFORNIA

PETE DIA XII EN EL EXTERIOR PARTE 1(Capítulo 44)


Nos hemos levantado sobresaltados, alguien aporrea la puerta sin control. Emborracharnos anoche nos ha hecho dormir plácidamente, demasiado diría yo, y no nos hemos dado cuenta que esos cabrones han roto la puerta, así que están dentro del Club. Joder. Una cosa tengo clara, en este momento no existen las treguas, te despistas un momento y te comen, literalmente. Al escuchar el primer golpe mi reacción ha sido automática, he saltado sobre Alba, la pobre se ha llevado un susto de muerte y le he puesto la mano en la boca para que no grite. Esos no pueden saber que estamos aquí, ese de fuera cree que hay alguien, pero no podemos dárselo tan fácil.

-Lo siento, lo siento.- Susurro al ver el susto que se ha llevado.

Le indico con la cabeza la puerta. Anoche cuando cogí la botella de Ron, no daba la sensación que la entrada principal fuese a ceder, menos aún con la máquina tragaperras que pusimos delante atravesada. La ventana de detrás del cabecero de la cama de  nuestra habitación tiene barrotes, ayer nos pareció una gran idea porque así ellos no podrían entrar, pero hoy es diferente, ahora nosotros queremos salir. Me asomo, la parte de detrás está totalmente desierta, es una explanada de piedras de río. Tiene la entrada del almacén y lo que supongo, serán los coches de las chicas o de la gente que trabajaba aquí.

Esta puerta no aguantará lo que soportó la de fuera ni de broma, es una puerta de madera, como las que se usan en casa para un dormitorio normal y corriente. Tiene una cerradura, que Alba bloqueó desde dentro al entrar ayer, pero poco más. Yo diría que el tipo que la aporrea es uno solo y no es demasiado fuerte. Retumba en todo el local el sonido, así que de alguna forma sabe que estamos aquí, ya que fuimos asegurando todas las puertas y solo golpean en esta. Malditos cabrones. Tenemos que hacer algo, joder.

-Alba, la escalera estaba en la sala de la cocina verdad.- Le susurro indicando que cuando conteste lo haga en voz muy bajita.

-Sí. Pero salir ahora es un suicidio, no sabemos cuantos hay aquí. Imagina que han entrado todos los que estaban en la puerta principal. ¿Y la puerta trasera? La de la cocina que sale al patio este que vemos por la ventana de la habitación. Podría ser una solución ¿no? –Susurra ella. Con cara de preocupación.

Me asomo por la ventana, el patio trasero está cercado por una alambrada metálica de unos dos metros de altura, al final de ésta, una puerta entreabierta. Supongo que no les habrá llamado la atención por estar lejos de la entrada, es donde está todo el lío de la carretera cuando tuvimos el accidente. Podría ser la salida. También una posibilidad sería optar por subir la escalera al tejado e inspeccionar como está toda la zona desde una posición elevada. Era la idea principal, pero siempre sin contar que estos podridos burlasen la entrada. ¿Cómo coño lo han hecho? Encima tengo la boca seca como una suela de zapato. Y beber agua de la pica donde los clientes se lavaban sus… Me da bastante asco…

Si no hubiesen entrado, habríamos subido por la escalera al tejado, sin carga ni nada, pero ahora llevamos mochilas, bates, la recortada que le cogí al tipo de la barra y no sabemos que vehículo usaremos para huir de aquí. Lo que está claro es que tenemos que irnos ya o mañana por la mañana, no pienso arriesgarme por gusto a pasar la noche en la intemperie. Somos dos y es muy difícil escondernos o pasar desapercibidos con esos monstruos acechándonos. Me acerco a hablar con Alba:

-¿Qué hacemos? Nos vamos hoy o nos esperamos a mañana… -Susurro.

-No lo sé, ¿y si la puerta no aguanta a mañana y entran esta noche? Aquí dentro si que no tenemos ninguna posibilidad o si pasan y nos tenemos que ir en medio de la noche. También se podría ir la luz, recuerda los destellos que daba ayer cuando cenábamos en la cocina. Por una parte me gustaría irme ya Pete. No estoy tranquila, cuanto antes nos vayamos de aquí, mejor. Puede que algún coche de los de ahí fuera tenga las llaves aún y podamos llevárnoslo. Sé que es remoto y arriesgado pero es que no nos queda otra. –Me dice visiblemente preocupada.

Planeamos cual es la forma más sensata de salir de aquí, se me hace extraño usar la palabra sensata para describir la acción que nos vemos obligados a hacer, susurrando como dos adolescentes que no quieren que sus padres se enteren que han dormido juntos. Está claro que con todo el equipaje que llevamos no podemos intentar subir por la escalerita metálica que conduce al tejado, así que nos tocará correr y un buen rato además. Quiero que ella esté lo más lejos del peligro posible, debemos cubrirnos los dos y seremos de más ayuda para el otro si nos organizamos.

Salir de aquí ahora tendremos que hacerlo de la forma más basta y demencial, no sabemos cuantos hay ahí fuera, y con un bate de béisbol… Madre mía.

Empaquetamos las cosas de nuevo y cogemos lo esencial. Un par de mochilas, en la mía llevo la escopeta sin cartuchos, una para cada uno, los bates y poco más. Es momento de relajarse, respirar hondo e intentar no cagarla. Es difícil concentrarse con ese cabrón insistente golpeando la puerta, cuando para unos segundos y pensamos que se ha ido, vuelve a decirnos con sus porrazos a la madera que está ahí para matarnos. Es de locos. Primero Alba abrirá la puerta y cuando lo tenga delante le daré su merecido. Suspiro hondo y me coloco detrás de la puerta, le indico que abra a la de tres.

-Uno, dos y tres… -Susurro mirándole a los ojos.

Alba gira la llave y abre la puerta, la cosa esa que no se lo esperaba, cae de rodillas al suelo, le asesto un batazo en toda la cara, suenan los huesos rotos y cae de espaldas al suelo, le doy otro en el mismo sitio. Cojo a Alba de la mano y corremos hacia la cocina, el revuelo ha hecho reaccionar a los otros que pululaban el local, se escuchan sillas y muebles moverse al fondo. Entramos en la cocina corriendo y cierro la puerta de madera detrás nuestro, me apoyo en ella mientras Alba abre la de fuera, está cerrada con llave pero ésta está puesta, le da vueltas a la cerradura y me indica que ya puedo ir. La puerta de la cocina se rompe a la altura de mi pecho, me he llevado un susto de muerte, dos manos han conseguido atravesarla, no me extraña, es una de esas puertas que son de cartón por dentro, me libro de las manos como puedo, están frías pero son muy potentes, y corro hacia ella. Dos no-muertos han entrado justo detrás de mí en la cocina, emiten unos gruñidos furiosos y corren hacia nosotros, no me da la sensación que sea con buenas intenciones, son dos tipos grandes y fuertes.

Huyo como puedo entre los muebles y alcanzo la salida,  el batiente es metálico y mucho más resistente. Como se abre hacia fuera me las he visto crudas para cerrarla, uno de ellos ya está apretándola mientras gruñe para agarrarme. Insistentes son, de eso no cabe duda. Consigo empujarla hasta obstruir su salida cuando Alba me echa una mano.

Hemos salido fuera, qué lástima no haber podido planearlo mejor, ahora toca improvisar. Andamos por el suelo de piedras, como hacemos más ruido del deseado, le he dicho a ella que vayamos más lentos, la agarro de la mano y mido su velocidad. Creo que tengo más miedo ahora yo andando hasta el final del patio. Me asomo por la puerta entreabierta, la calle es un espectáculo dantesco. Es extrañísimo ver una vía de estas características totalmente desierta, escaparates rotos, periódicos y basura por todos sitios, farolas rotas… Parece una ciudad fantasma. No veo ninguna de esas cosas. Me vuelvo a asomar por el otro lado de la calle y no hay nadie. Al menos en esto tendremos suerte.

Me giro y le digo a Alba:

-No hay ningún coche a la vista. ¿Corremos calle abajo?

-Espera, déjame pensar. ¿Sabes patinar? –Me pregunta dubitativa.

-Solo hay una forma de saberlo ¿no?

-Por esa calle hay una tienda de patines, si tenemos suerte y no la han saqueado entera, podríamos bajar patinando hacia mi casa, no está muy lejos, podremos pasar la noche allí y como mis padres no se han llevado los coches, los podemos usar para llevarle el reportaje a Sara y llegar a la casa de verano. Es que sino, ¿qué otro refugio vamos a encontrar antes de que anochezca? ¿Cómo lo ves?

-Me parece buena idea, menos mal que hay alguien listo en el grupo ¿por dónde queda esa tienda? –Le pregunto mientras le beso en la mejilla.

-¿Ves aquel cartel de la gasolinera? –Señala al horizonte, a unas dos manzanas.

-Sí.

-Pues es a unos doscientos metros por la calle que cruza.

-Iremos trotando, no hace falta esprintar por si necesitamos correr luego, a trote ligero iremos bien.

-¿Me estás retando? –Bromea con las cejas arqueadas.

-Por favor… yo nunca osaría hacer eso ,mi majestad.

Me asomo de nuevo, despejado. Corremos calle abajo, es intrigante. ¿Dónde está toda la gente? Ayer cuando llegamos al Club por accidente, se veía movimiento en las carreteras, las calles principales, las salidas de la ciudad, pero es que ahora no se ve nada de nada. No me extrañaría que en este momento nos estén viendo desde la seguridad de sus casas detrás de las cortinas para que no se descubran sus escondites. Es imposible evacuar una ciudad con esta rapidez y además no todo el mundo tiene un sitio donde refugiarse fuera de su casa. ¿Qué se van a hoteles a zonas turísticas? No lo creo.

Llegamos a la calle de la tienda de patines, al fondo puedo ver un par de figuras tambaleantes, están lejos y no han notado nuestra presencia. Pero esto advierte una vez más que tenemos que estar alerta, no podemos dormirnos. Alguien ya había tenido la idea de visitar la tienda, el escaparate está roto y dentro de él un banco del parque. No hace falta ser muy listo para saber como entraron, Alba va directa a una estantería de Longboards, están atados a ella con unas bridas y están todas. Los saqueadores debían preferir las que tuvieran más fácil acceso. Con el caos y la agonía no querrían perder el tiempo y fueron a lo fácil.

-Elige una. –Me dice convencida, como si yo entendiera de esto.

Hace años que no llevo uno y el mío era uno normal, de los cortos no estos.

-No sé, no he llevado nunca uno de estos. Yo tenía uno normal, para saltar en las halfs y hacer trucos. –Respondo encogiéndome de hombros.

-Entonces te irá bien uno de estos cortos. –Me lanza una Sector Nine de las más cortas. –Coge algo de protección.

-Eso no me lo digas dos veces.- No sé como tengo ganas de bromear, supongo que es la tensión acumulada.

-No, tonto, para la cabeza. –Me dice con una sonrisa en la boca y mirando al suelo.

Me acerco al armario de Pro-Tec y cojo casco, guantes y unas zapatillas que estén mejor que las mías. En casos extremos, cuando correr puede decidir si vives o no, el calzado es muy importante, parece una tontería pero no lo es. En la Segunda Guerra Mundial muchas bajas de las tropas aliadas eran debido a que las botas no eran tan buenas y estaban tan bien construidas como las alemanas. Se nota que en el orfanato leía libros bélicos.

-Tienes que tener cuidado con la carretera, porque ayer llovió y pueden haber zonas mojadas. Hasta mi casa casi todo es plano así que no creo que tengamos mucho problema. –Ella está más tranquila que yo ahora, esta chica no deja de sorprenderme.

Acabo de calzarme los materiales que acabo de coger prestados y salimos a la calle. También he cambiado la mochila por una de DC que es un poco más grande por dentro, hemos cogido camisetas y ropa nueva. La otra no hemos podido lavarla y ya olía mal. En la tienda se ha quedado.

Como hay agua corriente,después de asearnos un poco hemos cogido unas cantimploras y las hemos llenado de agua, no sabemos cuanto tardaremos en cruzar las calles hasta la casa de los padres de Alba y tampoco si podremos parar a beber, así que lo mejor es cogerlas aquí para emprender la marcha.

Ahora el panorama ha empeorado mucho desde el último viaje que hicimos y nos llevó a aquel prostíbulo.

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