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HOTEL CALIFORNIA

PATRICK NOCHE DEL DIA XII (Capítulo 47)


 

La reacción al comunicado de la OMS ha sido electrizante, la carretera de delante del desguace ha recuperado su tráfico y por tanto su caos. Los coches de los laterales de la calzada no ayudan precisamente a que todo sea fluido y tranquilo. Por increíble que parezca, quedaba muchísima gente en la ciudad y creo que éstos quieren huir al país vecino, los primeros se iban a sitios más apartados a que pasase esta crisis, debido en parte porque muchas empresas no querían que la gente se personase en sus oficinas por si habían contagios masivos.

Así que los pocos que quedaban aún en sus casas han sido alertados y asustados con el comunicado de esta tarde. Pretenden llegar a la frontera e irse, pero creo que es una tontería, porque un solo afectado que la cruce desatará es caos allí. Nosotros naturalmente nos quedaremos aquí, lo último que queremos hacer, es morir en la carretera o fugándonos por culpa de un exaltado refugiado. No gracias.

Jared me indica que hay una forma de subir a la parte del tejado del edificio y que desde allí lo veremos todo con más claridad. Subimos él y yo, nos tumbamos para que no se nos vea desde abajo. Delante del desguace los coches van pasando por un paso estrecho, congestionado, pero como todo el mundo sale de la ciudad en la misma dirección, no avanzan muy rápido. Hasta que ha llegado lo inevitable.

Un conductor intenta entrar a la ciudad por esta misma carretera en dirección contraria al paso de los demás y lo peor de todo, insultando e increpando a los que van en la otra dirección. Al principio casi todos eran padres de familia con sus niños y esposa, dispuestos a salir de este caos que es la ciudad ahora, que no le hacían demasiado caso a sus groseras palabras. Pero un grupo de chavales jóvenes no han aguantado sus palabrotas mal sonantes y ordinarias. En claro estado de embriaguez ha salido de su vehículo el provocador y no ha durado ni treinta segundos en pie. Le han llovido golpes sin parar.

En medio del revuelo, otros conductores han salido a parar a los chicos que si no cesan de aporrearlo, lo matarán. En la cola, la gente que no ve que está pasando, pitan sin parar, hay una escandalera atroz. Pero lo peor está por llegar. De la parte del bosque que queda justo delante de nuestra vista, empezamos a ver sombras tambaleantes que cruzan delante de la luz de los faros de los turismos de la cola. Se han sentido atraídos por el ruido. Docenas de no muertos entran en escena.

Jared me mira sorprendido y se encoge de hombros. Me llevo las manos a la cara, ya sé que va a pasar aquí. Esas figuras empiezan a emitir gruñidos sordos sobre la gente, que aterrorizada se da cuenta que esas cosas que salen en el telediario son una realidad palpable. No es una guerra, es una masacre.Los conductores están siendo atacados por decenas de esos seres que sin escrúpulos los están destrozando a dentelladas, es espeluznante, los gritos de pánico, niños llorando y esos gemidos que ya son familiares para mí, me hielan la sangre. Están muriendo muchos inocentes y no podemos hacer nada, absolutamente nada. Me siento muy impotente.

Ante el macabro espectáculo, suben Shannon y Tomo alarmados por el escándalo a muerte y desolación que se está viviendo a solo unos metros de aquí. Al tumbarse en el suelo y asomarse, sus caras hablan por sí solas, es aterrador.

Jared me mira y dice:

-No te martirices, no podemos hacer nada, vete para abajo, tú ya has tenido suficiente por hoy. Baja y llama a la policía, avisa de lo que está pasando aquí delante, con un poco de suerte vendrán y les echarán una mano a estos pobres. –Me dice con expresión triste.

-Voy a ver si consigo hablar con ellos.- Me bajo hacia el comedor sin poder evitar que las lágrimas caigan por mis mejillas.

Mientras ellos siguen ahí arriba, cojo el teléfono y llamo a Emergencias. Sale un contestador que dice:

-En este momento todas nuestras líneas están ocupadas, si desea dejar un mensaje hágalo después del pitido, gracias y le agradecemos su colaboración.

Aún con las lágrimas cayendo por mi cara, digo:

-Delante del desguace de la Nacional, un montón de infectados están atacando a civiles inocentes y aquí no viene nadie a socorrerlos, hace días que creo que nos han dejado a nuestra suerte. No veo policía, militares ni nada por el estilo, es muy triste…

Cuelgo y rompo a llorar, el espectáculo de ahí fuera es dantesco. Gente muriendo a escasos metros de aquí y yo sentado junto a un teléfono y maldiciendo porque no me lo cogen, esto no es justo. Los gritos y lloros de niños, mujeres y gente inocente, me ponen la piel de gallina. Están pasándolo realmente mal. En ese momento baja Tomo.

-Chico, no te preocupes. Estas cosas pasan, la vida es así de traicionera.- Dice para tranquilizarme.

-Pero Tomo, vosotros no podéis ni llegar a imaginar lo culpable que me siento por esto.

-No es tu culpa, no, eso sí que no. ¿Experimentabas tú con los chicos? ¿Ganaste un solo euro con esto? ¿Te gustaba que murieran tus compañeros en el orfanato? –Dice mientras me coge de la cara y me mira a los ojos.

-No, claro que no.

-Entonces no te martirices. Esto no tiene nada que ver contigo.

En ese momento aparece Jared por el hueco de la escalera y me pregunta:

-¿Tus compañeros llevaban unos monos naranjas no? – Me pregunta para confirmar.

-Sí. ¿Porqué?

-Hay dos de esos cabrones ahí arriba con monos naranjas, son jóvenes como tú y es en lo primero que he pensado.

-Entonces aún hay algunos vivos, bueno muertos andantes, por ahí.- Digo sorprendido.

No estamos precisamente cerca del orfanato y van por aquí merodeando. No me da tiempo a acabar la frase cuando por el horizonte se ve una bola de fuego en otro de los edificios de la ciudad. En un par de segundos se escucha una explosión increíble, otro bloque de pisos se ha ido al carajo. Definitivamente el aviso de la OMS no ha dado tranquilidad a la población. El mundo se ha vuelto loco, la única salida al norte de la ciudad es la nacional de delante nuestro y eso es lo más cercano al infierno encima de la tierra ahora mismo.

Baja Shannon corriendo.

-Mirad esto. Uno de los conductores ha entrado en el HOTEL CALIFORNIA y está metiendo gente con una cuerda. Esas cosas no saben escalar y por ahora lo están consiguiendo. Parece que son policías locales que han desertado o algo así a juzgar por su vestimenta. Venían en unos Seat Altea de la Policía de la ciudad que han dejado aparcados ahí abajo.

-No puede ser. –Dice Jared y sube a comprobarlo.

Me asomo lo justo para ver el Hotel y efectivamente una cuerda cuelga de una de las ventanas. Por ella escalan los que pueden, alguien a abierto la otra y ha tirado otra soga pero con un nudo en rabiza, o sea como una horca. Los que no pueden escalar por la cuerda del principio se acercan a esta segunda, metiendo un pie dentro del lazo y sujetando con la mano los suben sin problema dos o tres tipos que están arriba tirando de ella. Van con los uniformes de la policía local, uniformes azul marino con una chaqueta con reflectantes y partes en amarillo fluorescente.

Detrás pone POLICÍA URBANA, pero creo que no están de servicio ahora mismo. Éstos intentan sobrevivir como los demás. Han subido unas cincuenta personas y aquí abajo el ruido ya no es como antes, para bien o para mal, los gritos han cesado.

Tristemente sé porqué. Ahora tenemos nuevos vecinos y aún me pregunto si es bueno o malo. Ya que solos, creo que nos apañaríamos mejor. Jared a dicho que nos esperaremos unos días a ver como reaccionan para saber si les vamos a decir que estamos aquí o por el contrario permaneceremos ocultos.

Por una parte me alegra que alguien haya sobrevivido a lo de ayer, pero por otra me da miedo.

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