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HOTEL CALIFORNIA

PETE DIA XII EN EL EXTERIOR PARTE 2(Capítulo 48)

Hotel California Zombie

imagen extraida de: http://oldschoolbcn.wordpress.com/tag/blog-longboard/

Nos disponemos a cruzar una parte de la ciudad en unos patines que hemos cogido de una tienda de Longboards. No estoy muy seguro de que esto vaya a funcionar pero Alba dice que puede ser la solución para llegar a su casa, pasar la noche allí y luego con uno de los vehículos de sus padres llevaremos el reportaje de Bob a la editorial para después ir a la casita de verano para refugiarnos.

¿Y en qué parte de este plan está el encuentro con mi hermano Patrick? Joder. Quiero encontrarle y no dejarlo en la estacada. Esto es una putada.

Me monto en la longboard, lo primero que noto es que es mucho más manejable y rápida que un monopatín convencional. Alba me indica que moviendo la cadera, los ejes giran y no hace falta que dé impulso con el pie. Vaya, esto es increíble, es rápido y manejable, empieza a gustarme este cacharro. Recorremos la carretera con una velocidad más que aceptable, en apenas diez minutos dice ella que ya hemos recorrido la mitad del trayecto, no vemos apenas de esas cosas, los alrededores de la ciudad están bastante tranquilos. Puesto que son los humanos los que se convierten en esas cosas y si no tienen algo a qué atacar no son demasiado rápidos, seguro que están en las zonas cercanas de donde han muerto.

Las caravanas de las autopistas y los atascos deben ser un hervidero de esas cosas. Ya que es donde se quedó atrapada mucha gente los últimos días, menos claro, los que han conseguido escapar. Ojalá hayan sido mayoría estos últimos, aunque no tengo demasiada esperanza, la verdad. Vamos por una urbanización de bastante categoría, seguro que era zona de abogados, banqueros y ese tipo de personas, está desierta, coches calcinados, bicis, basura por los suelos, hasta una ambulancia que ha arrancado un poste de electricidad en un accidente, decoran el paisaje de forma tétrica y violenta.

 

Según vamos avanzando llegamos a una rotonda, hay una cola de unos cincuenta coches parados ante lo que debía ser un control militar. El URO de los militares está con las puertas abiertas y algunos coches también. Paro a Alba.

-¿Qué hacemos? Seguramente aquí hay de esas cosas. –Le digo dubitativo.

-Vamos, no hay más que pasar por aquí para llegar a mi casa, dentro de nada empezará a oscurecer. ¿Quieres estar aquí de noche? –Me preguntó sabiendo mi respuesta.

-Venga vamos, pero ten cuidado.

-Déjame pasar a mi delante, que si salen yo podré esquivarlos mejor, después tú sígueme por donde yo he pasado, lo tendrás libre y fácil. –Me dice guiñándome uno de sus azules ojos.

-De acuerdo. –Le digo bastante menos confiado que ella en este momento.

Se monta en su long y empieza a descender la ligera bajada, yo voy detrás. Mientras pasamos por al lado de los coches, me fijo en un MINI Cooper que tiene dentro una señorita morena en una postura relajada al volante, cuando paso por al lado, despierta de su letargo y golpea el cristal con la cabeza rompiéndolo en mil pedazos. Del susto me desestabilizo y en ese momento, de entre los coches empiezan a salir dos de esas cosas, alertados por el ruido de cristales de la ventana del coche. Alba ha pasado de largo con dos recortes perfectos delante de ellos, pero yo no controlo tanto, así que cuando me encuentro al primero, desequilibrado desde el susto que ya venía me caigo al suelo, lo esquivo como puedo al primero y voy rodando de forma que me llevo por delante al segundo. Tanto mi Longboard como yo le golpeamos las piernas tan fuerte que escucho como se rompen los huesos de las mismas.

Es un hombre mayor de cerca de sesenta años, cano y con una horrorosa camisa de flores. Ha caído al suelo y no se mueve, ha dado con la cara en el asfalto y un enorme charco negro dibuja la silueta de su cabeza multiplicada en la carretera.

El primero que conseguí esquivar, pero me hizo caer, corre detrás de mí, gimiendo como si estuviera poseído y con los ojos blancos fieros clavados en mí y su cuello tenso. No son tan lentos como parecen, lo que pasa es que corren tambaleándose y da sensación que sean torpes. Pero yo no diría eso, los dos que me perseguían en la cocina del club, reventaron la puerta con mucha facilidad. Además por ahora, nos los estamos encontrando en cantidades pequeñas. Cuando sean muchos ya hablaremos.

Al bajar la pequeña colina y para que sus gemidos no llamen la atención de más, paro y lo espero con el bate de aluminio en la mano. Le doy la long a ella para que me la aguante, corro en dirección a ese hijo de puta con el bate hacia atrás, cuando lo tengo a mi alcance le golpeo la cara con toda la rabia que puedo. El golpe que da hacia atrás con la nuca en el suelo me hace escuchar su cráneo partirse como un coco al darle con un martillo. Al que le he roto las piernas, se levanta amenazante, nos mira y gime también. Me coge muy lejos como para subir, me acerco a Alba:

-Vamos a seguir, -Le digo a ella mientras alargo la mano para que me dé la tabla.

-Estás muy gracioso con todo el casco arañado de la leche que te acabas de dar. –Me dice con risa malévola.

-Vámonos, que se nos hará de noche. –Le digo mientras saco la mejor de mis sonrisas.

-Sí, mejor que sí. –Me dice dándome un sonoro beso en la mejilla.

Seguimos patinando sin más percances hasta la casa de sus padres. Vemos a algún no muerto pero están tan lejos que ni nos ven, nosotros creemos que son ellos por la forma de caminar pero tampoco estamos muy seguros. El cielo empieza a encapotarse y al horizonte se ven unos relámpagos que anuncian una inminente tromba de agua.

Llegamos a la puerta, recuerdo este sitio cuando pasaba con la bicicleta, pero como hemos venido por arriba no he visto el polideportivo. Mañana asomaremos el morro por allí a ver que se cuece. Hasta aquí no hemos encontrado militares y eso que en la parte de arriba la última vez que vine habían unos cuantos.

Mañana hay faena, ahora duchita, cena y a dormir.

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