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HOTEL CALIFORNIA

PETE DIA XIII EN EL EXTERIOR (Capítulo 49)


Ha estado toda la noche lloviendo, he dormido con Alba y después de bebernos casi una botella de Vodka entre los dos, nos hemos acostado. Ha sido increíble, es una chica maravillosa, cariñosa, inteligente, guapa, ¿qué más puedo pedir? Es curioso que haya sido esta situación la que haya hecho que la conozca, si no hubiera existido esta mierda nunca me habría cruzado con ella. Increíble.

De nuevo me levanto con resaca, en dos días, dos borracheras, buen promedio. Bajo a desayunar al piso de abajo, la casa de los padres de Alba tiene tres plantas, los dormitorios están arriba, en la primera planta está la cocina, comedor y un cuarto de baño, para acabar en el sótano con el garaje. Entro en la cocina, beso a Alba y me siento en la mesa. Me ha preparado un buen desayuno.

-Creo que esta noche se ha ido la luz, las cosas no están muy frescas en el frigorífico y el microondas tiene el reloj a cero. Yo no me he dado cuenta ¿y tú?- Me pregunta mientras calienta un poco de leche.

-La verdad es que no. He dormido plácidamente pese a la tormenta. –No me habría levantado ni uno de esos bichos gimiendo al lado mío.

-Pues la tormenta sigue, me he dado un par de buenos sustos, mientras hacía el desayuno. –Me dice mientras se sienta a tomar algo ella también.

-No me he dado ni cuenta. ¿Has salido a mirar como está el barrio? –Mascullo mientras me quemo la lengua con el café.

-Sí. Parece que lo han evacuado o que la gente se ha ido por su propio pie, creo que no hay nadie. Aunque bien pensado, puede que estén en sus casas y no quieran salir para que nadie los vea. Yo que sé. Nos iremos pronto porque no sabemos como estará el camino.

-¿Tus padres han dejado los coches?- Le pregunto ya que, ni lo hemos mirado desde ayer.

-Sí. Está el Yaris de mi madre. El Lexus de mi padre lo dejaría en la oficina.–Me dice.

-Iremos con el Yaris, pero necesitamos algo potente por si tuviéramos que fugarnos. ¿No?

-Espero que no acabe como mi pequeño Vitara.- Me dice arrepentida.- Aunque si quieres un coche potente no hace mucho que el vecino se compró un 911.- Me sonríe y hace un gesto de aprobación.

-¿El vecino de aquí tiene un Porsche? –Le pregunto con los ojos en forma de corazones.

-Sí. Al menos lo tenía. Creo que no hay nadie, porque todo está cerrado y las luces apagadas. Lo aparca en el garaje. –Dice con tono jocoso.

-Voy a ir a ver si está. No creo que se enfade, era una situación desesperada, seguro que él lo habría hecho por su querida vecina rubia. Si hemos cogido un par de patines para sobrevivir. También podemos coger un vehículo ¿no? –La miro ilusionado.

Acabamos de desayunar, seguidamente me subo a la habitación a vestirme, me abrigo bastante porque llueve y hace frío. Bajo hacia la planta inferior para  buscar mi bate que dejé junto a la mochila, lo cojo y voy a preguntarle a Alba.

-¿Qué vecino es el del Porsche?

-¿En serio vas a ir? Pensaba que bromeabas.- Me dice incrédula.

Mi cara cambia de golpe.

-Claro que lo decía en serio, necesitamos un coche potente y ese me encanta. ¿Porqué no voy a cogerlo? –Me encojo de hombros y le miro fijamente.

-Y si te pasa algo. ¿Qué hago yo sola? ¿No has pensado en eso? –Una mujer embroncándome porque la quiero dejar sola, creo que no será la última vez que me vea en esta situación en mi vida.

-No va a pasar nada mujer. Entro, cojo el coche y nos vamos. Dejamos preparado el equipaje, cuando salga vamos a la redacción y luego al pueblo marinero de la casa de fin de semana. –Le digo totalmente convencido.

-No sé… Tenemos coche aquí y tienes que ir a buscar ese ahí fuera. Son ganas de arriesgarte. –Dice mientras mira al suelo.

-Hagamos una cosa. Tiro una piedra contra una ventana y la rompo si hay algo o alguien saldrá ¿no? –Le explico con gesto de sabelotodo.

-Haz lo que quieras.- Dice resignada.

-¿Desde dónde podemos tirarla?

-Desde el cuarto de mis padres de arriba se ve la casa. –Me dice señalando la escalera.

Asomo la cabeza para coger una piedra de río de decoración que hay en las jardineras de fuera. Es una casa muy bonita, no es muy grande pero la decoración está muy acertada. Los suelos son de parket oscuro y las paredes combinan tonos blancos y colores llamativos. No hay muchos muebles, los necesarios y hacen que las habitaciones se vean más grandes de lo que son.

Cojo una roca que sea grande, subo al dormitorio, abro la ventana y con ella al lado la lanzo con todas mis fuerzas. Rompo una ventana de cristal montando un escándalo que es incluso más de lo que deseaba, miramos fijamente al interior de la casa a ver si vemos algo. Nada. No se mueve absolutamente nada. Solo vemos entrar agua en lo que parece ser la cocina. Sigue lloviendo copiosamente. De repente, mientras miramos fijamente a aquella casa inmóvil, un trueno nos saca del trance dándonos un susto de muerte.

-Va, dejemos de hacer el tonto y voy a traer nuestro transporte. – Me visto y cojo el bate para ir a la casa del vecino.

-Toma, ponte esta chaqueta que hace mucho frío. –Me dice ofreciéndome un plumón negro bastante grueso.

Me acompaña a la puerta y le doy un beso:

-Espera preparada con todo, cuando esté paso a buscarte por la puerta. Si quieres esperarte en el cobertizo de delante de la puerta de salida iremos más rápidos. –Le digo con tono tranquilizador.

Salgo de la casa en dirección al chalet del vecino, entre ellas solo les separa un seto de un metro y poco de alto. Lo salto sin problemas. Piso el jardín, lo único que veo es que el perro de la familia se ha ido con ellos, ya que el collar y la cadena siguen atados a la entrada de la casa. Mejor, tener que matar al pobre animal con un bate de béisbol me sabría muy mal.

Me acerco a la ventana rota, entraré por aquí. Golpeo con el bate los cristales que se han quedado en el marco, no quiero cortarme, una herida abierta ahora mismo no me apetece nada. Una vez limpios los marcos, me cuelo hacia dentro.

La casa está bastante removida, mesas por el suelo, jarrones rotos, una puerta desencajada. Empiezo a arrepentirme de haber entrado aquí, es exactamente igual la distribución de la que vengo. Así que voy por faena, me dirijo al garaje, cuando llego a la escalera que baja hacia el piso del sótano, le doy una par de vueltas a la llave que hay en la cerradura, pulso el interruptor de la luz, no pasa nada, fantástico está la electricidad cortada.

Fuera sigue lloviendo furiosamente y de vez en cuando un relámpago me saca de mis casillas con un buen susto. Voy con el bate agarrado con una fuerza sobrehumana, tendría que haber hecho caso a Alba, soy un cabezón.

Bajo las escaleras mirando hacia abajo con máximo cuidado e intentando que los escalones suenen lo menos posible, otro trueno me saca los colores. Joder, soy una maricona. Bajo un poco más rápido y veo la trasera de ese precioso Porsche, sí que está aquí.

Puedo leer las palabritas mágicas en preciosa caligrafía germana “Carrera 4S”, ya piso el suelo del garaje, a mi izquierda hay una puerta entreabierta. Diría que es un lavabo, me acerco sigilosamente, escucho como un chirriar de dientes, me parece extraño y con el bate de béisbol abro la puerta lentamente. De golpe sale una mujer rubia de treinta y tantos con los ojos blancos y cara cadavérica que se me echa encima mientras gruñe, tiene toda la parte izquierda de la cara destrozada, se le ve hasta el hueso del cráneo.

Me tira al suelo de un salto furioso atacándome, está loca y gruñe más fuerte que los demás que nos hemos encontrado. Hemos estado un par de metros arrastrando por el suelo por su fuerza brutal. Yo la separo como puedo con el bate. Todas las tías rubias que me encuentro me tratan igual.

Pero esta vez no se me caerá el arma. Le chorrea una gelatina negra de la boca y se pone realmente furiosa por no poder alcanzarme, gime sin parar ese sonido sordo característico de estas bestias, su aliento es fétido. Da dentelladas en el aire, de la rabia me agarra el plumón y lo destroza, sus manos heladas y huesudas en contacto con mi piel me hacen darme cuenta que ese ser es inhumano, me recorre un escalofrío por la espalda, parece estar convirtiendo el garaje en el resultado de una inocente guerra de almohadas.

Se desestabiliza y aprovecho para de una patada tirarla de donde viene. Se golpea la nuca con el retrete y lo rompe cubriendo el suelo de agua, sangre y trozos de porcelana, me levanto con la chaqueta hecha jirones, debo tener una pinta increíble. Esa zorra está boca arriba intentando levantarse pero como el suelo está mojado no acierta, sigue gruñendo al verme, fijando su mirada en mis ojos, abre más la boca. Agarro bien fuerte el bate y le machaco la cabeza contra la parte trasera del retrete, haciendo salpicar agua, sangre, trozos de cerámica y fluidos varios por el aire. Cierro la puerta del lavabo.

Me acerco a ver si el coche tiene las llaves puestas, la puerta del conductor está abierta pero las llaves no están. Lo que me faltaba. Me quito lo que queda de la pobre chaqueta que me ha dado Alba, que cae al suelo haciendo un sonoro chof. Un relámpago ilumina la pared a través de la única ventana que hay, allí están las llaves colgadas con el bonito escudo de Porsche en ellas y el mando de la puerta. Pero como no hay luz me toca abrirla manualmente.

Cojo el bate por si acaso y me asomo. No hay nadie, menos mal. Una pata de cabra naranja está apoyada en la pared, es un artilugio genial y lo podré usar para muchas cosas, al maletero del coche va. Al fin y al cabo, el vecino tampoco la necesitará ya. Y menos aún la vecina. Me meto en el 911 y lo enciendo, el sonido de su motor invade el garaje. Miro el retrovisor y veo los dedos de esa podrida salir por la parte baja de la puerta. Creo que la única cosa de esas que he matado ha sido la stripper. Son realmente duros.

Salgo hacia el patio, hago sonar la bocina delante de la puerta de Alba y sale ella con las bolsas en las manos. Abro el maletero y las guarda en él. Entra al coche y pregunta:

-¿Porqué has tardado tanto? Empezaba a preocuparme.

-No encontraba las llaves. –Le digo mientras la miro a los ojos.

-¿Y la chaqueta? ¿Dónde está?

-Me la enganché con la ventana que rompí y se le salieron todas la plumas, parecía que hubieran matado una gallina en la cocina. –La miro riéndome.

-Me estás mintiendo.

Le cojo la cara y la beso. No un beso normal, un beso de alivio por estar otra vez a su lado. He pasado mucho miedo con esa cabrona ahí dentro. Por eso cerraron la puerta del garaje, seguro que se infectó y la dejaron ahí abajo. La mejor forma de guardar tu Porsche para que no se lo lleven los saqueadores.

-Vámonos de aquí ahora mismo…

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1 comentario

eva -

oyeeee!!
y el capitulo 50? que le doy y me sale que no hay archivos o algo asi!!
yo lo kiero leer!!
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