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HOTEL CALIFORNIA

PATRICK DIA XIV (Capítulo 52)


La noche de ayer empezó tremendamente tranquila a lo que estamos acostumbrados últimamente, es la primera vez que hemos usado el generador. A las once de la noche, las luces empezaron a fallar, parpadeaban hasta que se pararon del todo. Tomo que tenía una linterna preparada, la encendió con cuidado para que los imbéciles de delante no nos vieran, que ahora ya habían concentrado un centenar o más de esas cosas en la puerta. Nunca había visto tantos juntos, tienen un aspecto cadavérico horrible, algunos tienen unas heridas imposibles originadas por la escopeta de ese imbécil. Parecía qué había cesado su actividad a media tarde, pero solo era un receso para la siesta.

Estos creen que esto son unas vacaciones, no sé como andarán de armamento, lo que nos ha hecho pensar en nuestras armas si esos podridos entran. Que por cierto han cogido una costumbre muy inquietante, que es arañar las planchas metálicas que bordean el garaje del desguace. Al pasar por allí, me recorre un escalofrío la espalda. A media tarde hemos salido al garaje y nos hemos equipado con todo tipo de herramientas que nos serian útiles en caso de ataque.

Tubos de varias larguras y grosores de metal, machetes, una pata de cabra, una enorme llave inglesa que pesa casi más que yo y una pistola de clavos con pólvora. Sé que es una tontería y puede que no sea ni práctica, ya que he estado probando de darle a un corcho en el garaje y creo que para matar a algún bicho de esos, tendré que estar cerca, muy cerca. Lo hemos dejado todo al lado de la puerta del apartamento, si nos hace falta allí lo tendremos.

Volviendo a la electricidad, cuando se ha ido, Tomo ha sacado su linterna y me ha preguntado si le acompañaba.

-Sí, claro.- Le contesto sin vacilar.

-Coge algo, por si acaso. –Él hace lo propio con el machete.

Yo he cogido una de las barras más largas, me irá mejor para mantenerme lejos si hubiera algo que no quiero que se me acerque. Bajamos por la escalera con una oscuridad casi absoluta, la linterna lleva un filtro rojo que ha puesto Tomo con papel celofán, para disimular el destello. Llegamos a la parte del garaje y parece que esos cabrones nos escuchen porque empiezan a arañar y gemir más fuerte detrás de las planchas metálicas que separan la calle con el taller. Abre una de las puertas que puso para separar las dos zonas y nos adentramos en el cementerio de coches. Las luz dibuja extrañas figuras mientras escucho los pies arrastrar ahí fuera, la carretera está llena de cristales de los coches que hace una noche fueron atacados y que ahora sus conductores, ya convertidos en no muertos, se dedican a esparcir por el asfalto con los pies.

Seguimos pasando entre los vehículos mientras miro por encima de la valla, esos seres se sienten atraídos por el Hotel California, caminan todos en esa dirección. Hay de todo, hombres, mujeres, niños y ancianos. La imagen es demencial, me quedo embobado mirando, contengo hasta la respiración creyendo que vayan a alargar sus huesudos brazos para atraparme. La infección los desfigura tanto que no parece que hace tan solo veinticuatro horas eran personas normales. De todos ellos gotea un líquido negro de sus bocas, parecido a gelatina, tiznándole los dientes de negro y tienen la mirada perdida como los ciegos con los ojos blancos. Arrastran los pies en un compás casi unánime, es curioso que parezcan tan torpes y cuando ven a un humano vivo, desarrollen esa fiereza sin control. Es increíble. Creo que es uno de los factores sorpresa que ha hecho que mucha gente caiga en sus mandíbulas.

Nos acercamos a la caseta del generador, Tomo se mete dentro mientras le aguanto la linterna desde fuera. Lo arranca, sale y cierra la puerta, el ruido ha hecho pararse a uno de ellos que caminaba en dirección al hotel. Cuando murió debía ser un chico joven, no creo que llegase a treinta años, con la cabeza afeitada y tiene toda la parte de la nariz hacia abajo manchada de sangre y líquido negro. La ropa tiene pinta de estar manchada desde hace días, así que seguramente sería uno de los que atacó ayer, más que ser atacado. Tomo y yo nos quedamos inmóviles, de los nervios me ha apretado mucho el antebrazo para que no me retire ni me vaya hacia dentro. El ser olisquea el aire mirando hacia arriba, parece que sienta nuestra presencia pero no sepa donde estamos, su labio superior tiene un tic nervioso mientras gruñe y rechina los dientes. Está muy nervioso. De repente, se gira hacia nuestra posición, enseña los dientes y tensando el cuello y brazos se abalanza sobre la chapa de la valla, haciendo un ruido atronador en el silencio de la noche.

Tomo corre como alma que lleva el diablo, esquivando coches y girándose para ver que le sigo. Corro todo lo que puedo, llegamos a la valla que separa el cementerio del taller, Tomo abre la puerta para que yo pase, paso lo más rápido que sé y me giro para ver como él cierra la verja y noto una mano por detrás que tapa mi boca. Casi se me sale el corazón por la boca sino me la estuvieran tapando. Me doy la vuelta y me doy cuenta que es Jared, respiro aliviado.

-¿Qué os pasaba? ¿Porqué habéis tardado tanto?

-Hemos ido a encender el… - Tomo está sin aire.

-¿Habéis encendido el generador y qué? – Pregunta Jared.

Interrumpo un momento:

-Esas cosas notan nuestra presencia, no hace falta que te vean o te escuchen, uno de ellos se ha vuelto loco y ha saltado contra la valla.

-¿Ese ha sido el ruido qué se ha escuchado? –Nos mira extrañado.

Al fin Tomo recupera el aliento:

-El generador hace ruido, todo y haber aislado el interior, no contábamos con que todo estaría tan silencioso. –Resume.

-¿Qué hacemos? –Pregunta Jared.

-Es que estar a oscuras es casi peor. –Le digo a Tomo preocupado.

Los arañazos aumentan en el taller y los golpes en la valla de detrás del generador han alertado a nuestros queridos vecinos que preguntan que pasa allí.

-Esto es una mierda Jared. –Susurro. –Si tenemos que escondernos de estos payasos la vida aquí va a ser mucho más difícil.

-Ya lo sé Patrick, joder, con lo bien que lo teníamos montado solo nos han traído problemas.

-Como ves, la supervivencia no solo depende de lo bien que hagas las cosas tú. –Se pronuncia Tomo.

-Cuanta razón tienes.- Le digo.

-Mañana tomaremos una decisión, si hace falta nos presentaremos. –Dice Jared.

Se ve obligado a buscar una solución que favorezca al grupo, sabemos que en esta situación no duraremos más de unos pocos días, así que habrá que hacer algo.

-Lo primero que debemos decirles, es que dejen de atraerlos haciendo el imbécil y disparando para no conseguir nada. –Comenta Tomo.

-Sí que conseguirán algo, que nos maten. –Replico.

Subimos arriba y le explicamos a Shannon la situación, él no está de acuerdo con negociar con esos, tenemos electricidad, combustible y si mucho me apuras, medio de transporte.

-Qué pueden ofrecernos ellos, Jared…. Nada. –Replica Shannon.

-Para empezar como dice Tomo, debemos decirles que dejen de llamar la atención, porqué esto va a ser un problema para nosotros. –Dice Jared.

-Es que encima que nos lo trabajamos, pensamos en todo, ellos vienen y nos lo joden, les tendremos que ayudar. Lo veo venir. No es justo. –el hermano de Jared está visiblemente enfadado.

-Mira da igual, vámonos a dormir y mañana lo discutimos. Si hace falta regiremos unas reglas antes, pero ahora tenemos que quedarnos dos a hacer guardia nocturna, han pasado demasiadas cosas esta noche. Hoy la haremos Tomo y yo ¿mañana vosotros? –Pregunta mirando a Shannon y a mí.

Los dos asentimos con la cabeza. Mañana tendremos que negociar con esos mierdas, la que nos espera.

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