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HOTEL CALIFORNIA

PATRICK DIA XV PARTE I (Capítulo 53)


Después del susto de ayer, hemos acordado que tendremos que tomar una decisión con qué deberíamos hacer con nuestros vecinos. Jared quiere hablar con ellos, pero Shannon opina que se aprovecharán de la situación y hundirán nuestro pequeño bote con nosotros dentro. Desde luego que los disparos no ayudan a que pasemos desapercibidos, creerán que pueden acabar con ellos. Ilusos.

Esta mañana después de probar mi nuevo invento para poder mirar por el agujero del armario, he puesto una tela negra colgando a modo de cámara de fotos antigua, entramos desde abajo con cuidado y no se ve nada, me he asomado a ver cuantos hay. A veces tengo buenas ideas. Han conseguido reunir al menos a un centenar de esas cosas en la carretera, inundan el aparcamiento del hotel, cuando éste estaba operativo y se acumulan entre los coches que se quedaron en el arcén. Si nos descubrieran, tanto unos como otros sería una desgracia, así que nos reuniremos para decidir, qué hacer.

Shannon y yo hemos salido a desconectar el generador, mientras Jared y Tomo duermen, ya que durante la noche volvió la electricidad, además veremos los daños que causaron al tirarse sobre la alambrada, ahora que no suenan ni golpes y ni siquiera arañazos en las paredes metálicas del taller del desguace. La valla que separa nuestra zona con el cementerio de coches está intacta, hemos cogido las rudimentarias armas por si nos llevamos una sorpresa desagradable. Pasamos lo más pegados a la verja posible para que desde el hotel no nos vean, aunque ese imbécil parece que se dispone a seguir disparando como un loco.

Mientras caminamos por la valla, nos paramos. Alguien ha gritado:

-¡Eh tú! ¿Qué haces ahí?

Se nos ha helado la sangre, empieza a disparar y nos tiramos al suelo, estamos a apenas diez metros de la caseta del generador, si está mucho rato encendido se sobrecalienta tanto como para estropearse, estaremos perdidos si ocurre. Me asomo por debajo de la valla de separación, apartando la tela verde que lo cubre para que no se nos vea. Cual es mi sorpresa, cuando al mirar, la cabeza de una de esas cosas está a menos de medio metro de la mía pero girada en sentido contrario. Está mirando hacia los disparos, gruñendo con un gemido como ahogado por líquido en la garganta, es un sonido que no sé explicar, pero que reconocería en un segundo. Por las heridas de las piernas, son dos muñones sangrientos y en los muslos muchas heridas del impacto de los perdigones, ha sido una de las víctimas del cazador del hotel. Ese insensato solo los está hiriendo, haciéndolos más peligrosos.

Shannon se arrastra por el suelo, abre la puerta y la cabeza que tengo delante, llamada por el ruido del generador, se gira. Me ve y enseñándome los dientes en clara señal de amenaza se acerca arrastrándose a la separación, es una chica de veintitantos ,sin piel de nariz hacia abajo, con el pelo arrancado a tirones y en avanzado estado de descomposición, arrastra la uñas por el asfalto rompiéndoselas por el ruido que hacen contra la calzada, es espeluznante. Me alejo sin despegarme del suelo, en ese momento se apaga el generador y Shannon con una mueca en la cara cierra poco a poco la puerta de la caseta para que no se escuche nada más.

Me doy cuenta que es muy difícil vivir intentando no hacer nada de ruido. Nos volvemos al apartamento pegados a la alambrada que nos separa de ellos, mientras escuchamos:

-¡Ricard, Ricard! Ven un momento. –Dice el disparador loco.

Sale el que parece el jefecillo, mientras nos asomamos y los no muertos suben con paso firme a la zona donde estaba apuntando el tirador, le dice:

-¿Qué pasa? –Contesta con aire despreocupado.

-Acabo de ver un tío, mirando hacia aquí.- Le dice mientras apunta con el dedo a la parte de atrás del Hotel. Menos mal, no somos nosotros.

-¡No me jodas! –Dice enfadado.

Saca un G36 del interior con mira telescópica y empieza a disparar hacia donde le ha dicho su compañero. Se la apoya en el hombro y abre ráfagas pequeñas, sistemáticamente por todas las zonas del bosque haciendo saltar trozos de ramas, hojas y polvo del suelo. Grita:

-¿Dónde estás hijo de puta?

Sigue disparando a las mismas zonas pero en barrido. Para cuando el cargador se agota, lleva dos unidos con cinta aislante de forma que cuando se acaba uno, lo gira y ya tiene el siguiente cargado. No es un arma que lleve la policía urbana, así que no me extrañaría que la hubiera robado a algún cargo superior o a un militar caído. En la cartuchera lleva una pistola automática. Del bosque se escuchan dos disparos seguidos, el abrir de una puerta de un coche y el chirriar de unos neumáticos de un vehículo que conduce un piloto con prisa.

-¿Ves? Te lo había dicho.

-Joder, desde ahora, cuando veas a alguien, dispara y luego pregunta. No le grites o se te escapará. –Le da una colleja e inclina la cabeza.

Shannon me señala al Hotel, afianzando su teoría de no contactar con estos insurrectos. Cuando subimos al salón de estar, Jared en calzoncillos, está asomado al agujero del armario. Se gira, nos mira y dice:

-¿Qué ha pasado ahí? –Nos dice encogiendo los hombros.

-Esos tíos no son de fiar Jared. Olvídate de hablar con ellos, que te lo explique Patrick.- Shannon va al servicio a lavarse después de habernos arrastrado en tierra cubierta de grasa y aceite de motor.

-¿Porqué Patrick?

-Uno de ellos, el imbécil que dispara.- Hago un gesto al hotel.- Dice que ha visto alguien en el bosque, le ha gritado y ha disparado a quemarropa. Justo después ha llamado al que parece ser el cabecilla, se llama Ricard.

-¿Uno de los polis? –Me pregunta.

-Sí, uno de ellos.

-Se veía venir que mandan ellos. Sigue, sigue.

-Entonces, el poli le ha dicho que si ve a alguien por aquí alrededor le dispare sin preguntar. Así que negociar con ellos, será difícil.

-Son unos imbéciles. Pretenden salir de esto solos… Ignorantes.- Dice rascándose los ojos. –Ahora me voy a dormir, no salgáis fuera.

Me he quedado delante del televisor, las noticias ya son repetitivas ante la falta de novedades, refugiados allí, refugiados allá, revueltas en todo el país. En el resto del mundo, se está viviendo el caos que sufrimos en España hace cosa de días. Se pensaban que cerrando las fronteras y discriminándonos evitarían la epidemia. Puede que la hayan retardado, pero no detenido. Google ha posicionado “zombie videos” como las palabras más buscadas durante este mes. Cualquier país desarrollado donde tenga la población acceso a algo que grabe e Internet sin castrar, cuelga millones de vídeos de ataques, es imposible verlos todos. Tampoco me apetece, la verdad.

Hemos comentado entre nosotros, que el olor que empiezan a desprender los cuerpos al sol, comienza a ser bastante fuerte. No sé hasta qué punto aguantan esos seres, o en que momento de putrefacción se encuentran los infectados, pero huelen, mejor dicho, apestan. No solo los cadáveres muertos-muertos, válgase la redundancia, sino los no muertos que caminan por la calle también. Sus heridas abiertas, manan algo parecido a pus y sangre oscura y oxidada de sus heridas. La imagen es grotesca y ofensiva para cualquiera que tenga un poco de sentido común, cosa que creo que les falta a nuestros vecinos.

En ese momento, aparece Jared con el ordenador portátil por el fondo del pasillo:

-Patrick, Patrick ¿tu hermano se llama Pete?

-Sí, claro.

-¡Alguien sabe donde está! –Me dice extrañado.

-No puede ser.

-Pues creo que sí… -Me dice señalando el portátil con el dedo y una amplia sonrisa… 

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