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HOTEL CALIFORNIA

PETE DIA XIV EN EL EXTERIOR PARTE II (Capítulo 55)

Son las tres de la madrugada. Sara es una tía genial, nos están tratando increíble, son unos apasionados por su trabajo. Desde que empezó la crisis, están aquí. Los comedores tienen alimento para meses, no está demasiado fresca ya la comida, sobretodo los productos perecederos, pero se apañan. Como cocineros, los he visto mejores, pero admiro su trabajo empezando por Sergei, el ruso de la entrada. Están aquí para informar a la gente de lo que pasa ahí fuera, sin recibir nada a cambio. Bob se sentiría orgulloso si lo viera.

Lo están buscando, pero no tienen nada sobre donde puede estar, no saben ni donde empezar a encontrar pistas. Desde que le perdí el rastro en la Masía de Arturo yo tampoco sé nada de él. Les he explicado las últimas horas que pasé con él, es muy querido por sus trabajadores y eso habla muy bien de él, en el reportaje lo especifica. Sara me preguntó si me importaba que saliera mi nombre en el reportaje final, dudé, pero al final accedí a que saliera. Así que aquí estamos, delante de un Led Mac Cinema Display de treinta pulgadas, maquetando el final del “reportaje de su vida” según sus propias palabras.

No pretende ser amarillista, ni ofensivo, ni atacante, ni siquiera jugar a vender más, solo informar, para lo que se inventó la prensa escrita, ahora en tinta digital, pero que en el camino perdió sus formas, intentando asustar, alejando de la realidad lo que pasaba ahí fuera, ayudando a fines políticos o económicos. La misma temática que nos ha llevado a esto. A jugar a ser Dios, a interponer otros intereses al más importante de todos, la vida.

Y así nos vemos. Desde luego que algo que me ha reportado esta visita, es volver a creer en el ser humano. Volver a sentir que no somos tan malos, que podemos ser menos crueles, que hay gente que quiere ayudar a desconocidos, ya que a seres queridos es muy fácil. Que hay esperanza, que no hace falta que venga nadie a demostrarnos que podemos cambiar las cosas. El destino no está escrito.

Alba está durmiendo en el sofá que hay al lado nuestro, Sara está acabando cuatro configuraciones básicas y se dispone a colgarlo en la red. Ha habilitado una cuenta de correo específica y ocupa toda la primera plana, incluso ha hecho eco en las páginas más importantes de noticias digitales, yahoo.com, msn.es , etc…

No es un concurso de ver quien mea más lejos. Bob no quiere eso, esté donde esté. Ellos tienen esperanzas, que al publicar el reportaje y se monte el “revuelo”. Los captores de Bob lo soltarán, tristemente yo eso no lo creo. El ejército estaba muy involucrado en esto y visto lo visto ha ido a peor, en este momento se extiende por el resto de países, así que lo último que querrán es que las noticias se propague como la pólvora.

-¿Cuánto hace que trabajas aquí Sara?

-Unos nueve años, desde que acabé Periodismo. ¿Porqué?

-Bob insistió mucho que solo fueras tú quien llevase el reportaje.

Me mira y se quita las gafas.

-La relación con Bob es muy especial.

-Estuvisteis juntos…

-No. Eran otros tiempos, nosotros compartíamos una pasión. El periódico era pequeño…

-Demasiado tiempo juntos, seguro.

-No, no. Para nada, nos faltaba tiempo. Él estaba casado, una mujer maravillosa y unos padres muy clásicos.

-Y nunca la dejó.-Le digo.

-Bob es viudo. Ella murió de una enfermedad muy dolorosa. Lo llevaron los dos juntos y nadie creía que ella recayera. Pero lo hizo.

-¿Y qué pasó?

-Se obsesionó de tal forma con la Seguridad Social, que no le dejaba vivir. Perdió tres juicios contra los doctores que culpó de negligencia médica. Y aparecí yo.

-Pero, no estáis juntos…

-No podemos. Lo quiero como nunca he querido a nadie, pero no es para mí. Él siempre será de ella, no puedo vivir sabiendo que nunca me querrá como él la quiso. Llámame tonta.

-No seré yo quien te juzgue.-Mugito, maldiciéndome por mi error.

-Lo peor de todo, es que quién ahora lo retiene, es posiblemente al tipo de personas que más le repugna a él. Es como si el ser que más odiases del mundo te privase de lo único que tienes, tu libertad.

-Creo que ya he sentido eso alguna vez…

-Lo sé. –Me dice mirándome de forma compasiva.

-Es la peor sensación del mundo. Si tuviéramos una sola pista de donde puede estar…

-No te culpes. Es como si dijeras que es culpa tuya el holocausto, el apartheid, las explosiones nucleares, porque no hiciste nada por evitarlo.

-…

-Quiero decir que no excuses la gente mala porque no tengas armas para combatirlo.

-Visto así.

-Bob me enseñó muchas cosas, trabajo con él prácticamente desde que soy periodista.

-Entiendo.

-No odies. La vida es muy corta para vivir enfadado.

Los dos miramos a Alba, duerme aún plácidamente en el sofá que está a nuestro lado en la redacción. Está acorrucada en posición fetal, demasiadas emociones en un día supongo.

Sara me mira:

-Cuídala, sino te arrepentirás toda tu vida. –Me dice con la voz más sincera del mundo.

Mañana volveremos a la carretera, puede que me busquen más apasionadamente a partir de la publicación del reportaje. Ya no me importa, prefiero que se sepa la verdad.

 

 

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