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HOTEL CALIFORNIA

VICTORIO DIA V (Capítulo 56)

 

Como siempre me pasa, tengo un imán especial para buscar problemas en cualquier sitio por extraño que éste sea. Después de salir del edificio que está al lado del hospital y darme cuenta que casi la mitad de la ciudad está atrincherada en sus hogares, todas las televisiones del país emitían en directo el comunicado de la OMS donde decían que en breve, se cerrarán las fronteras.

Aquello desató la locura, los que se habían quedado en casa en la primera ola de salida de refugiados, decidieron que aquel momento era el mejor para huir. Pero... ¿A dónde?

 

Todos ya habíamos visto vídeos de ataques, noticias espeluznantes, héroes que salvaban gente sin esperar nada a cambio, entre comillas, “ya nos estábamos acostumbrando”.  Incluso había gente que durante horas asomada a la ventana, estaba harta de ver a esos seres y cómo actuaban. En los primeros vídeos de Internet se les asocia a borrachos, drogatas y todo tipo de maleantes de la calle cuando el mundo era “normal”. Después la cosa cambió radicalmente, la gente empezó a querer defenderse de ellos, incluso se publicaron guías en blogs de la red, donde decían como acabar con ellos, como actúan, relatos de ataques o recomendaciones. El pueblo se estaba preparando, pero sólo en teoría, ya que en la práctica las cosas cambian.

Destruir el cerebro es la prioridad, pero ¿tenemos armas para hacerlo? ¿tenemos sangre fría para actuar en el momento exacto? ¿estamos entrenados para que la presión no nos haga titubear?

No, definitivamente no. Imagina por un momento la mejor arma contra ellos, un rifle de francotirador, la más ventajosa posición contra ellos, elevado y a unos dos cientos metros de distancia y ahora mézclalo con un ciudadano medio, hombre de 45 años que seguramente no hizo el servicio militar, está sobrealimentado y no ha disparado un arma nunca. No acertará en la cabeza ni en mil años. La teoría está muy bien en una aula, pero en el mundo real, los acontecimientos los decide la física.

Así que, cuando el “notición del día” llegó a las teles de medio mundo y a la totalidad de la península, el caos fue palpable. Mucha gente ya tenía preparado su kit de fuga, de nuevo en pocas horas, las carreteras volvían a estar colapsadas pero con los restos y los escombros de la primera ola de refugiados.

Para cuando las carreteras recibían miles de vehículos, los arcenes ya estaban ocupados por los coches abandonados hacía días. No había vuelta atrás, todo el que entraba en ese embudo aunque lo decidiera, no podría deshacer el camino. Y aquí estoy, subido a una pequeña colina, devorando barritas energéticas. Me podría haber traído más cosas para comer, dieta variada coño. Ahora mismo aunque yo también quisiera, tampoco creo que pudiese volver a casa. Está todo saturado.

Mi plan consiste en pasar la tarde por aquí, ver cómo suceden los acontecimientos y salir a la caza de las cosas esas, porque visto el ruido y escándalo que montan en las caravanas, es solo cuestión de tiempo que lleguen los “visitantes”. Mi localizador no ha sonado aún, he cruzado la ciudad, estoy en una colina por donde he tenido que pasar un bosque para llegar. Por el suelo había ropa rota, zapatos sin dueño,  claras señales de lucha y él sin pitar, Páter me ha engañado, esto no va. O en el peor de los casos, esos bastardos huérfanos no están en la ciudad ni por los alrededores.

Desde donde estoy veo un par de carreteras de salida, uso la mira telescópica para vigilar qué es lo que pasa, todo está bastante ordenado y bien. Me extraña tanto. Hay un par de exaltados gritándose, porque uno ha alcanzado el coche del otro.

Pararse ahora mismo en medio de la carretera porque el tipo de detrás te ha dado un arañazo en el coche viejo es, cuanto menos, ridículo. El ambiente está muy caldeado y si no hubiese sido por esto, habría sido por cualquier otra tontería. Condición humana.

 

Mi teléfono suena, es la alarma que tengo para los e-mails. Lo abro y pone:

“Victorio.

Tenemos a alguien que te encantará ver. Ven al polideportivo. Yo estaré aquí.”

Páter ha cazado a alguien. Miro por última vez haciendo un barrido por las zonas que vigilaba, tres incidentes menores y entre conductores alterados. Me voy a ver qué me tienen preparado mañana.

Me acerco a mi coche con la mochila de las armas y el estuche del rifle de francotirador, por ahora han sido poco útiles, una lástima. Bueno, me han servido para hacer un poco de musculación, no veas cómo pesan.


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