Blogia
HOTEL CALIFORNIA

PATRICK NOCHE DEL DIA XV PARTE I (Capítulo 60)


 

Bob estaba famélico, mientras comía algo que le hemos preparado le he estado bombardeando a preguntas. Él debía saber mucho de todo lo que había pasado o pasaba allí de donde veníamos. Tomo y Shannon se han quedado fuera vigilando que no haya nadie más de los que somos. Jared está tumbado en el sofá, creo que duerme.

 

-¿Quién te ha hecho lo de la cara?

 

-Esos cabrones del orfanato, intentando sacarme información de tu hermano. Lo único que les di fue el e-mail, me estaban amenazando con echarme a una de esas cosas encima, creía que después podría avisarle, pero tiene el teléfono apagado. Si tenías entendido de que aquel centro era un centro público como pensaba tu hermano, estáis equivocados. El centro es propiedad de la Iglesia, que se lo alquilaba al Estado pero que ambos decidieron utilizaros a vosotros para un tercero que experimentase armas biológicas, mutaciones de adn, sueros para los ejércitos y yo que sé más. Con el tiempo, esa empresa se la quedó la Santa Sede, era una mina de oro. Les estaba dando beneficios brutales. Nunca pensaron que podría pasar esto, no conocen la ley de Murphy.

 

-¿Y tú que pintas en esto?

 

-Tu hermano contactó con una ayudante mía, espero que esté en la redacción con los demás. Nos conocimos, nos caímos bien y se quedó unos días conmigo para escribir el artículo que te sacaría de aquel infierno. Veo que no hizo falta.

 

-Entonces… ¿Él me buscaba a mí?

 

-No hacía otra cosa, las noticias, los periódicos, Internet… se pasaba el día leyendo artículos sobre el orfanato por si veía que estabas entre los supervivientes o los demás.

 

-¿Cómo te enteraste de que le han tendido una trampa? –Jared se incorpora y acerca el sofá hacia nosotros.

 

-Cuando me sacaron la dirección del mail, con mi teléfono, ese perro sabueso del vaticano, un tío con acento italiano y pinta de mafioso, escribió delante de mí el mensaje para tu hermano. Han quedado mañana sobre las doce del mediodía en Tossa de Mar, Girona. En la entrada del pueblo. Quieren matarle y creo que a ti también. Lo que él no sabe es que su jefe está muerto ahora.

 

-¿Y eso?¿Cómo que su jefe ha muerto?

 

-Para sacarme la información, el italiano, me amenazaba con un podrido que tienen atado a un cable en una habitación. Cuando sucumbí a la presión,el padre del que no me acuerdo su nombre, me estaba dando una paliza con un puño americano, el ser estaba excitado y violento al ver como aquel tipo me golpeaba. El italiano lo llamó para explicarle como habían quedado tu hermano y él, yo lo escuchaba todo. Siempre he tenido mucha flexibilidad y conseguí sacarme las bridas que hacían función de esposas que no apretaron lo suficiente. Al entrar a seguir zurrándome le puse la zancadilla, cayó a los pies de ese cadáver inmundo, él no desaprovechó la oportunidad y lo destrozó allí mismo. Corrí como un desesperado para salir de aquel sitio donde llevaba no sé cuantos días. Pude escapar.

 

-¿Entonces te buscan también a tí?

 

-Yo no diría eso. Si cayera a sus pies, me matarían encantados eso no lo dudo, pero perder el tiempo buscándome, no creo. Tienen cosas mucho más importantes en que pensar, su jefe ahora pertenece a las hordas de gules que campan por el mundo en busca de algo que destrozar. A más, mientras escapaba, escuché como hubieron más ataques. Ya que antes de salir de las instalaciones, solté a un par de esos que tenían atados en las camas para investigarlos. Necesitaba desorden para poder huir. Lo siento si por culpa mía, algún inocente salió herido o peor.

 

-Joder. ¿Entonces qué hacemos? Yo quiero salvar a mi hermano y encontrarlo.

 

-Yo me apunto. Fui quien le dijo a ese mercenario el mail y es mi responsabilidad, mira este es su número, si quieres intentar llamarlo. He estado llamando como un loco desde una cabina y no da señal.- Dice mientras se acaba la última pechuga de pollo frito.

 

-Jared ¿cómo lo ves? ¿Podrías dejarnos un par de motos? –Le pregunto.

 

-Espera, espera. Yo no voy en moto con esas cosas por ahí sueltas ni loco. En el polideportivo escuché un montón de veces que en los alrededores de la ciudad hay muchos más. La gente, lo primero que hizo es huir y en muchos casos se transformaron en las pequeñas poblaciones del extrarradio. Los hospitales de los alrededores de Barcelona eran un caos, gente que se ponía enferma en su trabajo, de visita a sus familiares porque la empresa donde trabajaban había cerrado por precaución a que no hubiesen más infectados, los que se ponían malos en las caravanas de huida, imaginad el panorama…

 

-Espera, espera señor periodista. ¿Quién ha dicho que nosotros no vamos? –Pregunta Jared a Bob.

 

-Pero… Vosotros estáis seguros aquí, tenéis agua, comida, luz… -Le digo pensando que ellos preferían quedarse.

 

-¿Tenemos pinta de que nos guste la seguridad? –Dice Jared mientras me agarra la cabeza y me alborota el pelo riéndose. –Nos vamos todos de excursión. –Dice con claro sentido para que le escuchen los otros dos que están fuera vigilando.

 

-Por nosotros, perfecto.- Confirma Shannon asomándose por el hueco de la puerta que queda entreabierta.

 

-Decidido. Salimos en cuanto tengamos preparados los vehículos, chicos, nos llevamos la Sprinter también. Habría que meter uno de los bidones grandes en la parte trasera de la furgoneta lleno de gasolina y las dos motos de competición, no creo que nos detengan por circular sin matrícula. Las dejaremos dentro por si nos hacen falta más adelante. Quién sabe. Todos poneos monos de piel de moto, eso evitará si nos atacan que atraviesen la piel con los dientes. No os olvidéis de zapatillas cómodas, porque habrá que correr, seguro. Coged algo de comida, lo que no sea perecedero y agua, unos cuantos bidones.

 

Nos ponemos todos en marcha, siempre intentando que no nos vean nuestros amigos del Hotel California, que han vuelto a practicar el tiro al Z. Bob se ha llevado un buen susto cuando han disparado por primera vez, le hemos explicado de que va la historia y con una mueca rara los ha insultado como hemos todos esta semana. Se ha aseado y ahora parece una persona respetable, desde el taller casi se escuchaban las quejas al curarse las feas heridas de la cara. Hemos metido un depósito grande en la Mercedes-Benz de carga, gasolina noventa y cinco, simplemente porque es más compatible con todos los vehículos. La Sprinter que es el único diesel la hemos llenado hasta los topes de gasoil, al ser una herramienta de trabajo su autonomía es elevada. Metemos las dos motos y las atamos fuerte, damos por sentado que será un viaje movidito. Tomo ha cogido la defensa delantera de barras de acero de un Nissan Patrol GR y la está acoplando al morro del vehículo industrial. Es un manitas.

 

Jared está instalando unos grandes faros Carello en el frontal del Integrale, es una pieza específica y la ha montado en veinte minutos, me acerco a ayudarle.

 

-¿Quieres qué instalemos unos en el tuyo?-Me pregunta mientras aprieta los últimos tornillos.

 

-¿El mío? –Pregunto extrañado.

 

-El 500. Lo llevarás tú. –Me dice .

 

-¿Yo? No es que no quiera ni mucho menos pero ¿porqué yo? –Pregunto ilusionado.

 

-Tomo y Bob irán en la Sprinter, para abrir camino. Tú y Shannon en el 500, es pequeño y será ideal para comprobar los caminos, en caso de ataque Shannon podrá ayudarte. - Me dice acabando su tarea.

 

-¿Y tú?- Le pregunto aún y sabiendo la respuesta.

 

-Me quedaré en el Lancia, no me importa ir solo. No puedo dejar el coche de mi padre aquí, no es solo un montón de acero para mí. Lo de los faros, te lo digo porque durante la noche vamos a necesitarlos, si salimos mañana por la mañana puede que no lleguemos. Haremos noche en la carretera. Si queréis echar una siesta de media hora o una hora, hacedlo. Estar descansados es importante para todos. Un compañero adormilado es muy peligroso, esas cosas no descansan.

 

De vez en cuando nos asustamos, al parecer estamos haciendo más ruido del que deberíamos, porque a veces nos escuchan los podridos de ahí fuera y golpean las paredes de chapa desde el exterior. No hemos visto nada de lo que sea que ha entrado en el cementerio de coches, desde el apartamento de encima del almacén se ve prácticamente todo el terreno y aunque los coches achatarrados dificultan la visión, no hemos visto nada de nada. Eso me mosquea más.

 

Según vamos acabando las tareas que teníamos que preparar para el viaje, se van a asearse y echar una pequeña cabezadita. Tomo, Shannon y el exhausto Bob ya han subido hace cosa de un cuarto de hora. Jared y yo, acabamos la instalación de los faros de la Sprinter y del 500, le dan un aspecto demoledor, bueno en realidad lo acaba él, yo he estado haciendo unos adhesivos grandes con formas de calaveras con un rollo de vinilo que he encontrado en el taller. Las he recortado y ahora pego la última. Jared se levanta de instalar cables y me dice:

 

-Perfecto. Vamos arriba a echar una cabezadita y nos vamos.  

¿Y esta publicidad? Puedes eliminarla si quieres

0 comentarios

¿Y esta publicidad? Puedes eliminarla si quieres