Blogia

HOTEL CALIFORNIA

NUEVOS LECTORES EMPEZAD POR AQUI

Para los que os habéis incorporado recientemente:

-Hotel California es una novela/blog que se actualiza continuamente, por eso el orden no es el correcto de lectura.

-El capítulo uno es este:  http://hotelcalifornia.blogia.com/temas/capitulo-1-hc-la-novela-zombie-.php (están todos ordenados en la izquierda el apartado TEMAS)

-Son diferentes puntos de vista del mismo hecho, por eso es tan importante el orden de lectura.

-¡MUY IMPORTANTE! únete a nosotros en facebook presionando ME GUSTA en el banner de la izquierda, recibirás información de los nuevos capítulos, vídeos y demás noticias. Imprescindible.

-Comparte el enlace en el muro de tu facebook y ayudaréis a que Hotel California la conozca más gente y podamos abordar nuevos retos. Hazlo, no te cuesta nada y te estaré muy agradecido.

-Si tenéis alguna sugerencia al autor dejad algún comentario en los artículos o un e-mail a : jesus.alvarez.bar@gmail.com

Gracias a todos y espero que os divirtáis tanto leyéndola como yo escribiendo.

Nota curiosa: La novela está escrita íntegra en un iPhone 4, con las aplicaciones "Notas" y "Dragon dictation".

JESÚS ÁLVAREZ

¿Y esta publicidad? Puedes eliminarla si quieres

PETE DIA XV EN EL EXTERIOR (Capítulo 58)


Acabamos de salir de la redacción, todos se han portado muy bien, son una gente genial. Hoy el mundo se despertará con la noticia de Bob, la única crónica verdadera que se podrá leer de la mano de un periodista, se acabaron las conjeturas, las mentiras, el ocultismo, al fin la verdad llegará al ciudadano de a pie.

Nos han dado comida para nuestro viaje al pequeño pueblo pesquero de Girona, agua y muchas ganas de seguir adelante. Aunque las cosas se recrudecen mucho en el resto de Europa, según la radio, la infección está en todas partes, la palabra epidemia saldrá pronto y lo peor de todo es que será seguida por: ley marcial, restricciones y puede que Apocalipsis social. Esto es temible, realmente empezaremos a ver el resultado de este caos según vayamos saliendo de Barcelona, porque en contra de todo pronóstico es en la ciudad donde menos casos se percibe, al menos de lo que yo pensaba ver, porque las dos “operaciones salida” se han llevado casi a los cuatro millones de habitantes lejos de aquí.

El largo tiempo de incubación del virus, la mayoría han tardado más de veinticuatro horas, las prisas por salir del casco urbano y la sorprendente capacidad de dispersar la población que tienen las salidas de una gran ciudad han hecho el resto. Los trenes no daban abasto, los padres de Alba se fueron sobre vías por ejemplo, los aeropuertos han funcionado a tope, las carreteras pese a congestionarse rápidamente, han dividido su tráfico entre carreteras secundarias, nacional y autopistas (las peor paradas sin duda).

Así que nuestra opción es clara, carreteras secundarias. Nos quedan más de cien kilómetros por delante, pero lo peor no es eso, sino no saber como estará todo hasta llegar a allí. Eso es lo que realmente me preocupa. Continuamente animo a Alba para que no se agobie, lo último que necesito es una persona pesimista y desalentadora a mi lado.

Así que nos despedimos de Sara y todos sus compañeros, hemos intercambiado e-mails por si Internet es la única vía para comunicarnos, el teléfono móvil apenas tiene cobertura y encima está casi sin batería.Qué desastre. Bajamos al aparcamiento, la silueta del deportivo se adivina entre los primeros rayos de sol del día, como me gusta este Porsche, es precioso. Nos montamos en el coche, seleccionamos el destino y ponemos “Evitar autopistas”, bueno, ciento seis kilómetros en línea recta, así que acabaremos haciendo doscientos, en fin, vamos allá. Las primeras indicaciones nos envían a la Nacional II para no pasar por la autopista del Maresme, pasamos justo por debajo de la ciudad y las rondas. La Litoral es nuestro camino, qué miedo me da. De momento hay muchos coches parados en los laterales, es pleno día y si saliera alguno de esos monstruos, lo veríamos de lejos.

Pasamos justo por encima de la Zona Franca, el puerto está totalmente inoperativo, los coches siguen inundando los laterales de la carretera, algunos con las puertas abiertas y han dejado un carril bastante estrecho, al fondo veo que las han dejado los dos coches que están paralelos, ya no cabemos. Así que me he acercado todo lo posible, Alba con el bate y medio cuerpo fuera, está intentando empujarla puerta del BMW Serie 3 gris para cerrar. Voy controlando los lados para que no venga algún indeseable, ahora mismo somos una presa muy fácil.

Entre dos coches, un Ford Focus plata y una Citroën Berlingo blanca de “Ebanistería Casal” , hay un cuerpo tirado boca abajo, le falta un zapato, es un hombre, de su estómago sale una mancha que tiñe la carretera de un rojo negruzco reseco, huele realmente mal. Lo miro fijamente, mientras Alba consigue cerrar la puerta de un golpe en el lomo de la puerta, el ruido despierta al tipo y torpemente intenta incorporarse. Lo que yo no sabía hasta que escuché el grito de Alba es que en el BMW también había otro ser inmundo, que empieza a gruñir a través del cristal del coche bávaro, dibujando en el cristal un surtido de manos sangrientas.

Acelero contundentemente pasando a escasos centímetros de los retrovisores de los demás vehículos, una capa más de pintura y los habría rozado, empiezan a salir a nuestro paso todo tipo de figuras dignas de la mejor de la casa de los terrores existentes. Algunas incluso llegan a golpear la chapa con las palmas de sus frías manos, cada vez que pasa, me sobresalto. Los más impactantes son sin duda los niños, no acabo de acostumbrarme a esos seres en cuerpos de pequeñas personitas de apenas cinco años.

El sonido de la alarma de nuevo mensaje del teléfono hace dar un brinco a Alba, un e-mail, me pide permiso para abrirlo,  dice que es de Bob, que sabe donde está mi hermano y que le diga donde podremos vernos. Casi se me saltan las lágrimas, las emociones están a flor de piel y recibo la mejor noticia que me podían dar. Indico a Alba que conteste rápido antes de que se acabe la batería y le diga que en veinticuatro horas nos vemos en la entrada de Tossa de Mar, en el pequeño concesionario de barcos deportivos, al final de la carretera de curvas.Es increíble, voy a volver a ver a Patrick y Bob no ha muerto. Mi alegría es infinita ¡voy a verles mañana! Alba me da un sentido abrazo.

-¡Vas a verles al fin! Ves como no debías preocuparte tanto tontorrón. –Me dice a escasos milímetros de mi cara.

-No te imaginas la ilusión que me hace…

Según circulamos por los lados del puerto, veo que sí hay gente, vehículos militares y cuerpos de soldados se agolpan en los muelles. Si pudiera, iría a pedir ayuda, pero yo soy un proscrito.

Una mirada más detenida anuncia que están preparándose para tomar las calles con vehículos pesados y semi pesados. A buenas horas. Están formados por todo tipo de batallones, hombres a pie, con caballos y los vehículos. Deben haber venido en una fragata que está atracada en el puerto. Vamos, creo yo. Sigo pasando entre coches, solo que ahora no nos siguen esas cosas, han desaparecido por el retrovisor. Llegando a los túneles de la ronda los coches están apartados de forma diferente, marcas de neumáticos en el suelo evidencian que los han arrastrado, ¿con qué?. No lo sé, porque los golpes en la chapa de los vehículos apartados son en partes bastante altas. Puede que un vehículo militar pesado, un quitanieves, un camión…

Es siniestro pasar por aquí, una carretera tan concurrida en una ciudad tan grande y totalmente desierta es cuanto menos terrorífico. Al recorrerla de arriba abajo mientras buscaba alguien que me hiciera caso en mi reportaje, la conocí en plena vida rutinaria de la urbe, ahora en cambio, todo está parado, desierto y dejado. Es increíble lo que hacen unos días sin mantenimiento en las grandes colmenas de humanos. Cuando pasamos por debajo de puentes, los vemos a ellos, perdidos, cansados, sin saber donde mirar, ignorantes en muchos casos de nuestra presencia. Según circulamos por zonas más abiertas, en los parques se pueden observar grupos de seis a diez cadáveres andantes, despachando a alguien, podría ser cualquier cosa, un perro, un gato, un niño… Quién sabe. Alba y yo, llevamos todo el camino callados. Sé que cada vez que ve esto, piensa en sus padres, en sus seres queridos. Inconscientemente, lo hacemos todos.

Ahora me doy cuenta qué arrastraba los vehículos hacia los lados. Un camión de bomberos que se encuentra parado en medio de la carretera, justo en el cruce que divide el camino entre la Nacional II y la autopista del Maresme. Estamos encerrados, totalmente encerrados. Miro a Alba, voy a tener que salir hacia fuera. No parece que haya ninguno de esos podridos, el cruce es un paso elevado, todo y que hay coches, hace rato que estos no esconden a nadie en su interior. Ella aunque no le gusta verlos, mira al interior de los turismos para asegurarse, disimulo y no le digo nada. ¿Para qué? ¿Para ponerla más nerviosa? No vale la pena.

-Alba, voy a tener que bajar. Si esos bomberos han llegado hasta aquí arrastrando coches, yo también podré hacerlo. Sígueme con este, ¿vale? Si tienes cualquier problema haz luces, iré mirando por el retrovisor, si pitases llamarías mucho la atención, intenta evitarlo.- Le hablo mientras le cojo con las dos manos la cara y la beso para que se tranquilice.- Saldrá todo bien, hemos pasado mucho en muy poco tiempo. ¿Quién te diría a ti hace dos meses que conducirías un 911 por en medio de Barcelona? .-Bromeo.

Cojo el bate de béisbol saliendo hacia el camión, ella se cambia de asiento y cierra los pestillos, pobre, piensa que eso le resguardará de los apestosos. Sigo andando, mirando hacia los lados, algunos Z están alrededor de la zona, pero no me ven, no me hacen demasiado caso. Abro la puerta lo más sigilosamente posible, es un camión rígido Mercedes Atego rojo y blanco, con una caja grande cuadrada con persianas a los lados para sacar las herramientas y una gran escalera en el techo. Entro y lo primero que hago es mirar hacia detrás, si encontrase algo o alguien ahora, sería hombre muerto, ya que en un espacio tan reducido mi bate es inofensivo e incómodo de usar. No hay nadie. Delante del camión no hay demasiados coches hasta que el camino está libre, pero si más adelante, una vez sorteado este cruce me encuentro en la misma situación, con el Porsche no podré empujar.

Me acomodo en el asiento y giro la llave, está prácticamente sin gasoil ya que la aguja está por debajo de la última marca. Enciendo el motor con otro giro de llave, el ruido chirriante de la correa del ventilador y del propio motor, hace que todos esos miserables se giren hacia mí. Adoptan esa postura característica de tensión de extremidades, amenaza con la boca negra y se dirigen hacia mí. Acelero con fuerza hasta golpear el primer coche, por el retrovisor veo el coupé plateado cerca de mi trasera. Pensaba que arrastrarlos sería más fácil, ahora lo entiendo, los bomberos los deslizaban desde las esquinas de la  parte trasera del coche para que se girasen y luego con un golpe de volante hacia el lado contrario “aparcarlo” en el lateral de la calzada.

Los Z están cada vez más cerca, la valla, rota por una sección, debido a un accidente, les permite el paso y ya están en la carretera, pasando entre los coches aparcados a unos cincuenta metros detrás de mi. Mierda, llegarán antes a Alba que a mí. Con la técnica de aparcar coches menos elegante del mundo, los voy apartando entre chirridos de chapa, plástico crujir y pilotos romperse en un millón de pedazos. Están muy cerca y aún me quedan tres, el primero que tengo delante es un Peugeot 408 negro y amarillo, un taxi, lo aparto a un lado entre tosidos del motor del camión debido a mi prisa. Los siguientes don dos coches pequeños y los últimos de la fila, un Nissan Micra y un Smart, esos cabrones ya pueden sentir el olor de los tubos de escape del deportivo de Stuttgart. Acelero a fondo el motor diesel del camión estampándolo contra el Micra, embistiendo a los dos pequeños contra las vallas y dejando el paso libre.

Salto corriendo del camión, con mi bate de aluminio gritando y llamando la atención mientras ellos iban a exigir su presa, una preciosa rubia en un coche de menos de metro treinta de altura y ciento veinte mil euros de precio. Sigo gritando y agitando mi arma, sin ver que detrás de mí un bombero al que le falta media cara, me ha tomado por su presa. Su gruñido me hace girarme, mide al menos un palmo más que yo, me mira fijamente y se lanza hacia mí con una energía brutal. Esos cerdos, parece que conserven la agilidad que tenían en vida cuando les interesa, sobretodo al atacar. Salto por encima de los techos de los coches mientras dejan a ella en paz.

-Corre, pasa por delante y ahora te cojo. ¡Corre ahora! –Le grito sin apenas aire.

Acelera contundentemente pasando la zona del Micra y el camión de bomberos, por un segundo he pensado que no paraba yéndose sin mí, me ha recorrido un calambre por la espalda pensando en el panorama que sería. Pero las luces de freno se han iluminado, convirtiéndome en el mejor trepador de techos de coche en caravana que esquiva zombies del mundo. El bombero me sigue de cerca, el muy cabrón es el más rápido, alarga sus huesudas manos rozándome los tobillos, mientras salto como un loco, patino con la luna delantera de un Seat Ibiza y me caigo de espaldas en el capó.

Me coge con la mano el pie izquierdo y aprovecho para darle una patada con la planta del derecho. No me suelta, así que cojo el bate con la mano derecha y le rompo el brazo con un golpe seco. Ni se queja, definitivamente no siente dolor, pero el cuerpo es igual al nuestro. Así que me deja ir y aprovecho para atizarle de nuevo, esta vez en la cara, haciéndole caer entre dos coches pintando la carrocería de uno de ellos con los restos de su tez pálida y cadavérica.

Esprinto como un caballo de carreras e intento abrir la puerta del coche, lo ha cerrado desde dentro, busca el botón de desbloquear los seguros y me siento en la plaza del copiloto.

-Vámonos de esta locura, definitivamente ha sido lo más absurdo que he hecho en mi vida, joder, si pudiéramos tener cartuchos para la recortada… -Digo resignado.

-Deberíamos buscar una armería o algo, iríamos mucho más seguros.- Me dice mientras no quita el ojo de la carretera.

-Pero es que no conozco ninguna por aquí… -Voy mirando a los lados pero esto no tiene pinta de tener nada parecido.

Ahora sí que estamos llegando a la nacional que pasa paralela a las vías del tren de la costa mediterránea del Maresme. No son municipios muy grandes, pero están a las afueras de la ciudad de Barcelona y eso sí que nos da miedo, según íbamos saliendo, peor estaba la cosa. La lentitud con la que hemos recorrido lo que llevamos de camino, nos ha hecho perder tiempo y combustible.

Aquí no podemos esperar que sea diferente el panorama. La rotonda que dirige a la nacional está bastante colapsada de coches, espero que no estén bloqueando totalmente el camino y podamos pasar. Porque aquí sí que están las casas cerca de la carretera.

Y ya sabemos lo que hay en las casas hoy en día…

VICTORIO DIA VI (Capítulo 57)


 

La sensación de ir entrando a la ciudad totalmente solo y ver las grandes colas que salen del centro de la urbe, demuestran la desesperación de los ciudadanos por salir del enjambre. La verdad, es que no me parece la solución más inteligente, pero bueno que le vamos a hacer. A unos metros del polideportivo, un control militar, ya empezamos con las tonterías:

-No puede pasar caballero, esto es zona restringida. –Me dice el imbécil.

Me llevo las manos a la frente, me toca volver a explicarles a estos idiotas quién soy. Qué paciencia.

-Por favor, diga a la persona al mando que vengo a ver al Páter, soy Victorio. ¿Porqué no os apuntáis mi nombre y ya está?

Lo primero me ha oído y lo está preguntando por la radio que lleva colgada en la solapa del hombro derecho:

-¿Perdone que ha dicho después? –Me pregunta servicialmente.

-Da igual, da igual. No se moleste. ¿Paso ya?

-Sí, sí. Siga a mi compañero. –Me dice señalando a otro militar que ahora entra en escena.

Un soldado se monta en un Anibal verde, me dice que lo siga con un gesto con la mano, le sigo. Sé el camino de sobras, aún retengo algo en la memoria, menos mal. Damos la vuelta por el lado del polideportivo donde no está el foso común que vi la última vez que vine, menos mal, no tengo ganas de ese espectáculo ahora. En el mismo sitio que estacioné el Maserati me invitan a que deje mi todoterreno. Se espera a que me baje del coche y me acompaña al interior. Cuando entramos apunta hacia mi anfitrión. Me acerco a él.

-Páter.- Saludo.

-Hola Victorio, me vas a venir muy bien. Tenemos a alguien que te gustará ver y además podrás echarme una mano con la confesión. ¿Qué tal se te da eso? –Me dice mientras se seca las manos de sangre con una toalla.

-Bien hasta el momento. Jodidamente bien. Perdone por el taco, era la mejor forma de que me entendiese. ¿Quién es?

-Es un periodistucho que ha metido la nariz donde no le llaman. ¿Pero sabe qué es lo mejor de todo? Pasó unos días con Pete y se comunicaban con el teléfono, para no localizarlo, se escribían e-mails, así que no tiene su número, una vez tengamos el código de encendido lo averiguaremos… -Me enseña un teléfono móvil.

-Creo que le entiendo Páter. Entraré a hablar con él.

Me acerco al reportero, tiene la cara ensangrentada, me parece que le han dado bien antes de qué yo llegase. Él me mira, supongo que piensa que le voy a pegar, ¿para qué? Con todo lo que le han dado no creo que ahora dándole más le saque algo, seré más rápido. Entro con el teléfono en la mano.

-No te voy a dar dos oportunidades, yo quiero saber algo que tú me dirás. Sino te mataré o puede que algo peor. –Señalo con la vista a las camas donde están los infectados.- No tienen aprecio a tu vida, les importas poco. Si hablas será más sencillo.

Me mira mal, no está dispuesto a colaborar. Bueno pues seremos prácticos y directos, me meto el teléfono en el bolsillo. Lo desato de la silla y salgo hacia el pasillo con él, sus piernas no aguantan su propio peso, o está fingiendo o este tipo está exhausto. Me acerco al padre, que está firmando unos documentos y le doy el móvil:

-¿En la sala aquella está aún el podrido al que le disparé en el pecho? –Le pregunto aceleradamente, para que mi presa tenga más miedo.

-Sí claro, es otro diferente porque yo lo maté al último, pero hay uno ¿qué vas a hacer? Oye… oye… -Me está gritando mientras arrastro al periodista a la sala.

Entro en la habitación, el ser que ha notado que hemos entrado empieza a ponerse nervioso pero aún en la urna. Se asoma el padre.

-¿Qué haces? ¿Te has vuelto loco?

-Usted quería información y la va a tener. Coja el teléfono. Tú imbécil, dame el PIN del teléfono.

-¿Qué?- Me contesta escupiendo sangre.

-¡Qué me digas el PIN joder!

No contesta y me mira mal. Le hago un gesto al militar que se ha puesto al lado del botón que acciona la puerta, él me mira, no va a hacer nada hasta que el padre no se lo diga. El padre me mira, no le gusta lo que hago e indica al soldado que me haga caso. Le da al botón y el infectado corre como un loco hacia nosotros. El redactor sale de su trance y del susto se aparta hacia la puerta de un salto. El ser se ha parado debido al cable que le sujeta de la cintura. El periodista lo mira aterrado. Lo cojo de la pechera y vuelvo a repetirle:

-¡Dime el PIN o te echo con él!

Me mira mal de nuevo. Se lo acerco a ese ser inmundo que gruñe como un poseso ante su presa, se me están poniendo los pelos de punta, le toca con sus manos frías la cara, la expresión del reportero cambia, está aterrado. El no muerto da bocados al aire, desea arrancarle la vida.

-Solo le estoy pidiendo el código y le soltaremos.- Lo acerco un poco más hasta que puede notar el aliento, si es que tienen, de esa cosa en la nuca, empieza a llorar.

-1368. –Dice entre lloriqueos de nena.

-Enciéndalo padre.

Páter enciende el teléfono e introduce el código. El sonido de bienvenida me confirma que no ha mentido, ya tengo lo que quería. Según me pongo más violento, el no muerto se acelera también, el movimiento y la agresividad los hace ponerse más tensos y bruscos. Es curioso, son muy básicos. Empujo al periodista contra el padre:

-Ahora es suyo, déme el teléfono.- Le quito el teléfono de las manos.

Mientras trasteo sus mails, encuentro el contacto de Pete. Al parecer fue él quién contactó con el periodista para venderle la historia, interesante. Lo tengo chupado. Empiezo a escribir el mail. Me asomo a la sala donde está el periodista con el páter, le está dando una soberana paliza con un puño americano, si da así los puñetazos, no quiero ni imaginarme sus misas.

Lo llamo para que salga un momento, se asoma a la puerta de la sala, el infectado está muy exaltado, gruñe como un poseso y le da unos tirones brutales al cable. Es tan ruidoso que me ha echo asomarme, le digo:

-¿Es normal? ¿Eso?

- Sí, se excitan cuando ven violencia, les pasa a todos. Bueno dígame que tripa se le ha roto.

-A ver, le he enviado un correo a Pete haciéndome pasar por el miserable que tiene usted en el suelo escupiendo sangre y que sabe donde está su hermano. Me contestará ahora diciendo donde quedamos.

Un minuto después.

-Ve padre, mire.- Le enseño el móvil.- Nos veremos en el principio del pueblo de Tossa de Mar, en veinticuatro horas.- Le digo mientras recojo mis cosas para irme.

-Pues encárgate de eso.- Me dice el Páter, mientras se coloca de nuevo el puño americano y se asoma a su sala.

Me coloco el cuello de la chaqueta y salgo hacia fuera. Voy a buscar a este miserable. Ha picado. No sé cuantos kilómetros habrá hasta mi destino y cuanto tardaré.

Espero que menos de veinticuatro horas.

VICTORIO DIA V (Capítulo 56)

 

Como siempre me pasa, tengo un imán especial para buscar problemas en cualquier sitio por extraño que éste sea. Después de salir del edificio que está al lado del hospital y darme cuenta que casi la mitad de la ciudad está atrincherada en sus hogares, todas las televisiones del país emitían en directo el comunicado de la OMS donde decían que en breve, se cerrarán las fronteras.

Aquello desató la locura, los que se habían quedado en casa en la primera ola de salida de refugiados, decidieron que aquel momento era el mejor para huir. Pero... ¿A dónde?

 

Todos ya habíamos visto vídeos de ataques, noticias espeluznantes, héroes que salvaban gente sin esperar nada a cambio, entre comillas, “ya nos estábamos acostumbrando”.  Incluso había gente que durante horas asomada a la ventana, estaba harta de ver a esos seres y cómo actuaban. En los primeros vídeos de Internet se les asocia a borrachos, drogatas y todo tipo de maleantes de la calle cuando el mundo era “normal”. Después la cosa cambió radicalmente, la gente empezó a querer defenderse de ellos, incluso se publicaron guías en blogs de la red, donde decían como acabar con ellos, como actúan, relatos de ataques o recomendaciones. El pueblo se estaba preparando, pero sólo en teoría, ya que en la práctica las cosas cambian.

Destruir el cerebro es la prioridad, pero ¿tenemos armas para hacerlo? ¿tenemos sangre fría para actuar en el momento exacto? ¿estamos entrenados para que la presión no nos haga titubear?

No, definitivamente no. Imagina por un momento la mejor arma contra ellos, un rifle de francotirador, la más ventajosa posición contra ellos, elevado y a unos dos cientos metros de distancia y ahora mézclalo con un ciudadano medio, hombre de 45 años que seguramente no hizo el servicio militar, está sobrealimentado y no ha disparado un arma nunca. No acertará en la cabeza ni en mil años. La teoría está muy bien en una aula, pero en el mundo real, los acontecimientos los decide la física.

Así que, cuando el “notición del día” llegó a las teles de medio mundo y a la totalidad de la península, el caos fue palpable. Mucha gente ya tenía preparado su kit de fuga, de nuevo en pocas horas, las carreteras volvían a estar colapsadas pero con los restos y los escombros de la primera ola de refugiados.

Para cuando las carreteras recibían miles de vehículos, los arcenes ya estaban ocupados por los coches abandonados hacía días. No había vuelta atrás, todo el que entraba en ese embudo aunque lo decidiera, no podría deshacer el camino. Y aquí estoy, subido a una pequeña colina, devorando barritas energéticas. Me podría haber traído más cosas para comer, dieta variada coño. Ahora mismo aunque yo también quisiera, tampoco creo que pudiese volver a casa. Está todo saturado.

Mi plan consiste en pasar la tarde por aquí, ver cómo suceden los acontecimientos y salir a la caza de las cosas esas, porque visto el ruido y escándalo que montan en las caravanas, es solo cuestión de tiempo que lleguen los “visitantes”. Mi localizador no ha sonado aún, he cruzado la ciudad, estoy en una colina por donde he tenido que pasar un bosque para llegar. Por el suelo había ropa rota, zapatos sin dueño,  claras señales de lucha y él sin pitar, Páter me ha engañado, esto no va. O en el peor de los casos, esos bastardos huérfanos no están en la ciudad ni por los alrededores.

Desde donde estoy veo un par de carreteras de salida, uso la mira telescópica para vigilar qué es lo que pasa, todo está bastante ordenado y bien. Me extraña tanto. Hay un par de exaltados gritándose, porque uno ha alcanzado el coche del otro.

Pararse ahora mismo en medio de la carretera porque el tipo de detrás te ha dado un arañazo en el coche viejo es, cuanto menos, ridículo. El ambiente está muy caldeado y si no hubiese sido por esto, habría sido por cualquier otra tontería. Condición humana.

 

Mi teléfono suena, es la alarma que tengo para los e-mails. Lo abro y pone:

“Victorio.

Tenemos a alguien que te encantará ver. Ven al polideportivo. Yo estaré aquí.”

Páter ha cazado a alguien. Miro por última vez haciendo un barrido por las zonas que vigilaba, tres incidentes menores y entre conductores alterados. Me voy a ver qué me tienen preparado mañana.

Me acerco a mi coche con la mochila de las armas y el estuche del rifle de francotirador, por ahora han sido poco útiles, una lástima. Bueno, me han servido para hacer un poco de musculación, no veas cómo pesan.


PETE DIA XIV EN EL EXTERIOR PARTE II (Capítulo 55)

Son las tres de la madrugada. Sara es una tía genial, nos están tratando increíble, son unos apasionados por su trabajo. Desde que empezó la crisis, están aquí. Los comedores tienen alimento para meses, no está demasiado fresca ya la comida, sobretodo los productos perecederos, pero se apañan. Como cocineros, los he visto mejores, pero admiro su trabajo empezando por Sergei, el ruso de la entrada. Están aquí para informar a la gente de lo que pasa ahí fuera, sin recibir nada a cambio. Bob se sentiría orgulloso si lo viera.

Lo están buscando, pero no tienen nada sobre donde puede estar, no saben ni donde empezar a encontrar pistas. Desde que le perdí el rastro en la Masía de Arturo yo tampoco sé nada de él. Les he explicado las últimas horas que pasé con él, es muy querido por sus trabajadores y eso habla muy bien de él, en el reportaje lo especifica. Sara me preguntó si me importaba que saliera mi nombre en el reportaje final, dudé, pero al final accedí a que saliera. Así que aquí estamos, delante de un Led Mac Cinema Display de treinta pulgadas, maquetando el final del “reportaje de su vida” según sus propias palabras.

No pretende ser amarillista, ni ofensivo, ni atacante, ni siquiera jugar a vender más, solo informar, para lo que se inventó la prensa escrita, ahora en tinta digital, pero que en el camino perdió sus formas, intentando asustar, alejando de la realidad lo que pasaba ahí fuera, ayudando a fines políticos o económicos. La misma temática que nos ha llevado a esto. A jugar a ser Dios, a interponer otros intereses al más importante de todos, la vida.

Y así nos vemos. Desde luego que algo que me ha reportado esta visita, es volver a creer en el ser humano. Volver a sentir que no somos tan malos, que podemos ser menos crueles, que hay gente que quiere ayudar a desconocidos, ya que a seres queridos es muy fácil. Que hay esperanza, que no hace falta que venga nadie a demostrarnos que podemos cambiar las cosas. El destino no está escrito.

Alba está durmiendo en el sofá que hay al lado nuestro, Sara está acabando cuatro configuraciones básicas y se dispone a colgarlo en la red. Ha habilitado una cuenta de correo específica y ocupa toda la primera plana, incluso ha hecho eco en las páginas más importantes de noticias digitales, yahoo.com, msn.es , etc…

No es un concurso de ver quien mea más lejos. Bob no quiere eso, esté donde esté. Ellos tienen esperanzas, que al publicar el reportaje y se monte el “revuelo”. Los captores de Bob lo soltarán, tristemente yo eso no lo creo. El ejército estaba muy involucrado en esto y visto lo visto ha ido a peor, en este momento se extiende por el resto de países, así que lo último que querrán es que las noticias se propague como la pólvora.

-¿Cuánto hace que trabajas aquí Sara?

-Unos nueve años, desde que acabé Periodismo. ¿Porqué?

-Bob insistió mucho que solo fueras tú quien llevase el reportaje.

Me mira y se quita las gafas.

-La relación con Bob es muy especial.

-Estuvisteis juntos…

-No. Eran otros tiempos, nosotros compartíamos una pasión. El periódico era pequeño…

-Demasiado tiempo juntos, seguro.

-No, no. Para nada, nos faltaba tiempo. Él estaba casado, una mujer maravillosa y unos padres muy clásicos.

-Y nunca la dejó.-Le digo.

-Bob es viudo. Ella murió de una enfermedad muy dolorosa. Lo llevaron los dos juntos y nadie creía que ella recayera. Pero lo hizo.

-¿Y qué pasó?

-Se obsesionó de tal forma con la Seguridad Social, que no le dejaba vivir. Perdió tres juicios contra los doctores que culpó de negligencia médica. Y aparecí yo.

-Pero, no estáis juntos…

-No podemos. Lo quiero como nunca he querido a nadie, pero no es para mí. Él siempre será de ella, no puedo vivir sabiendo que nunca me querrá como él la quiso. Llámame tonta.

-No seré yo quien te juzgue.-Mugito, maldiciéndome por mi error.

-Lo peor de todo, es que quién ahora lo retiene, es posiblemente al tipo de personas que más le repugna a él. Es como si el ser que más odiases del mundo te privase de lo único que tienes, tu libertad.

-Creo que ya he sentido eso alguna vez…

-Lo sé. –Me dice mirándome de forma compasiva.

-Es la peor sensación del mundo. Si tuviéramos una sola pista de donde puede estar…

-No te culpes. Es como si dijeras que es culpa tuya el holocausto, el apartheid, las explosiones nucleares, porque no hiciste nada por evitarlo.

-…

-Quiero decir que no excuses la gente mala porque no tengas armas para combatirlo.

-Visto así.

-Bob me enseñó muchas cosas, trabajo con él prácticamente desde que soy periodista.

-Entiendo.

-No odies. La vida es muy corta para vivir enfadado.

Los dos miramos a Alba, duerme aún plácidamente en el sofá que está a nuestro lado en la redacción. Está acorrucada en posición fetal, demasiadas emociones en un día supongo.

Sara me mira:

-Cuídala, sino te arrepentirás toda tu vida. –Me dice con la voz más sincera del mundo.

Mañana volveremos a la carretera, puede que me busquen más apasionadamente a partir de la publicación del reportaje. Ya no me importa, prefiero que se sepa la verdad.

 

 

¿Y esta publicidad? Puedes eliminarla si quieres

PETE DIA XIV EN EL EXTERIOR PARTE I (Capítulo 54)


La urbanización donde estamos, la construyeron justo por encima del polideportivo que convirtieron en el hospital de campaña cuando empezó esta crisis. Me gustaría ir a ver como está, pero un adolescente en un Porsche es bastante sospechoso la verdad. Así que solo me asomaré por una pequeña colina y usaré los prismáticos de Bob.

El polideportivo está a reventar, han puesto más control. Hay militares en las entradas, por dentro de las instalaciones y los alrededores están llenos de UROS e IVECOS con soldados encaramados en los laterales. Hay una pequeña carretilla elevadora moviendo palets de comida de un lado a otro, las instalaciones están abarrotadas de ambulancias, pero ninguna se mueve, tampoco veo a los sanitarios que las conducen.

Unos curiosos tipos vestidos de negro con unas máscaras con un pico de al menos medio metro, se dirigen hacia adentro de las instalaciones, parecen tres cuervos. No hay mucho que mirar, un vehículo sube hacia aquí. Bastante tengo con mis problemas, como para buscarme más. Me monto en el coche y le digo a Alba:

-Vámonos, ¿te acuerdas de la dirección? Supongo que los Gps funcionan aún.

-Sí mira es esta.- Me la señala en el móvil. Empieza a quedarse sin batería y no sé donde lo pondré a cargar.

-Perfecto, sí que funciona.

Enciendo el motor, el ronroneo del motor de tres mil seiscientos centímetros cúbicos, me hace querer estrujarlo para exprimir su potencia. Qué maravilla de coche. El Gps indica que nuestro punto de destino está a pocos kilómetros, pero lo que más me preocupa, es que es en ciudad. No sabemos como estará esa zona, por una parte sería normal que estuviera infestada de no muertos, pero por otra, los seres esos han seguido el ruido de los supervivientes y refugiados hacia las afueras de la ciudad. No sabemos qué nos encontraremos.

Enciendo la radio, las emisoras nacionales hablan de la infección casi todo el tiempo. Tertulias, noticias y debates con políticos inundan la onda media, ahora tratan sobretodo las situaciones extremas en las fronteras. Las Ongs están retirando a algunos voluntarios que han sido atacados, eso va a ser el principio del fin, no se atreverán a eliminar a esos portadores del virus y cuando se levanten, seguirán propagando la enfermedad.

A pocas horas del presunto cierre de fronteras, nuestros vecinos están más nerviosos que nunca, genial, no solo tenemos que preocuparnos de los infectados, sino que además esos pequeños “come-queso” los tenemos enfadados. Nunca nos han querido demasiado y ahora les hemos dado motivos. Si la enfermedad se llamase “Fiebre Francesa” tampoco me caerían demasiado bien, si soy sincero.

Las carreteras principales presentan un aspecto desolado, solo roto por algún coche aparcado en el arcén, en muchos casos con las puertas abiertas y claras señas de lucha en ellos. Otra cosa muy curiosa es que hay muchos animales, perros, gatos e incluso vacas, semidevoradas. Supongo que a ellos lo único que les mueve es saciar su apetito, les debe dar igual el tipo de animal que sea. Eso no es tranquilizador, no solo quieren acabar con la humanidad, sino que además los pocos que queden vivos tendrán que competir con esos monstruos por los animales. Qué panorama.

La entrada a la ciudad es extrañamente tranquila, debe ser curioso ver este coche recorriendo las calles desoladas, rodeado de vehículos calcinados. Freno. Al fondo, varias figuras tambaleantes miran al horizonte, es la primera vez que veo podridos desde que salimos de casa de sus padres. No voy a comprobar como son, nos quedan muchos kilómetros para hacernos los héroes ahora.

Giro a la izquierda, rodearé la zona donde estaban esos, ahora mismo las señales de dirección prohibida tienen poco sentido, a no ser que me encuentre un vehículo bloqueando el paso. Por eso, asomo el morro y miramos al fondo, si no está congestionada, pues ya tenemos camino. Los esquivamos y seguimos por la principal, nos paramos ante una imagen triste, muy triste, creo que la más triste que hemos visto desde que todo esto empezó.

Un autobús escolar, semicalcinado, está cruzado en la calle. Sus ocupantes, en gran mayoría niños y con el uniforme escolar aún puesto, están sentados en los asientos de un autobús manchado con el óxido que genera la alta temperatura del incendio que la carrocería soportó, algunos ocupantes totalmente quemados y otros que son los más inquietantes, se pudren asomados a las ventanas con los ojos abiertos. Buscando visualmente de forma imposible, su salvación, su humilde aportación al infierno que se vive en la calle, convierte nuestro día en una pesadilla que nos gustaría olvidar, pero que creo que no conseguiremos.

Alba mira el espectáculo ruborizada, ante tal orgía de violencia gratuita que presenciamos. Hace tiempo que estamos metidos en esta situación y no me parece posible que un día me acostumbre a estas cosas. Simplemente, hay imágenes para las que una persona cuerda no está preparada, esta es sin duda una de esas. Los padres que se pregunten donde están sus hijos desaparecidos, puede que fueran esos que tambaleaban calle abajo, puede que sean esos que murieron en las revueltas, puede que sean unos simples refugiados de la frontera con Francia. Lo que está claro es que no están juntos.

Ya estamos cerca de la puerta del edificio de la redacción, el guarda permanece impasible dentro de su caseta, creo que es la única persona que trabaja en toda la ciudad. Aparco el coche en la puerta, no sé que me encontraré. La estampa de un tipo leyendo el periódico en una ciudad casi apocalíptica me hace sonreír, convirtiéndome en el tipo con la pinta más de esquizofrénico en varias manzanas a la redonda.

-Quédate aquí Alba, móntate en este lado. Si ves problemas, mueve el coche para llamar la atención y cuando te sigan de lejos. Vienes a buscarme. –Le digo tranquilizándola con un beso en la mejilla.- ¿Vale? ¿Lo has entendido?

-Sí, sí claro. Ve.

Me acerco a la pequeña ventanilla. El guarda lee el periódico.

-Buenos días. ¿Está tranquilo aquí verdad? –Pregunto medio sonriendo.

Me mira fijamente y saca una pistola de gran calibre de debajo del pupitre y la apoya en la hoja de la mesa, mastica chicle con una expresión de no gustarle el sarcasmo.

-Lo siento, lo siento.- Digo maldiciendo mi estupidez por actuar así en esta situación. –Busco a Sara, ¿está?

-Un momento por favor.- Su voz tiene un marcado acento del este, no sabría decir de donde.

Miro nervioso al coche, si aparece alguno de esos, estamos vendidos. Este tipo no nos deja pasar aquí dentro, estaríamos más seguros, mucho más seguros. Habla en voz baja con alguien, supongo que con ella o con la persona que tiene que encargarse del reportaje de Bob, a estas alturas los informes del doctor Lehman sí se los dejaré, son fotocopias de los originales pero el reportaje de Bob es original, solo hay uno. Ya no aguanto más:

-Oiga ¿nos deja pasar a aquí dentro? Por favor, aquí no es seguro. Pueden atacarnos esas cosas.

-¿Y si están infectados?

-Mire, no tengo nada. –Le digo mientras le enseño el cuerpo y los brazos levantándome la camiseta.

En ese momento una mujer pelirroja, corre hacia nosotros desde la gran puerta de cristal, está visiblemente nerviosa:

-Sergei, ábreles la puerta, me responsabilizo yo, venga va. –Grita a la vez que corre.

Le hace caso y la puerta corredera se abre, lenta pero firme, debe pesar una barbaridad. Por eso están tranquilos aquí, el sonido ronco del motor de Stuttgart evidencia movimiento, alba mete el coupé plateado en el recinto y Sergei vuelve a cerrar la puerta. Sara se abalanza sobre mí y me abraza, su respiración está acelerada, me mira cogiéndome la cara por las mejillas:

-¿Eres Pete verdad? –Me pregunta visiblemente emocionada.

-Ahora sería un corte que no lo fuera eh… -Respondo.

-Y ella es…

-Alba, perdona. Ella es Sara.- Respondo saturado de emociones.

-Encantada Alba. Ahora no os váis a ir de aquí, tendréis hambre, sueño…

Miro a Alba, sabe muy bien que no quiero viajar de noche y este parece un sitio muy seguro.

-No sé… ¿Cómo lo ves tú?

Alba me hace una mueca para contestarme.

-Primero de todo. ¿Lo has traído? .-Me pregunta acordándose de para que he venido.

-Sí.Lo llevo aquí.- Señalando a la mochila le respondo.

-Mirad, os explico mi idea. Editamos el reportaje de Bob, mientras os podéis quedar a cenar y dormir. Seguidme.

Subimos por el edificio, es un edificio moderno de mármol y cristal. En la primera planta hay más gente de la que pensaba.

-Veréis. Todos los que véis aquí somos los trabajadores que quedamos de los doscientos que somos normalmente, creo que ahora estamos unos veinticinco. Normalmente, permanecemos divididos en los pisos departamentales pero como somos los únicos que estamos y mantenemos el periódico, sobretodo el digital, ya que el clásico creemos que no será posible que funcione, nos hemos trasladado todos en esta planta. Esperábamos tu noticia como agua de mayo, las entradas de correo son increíbles, hay mucha gente escondida esperando noticias nuestras, incluso decisiones importantes dependen de eso que vamos a escribir esta noche. Vamos a hacer historia, prepárate para ser leyenda.

PATRICK DIA XV PARTE I (Capítulo 53)


Después del susto de ayer, hemos acordado que tendremos que tomar una decisión con qué deberíamos hacer con nuestros vecinos. Jared quiere hablar con ellos, pero Shannon opina que se aprovecharán de la situación y hundirán nuestro pequeño bote con nosotros dentro. Desde luego que los disparos no ayudan a que pasemos desapercibidos, creerán que pueden acabar con ellos. Ilusos.

Esta mañana después de probar mi nuevo invento para poder mirar por el agujero del armario, he puesto una tela negra colgando a modo de cámara de fotos antigua, entramos desde abajo con cuidado y no se ve nada, me he asomado a ver cuantos hay. A veces tengo buenas ideas. Han conseguido reunir al menos a un centenar de esas cosas en la carretera, inundan el aparcamiento del hotel, cuando éste estaba operativo y se acumulan entre los coches que se quedaron en el arcén. Si nos descubrieran, tanto unos como otros sería una desgracia, así que nos reuniremos para decidir, qué hacer.

Shannon y yo hemos salido a desconectar el generador, mientras Jared y Tomo duermen, ya que durante la noche volvió la electricidad, además veremos los daños que causaron al tirarse sobre la alambrada, ahora que no suenan ni golpes y ni siquiera arañazos en las paredes metálicas del taller del desguace. La valla que separa nuestra zona con el cementerio de coches está intacta, hemos cogido las rudimentarias armas por si nos llevamos una sorpresa desagradable. Pasamos lo más pegados a la verja posible para que desde el hotel no nos vean, aunque ese imbécil parece que se dispone a seguir disparando como un loco.

Mientras caminamos por la valla, nos paramos. Alguien ha gritado:

-¡Eh tú! ¿Qué haces ahí?

Se nos ha helado la sangre, empieza a disparar y nos tiramos al suelo, estamos a apenas diez metros de la caseta del generador, si está mucho rato encendido se sobrecalienta tanto como para estropearse, estaremos perdidos si ocurre. Me asomo por debajo de la valla de separación, apartando la tela verde que lo cubre para que no se nos vea. Cual es mi sorpresa, cuando al mirar, la cabeza de una de esas cosas está a menos de medio metro de la mía pero girada en sentido contrario. Está mirando hacia los disparos, gruñendo con un gemido como ahogado por líquido en la garganta, es un sonido que no sé explicar, pero que reconocería en un segundo. Por las heridas de las piernas, son dos muñones sangrientos y en los muslos muchas heridas del impacto de los perdigones, ha sido una de las víctimas del cazador del hotel. Ese insensato solo los está hiriendo, haciéndolos más peligrosos.

Shannon se arrastra por el suelo, abre la puerta y la cabeza que tengo delante, llamada por el ruido del generador, se gira. Me ve y enseñándome los dientes en clara señal de amenaza se acerca arrastrándose a la separación, es una chica de veintitantos ,sin piel de nariz hacia abajo, con el pelo arrancado a tirones y en avanzado estado de descomposición, arrastra la uñas por el asfalto rompiéndoselas por el ruido que hacen contra la calzada, es espeluznante. Me alejo sin despegarme del suelo, en ese momento se apaga el generador y Shannon con una mueca en la cara cierra poco a poco la puerta de la caseta para que no se escuche nada más.

Me doy cuenta que es muy difícil vivir intentando no hacer nada de ruido. Nos volvemos al apartamento pegados a la alambrada que nos separa de ellos, mientras escuchamos:

-¡Ricard, Ricard! Ven un momento. –Dice el disparador loco.

Sale el que parece el jefecillo, mientras nos asomamos y los no muertos suben con paso firme a la zona donde estaba apuntando el tirador, le dice:

-¿Qué pasa? –Contesta con aire despreocupado.

-Acabo de ver un tío, mirando hacia aquí.- Le dice mientras apunta con el dedo a la parte de atrás del Hotel. Menos mal, no somos nosotros.

-¡No me jodas! –Dice enfadado.

Saca un G36 del interior con mira telescópica y empieza a disparar hacia donde le ha dicho su compañero. Se la apoya en el hombro y abre ráfagas pequeñas, sistemáticamente por todas las zonas del bosque haciendo saltar trozos de ramas, hojas y polvo del suelo. Grita:

-¿Dónde estás hijo de puta?

Sigue disparando a las mismas zonas pero en barrido. Para cuando el cargador se agota, lleva dos unidos con cinta aislante de forma que cuando se acaba uno, lo gira y ya tiene el siguiente cargado. No es un arma que lleve la policía urbana, así que no me extrañaría que la hubiera robado a algún cargo superior o a un militar caído. En la cartuchera lleva una pistola automática. Del bosque se escuchan dos disparos seguidos, el abrir de una puerta de un coche y el chirriar de unos neumáticos de un vehículo que conduce un piloto con prisa.

-¿Ves? Te lo había dicho.

-Joder, desde ahora, cuando veas a alguien, dispara y luego pregunta. No le grites o se te escapará. –Le da una colleja e inclina la cabeza.

Shannon me señala al Hotel, afianzando su teoría de no contactar con estos insurrectos. Cuando subimos al salón de estar, Jared en calzoncillos, está asomado al agujero del armario. Se gira, nos mira y dice:

-¿Qué ha pasado ahí? –Nos dice encogiendo los hombros.

-Esos tíos no son de fiar Jared. Olvídate de hablar con ellos, que te lo explique Patrick.- Shannon va al servicio a lavarse después de habernos arrastrado en tierra cubierta de grasa y aceite de motor.

-¿Porqué Patrick?

-Uno de ellos, el imbécil que dispara.- Hago un gesto al hotel.- Dice que ha visto alguien en el bosque, le ha gritado y ha disparado a quemarropa. Justo después ha llamado al que parece ser el cabecilla, se llama Ricard.

-¿Uno de los polis? –Me pregunta.

-Sí, uno de ellos.

-Se veía venir que mandan ellos. Sigue, sigue.

-Entonces, el poli le ha dicho que si ve a alguien por aquí alrededor le dispare sin preguntar. Así que negociar con ellos, será difícil.

-Son unos imbéciles. Pretenden salir de esto solos… Ignorantes.- Dice rascándose los ojos. –Ahora me voy a dormir, no salgáis fuera.

Me he quedado delante del televisor, las noticias ya son repetitivas ante la falta de novedades, refugiados allí, refugiados allá, revueltas en todo el país. En el resto del mundo, se está viviendo el caos que sufrimos en España hace cosa de días. Se pensaban que cerrando las fronteras y discriminándonos evitarían la epidemia. Puede que la hayan retardado, pero no detenido. Google ha posicionado “zombie videos” como las palabras más buscadas durante este mes. Cualquier país desarrollado donde tenga la población acceso a algo que grabe e Internet sin castrar, cuelga millones de vídeos de ataques, es imposible verlos todos. Tampoco me apetece, la verdad.

Hemos comentado entre nosotros, que el olor que empiezan a desprender los cuerpos al sol, comienza a ser bastante fuerte. No sé hasta qué punto aguantan esos seres, o en que momento de putrefacción se encuentran los infectados, pero huelen, mejor dicho, apestan. No solo los cadáveres muertos-muertos, válgase la redundancia, sino los no muertos que caminan por la calle también. Sus heridas abiertas, manan algo parecido a pus y sangre oscura y oxidada de sus heridas. La imagen es grotesca y ofensiva para cualquiera que tenga un poco de sentido común, cosa que creo que les falta a nuestros vecinos.

En ese momento, aparece Jared con el ordenador portátil por el fondo del pasillo:

-Patrick, Patrick ¿tu hermano se llama Pete?

-Sí, claro.

-¡Alguien sabe donde está! –Me dice extrañado.

-No puede ser.

-Pues creo que sí… -Me dice señalando el portátil con el dedo y una amplia sonrisa… 

PATRICK DIA XIV (Capítulo 52)


La noche de ayer empezó tremendamente tranquila a lo que estamos acostumbrados últimamente, es la primera vez que hemos usado el generador. A las once de la noche, las luces empezaron a fallar, parpadeaban hasta que se pararon del todo. Tomo que tenía una linterna preparada, la encendió con cuidado para que los imbéciles de delante no nos vieran, que ahora ya habían concentrado un centenar o más de esas cosas en la puerta. Nunca había visto tantos juntos, tienen un aspecto cadavérico horrible, algunos tienen unas heridas imposibles originadas por la escopeta de ese imbécil. Parecía qué había cesado su actividad a media tarde, pero solo era un receso para la siesta.

Estos creen que esto son unas vacaciones, no sé como andarán de armamento, lo que nos ha hecho pensar en nuestras armas si esos podridos entran. Que por cierto han cogido una costumbre muy inquietante, que es arañar las planchas metálicas que bordean el garaje del desguace. Al pasar por allí, me recorre un escalofrío la espalda. A media tarde hemos salido al garaje y nos hemos equipado con todo tipo de herramientas que nos serian útiles en caso de ataque.

Tubos de varias larguras y grosores de metal, machetes, una pata de cabra, una enorme llave inglesa que pesa casi más que yo y una pistola de clavos con pólvora. Sé que es una tontería y puede que no sea ni práctica, ya que he estado probando de darle a un corcho en el garaje y creo que para matar a algún bicho de esos, tendré que estar cerca, muy cerca. Lo hemos dejado todo al lado de la puerta del apartamento, si nos hace falta allí lo tendremos.

Volviendo a la electricidad, cuando se ha ido, Tomo ha sacado su linterna y me ha preguntado si le acompañaba.

-Sí, claro.- Le contesto sin vacilar.

-Coge algo, por si acaso. –Él hace lo propio con el machete.

Yo he cogido una de las barras más largas, me irá mejor para mantenerme lejos si hubiera algo que no quiero que se me acerque. Bajamos por la escalera con una oscuridad casi absoluta, la linterna lleva un filtro rojo que ha puesto Tomo con papel celofán, para disimular el destello. Llegamos a la parte del garaje y parece que esos cabrones nos escuchen porque empiezan a arañar y gemir más fuerte detrás de las planchas metálicas que separan la calle con el taller. Abre una de las puertas que puso para separar las dos zonas y nos adentramos en el cementerio de coches. Las luz dibuja extrañas figuras mientras escucho los pies arrastrar ahí fuera, la carretera está llena de cristales de los coches que hace una noche fueron atacados y que ahora sus conductores, ya convertidos en no muertos, se dedican a esparcir por el asfalto con los pies.

Seguimos pasando entre los vehículos mientras miro por encima de la valla, esos seres se sienten atraídos por el Hotel California, caminan todos en esa dirección. Hay de todo, hombres, mujeres, niños y ancianos. La imagen es demencial, me quedo embobado mirando, contengo hasta la respiración creyendo que vayan a alargar sus huesudos brazos para atraparme. La infección los desfigura tanto que no parece que hace tan solo veinticuatro horas eran personas normales. De todos ellos gotea un líquido negro de sus bocas, parecido a gelatina, tiznándole los dientes de negro y tienen la mirada perdida como los ciegos con los ojos blancos. Arrastran los pies en un compás casi unánime, es curioso que parezcan tan torpes y cuando ven a un humano vivo, desarrollen esa fiereza sin control. Es increíble. Creo que es uno de los factores sorpresa que ha hecho que mucha gente caiga en sus mandíbulas.

Nos acercamos a la caseta del generador, Tomo se mete dentro mientras le aguanto la linterna desde fuera. Lo arranca, sale y cierra la puerta, el ruido ha hecho pararse a uno de ellos que caminaba en dirección al hotel. Cuando murió debía ser un chico joven, no creo que llegase a treinta años, con la cabeza afeitada y tiene toda la parte de la nariz hacia abajo manchada de sangre y líquido negro. La ropa tiene pinta de estar manchada desde hace días, así que seguramente sería uno de los que atacó ayer, más que ser atacado. Tomo y yo nos quedamos inmóviles, de los nervios me ha apretado mucho el antebrazo para que no me retire ni me vaya hacia dentro. El ser olisquea el aire mirando hacia arriba, parece que sienta nuestra presencia pero no sepa donde estamos, su labio superior tiene un tic nervioso mientras gruñe y rechina los dientes. Está muy nervioso. De repente, se gira hacia nuestra posición, enseña los dientes y tensando el cuello y brazos se abalanza sobre la chapa de la valla, haciendo un ruido atronador en el silencio de la noche.

Tomo corre como alma que lleva el diablo, esquivando coches y girándose para ver que le sigo. Corro todo lo que puedo, llegamos a la valla que separa el cementerio del taller, Tomo abre la puerta para que yo pase, paso lo más rápido que sé y me giro para ver como él cierra la verja y noto una mano por detrás que tapa mi boca. Casi se me sale el corazón por la boca sino me la estuvieran tapando. Me doy la vuelta y me doy cuenta que es Jared, respiro aliviado.

-¿Qué os pasaba? ¿Porqué habéis tardado tanto?

-Hemos ido a encender el… - Tomo está sin aire.

-¿Habéis encendido el generador y qué? – Pregunta Jared.

Interrumpo un momento:

-Esas cosas notan nuestra presencia, no hace falta que te vean o te escuchen, uno de ellos se ha vuelto loco y ha saltado contra la valla.

-¿Ese ha sido el ruido qué se ha escuchado? –Nos mira extrañado.

Al fin Tomo recupera el aliento:

-El generador hace ruido, todo y haber aislado el interior, no contábamos con que todo estaría tan silencioso. –Resume.

-¿Qué hacemos? –Pregunta Jared.

-Es que estar a oscuras es casi peor. –Le digo a Tomo preocupado.

Los arañazos aumentan en el taller y los golpes en la valla de detrás del generador han alertado a nuestros queridos vecinos que preguntan que pasa allí.

-Esto es una mierda Jared. –Susurro. –Si tenemos que escondernos de estos payasos la vida aquí va a ser mucho más difícil.

-Ya lo sé Patrick, joder, con lo bien que lo teníamos montado solo nos han traído problemas.

-Como ves, la supervivencia no solo depende de lo bien que hagas las cosas tú. –Se pronuncia Tomo.

-Cuanta razón tienes.- Le digo.

-Mañana tomaremos una decisión, si hace falta nos presentaremos. –Dice Jared.

Se ve obligado a buscar una solución que favorezca al grupo, sabemos que en esta situación no duraremos más de unos pocos días, así que habrá que hacer algo.

-Lo primero que debemos decirles, es que dejen de atraerlos haciendo el imbécil y disparando para no conseguir nada. –Comenta Tomo.

-Sí que conseguirán algo, que nos maten. –Replico.

Subimos arriba y le explicamos a Shannon la situación, él no está de acuerdo con negociar con esos, tenemos electricidad, combustible y si mucho me apuras, medio de transporte.

-Qué pueden ofrecernos ellos, Jared…. Nada. –Replica Shannon.

-Para empezar como dice Tomo, debemos decirles que dejen de llamar la atención, porqué esto va a ser un problema para nosotros. –Dice Jared.

-Es que encima que nos lo trabajamos, pensamos en todo, ellos vienen y nos lo joden, les tendremos que ayudar. Lo veo venir. No es justo. –el hermano de Jared está visiblemente enfadado.

-Mira da igual, vámonos a dormir y mañana lo discutimos. Si hace falta regiremos unas reglas antes, pero ahora tenemos que quedarnos dos a hacer guardia nocturna, han pasado demasiadas cosas esta noche. Hoy la haremos Tomo y yo ¿mañana vosotros? –Pregunta mirando a Shannon y a mí.

Los dos asentimos con la cabeza. Mañana tendremos que negociar con esos mierdas, la que nos espera.

¿Y esta publicidad? Puedes eliminarla si quieres