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HOTEL CALIFORNIA

Capitulo 61 "HC la novela zombie"

PATRICK NOCHE DEL DIA XV PARTE II (Capítulo 61)


 

Ya nos vamos levantando después de una escasa hora de siesta, nos vestimos para la ocasión y cenamos brevemente. Con el atuendo, todos juntos parecemos un grupo de rock alternativo, los miro y me hacen gracia, sin lugar a dudas al que le hace un estilo más curioso es a Bob.

No creo que en su día a día anterior vistiese así, desde luego que sería una sorpresa. Vamos a ir abajo a preparar el convoy. Al bajar Jared dice:

-A ver, el primero en salir serán Tomo y Bob con la furgo.- Nos pasa unos walkietalkie, bueno a mí no, a Bob y a Shannon. –Seguramente os toque abrir paso entre esos cadáveres andantes. Despacio y apartándolos, no los golpeéis de lleno, pasad lentos y poco a poco, aporrearán los laterales, pero es la única forma de pasar. Si dañamos los vehículos en los primeros metros, no duraremos ni un asalto.

Los demás asentimos con la cabeza, los nervios se palpan en el ambiente. Es la primera vez que vamos a salir de aquí a hacer un camino largo, no una incursión en el terreno y volver. Sabemos que nos vamos, pero no si volveremos. En poco tiempo le he cogido cariño a este sitio, ¿y el como las cosas que tira la gente pueden ser el medio de vida de otros? Esto te hace pensar. Los objetos no son inútiles, como mucho, son menos prácticos para ti en ese momento.

Después del consejo de Bob de evitar las autopistas como sea, nuestro camino es la Nacional II en dirección a Girona. Son unos ciento diez kilómetros al norte, la dirección que siguieron los refugiados que se dirigían a Francia. Seguro que el trayecto está muy concurrido.

Como no sabemos si nos encontraremos controles militares por el camino, en caso de redada o acecho del ejército, el plan consiste en dispersarnos y mediante los walkies volver a encontrarnos en algún punto común.

Tenemos que salir ya del desguace, todos montados en los vehículos, esperando indicaciones de Jared desde los walkies, él lleva el mando de la verja de fuera, ahora nuestras conversaciones se mantendrán por estos aparatos menos con Shannon lógicamente, que voy con él en el coche.

-Vamos chavales, nos queda una noche movidita. –Suena con voz metálica.- Motores encendidos, luces y acción.

Los rugidos de todos los vehículos retumban a la salida del garaje, el sonido de mi pequeñín es sorprendente, esos miserables golpean con una furia extrema las chapas exteriores creando un ambiente terrorífico e intimidatorio de primer nivel.

Se abre la puerta y Tomo asoma el morro con intención de que no entren dentro pero su intento es en vano, se cuelan entre los vehículos y nos amenazan al lado de las ventanas. Los golpes en el coche de Jared son brutales, ha tenido la mala suerte de ser objeto de dos gules jóvenes y muy enfadados, menos mal que a uno de ellos le falta un brazo.

-Tomo acelera el paso o me comerán vivo.- Dice Jared.- ¡Vamos!

Tomo sale del desguace y va arrastrando a todos los seres que salen a su paso, como pasamos lentos los vemos de cerca. Esos cadáveres andantes son terroríficos, gruñen sin parar a nuestro paso e intentan agarrarse a los vehículos. Uno de ellos, se aferra al limpia parabrisas trasero del Integrale y se lo ha arrancado.

Menos mal que hemos recogido los retrovisores, que te rompan el limpia trasero no tiene demasiada importancia, pero un retrovisor es más jodido y más ahora que tenemos que estar al acecho de cualquier cosa que pasa a nuestro alrededor.

Tomo ha pisado uno a juzgar por el movimiento de la carrocería de la Sprinter, como mi coche y el de Jared son mucho más bajos que la furgoneta, Jared para no desviarse demasiado del surco entre esos seres que está abriendo la Mercedes ha decidido pisarlo de lleno con las ruedas de la izquierda, el coche se levanta de un lado y no daña las piezas que podría tocar en caso de pasar por encima.

Hago lo mismo, Shannon arruga la cara cuando escucha el sonido del cuerpo al ser pisado, es como pisar una gran bolsa de salsa con huesos secos, que revienta al presionarla. Es indescriptible.

Al lado nuestro hay un tipo, de cerca de treinta años que me está poniendo muy nervioso, gruñe sin parar al lado de mi ventana y restriega sus manos por el vidrio, miro hacia delante impasible, mientras Shannon cada vez agarra más fuerte su barra de acero.

-Tío, esto es una locura, como a uno de estos mierdas se le ocurra golpear un cristal y lo rompa, nos destrozarán vivos. –Me dice mientras sostiene el walkie para decir algo. –Chicos, esto es terrorífico ¿no podríamos aligerar el paso?

-Dímelo a mí que estoy en primera fila. Salen de su trance cuando me ven, se enfurecen y se colocan a los lados. Tendríais que ver la cara de Bob.- Dice Tomo con la voz temblorosa.- Pero ya veo el final, acelero un poco la marcha, vamos.

El vehículo industrial avanza entre la multitud cada vez más rápido, los imbéciles del Hotel California se han dado cuenta ahora que tenían vecinos sin saberlo. Están asomados mirando como nos vamos por la lejanía, hay mucha gente en las ventanas del edificio, si quieren una vida mejor, seguramente tendrán que marcharse de ahí.

Al fondo se ve el final del gentío, por mucho que nos sigan vamos más rápidos que ellos. Acelera Tomo, hace lo propio Jared y habla por el walkie:

-¡Ganamos uno a cero! ¡Venga que ya nos queda menos! –Dice Jared riéndose con esa voz metálica que dan estos comunicadores.

Nos quedamos de piedra cuando vemos a Jared parar delante de la entrada principal del Hotel California. Baja corriendo del vehículo, abre el maletero y saca una bolsa grande de basura con algo pesado dentro. La coge como puede y la lanza dentro por encima de la valla, a continuación hace sonar el claxon varias veces al montarse y seguimos.

-¿Qué has hecho Jared?- Pregunta Tomo.

-Un regalo para nuestros vecinos.- Dice Jared.

-¿Cómo? –Shannon no sabe de que habla.

-Era la carne de los congeladores, al menos que la aproveche alguien ¿no? –Dice riendo.

Nos ha dejado a todos parados, es la forma de ayudar un poco a las personas que están allí dentro, ha sido un gran detalle por su parte. Espero que esos idiotas lo valoren, aunque lo dudo la verdad. Emprendemos de nuevo el camino.

Vamos por carretera abierta, a nuestra derecha una mujer está cenando algo tirado en el suelo. Shannon saca la barra por la ventanilla abierta y le golpea en la cabeza a ese ser con fuerza mientras pasamos a toda velocidad.

Miro por los retrovisores, que ya hemos abierto, veo como su testa vuela por los aires y el cuerpo cae desplomado al lado de eso que se estaba comiendo.

-Jódete, bicho inmundo.- Dice con toda la rabia del mundo.- He pasado mucho miedo al salir de casa, tío.

-La verdad, es que ha sido terrorífico. Menos mal que ninguno le ha dado por golpear los cristales. Habríamos tenido problemas de verdad.- Le digo absolutamente convencido.

Seguimos por la carretera con el convoy, nos hemos colocado segundos a petición de Jared y él va detrás nuestro. La transición hasta la entrada de las rondas es tranquila, no vemos más de esas cosas por aquí, ya que con lo que llaman la atención nuestras luces en la noche, ellos nos ven desde  bastante lejos.

La oscuridad no es total, hay zonas de la ciudad donde se ve que el iluminado público funciona, no pasa lo mismo con los edificios que son columnas negras sin ningún tipo de iluminación. Según vaya cayendo la noche, se nos verá más aún.

Pasamos por encima de la Zona Portuaria, aquí parece que se está cociendo algo. Nos fijamos detenidamente y se puede ver que los militares están abriendo fuego contra alguien.

-Mirad, mirad. Ahí abajo hay guerra.- Dice una versión metálica de la voz de Jared.

Los militares van retrocediendo y abren fuego contra algo que cuando se ilumina el ambiente debido a los disparos dibuja la figura de miles de gules, deseosos de matar a sus contrincantes. Un gran barco con focos grandes iluminando la contienda, hace sonar una sirena como las que solo he escuchado en las películas bélicas.

Según están más cerca de la nave, van entrando hacia el interior del barco y quedan menos soldados para detener el avance de esos indeseables. Es una versión a escala de lo que no nos gustaría que estuviese pasando en todo el mundo, ellos avanzan, nosotros retrocedemos y tenemos que abandonar la tierra bajo la presión de una derrota inminente. Es lo que se vive en las batallas contra ellos.

Hemos parado ante aquella imagen, la de la derrota de los nuestros. Da igual nuestra tecnología, nuestras armas, nuestros barcos, esto tiene toda la pinta de ser una batalla perdida. Las luces de freno de la Sprinter, nos hacen seguir parados hasta que noto unas ráfagas en la parte trasera de mi pequeño vehículo italiano. Es Jared.

-Señores, aquí no hay nada que ver, sigamos nuestro camino. Rezad al Dios que creáis que existe porque es lo único que podemos hacer por ellos. –Dice con un gran pesar en la voz.

La carretera está colapsada de vehículos alrededor, solo queda un carril, por el que pasamos, pero que dado el caso no nos permitiría dar la vuelta. Es muy estrecho. Bob dijo que esta era la mejor zona para escapar, lo había oído en el polideportivo, era la ruta que usaba el ejército o los cuerpos del estado porque al pasar al lado del mar y las vías del tren, era el que estaba mejor comunicado.

Parece que el escándalo que montan las unidades del ejército ha atraído a esos seres hacia donde hemos visto que estaban, porque por aquí no se ve ni uno.

De vez en cuando un vehículo militar semipesado anuncia que no hace mucho, los humanos han intentado tomar la ciudad. Pero no lo han conseguido, porque durante el camino, hemos podido ver barreras militares traspasadas, barricadas hechas con alambre de espino arrastradas e inservibles.

Si lo que menos sienten es el dolor, como se les ocurre usar esas cosas para intentar detenerlos, en fin. Siguiendo por el asfalto, otro semipesado abandonado, pero este es diferente, tiene las luces encendidas. Así que debe hacer poco que está aquí, pasamos por al lado.

-Dejadme que pregunte si están vivos.- Dice Tomo.

Supongo que después de lo visto, se siente en deuda al menos de comprobar que está pasando. La noche es negra, no se ve nada a los lados a más de dos metros y estamos rodeados de coches. Lo curioso es que a diferencia de los que perecieron delante del desguace, no hemos visto ninguno dentro de los vehículos.

Puede que sí que hayan, pero desde luego que no se  han anunciado, ya que Tomo va mirando a los cristales de una forma casi obsesiva. En cuanto aparezca uno se va a dar un susto de los buenos.

-Hola, ¿hay alguien? ¿podemos ayudar? –Pregunta Tomo con una voz entrecortada que no escuchamos muy bien.

De repente me da por mirar atrás, el reflejo de las luce rojas de freno, crea un ambiente fantasmagórico detrás del convoy. Miro fijamente y veo como se acercan un gran surtido de cuerpos tambaleantes que se aproximan a la trasera de Jared, más rápido de lo que desearíamos.

-Chicos, chicos acelerad. Zetas por detrás, corred vamos. –Digo bastante nervioso.

Tomo no se mueve, parece que no nos ha escuchado.

-Tomo, vamos. Jared los tiene encima.- Le digo apresuradamente.

Arranca y escuchamos como golpean el coche en la parte trasera. Cuando pasamos por al lado del vehículo, me doy cuenta qué miraba Tomo. Un soldado sentado, apoyando la espalda en la fría carrocería del vehículo, se sujeta una herida que tiene en el cuello, intentando evitar que la hemorragia lo desangre.

Creo que ya es tarde para eso. Lo miro fijamente, hipnotizado ante la imagen de aquel chico joven, malherido que estamos dejando atrás, él me ve, aún consciente me mira y levanta el dedo pulgar de su mano derecha a nuestro paso. Es un cúmulo de emociones muy grande.

Las batallas que se han librado aquí han sido feroces y al parecer hemos sido derrotados. Lo mejor que se puede hacer para sobrevivir es pasar lo más rápido posible por zonas infestadas. No tenemos ni la misión ni el armamento adecuado para plantarles cara y los que sí lo tienen, al parecer no son capaces. Es muy triste. El paso por el resto de las rondas está siendo bastante más rápido, sin hacernos los héroes.

Sin parar, sin preguntar, solo actuando como mero espectador. Para ojos ajenos, puede que nos tilden de cobardes, pero me gustaría verlos aquí y ahora.

Noche intensa y oscura, las zonas sin luz son cada vez más comunes. Puesto que no sabemos si el camino más adelante estará cortado, visto lo angosto que es cada vez más, Tomo ha traspasado las balizas que delimitan los carriles de entrada y salida de la ciudad.

Ahora mismo, somos un convoy en dirección contraria, un kamikaze en toda regla,  que visto desde uno de los edificios apagados, donde he decidido no mirar más, debe ser una especie de gusano de luz. No quiero ni llegar a imaginar lo que pensaría alguien que nos estuviera viendo desde uno de los bloques. Desde la seguridad de su casa, esperando a que esos que huían en el puerto vengan a rescatarle. Solo de pensarlo, me estremezco.

La imagen de la ciudad arrasada es desoladora, hace muy poco tiempo, esta era una de esas ciudades que no duermen, donde por la noche la gente iba a hacer unas copas, al teatro, al cine, se divertían y lo más importante, vivían. Ahora por culpa de cuatro miserables que querían hacerse ricos con lo más inútil que ha inventado la humanidad, la guerra, todos los sueños, proyectos e ilusiones de los seres humanos que pasaban su vida aquí, han sido truncados.

Seguimos por la carretera, llevo la radio puesta pero muy baja de volumen, son unos informativos muy secos y ariscos. No son locutores profesionales, parecen ser órdenes de algún tipo de aviso de catástrofe y no para de repetirse hasta la saciedad.

No dice nada que no sepamos ya, el Gobierno hace días que se saturó y como no podían negar que la infección estaba en la calle, solo llamaban a la calma advirtiendo que cualquier persona que tuviera los síntomas, fuera al hospital para ser tratado.

Están más pendientes de arreglar la situación con los franceses en la frontera que de encargarse de su propio pueblo. Qué triste, me gustaría ver donde están ahora, mientras militares mueren y nosotros cruzamos la ciudad.

Según vamos saliendo de la zona urbana más céntrica, aparecen más de esas cosas, los alrededores son más peligrosos como ya dijo Bob. Según íbamos avanzando, una señora con bata en medio de la carretera estrecha por la que pasamos se ha convertido en nuestro peaje particular, un peaje caro de pagar.

Tomo intentaba apartarla “cortésmente”, pero ella solo ataca al coche, tenemos comprobado que es cuando paramos que se ponen las cosas feas.

-¿Qué hago con esta tía? No se aparta. –Dice Tomo nervioso.

Todos estamos pensando que lo que debe hacer es pasarle por encima y seguir nuestro camino. Pero es algo realmente jodido, no somos animales, la imagen de ellos, por muy cadavéricos que sean es la de personas. Tienes que tener la sangre fría, pero los demás no podemos forzar a que lo haga si no es su voluntad.

El walkie suena:

-Chicos, esto es muy bestia. Tomo la está mirando inmóvil, ¿qué hago ahora?- Dice Bob sabiendo lo que nos jugamos aquí parados.

-Joder, intenta ponerte en su sitio y apártala. Quietos somos muy vulnerables. -Dice Jared.

Un grito suena a través del walkie, es Tomo. La furgoneta se agita de un lado a otro, por debajo deja ver el cuerpo de la señora rodando y salpicando sangre negruzca hacia todas partes.

Shannon casi vomita. Hago lo mismo que con el cuerpo de antes y le paso por encima con las ruedas de mi lado, no quiero romper nada. Siento mucha lástima por la imagen mental que debe tener nuestro amigo del este ahora mismo, seguro que debía recordarle a algún ser querido y por eso se negaba a atropellar a la señora de esa forma tan fría.

Todos estamos luchando contra nuestros demonios ahora, solo que es una batalla silenciosa, que todos queremos llevar dentro como el mejor de nuestros secretos, este viaje el día de mañana será una anécdota, ahora, intentaremos sobrevivirlo de la forma más digna posible.

Al otro lado de la entrada a la nacional hay un camión de bomberos chafando a dos coches pequeños, uno de ellos es un Smart por la silueta del chasis del lateral, inconfundible. El camión de los bomberos está ahí, pero… ¿y los bomberos? ¿víctimas también de la infección?

La entrada a la nacional es una rotonda bastante grande, está llena de vehículos, algunos con claros signos de lucha y trozos totalmente manchados de sangre reseca en la carrocería. Entre dos coches, un miserable de esos se está comiendo algo mientra está arrodillado en el suelo, cuando nos ve pasar levanta la cabeza y abre la boca amenazándonos, su mirada perdida y ojos blancos son hipnóticos.

Está cubierto de sangre por todos lados, nos advierte para que no intentemos comernos su presa, por lo que hemos visto, tienen un hambre insaciable y no paran hasta que eliminan a todos los seres vivos que tienen a su alrededor.

En muchos casos, en aquellos en los que estás más cerca de ellos de lo que te gustaría, te das cuenta que la fiereza con la que atacan sus víctimas está fuera de toda razón, porque casi siempre tienen la dentadura astillada y con dientes rotos, debido a que no miden de la misma forma que nosotros la “pasión” por morder seres vivos.

La que tuve el “placer” de ver más cercana fue la mujer de detrás de la valla del desguace mientras encendíamos en generador. ¿Habrán entrado allí dentro? ¿Qué pensarán los huéspedes del Hotel California? ¿Les habrá gustado el regalo qué les hizo Jared? Cuantas preguntas rondan mi cabeza. ¿Estará Pete llegando a su destino? Si Bob está con nosotros, se supone que irá solo.

Seguimos por la Nacional, igual que antes, en dirección contraria. Cuando vamos por el carril “correcto” es muy estrecho y tenemos que ir pegados a los coches y eso no nos gusta nada.

Por increíble que parezca, en todo el trayecto que hemos recorrido, no ha habido ningún accidente de gran consideración, algún alcance por detrás de turismos, pero poco más. De nuevo la realidad supera a la ficción, una enorme ciudad con los nervios a flor de piel, hace salir a casi todos sus ciudadanos sin causar apenas accidentes viarios.

Pero aquí la cosa cambia, una enorme hormigonera está volcada en una rotonda que tiene delante una salida de estación de tren. No puedo ver donde es y la verdad es que esto no me lo conozco demasiado.

Si te fijas detalladamente ves que se empotró contra la estación cuando había gente, por el suelo hay zapatos de mujer, alguna que otra zapatilla deportiva y un bolso abierto enseñando todo su contenido a la gente que pase por la acera, si es que pasase alguien.

Se puede ver un cuerpo atrapado debajo del enorme camión, es una chica joven, más de tres cuartos de su cuerpo asoma por debajo del chasis, la atrapó a la altura de los hombros, lleva unos vaqueros hiperceñidos, un solo tacón negro, su mano extendida y abierta mirando hacia la carretera señala donde cayó su móvil en el momento del percance. La sangre que baja de su cuerpo, pálido y sin vida hacia el asfalto, está negra, seca y oxidada.

Espero que ellos no estén tan afectados con las imágenes que vemos como yo, esto es un verdadero infierno. Cuando crees que nada te va a sorprender, miras a otro lado y ves que te has equivocado.

Aquí la luz sí que es nula, no hay electricidad, ni la carretera ,las calles, nada de nada. La oscuridad es intensísima y tenemos que tener mucho cuidado con las cosas que hay por el suelo para no pinchar las ruedas. Una avería ahora, se me antoja bastante peligroso.

Adelantamos camino a una velocidad bastante aceptable, ir en el carril contrario ha sido una gran idea de Tomo, ya que no estamos encontrando demasiados atascos, pero siempre me pasa igual y hablo antes de tiempo.

Después de haber pasado por Mataró y ver el horrible accidente de tren, en la estación una locomotora alcanzó a toda velocidad a otro mientras recogía pasajeros que hicieron camino a mejor vida en vista a los enormes salpicones de sangre en la fachada del edificio.

Todos estos detalles los sé gracias a Shannon que cada vez que puede, apunta con la linterna a estos sitios de macabra estampa, no sin ganarse una reprimenda de Jared por el walkie cada vez que lo hace.

-Parad ya o no llegaremos nunca. Apaga esa linterna o nos verán esos indeseables.- No paraba de repetir Jared cada vez que mi compañero apuntaba con ella.

Sé que tiene razón, pero no lo hace por eso, pretende tenernos ausentes a este tipo de cosas para que no nos desmoralicen. Le entiendo, a mí me están afectando. Los trenes están rizados sobre sí mismos, dándole una altura a esa escultura cruel de tranquilamente veinte o veinticinco metros, es imposible pasar y no darte cuenta del terror que se tuvo que vivir allí.

Hay bastantes cuerpos tirados por el suelo, no sé si se levantaran cuando pasemos por al lado o simplemente murieron y no se infectaron. No hemos visto demasiados cadáveres sin estar “animados”.

En otra rotonda, siempre los problemas están el ellas, en Arenys de Mar un pequeño pueblo de la costa, los coches bloquean totalmente el paso. Vamos a tener que bajar a moverlos o empujarlos, no nos queda más remedio.

-Chicos, problemas gordos. El camino está totalmente cortado. Habrá que bajar y abrir paso, ¿cómo actuamos Jared?- Dice Bob.

Jared se queda pensativo unos treinta segundos:

- Vale ya lo tengo. Coged barras, poneos los guantes y cascos. Saldremos todos, dentro de los coches llamamos la misma atención que fuera, la diferencia es que fuera podemos defendernos los unos a los otros. Romperemos los cristales de  los coches que estén cerrados y quitando el freno de mano los empujamos a un lado. ¿Entendido? –Dice Jared mientras lo veo ponerse el casco.

-Entendido.- Dice Bob.

-Perfecto.- Dice Shannon.

Salimos ataviados con nuestros uniformes y en las manos las barras metálicas, los coches están encendidos y las luces puestas. Delante de ellos se ve bastante bien, Jared organiza a la gente.

-Patrick y yo apartaremos coches, vosotros vigilad, Shannon aquí sí que es práctica tu linternita.- Dice riéndose.

Me acerco a un Seat León, le rompo la ventanilla después de comprobar que no está abierto, hace más ruido del que nos gustaría.

-Siempre que puedas evitarlo, no rompas ventanillas.- Me susurra Jared mientras mueve un Peugeot 206 plata de tres puertas.

-Estaba cerrado. –Le digo excusándome.

-No. No pasa nada, solo digo que intentes evitarlo. –Me dice mientras aborda su segundo vehículo.

Llego a un Chrysler 300 C, cuando abro la puerta veo que es automático, está en la posición P y no tiene las llaves puestas.

-Jared, tenemos problemas, este coche está bloqueado.- Le digo con voz temblorosa.

-Chicos acelerad, nos están rodeando. Suben por los pasos subterráneos.- Dice Shannon.

-Ven, corre. Cogeremos un par de gatos hidráulicos, lo levantamos cada uno por un lado y lo movemos. – Me dice Jared mientras corre hacia la parte trasera de la Sprinter.

Abre las puertas traseras y empezamos a escuchar los primeros gemidos sordos de los Z, como dice Shannon, nos están rodeando. Cogemos los gatos y corremos a la parte trasera del coche parado. Lo levantamos por detrás, nos ponemos a moverlo, la ventanilla trasera del coche explota de dentro hacia fuera del habitáculo y sale un tipo de unos cuarenta años con los brazos por delante y me agarra la cazadora intentando conducirme a sus fauces, mientras da dentelladas al aire.

Sale detrás de mí cuando intento librarme de él, ha salido por la pequeña ventana, me echo hacia atrás rápidamente y cojo la barra del gato hidráulico. Me tira al suelo y se echa encima de mi. Él sigue agarrado a mi cazadora con una fuerza increíble, mientras me intenta morder, no puedo librarme de él, cojo impulso y le doy un cascazo en la cabeza sin quitármelo, el muy cabrón ni se inmuta.

Lo voy apartando como puedo con las manos, la idea de ponernos equipación de moto la agradezco de una forma bendita ahora mismo. Lo sigo golpeando con lo que puedo, está colérico e intenta engancharme lo que sea. Le doy otro cascazo, cuando se aparta un poco le pongo la planta del pie en el pecho y lo tiro contra el Chrysler que ya está en el sitio correcto.

Se da un golpe tremendo, cae al suelo el suficiente tiempo para que me levante y con la barra del gato le de con todas mis fuerzas en la cabeza. Cae desplomado en un charco de sangre negra y corrupta.

Giro el coche y veo porque Jared no me estaba ayudando cuando me atacaron. Está en el suelo peleando con un gul gordo que se le ha tirado encima, por más golpes que le da, éste ni se inmuta. Solo con lo que debe pesar, ya no puede levantarse. Le doy una patada en la cadera y se desestabiliza. Le paso la barra a Jared:

-Por favor, haga los honores.- Le digo sonriendo.

-Gracias caballero.- Me dice sujetando el larguero y postrándose hacia delante.

Le introduce la palanca en el ojo al gordo fétido y cae desplomado al suelo hacia atrás haciendo un ruido espantoso a líquido derramarse. Nos giramos en dirección a ellos y están en una situación parecida a la nuestra pero se les da mejor. Empujamos a un par de ellos y nos montamos en los coches.

Tomo también se monta en la furgoneta, emprendemos la marcha al fin entre gritos de alivio y acumulación de tensión descargada.

-¡LO HEMOS CONSEGUIDO!- Grita Tomo por el walkie.

-¡SOMOS LOS AMOS JODER!.- Le sigue Shannon.

Seguimos pasando por los pueblos de la costa, nuestra técnica es la misma que por la ciudad. Dirección contraria se conduce mejor.

No hemos encontrado más bloqueos como el de Arenys, solo en la entrada de Blanes había un poco más de densidad, pero Tomo con muy pocas ganas de volver a bajar del vehículo, los ha empujado con la defensa delantera de la Mercedes que se ha portado increíble. Va muy cargada, pero no le importa.

Hemos seguido viendo muchas cosas de esas, es más, menos en los pueblos más pequeños y alejados. Habían unos cuantos por las carreteras principales, espero que en Tossa, al ser un pueblecito pequeño y más alejado por esa carretera que no es el mejor de los accesos, esté mejor. Es el pueblo costero más difícil de acceder de los alrededores. El camino ha sido muy lento y complicado pero en menos de una hora estaremos allí.

Amanece un día precioso, espero encontrar lo que busco.

Me muero de ganas de ver a mi hermano.

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