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HOTEL CALIFORNIA

Capitulo 63 "HC la novela zombie"

PETE DIA XVI EN EL EXTERIOR (Capítulo 63)


Soy un imbécil, dije que no me dormiría y no lo he cumplido. Está amaneciendo y el sol empieza a darnos en la cara, pero no me he despertado por eso, en medio del sueño que tenía he empezado a escuchar un pie arrastrarse y el crujir de las patatas fritas al pisarlas. He abierto un ojo y me he dado cuenta que no era un sueño. Estamos tumbados al lado de una de las neveras de refrescos de la tienda, tapo la boca poco a poco a Alba para que no se levante gritando. Abre los ojos poco a poco, sabe que estamos en peligro, los pies que veo caminar por el otro lado de la estantería son de mujer, sin duda, uno de ellos sangra, bueno mancha de líquido viscoso negro el suelo al pasar.

Me incorporo sin hacer mucho ruido, miro al fondo de la trastienda, ha entrado por una puerta de emergencia que debido a la oscuridad no vimos que debía estar abierta anoche, estos seres no abren puertas, al menos no lo he visto aún. Me coloco detrás de ella, cojo la pata de cabra y miro al patio exterior, no hay nadie a la vista. Sin tiempo ni a desayunar como las personas decentes, tenemos que salir corriendo de aquí.

-Coge las llaves, corre hacia el coche y tráelo aquí, yo me encargaré de esta. Dale una patada a la puerta de la tienda si ves que no se abre.- Le susurro.

-Vale. –Me dice guiñando un ojo.

Nos colocamos paralelos a la chica, que por la vestimenta parece que trabajaba aquí, agachados en el otro lado de la estantería grande de bollería industrial.

-Corre, venga.- Le digo a Alba.

-Voy…- Me dice empezando a correr.

La operaria se enfada muchísimo y empieza a gruñir como solo ellos saben hacer, corre con los brazos por delante pero eso le dura poco, empujo la estantería y la aplasto por el pecho contra el suelo. Cuando me ve, me dedica unos bonitos gruñidos a mí también, huele a podrido de una forma vomitiva, mientras da dentelladas al aire cojo unos paquetes de “Circulo Rojo” y los meto en esa cloaca del infierno que tiene como boca. Aprovecho para darle un buen par de puñetazos, dos directos en la cara, sé que no sirve de nada porque no le hacen daño, pero esa no es forma de despertar a la gente y quiero que se entere.

No me da tiempo a más, ya que escucho como el deportivo alemán para en la puerta y de la de emergencia asoman dos ejemplares más, me levanto, me pongo a saltar entre las bolsas de comida y salgo por la puerta, colocando un gran extintor con ruedas, rojo que hay en el escaparate bloqueando la salida. Los tendrá ocupados un rato, me monto en el asiento del copiloto y admiro como porracean la cristalera con unas ganas locas por hincarme el diente, les dedico un obsceno gesto con la mano. Hoy no me joderéis.

Volvemos a la carretera mientras disfruto de unas galletas que cogió Alba antes de irse de la tienducha que casi nos cuesta la vida. Al final nos vamos a costumbrar a vivir así. Dos otres rotondas más adelante, todo pasa en ellas, al fin y al cabo no van a ser tan buen invento como la Dgt piensa, una escena dantesca. Aquí ha habido lucha, el camino está despejado pero un Chrysler 300 c tiene dos compañeros peculiares, un tipo que parece haber salido de la ventana rota del coche, está estirado boca abajo rodeado de un gran charco de sangre reseca y en el otro lado un tipo gordo ha corrido la misma suerte, solo que este lleva una barra clavada en un ojo, increíble imagen. Avanzamos unos metros, nos paramos en la entrada del puerto deportivo y vuelvo a conducir yo.

Recorremos el resto del camino sin más impedimentos, parece que sean más activos por la noche, en Blanes y Lloret sí que hemos visto alguno que otro y lo más chocante es que había uno de ellos en medio de un campo de cultivo mirando al infinito como siempre. Parece que estén en un estado de trance, como si fuera para ahorrar energía y así ser explosivos cuando tienen algo o alguien que atacar.

Demográficamente Tossa tiene una ventaja muy grande con los otros dos municipios que he citado, la carretera de curvas. Seguro que cuando comenzó el brote, los turistas quisieron irse a sus casas antes que estar aquí, lejos de sus seres queridos. Puesto que no está de paso para ninguna ciudad importante, con importante me refiero a gran número de habitantes, solo quedaron los pocos vecinos que viven todo el año aquí. Una gran ventaja para afrontar la epidemia.

Según vamos bajando la carretera de curvas, se me van ocurriendo miles de cosas que podemos encontrarnos ahí abajo, es un pueblo sin una salida rápida, calle estrechas y es muy fácil que estén cortadas con coches. Puede ser una trampa mortal, de modo que nos colocaremos en un sitio elevado y visualizaré el terreno con los prismáticos de Bob, ya hemos tenido suficientes sorpresas hoy.

Una salida a la derecha de un camino de tierra me parece la mejor opción para poder vigilar el perímetro. Entro y en primera, voy sorteando los agujeros para no dañar los bajos de mi coche, para una vez que tengo un Porsche no voy a romperlo a la primera de cambio, aunque su pobre faro derecho no puede decir lo mismo. Un pequeño llano preside la colina, lo aparco allí.

-Alba, sal conmigo y vigila. Si ves algo avísame.-Le digo mientras le doy el bate y yo cojo la pata de cabra, pesa pero es un buen arma.

-No me parece demasiada buena idea salir aquí.- Me dice arrugando la boca, en expresión de inconformidad.

-No me fío de bajar allí sin mirar.

-Venga. Pero rápido. No me gusta este bosque.

-Vale. –Contesto con desgana.

Miro con los BauschandLomb y veo varias cosas que no me gustan, por debajo de la entrada principal, hay un control policial, con unos rifles controlando la entrada que está repleta de coches parados, si me fijo bien, también hay unos vehículos militares dando vueltas por el pueblo y las calles del castillo están tapadas con una vallas amarillas. No vamos a poder entrar antes de ver a Bob.

-Alba, tengo malas noticias para ti.-Le digo con voz triste.

-¿Qué pasa? –Me dice asustada.

-No vamos a poder ir a ver a tus padres antes de que venga Bob.

-¿Porqué?

-Hay unos controles policiales en la entrada, si nos dejan entrar, no creo que podamos salir inmediatamente, tienen que tener algún protocolo de cuarentena o algo, si han sobrevivido es porque están aplicando prevención.

-¿Y qué hacemos ahora?- Me dice mirando al bosque.

-Tú ¿Qué harías?

-Vamos donde has quedado con Bob, yo no me fío de este bosque nada, creo que he visto cosas raras.

Bajamos de nuevo el camino que conduce a la carretera, un fantástico día soleado se levanta ante nosotros, la luz hace brillar de forma intensa el color dorado del pelo de mi chica, me sonríe y se lo coloca por detrás de la oreja. Me encanta.

 

Vamos llegando al punto de encuentro. 

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